Volver, volver, volver

 

La opinión de…

 

Betty Brannan Jaén

En Rusia hay quienes todavía profesan admiración por Josef Stalin, uno de los dictadores más sangrientos de la historia.    Igual hay en China quienes defienden a Mao Zedong; en República Dominicana, a Rafael Trujillo; en Rumania, a Nicolás Ceausescu, y en Chile, a Augusto Pinochet. En nuestro país, a juzgar por las calcomanías que se ven en los carros,   hay quienes todavía guardan una buena opinión de Manuel Antonio Noriega.

Aun así, me sorprendió ver que en Haití hay quienes recuerdan con cariño la dinastía dictatorial de los Duvalier. Cuando Baby Doc (Jean-Claude Duvalier) sorpresivamente retornó a Haití esta semana, un grupo de seguidores le dio calurosa bienvenida en el aeropuerto.   Eran como 2 mil, según la revista Time.   Otros medios internacionales informaron que el duvalierismo todavía vive en Haití y el abogado de Baby Doc planteó que su cliente podría candidatizarse para la Presidencia.

¿Cómo puede ser? Uno comprende que el pueblo haitiano está abatido por décadas de tragedia, miseria, represión y corrupción, pero cegarse a las realidades de la dictadura duvalierista no hará nada por mejorar su situación actual.   François Duvalier –Papa Doc— asumió la Presidencia de Haití en 1957 tras una elección muy dudosa.   Duvalier, padre, eventualmente desconfió de los militares que lo habían llevado al poder y fue creando una fuerza paramilitar –los temidos tonton makouts— que sustituyó al ejército como pilar de apoyo.    Según leo, el régimen Duvalier tiene la triste distinción de haber sido el primero en las Américas en utilizar “desapariciones” al por mayor como instrumento de terror contra su pueblo, sin hablar de torturas, ejecuciones y una “prisión de la muerte”. Se estima que unas 30 mil personas murieron a manos del Estado durante el duvalierato.

Estados Unidos, deplorablemente, apoyó la dictadura desde el principio. Dwight Eisenhower (republicano) era el presidente cuando Papa Doc llegó al poder y su gobierno se hizo de la vista gorda con respecto a los abusos de los primeros años.   Pero cuando Fidel Castro tomó control de Cuba en enero de 1959, Washington rápidamente consideró que apoyar a Duvalier era parte necesaria de su lucha contra el comunismo en el hemisferio. Eso tambaleó cuando John F. Kennedy (demócrata) llegó a la Casa Blanca en 1961. Kennedy suspendió la ayuda a Haití, disgustado porque –entre otras cosas— Duvalier había logrado “reeligirse” en 1961 con una elección abiertamente fraudulenta.   Kennedy trató de ayudar a los grupos de oposición, pero también quería que Haití fuera un contrapeso a Castro. Las relaciones entre Estados Unidos y Haití mejoraron bajo la presidencia de Lyndon Johnson (demócrata), a pesar de que Duvalier se autoproclamó “presidente vitalicio” en 1964. La ayuda financiera a Haití se restableció durante la presidencia de Richard Nixon (republicano).

Antes de morir en 1971, Duvalier, padre, designó a su hijo, Jean-Claude, como su heredero al poder.   Baby Doc, que tenía 19 años, continuó la brutal cleptocracia de su padre por los próximos 15 años. Tras manifestaciones en su contra en 1986, salió huyendo de Haití en un avión que Washington envió para salvarlo de que lo lincharan.   Se fue a Francia a despilfarrar los cientos de millones que (supuestamente) se había robado del tesoro estatal, pero eventualmente se le acabó el dinero.   Aparentemente, solo le quedan unos 5 millones que están congelados en un banco suizo; se especula que este viaje a Haití es un esfuerzo desesperado por lograr acceso a ese dinero.

Pero, asombrosamente, el Gobierno haitiano detuvo brevemente a Duvalier, hijo, y ahora parece estar ponderando qué hacer con él. Amnesty Internacional recomienda enjuiciarlo por “las violaciones de derechos humanos generalizadas y sistemáticas” de su régimen y algunas de sus víctimas se han apresurado a ponerle denuncias en los tribunales haitianos. Por otro lado, hay manifestaciones a diario en su defensa.

Enjuiciarlo, pero debidamente, es lo que hay que hacer.  Que encare la justicia.

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Este artículo se publicó el 23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Sobre el mar, ‘tsunamis’ y la cuaresma

La opinión de……

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Adán Castillo Galástica


El terremoto de Haití y, en especial, el de Chile tienen que poner a pensar a los panameños (¿nos atrevemos?) sobre el comportamiento del planeta.   En el caso de Chile el sismo estuvo acompañado de un tsunami que arrasó importantes áreas costeras de aquel país. Muchas comunidades quedaron sin alimento y se esperan repeticiones (¿Estamos preparados?).  No tengo una cuantificación de los daños ocasionados a las pesquerías de aquel país e inexistentes en Haití, pero veamos el ojo propio.

