Educación: oposicionismo político y efecto búmeran

La opinión del Sociólogo, Consultor  y Docente Universitario….

ROBERTO A. PINNOCK
pinnock2117@gmail.com

El búmeran es un arma que se caracteriza por su capacidad para retornar al punto de quien lo lanza. En conductas sociales, nos encontramos con un fenómeno que resulta ser análogo, esto es, la capacidad para ejecutar o promover comportamientos en otras personas o grupos, que en algún momento posterior se revierten contra quien las promovió inicialmente.

Es frecuente la existencia de actores(as) políticos(as) que han sufrido y siguen sufriendo de esa enfermedad tan común, tal es, el ‘oposicionismo’. La misma, la entendemos como: conducta de individuos o grupos que asumen posiciones adversas a los que ejercen un poder determinado, cuando no se participa de este, aún cuando aquella conducta que se dice adversar sería la misma en la que incurrirían si llegasen a ejercer ese poder.

Esto es así, en virtud de que el oposicionista, al querer asumir un estatus de poder a toda costa, termina contribuyendo a la creación (o al reforzamiento) de su propio impedimento para gobernar eficientemente y con ello, no solo se ve atrapado en lo que criticó, sino que disminuye las probabilidades de darle continuidad a su gestión política o la de su grupo.

Por el año 1979, hubo un movimiento magisterial centrado en lo reivindicativo corporativo; pero que los oposicionistas, (insertados en gremios empresariales, profesionales y hasta en mi propia Iglesia), con tal de oponerse a la gestión gubernamental de la época, trastocaron la reivindicación gremial convirtiéndola en un movimiento de contenido ideológico ‘antirreforma educativa’. Consecuentemente, fomentaron un estilo de lucha ‘oposicionista’ en los gremios docentes, que quedó como estilo permanente hasta hoy.   El efecto búmeran: buena parte de esos oposicionistas están gobernando y además, de una forma tal que revela cierto desprecio hacia los gremios y ese estilo oposicionista que promovieron en ellos, con lo cual, se ven enfrentados a lo que fomentaron hace 32 años, sin visos de solución para el sector educativo.

En ese ámbito, también hemos sido testigos de que desde finales de la década de 1990, con cada vez más intensidad, las autoridades políticas del ramo —con la excepción meritoria de los ministros Alarcón (q.e.p.d.), Mata, Bernal y Castro— han exacerbado la desarmonía entre el estamento docente y el de padres de familia, con tal de tener en estos últimos a un ‘aliado’ político en sus escaramuzas frente a los gremios magisteriales.   El efecto búmeran: la comunidad educativa, que es el principal instrumento de gestión capaz de hacer viable una verdadera transformación curricular, ha sido prácticamente despedazado al romper la cohesión social entre padres de familia—docentes—administrativos, sin mencionar en este tema al estamento estudiantil. De allí que las sucesivas propuestas de una transformación educativa, al chocar con esta realidad (buscada) no pasan de lo accesorio y cosmético.

Así, aunque haya quienes no quieran aceptarlo —por intereses personales o por razones emotivas contra los dirigentes—, no cabe duda de que los gremios tienen la razón, cuando señalan que no hay a la fecha ninguna transformación efectiva del sistema escolar panameño.

Entre los argumentos de la última campaña electoral de los actuales gobernantes, se llegó a satirizar el déficit en reparaciones de las infraestructuras escolares, falta de equipo y condiciones del trabajo docente, contrataciones directas, entre otros hechos.   Efecto búmeran: se ha incurrido en muchas más contrataciones directas que las que el gobierno anterior hizo en periodo similar. Se hizo oposicionismo, sin examinar las condiciones que llevan a utilizar o no tales medidas. Hoy las autoridades sufren en carne propia lo que reprocharon.