El inicio de la cuaresma nos recordó el ayuno relativo de carnes rojas y el tradicional consumo de mariscos. Me sorprendió el llamado de algunos a consumir pescado enlatado en vez del fresco. En un país de dos océanos, con un sistema marino costero (1,489.6 km2); mil 518 islas, islotes y cayos; con Coiba, la mayor isla del Pacífico (493 km2) y Patrimonio de la Humanidad; la Isla del Rey (234 km2), entre otros dones de la naturaleza, desconcierta, por decir lo menos, que, a pesar de su amplia biodiversidad y abundancia de productos marinos, no sólo exista un bajo consumo de los mismos, sino que se recomiende la ingesta de enlatados, mientras los pescadores y expendedores del producto fresco dejan de ganar los beneficios del mercado.

Ciertamente, se percibe una disminución en la captura de peces de gran demanda. Ello se debe en gran medida a la sobre explotación y a las malas prácticas y artes de pesca, lo cual no sólo golpea a las poblaciones de peces sino al debido desarrollo de las diferentes especies. A lo anterior agregue la contaminación y las probables alteraciones oceánicas e irregular conducta de los seres del mar. Debo señalar el esfuerzo que se realiza para ordenar este sensible, complejo y postergado aspecto de nuestra economía, a través de plan de acción y programa operativo que adelanta la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá, en relación a la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, acciones que han permitido al país su revalidación exportadora por parte de la Unión Europea.

A esta situación debe añadirse el incremento de algunos insumos indispensables para la pesca y venta de productos del mar, básicamente el combustible (transporte y embarcaciones) y la electricidad (hielo), los cuales inciden sobre el costo final al consumidor. Como se ve, todavía es mucho lo que el país tiene que hacer en relación a los productos del mar: ordenar, preservar, investigar, organizar, promover. Además de las autoridades responsables, municipios, asociaciones, cooperativas de pescadores, comercializadores y, en general, la cadena vinculada tendrán que realizar un esfuerzo mayor para garantizar la seguridad alimentaria de la población, las condiciones de vida de sus actores artesanales y la sostenibilidad del recurso marino–costero. En otras palabras, “volver al mar”, no sea que a alguien se le ocurra ponernos a comer latas.

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Articulo publicado el 9 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Belleza en el caos

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

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MODESTO A. TUÑÓN F.

El panorama que la tierra haitiana suscitó en el novelista Alejo Carpentier cuando escribió El reino de este mundo, le hizo decir en el prólogo que “… lo maravilloso comienza a serlo de manera inequívoca cuando surge de una inesperada alteración de la realidad, de una iluminación inhabitual o singularmente favorecedora de las inadvertidas riquezas de la libertad…”.

Luis Alcalá Del Olmo, fotógrafo español del diario Primera Hora , al parecer encontró en esa isla caribeña mucha de esa belleza y la plasmó con su lente.   Ahora, unas cincuenta de esas imágenes se exhiben en la galería Arteconsult, (Panamá)  en la muestra “ Haití, los espíritus de la tierra ”, dedicada a la religiosidad, la magia y el misticismo de los haitianos.

Pero la exposición también presenta una segunda parte, un documental fotográfico de las primeras 48 horas posteriores al terremoto que sacudió a ese país en enero de este año.

Este fotógrafo español siguió durante cuatro años a los peregrinos penitentes en seis sitios específicos de Haití, Erzulie Freda, Ogoun Ferraillé, Ganthier, Baron Samedi, Souvenance y Ra-Rá, diferentes acercamientos místicos que llenan el espíritu del creyente a partir de la devoción transformada en cánticos, rezos, baños de agua o de lodo.

El trabajo fotográfico de Del Olmo no es una recreación plástica del espíritu que anima a esta gente en sus manifestaciones culturales; es más que eso, hay una cierta complicidad en la captación de los niveles místicos que alcanzan los peregrinos en cada uno de los lugares; un estudio que descansa en una matriz antropológica.

Mujeres que se bañan en el lodo, pero que a la vez se contorsionan al ritmo de sus creencias, o quienes llevan los santos en procesión, o un rostro lleno del ocre color del barro, pero que engulle un puñado de un arroz blanco que contrasta en su textura con el rostro, con la tierra húmeda, con la expresión de esta cara llena de ansia del alimento material o espiritual.

En algunas ocasiones el sincretismo en las imágenes es el referente que permite al fotógrafo jugar con los colores, las sombras, la expresión y adquirir una nueva dimensión. Como en la fotografía del hombre coronado con una enredadera de una especie de vid y las hojas que se desparraman, parecieran mostrarnos a un Cristo negro con su corona de espinas.

Otras fotos registran el movimiento gracias a los contrastes lumínicos que Del Olmo aprovecha. Uno de esos casos es la gente que se baña en una cascada y uno pareciera escuchar los lamentos, gritos y el torrente de agua que discurre y lava las conciencias. Por otro lado una dama que coloca una vela ante la imagen de un santo o una chica que juguetea con un gallo.

El misticismo que persigue el lente del fotógrafo no es improvisada. Según cuenta, su experiencia tuvo origen en Filipinas, luego con igual orientación en Etiopía. Le atrajo la religión afroantillana y buscó una forma de enlazar su sentido místico con África y en Haití encontró esa relación.

Fueron cuatro años de seguir a la gente y sus creencias, esperar los momentos propicios, a pesar de las contrariedades climáticas y las condiciones de los lugares; el polvo, la lluvia, los colores de la naturaleza y sobre todo eso, las posibilidades de capturar la esencia de esta vida volcada hacia las divinidades. Además, según manifestó, requería de mucha paciencia en las actividades, porque no sabía a qué hora salían los espíritus.

En toda la exposición hay solamente dos fotografías con modelos que posan. Es una pareja de sacerdotes (hombre y mujer), que aparecen en sus templos rústicos y caseros. La foto de él lo presenta como una persona común, lleno de sus instrumentos de trabajo, un plato con una cabeza cadavérica con cabellos rubios. En la imagen de ella, se muestra a una señora vestida con un pollerón, descalza y su equipo a un lado.

El ambiente que rodea a estos sacerdotes es una muestra del sincretismo en la religiosidad de esta sociedad. Velas, tumbas, santos reproducidos en las cartulinas, puros, cruces, diablos, sogas, ropa vieja… todo es útil para llamar a los espíritus que pueblan estas tierras; y dejan, como expresa Carpentier “… que lo maravilloso fluya libremente de una realidad estrictamente seguida en todos sus detalles ”.

Frente a esto, aparece la otra muestra, el testimonio periodístico del impacto del terremoto. Son imágenes que pasan en una presentación sin fin y que permiten apreciar en cualquier orden el caos, la destrucción y la muerte en la capital Puerto Príncipe. El cemento aplastó a miles y dejó en ellos la huella grisácea del fenómeno; encerró a la gente, la planta y a los animales para hacer disminuir el hálito de vida en esa urbe.

No obstante, hay una de las últimas escenas que conmueve; en el suelo, una grieta del terremoto y sobre ella unos niños que juegan y marcan con sus saltos, el reto de la vida sobre al desgracia, de la esperanza sobre el gesto inalterable de la muerte y que nos invitan a celebrar la vida como constante. De allí que el personaje de la novela de Carpentier llegue a la conclusión de que “ la grandeza del hombre está en querer mejorar lo que es …”.

Por eso, concluye el novelista y considero que también Del Olmo al recrear la realidad de Haití, que no hay una belleza o grandeza por conquistar en otro lugar y que lleno de plagas, miseria, el hombre solo alcanza su máxima grandeza en el reino de este mundo. Por eso los espíritus de Haití sacan a relucir esta expresión o búsqueda de la otra cara de los valores, mágicos, místicos que transforman a estos hombres y mujeres de esa tierra.

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Publicado el 24 de febrero de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Haití entre la solidaridad y la ocupación

La opinión del Secretario General del Sindicato de Periodistas de Panamá….

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FILEMÓN MEDINA R.

La situación de Haití, desde antes del terremoto, estaba marcada por la pobreza y la inequidad. Haití es el país más pobre de América y, como si esto no fuera suficiente, le deviene una catástrofe natural, que paradójicamente se evidencia con mayor crudeza en los sectores más pobres del país caribeño.

Tras el terremoto, el panorama de Haití se complica por varias razones: Primero, por la lógica necesidad de ayuda humanitaria, en los rubros de alimentación, salud, seguridad, entre otros, y que está recibiendo solidariamente de los países del mundo. Sin embargo, la falta de instrumentos institucionales, que permitan la distribución efectiva de la ayuda humanitaria ha provocado entre los haitianos, con hambre y sed, situaciones de violencia e ingobernabilidad.

La crisis alimentaria generada por el colapso de las redes de producción y distribución de alimentos, a la caribeña nación, ha llevado a los países miembros del ALBA a fortalecer el plan agroalimentario en el que venían trabajando con el pueblo haitiano desde el 2008, por la crisis alimentaria mundial y que en plena tragedia ha distribuido cerca de 7 mil toneladas de alimentos.

El ALBA, ha propuesto, además, incluir un fondo de semilla para la siembra, con el propósito de reactivar y fortalecer los planes y programas de producción de alimentos, incorporando a los campesinos de Haití; así como la propuesta de un plan de agua. Este ofrecimiento del ALBA tiene un capital semilla de $100 millones.

Segundo, la invasión de fuerzas militares de EE.UU., que si bien han “ normalizado ” el tráfico aéreo, permitiendo primero el aterrizaje de sus naves y luego el resto, no es menos preocupante la opinión expresada por varios diplomáticos, que manifestaron su preocupación por la imponente presencia de tropas gringas en Haití, donde los soldados estadounidenses han sido “ innecesariamente agresivos ” e irrespetuosos con las autoridades haitianas.

Debemos recordar que Haití es una nación soberana y que el apoyo y la ayuda humanitaria, que se le brinda, para la reconstrucción de su país, debe ser en apego a su soberanía, elevando la autoestima y dignidad de ese pueblo. No obstante, la misión invasora de EE.UU., es mirar de frente a Cuba y a Venezuela, instalando una base militar en este país, para lo cual ya empezaron por desconocer a las autoridades haitianas insistiendo en el tema de la ingobernabilidad.

Además, la soldadesca estadounidense tomó la decisión de reconstruir Puerto Príncipe, que no es malo, lo malo es el objetivo que hay detrás de esta aparente solidaridad y que está relacionada con las intenciones de establecer una red de bases militares estadounidenses, para la supuesta lucha contra el narcotráfico, en Panamá y Colombia. Así las cosas, el panorama para la Región se presenta cada vez más incierto, ante la posibilidad de intervenciones militares a las naciones que han tomado la decisión de construir su propia identidad y forma de gobierno.

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Publicado  el 23 de febrero de 2010 en el Diario  La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Lo bueno, lo malo y lo feo

La opinión del periodista……

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Euclides Fuentes Arroyo

Lo bueno es constatar que nuestro mundo imperfecto tiene cosas buenas y que, pese a las apariencias de que lo malsano supera lo bondadoso, sobran ejemplos de sensibilidad humana en todos los pueblos del mundo que nos permiten llegar a la conclusión de que sí es posible alcanzar la utopía de mejores días para nuestra especie.

En el caso particular de Haití las reacciones de todas partes al solidarizarse con la tragedia de los hermanos de esa isla y trasladar hacia allá las mejores voluntades, demuestran esa grandeza de hombres y mujeres. Hay muchísimos casos de gente afortunada que no repara en acudir en auxilio de los desvalidos y probar que sus corazones son tan generosos como sus cuentas bancarias. Otros que sin poseer un centavo se multiplican en ofrecer sus manos laboriosas en socorrer al prójimo.

Gesto nobilísimo el de los hermanos de Cuba que tanto en Panamá como en otros países del orbe han realizado la Operación Milagro para devolverle la vida, como dijo oportunamente el ex Vicepresidente y ex Canciller Samuel Lews Navarro, en 2,006 cuando visitó en las afueras de La Habana a los centenares de humildes panameños beneficiados con operaciones que les permitieron recuperar la vista.

Lo malo es que, repentinamente surja un mazazo del propio gobierno elegido por el pueblo creyendo que realmente hay preocupación por el bienestar y la salud de los gobernados, y pulverice la ayuda humanitaria que sin costo alguno para el Estado representaba esa ejecutoria. La fatal noticia recorrió todos los confines del planeta y en los sitios de Internet se divulgó que tras esa acción estaba el interés de enrostrarle a la ciudadanía que para quienes detentan el poder es mejor hacer negocios con los males de la gente pobre que prodigar atención médica gratuita aunque no seamos nosotros los que carguemos con los costos.

Un  comunicado de las organizaciones populares panameñas, encabezadas por FRENADESO denunció con nombres propios a una pariente de la familia presidencial y a profesionales de medicina involucrados en el desaguisado.

Y lo feo de todo es que para que la angustia de los desposeídos parezca no tener fin, se imponen más cargas tributarias, se estimula con la inacción el aumento de la canasta básica, y en un esta tierra con tantos recursos hidráulicos y potenciales para la generación eléctrica, se obligue al panameño a pagar la luz mucho más cara que en países como Estados Unidos donde el salario mínimo está a tono con su realidad económica.

Frustrar las esperanzas de toda una nación es un acto de perversidad.  Pareciera que las promesas de campaña de mejorar las condiciones de los más necesitados se traduce en la consigna que hay que acabar con la pobreza matando a los pobres.

Euclides Fuentes Arroyo ced. 7-44-677

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Enviado por e-mail para su publicación  a Panaletras por el autor, a quien reconocemos todo el crédito, meritos y responsabilidad que le corresponde.

Fidel Castro olvida

La opinión de…..

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Brittmarie Janson Pérez

Quejándose de que tropas de Estados Unidos entraron en Haití sin autorización de las Naciones Unidas, Fidel Castro definió la acción como una ocupación (EFE 25 de enero 2010). Semejante necedad no se puede dejar pasar.

El terremoto del 12 de enero cercenó las vidas de 200 mil haitianos, dejó a millones sin casa y redujo lo que quedaba del gobierno a subsistir entre escombros. ¿De donde más sino de Estados Unidos podrían venir inmediatamente suficientes tropas para socorrer a la población, mantener el orden y hacer reparaciones de emergencia a los puertos y sistemas de suministro de electricidad y agua devastados por el terremoto? Además, el gobierno de Obama brinda esta ayuda a pesar de que le faltan tropas y sufre de un enorme déficit fiscal.

Fidel Castro, quien no pierde oportunidad de denunciar a Estados Unidos, olvida que él perjudicó gravemente al pueblo panameño. Apoyó a Noriega sabiendo muy bien que era un dictador al estilo de Papa Doc Duvalier: corrupto y cruel. Además, Castro traicionó la ideología marxista porque sabía que Noriega reprimía a la clase trabajadora debido a que la mayoría, aunque ardientemente nacionalista, se oponía al dictador.

Siendo aliado de la dictadura de los militares y sus socios civiles, Fidel apadrinó la corrupción en Panamá con el negociado que hicieron sus aliados con los cubanos que Fidel permitía salir de la isla. Estos y sus familiares en el extranjero fueron extorsionados despiadadamente cobrándoles aquí hasta $20 mil por cada visa en tránsito (El Panamá América 15 de enero 1990).

Con esas fortunas mal habidas, los militares se dieron lujos asiáticos, como confesó en 1987 el coronel Roberto Díaz Herrera cuando admitió que su mansión era producto de esa extorsión y que allí el régimen de los militares y sus socios civiles perpetraron el fraude electoral de las elecciones presidenciales de 1984.   Además, burlando el embargo, Noriega y sus socios en el PRD acumularon sendas fortunas exportando a Cuba, desde su guarida en la Zona Libre de Colón, muchos millones en mercancía anualmente (EFE 20 de enero 1990).

Hoy día, esos socios del PRD, ¿no continúan ejerciendo su nefasta influencia en la política panameña gracias a tales fortunas?

Olvida Fidel que fortaleció a Noriega cuando, habiendo desmantelado las estructuras del Estado, no confiaba ni en las Fuerzas de Defensa. Castro no sólo ayudó a Noriega a constituir un ejército privado de paramilitares. Le suministró armas –dizque para combatir una eventual invasión por parte de Estados Unidos– a sabiendas que, aún con Noriega a la cabeza, sus paramilitares no podrían detener tal invasión. Pero esa lucha desigual, a expensas de los panameños que perecerían en una invasión provocada, le serviría a Fidel para armar otro escándalo internacional contra Estados Unidos.

Al desmemoriado Fidel Castro, quien perjudicó gravemente al pueblo panameño apadrinando al dictador Noriega y su caterva de maleantes, hay que decirle como le dijo el rey de España a Hugo Chávez: “¡Por qué no te callas!”.

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Püblicado el 5 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

La Humanidad miró hacia la ONU

La opinión del Embajador, Representante Permanente de Panamá ante la ONU…..

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PABLO A. THALASSINÓS

Quisiera que reconozcamos ciertos hechos importantes. 108 millones de personas dormirán sin hambre esta noche. 40% de los niños alrededor del mundo serán vacunados. Se plantarán mil millones de árboles alrededor del mundo. En los últimos 30 años, 300 millones de personas de escasos recursos superaron la pobreza extrema. La educación primaria universal alcanzó un nivel de 88% en los países en desarrollo. Serán asistidos 34 millones de refugiados que huyen de la peste, la guerra y la persecución. Cientos de miles de personas sacrifican sus vidas para lograr la paz y la seguridad en los territorios más peligrosos de este planeta.

Esto es lo que la Organización de las Naciones Unidas diariamente hace, y más. Aquel que cuestione la relevancia de este vínculo tan trascendental de acción y diálogo multilateral, simplemente no conoce, no reconoce, ni comprende —sea por ignorancia, miopía o tendencias insulares— la base dinámica del orden mundial. Por eso, con la colaboración de mi consejero político, Alberto Alemán, decidimos plasmar aquí una labor a veces no considerada.

El inestimable valor de esta Organización es que es el nexo principal donde se sostiene la constante comunicación de la comunidad internacional.  Sin esta comunicación sería imposible mejorar el mundo al paso acelerado que hemos presenciado desde la Segunda Guerra Mundial. Sin esta diplomacia sería muy difícil definir una agenda para resolver los desafíos globales. ¿Qué otro recurso nos queda para monitorear, promover, proteger y desarrollar los derechos humanos que constituyen los elementos universales de nuestras comunidades?  Tomamos por concedido los bienes de la civilización moderna, pero solo hasta el punto que la Naturaleza, tan misteriosa y caprichosa, desata sobre nosotros un desastre inefable.

Haití estuvo muy cercana a su meta de equilibrar sus monumentales problemas socioeconómicos, gracias al espíritu inexhaustible del pueblo haitiano, y la desprendida y noble labor de los miembros de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH).   Sin embargo, en el más precario momento imaginable, el Haití emergente sufrió la terrible tragedia que todos conocemos. Entre las 150,000 almas que fallecieron tan bruscamente, perdimos al jefe de la MINUSTAH, el Honorable Hédi Annabi, los señores da Costa y Coates, y el resto de los miembros del personal de la Misión, cada uno héroes de nuestros días.

Debemos reconocer y admirar la labor del secretario general de la ONU, el Honorable Ban Ki-moon, en reacción a esta desdicha. Su liderazgo ha sido firme, decidido, rápido y sobretodo instrumental en recabar la crítica ayuda humanitaria. Este hombre de pródiga energía logró que en escasas horas los países, organizaciones y agencias del mundo canalizaran sus esfuerzos a través del sistema de la ONU, para establecer los mecanismos necesarios para las operaciones de rescate, alivio y reconstrucción. Esta crisis ha resaltado su magnánima clase, y su gestión en estos días oscuros ha sido absolutamente inspirante.

Igualmente, es necesario comendar la generosidad de nuestro presidente, Ricardo Martinelli, y del canciller, Juan Carlos Varela.   Ambos han dominado esta situación de manera ejemplar. Con pulso firme y liderazgo virtuoso han demostrado la efectividad de nuestro gobierno para tomar medidas extraordinarias en tiempos extraordinarios.   La valentía de nuestro equipo de rescate del Sinaproc y del sacrificado equipo médico, liderado por el Dr. Pachar y otros, que hoy trabajan en Puerto Príncipe, ha elevado el estatus de Panamá ante el mundo.  Por ellos, se justifica nuestro orgullo.

Estamos franqueando el umbral hacia una globalización sin precedente histórico y caminando hacia una realidad que borra las fronteras imaginarias que hoy nos separan. El 12 de enero del 2010 marca un día cuando las diferencias mezquinas se echaron al margen para darle espacio a la unidad del espíritu humano.   De la ruina y la triste memoria de esta catástrofe se pone de relieve la irrefragable importancia de la ONU, que es más relevante que nunca. Lo más importante para los embajadores de esta augusta Organización, es unificar sus corazones y que sigan adelante, paso a paso, a través de la cooperación, para el logro de la verdadera paz y el bienestar mundial.

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Publicado el 4 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al  autor, todo el crédito que les corresponde.

Unidos por Haití

La opinión del Jurista…..

AMETH CERCEÑO BURBANO

El 12 de enero del presente año cuando ocurre el terremoto en Haití, lo tomé como algo fuera de lo normal, pero sin mucha atención, debido a que, como todos sabemos, la isla La Española es compartida por República Dominicana y Haití, y no escuché que hubiese afectado territorio dominicano.

Fue hasta dos días después revisando los periódicos y viendo CNN , que vi la magnitud de los daños que había producido el terremoto. Como muchos dicen, es la peor tragedia sufrida en el Caribe en los últimos 200 años. Las imágenes que hemos visto, presentadas por los medios nacionales e internacionales, son escenas dantescas, que nos deben poner a meditar sobre muchos aspectos de nuestro diario vivir. Sin duda alguna un terremoto es difícil de predecir, pero sí se pueden tomar medidas preventivas para minimizar daños materiales y evitar pérdidas humanas.

Haití es el país más pobre de América, su desarrollo económico y social se ha visto seriamente afectado por la inestabilidad política y las ambiciones personales por el poder, ello ha sido el obstáculo para que el país tenga las infraestructuras necesarias para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

Hace un mes, en España, en una conferencia internacional, tuve la oportunidad de escuchar al ministro de Turismo de Haití, Patrick Delatour, en su intervención había un aliento de esperanza, convicción de mejores días para su nación, necesidad de apoyo de la Unión Europea y, sin duda, de los pueblos hermanos americanos.   Un mes después, las palabras de Delatour pareciesen que se desvanecen con la tragedia del 12 de enero, pero hoy nosotros unidos podemos ayudar a hacer realidad el sueño del pueblo haitiano.

Es una situación aún más difícil, un pueblo herido, muchos han perdido sus familias, no tienen casa, hace falta comida y la desesperanza y desesperación pueden provocar una crisis social de grandes magnitudes nunca antes vista. Es hora de donar, de compartir con los hermanos haitianos, de reconstruir ese pueblo tan sufrido. La unión hace la fuerza, ese es el lema para el pueblo haitiano.

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Publicado el 30 de enero en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Reflexiones de un forense sobre Haití

La opinión del Médico……

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José Vicente Pachar

Se supone que los médicos forenses, quienes diariamente trabajamos con cadáveres, estamos en ventaja respecto a los demás mortales al momento de afrontar una situación catastrófica con numerosas víctimas fatales. Tal suposición desconoce nuestras vivencias y emociones, ya que si siempre hiciéramos nuestro el dolor asociado a la muerte quedaríamos paralizados y en un precario estado de salud mental.

Partimos hacia el país más pobre de América; despojo de tragedias políticas, humanas y naturales, tres funcionarios del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Panamá, junto con un entusiasta grupo de rescatistas y comunicadores sociales, sabiendo únicamente que había sucedido un cataclismo de dimensiones y repercusiones desconocidas; nosotros, con el propósito de colaborar en el manejo de cadáveres en situaciones de desastre.

El itinerario inicial cambia y en lugar de tocar tierra en el aeropuerto de Puerto Príncipe, arribamos al de Santo Domingo en la República Dominicana para después viajar por tierra hacia Haití el día siguiente.

Llegamos a la frontera entre ambos países, portal entre la seguridad y el dolor y la muerte. En el modesto hospital provincial de Jimani vimos decenas de heridos en precarias condiciones, un pesado ambiente de medicina de guerra con médicos rendidos por el cansancio, el estrés, la sensación de impotencia y la desesperación de las limitaciones.

El viaje continuó a la mañana siguiente y a medida que nos acercamos a Puerto Príncipe notamos las dimensiones de una tragedia apocalíptica. La ciudad estaba parcialmente en ruinas, sumida en el caos, las estructuras básicas de la red social habían colapsado. No había agua ni luz, tampoco comunicaciones, cientos de asesinos y violadores estaban sueltos por el desplome de las prisiones.

Entre los escombros, la brisa levantaba un polvo blanquecino, residuo de las precarias construcciones y en el pesado ambiente había un penetrante olor a cloaca, descomposición y muerte.

Cientos de maltrechos seres humanos, ya sin lágrimas, vagaban por las calles tratando de sobrevivir entre la desesperación y el abandono buscando agua y comida en medio de un salvaje ambiente darwiniano, de supervivencia del más fuerte, donde las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y los ancianos quedaban en clara desventaja.

El terremoto ocurrió avanzada la tarde de un día laborable, cuando los funcionarios públicos estaban en sus oficinas, los creyentes en sus iglesias, los profesores y los estudiantes en las universidades, los niños reunidos en sus centros cristianos, la gente en los comercios y en sus casas. Repentinamente el minuto de terror y destrucción; luego, escombros inestables de edificios, viviendas, escuelas, negocios, tantos que es fácil deducir que miles de personas murieron instantáneamente. Pero el horror de esa suposición se magnifica al comprender que cientos de personas sobrevivieron y quedaron atrapados entre las ruinas, muriendo lentamente en la oscuridad, sufriendo sin esperanzas la soledad de su tormento.

Pasadas las horas de terror, algunos familiares pudieron rescatar y dar sepultura a sus seres queridos. Muchos cadáveres fueron quemados, pero la gran mayoría de los cuerpos de miles de seres humanos fueron amontonados, arrojados con palas mecánicas en volquetes y enterrados anónimamente en fosas comunes.

Somos afortunados al estar de vuelta en nuestro país y tenemos como tarea pendiente, contribuir al desarrollo de los planes de prevención y respuesta para situaciones de desastre.

Mi admiración y respetos para el grupo de rescatistas panameños, muchos de ellos voluntarios, que durante el día exponían sus vidas para salvar la de otros y que al terminar sus labores, completamente extenuados, pasaban las horas entre la oscuridad y el calor; prácticamente a la intemperie, tratando de descansar en medio de legiones de agresivos mosquitos, aullidos interminables de perros abandonados y el miedo permanente de las réplicas crecientes del terremoto.

Mi eterna gratitud a los hermanos dominicanos que nos ofrecieron sincera amistad, cuidado y apoyo. Un especial reconocimiento a las autoridades consulares de Panamá en República Dominicana, ejemplo de nobleza, humanismo y dedicación, quienes hicieron posible nuestro seguro regreso a casa.

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Publicado el 29 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Con y por Haití

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…….

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Raúl Leis R.

Cierto es que presencialmente conozco poco Haití, solo estuve dos veces: la primera, invitado a la toma de posesión del presidente Aristide; y la segunda, en un taller de trabajo. Pero la vinculación es de larga data, pues por muchos años apoyamos solidariamente el esfuerzo del pueblo haitiano por un mejor destino, y recientemente (antes del terremoto) desde el Consejo de Educación de Adultos de América Latina, lanzamos una campaña internacional para que Haití (con la mitad de la población analfabeta) fuera incluida en el Plan Iberoamericano de Alfabetización.

Hoy, una nueva catástrofe aniquiladora pone a Haití en el mapa de las preocupaciones mundiales. La emergencia convoca muchos esfuerzos de sociedades, Gobiernos y personas, al igual que la necesaria reconstrucción de la media isla. Pero, ¿qué reconstrucción?

Un cataclismo natural se puede imputar a la fatalidad, pero no el empobrecimiento extremo del pueblo haitiano. Según Maurice Lemoine, desde 1984, el FMI obligó a Puerto Príncipe a liberalizar su mercado. Los escasos y últimos servicios públicos se privatizaron, negando el acceso a ellos a los más necesitados. En 1970, Haití producía el 90% de los alimentos que consumía, actualmente importa el 55%. El arroz estadounidense subvencionado ha matado la producción local. En agosto y septiembre de 2008, el estallido de los precios alimentarios mundiales hizo que aumentaran su precio el 50%, lo que dio origen a los “motines del hambre”.

Cuenta Galeano que la historia del acoso contra Haití, que en nuestros días tiene dimensiones de tragedia, es también una historia del racismo en la civilización occidental. La democracia haitiana nació hace un ratito. En su breve tiempo de vida, esta criatura hambrienta y enferma no ha recibido más que bofetadas. Estaba recién nacida, en los días de fiesta de 1991, cuando fue asesinada por el cuartelazo del general Raoul Cedras. Tres años más tarde, resucitó. Después de haber puesto y sacado a tantos dictadores militares, Estados Unidos sacó y puso al presidente Jean-Bertrand Aristide, que había sido el primer gobernante electo por voto popular en toda la historia de Haití y que había tenido la loca ocurrencia de querer un país menos injusto.

Después del terremoto en México DF y del huracán Mitch en Centroamérica, los movimientos sociales propusieron vincular la reconstrucción con un nuevo tipo de desarrollo destinado a reducir la vulnerabilidad social.  Plantearon la importancia de construir una estrategia de educación y participación popular como forma de enfrentar la emergencia y la reconstrucción.  Luego de enfrentar los aspectos más urgentes de salvamento y rescate –afirma Oscar Jara- es clave el impulso de la organización de grupos operativos que realicen censos, prioricen con la gente las necesidades, definan formas de distribución de la ayuda, constituyan espacios de apoyo afectivo y espiritual, es decir, se construyan formas de organización y participación que a la larga permitan convertir la emergencia en un camino para reconstruir nuevas condiciones, y no volver a la situación anterior. El riesgo de que la emergencia vulnerabilice aún más a la población y la haga más dependiente de la ayuda exterior es grande, por lo que en estos momentos, la apuesta por la participación es fundamental en la reconstrucción de Haití, con base en un modelo de desarrollo integral, autodeterminación y democracia sustantiva.

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Publicado el 27  de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Haití

La opinión del Economista y Docente Universitario….

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Juan Jované

Enfocar la historia de Haití en sus orígenes es encontrarnos con una epopeya de libertad, coraje y solidaridad. Este declara su independencia en 1804 convirtiéndose en el primer país de América Latina que logra sacudirse el yugo colonial y en el primer lugar del mundo donde los esclavos obtienen su propia liberación. Hazaña esta sostenida con tanto heroísmo como para derrotar a las fuerzas del mismísimo Napoleón, comandadas en su momento por su cuñado el General Leclerc. Se trató, además, de un movimiento libertario que practicó un profundo sentido de solidaridad latinoamericana, tal como se muestra, por ejemplo, en el hecho de que en 1816 los haitianos no solo apoyaron, desoyendo las amenazas de España, la expedición militar de Bolívar, sino que realizaron una gran colecta pública de dinero para sostenerla.

Enfocar nuestra atención sobre el Haití reciente es descubrir cómo el saqueo inmisericorde de sus recursos y la reiterada intervención externa terminaron generando una situación infrahumana para este heroico pueblo del Caribe. Se trata del país con el más bajo ingreso per cápita del hemisferio occidental, que alcanza apenas 660 dólares anuales, con una población de 9.8 millones de habitantes, que en un 70% depende de la agricultura y de la que cerca de 5.6 millones está en condiciones de subnutrición. A esto se debe sumar un nivel de analfabetismo que alcanza al 48% de la población adulta, así como la presencia de una altísima tasa de mortalidad infantil, equivalente a 62.23 por mil nacidos vivos.

Enfocar el Haití de hoy no es solo reflexionar en torno a la inmensa catástrofe que hoy azota a este país, en el cual ni siquiera es posible contabilizar el número de las bajas humanas resultantes. También es el momento de reflexionar sobre el deber solidario que hoy tenemos frente a nuestros hermanos haitianos, tanto como deber humano como por reciprocidad. Los pueblos que honramos a Bolívar jamás debemos olvidar que éste alguna vez dijo que “gracias al pueblo de Haití mis compatriotas serán nuevamente libres”.

En lo personal esto debe llevar a que cada uno preste, dentro de sus posibilidades, ayuda material al hermano pueblo de Haití. Como país debemos abocarnos no solo a la ayuda solidaría inmediata, debemos comprometernos con una acción regional guiada a lograr no solo la reconstrucción de las ya precarias infraestructuras físicas de Haití, sino con un proyecto de largo alcance que facilite que este país, con pleno respeto a su autodeterminación, pueda finalmente encontrar las condiciones para su propio desarrollo. En el ámbito global es importante promover la inmediata condonación de la deuda pública externa de Haití, así como a entender que lo que este país no necesita es más endeudamiento, sino fondos no reembolsables para enfrentar la actual tragedia y su futuro desarrollo. Dado que el presupuesto de cerca del 50% de las familias haitianas depende de las remesas externas, los países más desarrollados están moralmente obligados a darles una protección especial a los inmigrantes provenientes de este país.

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Publicado el 26  de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Haití, problema de todos

La opinión del Abogado, Docente Universitario y Embajador de Panamá ante la OEA…..

Guillermo A. Cochez

 

Aunque la situación de la ayuda ha mejorado en los últimos días, a más de una semana del terremoto, la situación todavía es caótica. Aunque con limitaciones, ya se puede acceder al aeropuerto de Puerto Príncipe; el puerto de esa capital ya entró en limitado funcionamiento; los aportes extranjeros ya pueden llegar a su destino. Su cercanía fronteriza con Haití ha convertido a República Dominicana en un actor importante en la atenuación de la emergencia, hecho que aplaude el mundo entero. Su Presidente, Leonel Fernández, además de visitar Haití, convocó en su país una cumbre de ayuda.

La pasada semana, en la reunión de Amigos de Haití que preside el Secretario General Adjunto de la OEA Albert Ramdin, el informe dado fue mucho más esperanzador que el de la semana anterior, a escasas 24 horas del suceso. Las pérdidas de vidas humanas de directivos y cooperantes de nacionalidades varias de las Naciones Unidas como consecuencia del movimiento telúrico ha servido como de ejemplo de todo lo que hacen los organismos internacionales por ayudar a proyectos en países con las necesidades que tiene Haití.

Cada una de las instancias del sistema interamericano dio un informe de los avances logrados por sus respectivos equipos. La Organización Panamericana de la Salud informó de la distribución de responsabilidades entre los diferentes países, correspondiéndole a Estados Unidos y Argentina el tema de los hospitales, donde países como Nicaragua, Turquía y Rusia, así como la Cruz Roja, han instalado hospitales móviles. República Dominicana se encarga de la ayuda a través de la frontera común, otro camino para llegar a quienes le dan la mano a la tragedia. El BID, junto a la CEPAL, están con la tarea de evaluar los daños estructurales sufridos, donde se calcula que en cinco años se necesitarán 10 mil millones de dólares para reconstruir Haití.

La Junta Interamericana de Defensa informa, además de la escasez de fuerza pública, sobre la inexistencia de combustible tanto en Haití como en Dominicana, el cual será suplido por Venezuela y con embarques desde Panamá. La Fundación Panamericana de Desarrollo reporta sus esfuerzos para llegar a donantes privados que están facilitando recursos, pero sobre todo de personal calificado, en la ayuda de la gobernabilidad del destruido país.

Haití, a través de su Embajador, sólo le queda darle las gracias a sus hermanos americanos: No hay abrigos; el sistema de teléfonos, agua y electricidad ha colapsado por completo. Los bancos están cerrados; la gran parte de la capital, por los niveles de su destrucción, tiene a su población durmiendo a cielo abierto. Hasta los 5.000 presos que había en la capital se escaparon al quedar destruida la cárcel. Sin embargo, como nos dijo casi con lágrimas, la actitud general de la gente es calmada y de mucha solidaridad.

No hay duda que Haití es un problema de todos.

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Publicado el 25  de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.