Pero en lo demás, la realidad no ha sido distinta. Lo que sí ha sido distinto es, que en el gobierno del señor Torrijos y en el de la señora Moscoso, las empresas más poderosas de medios de comunicación fueron muy incisivas en ‘revelar’ las precariedades de los planteles.   En la actualidad, el trato dado por esos medios ha sido muchísimo más amigable y comprensivo con la autoridad del ramo, a tal punto que, se ha construido un imaginario público benigno en ese tema, sin haber superado la realidad puesta en evidencia desde el 2003. Internamente, el efecto búmeran está operando sistemáticamente. Lastimosamente, lo más probable es que se le seguirá echando la culpa de la ingobernabilidad educativa a los docentes.

 

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<> Este artículo se publicó el 22 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/pinnock-roberto-a/
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Reforma a la educación en Panamá

La opinión de…

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Modesto Rangel Miranda 

Uno de los aspectos esenciales dentro de toda sociedad, es verificar que exista una plena coexistencia social, educativa entre sus ciudadanos, contribuyendo a mejorar el nivel de vida en la sociedad panameña, sin embargo, las acciones dentro del nivel educativo pareciera que no mejoran debido a las pocas actitudes positivas dentro del gremio docente educativo.
Es evidente señalar que los cambios positivos son esenciales porque Panamá carece de una educación acorde con la tecnología y los cambios científicos, que el mundo tecnológico está ofreciendo diariamente.

Panamá carece de un sistema educativo porque no son los estudiantes quienes lo han pedido sino la verdadera incompetencia de todos sus gremios docentes, que no comprenden la verdadera realidad que vive el país.
Es lógico señalar que los docentes trabajan con poca implementación para dictaminar sus clases, pero las dificultades se las hacen ellos mismos cuando están rechazando las diversas alternativas que podrían ser una verdadera reforma al sistema curricular educativo en Panamá.
Hace 30 años, gremios docentes y grupos cercanos a quienes mantenían el poder, promulgaron acciones que cambiarían la educación en Panamá. Hoy, desafortunadamente, vemos un sistema educativo caótico, deficiente con pedagogía inadecuada, que no proyecta alternativas y aceptación en la juventud panameña.
A esto, se puede añadir el aumento de 120 dólares para los docentes a partir del 2011 y otros beneficios, que por su preparación le son de mayor beneficio.
Es necesario señalar, que los docentes tienen derecho a remuneraciones salariales, porque representan el verdadero esfuerzo que han logrado mediante sus luchas, pero la gran inquietud es quién vela por los derechos de los estudiantes panameños.
Se habla de una transformación educativa curricular donde se pretende mejorar el nivel académico, sin embargo, dentro de los planteles educativos del país, el plan de educación para los estudiantes carece de una preparación en todos los aspectos.
Es necesario señalar que el sistema estadounidense contempla una transformación profunda en sus planes de estudios donde muchos de los jóvenes son preparados en diversas carreras tecnológicas y científicas, promoviendo mejores oportunidades dentro del mercado laboral.
Los cambios tienen que darse. Nuestros jóvenes no pueden seguir con planes obsoletos de 30 años que no son los adecuados en su formación. Panamá tiene problemas sociales y económicos, pero debe cambiar su plataforma educativa, promoviendo cambios positivos en la juventud, en especial niños y jóvenes, desde los 6 años permitiendo un sistema de estudio avanzado.
Ojalá que este incentivo a los docentes no sea una barrera y limitante educativa, donde los docentes gremiales quisieran imponer porque lo fundamental es salvaguardar la educación en Panamá en beneficio de toda una juventud que desea lo mejor para la nación.
<> Artículo publicado el 2 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Ley 30 vs libertad del trabajador

La opinión del Sociólogo y Docente Universitario….

ROBERTO  A.  PINNOCK

Si hay algo que los dirigentes sindicales y gremiales parecen no haber sabido explicar en los medios de prensa a su alcance con la profundidad del caso, ha sido el porqué de su rechazo a los artículos 12,13 y 14 de la conocida ‘Ley Chorizo’.

Ante tal deficiencia, los voceros gubernamentales se han instalado en la discusión de las cotizaciones a sindicatos y han sabido difundir la imagen que tal rechazo obedece a un ‘modus vivendi’ parasitario de los líderes sindicales con base en las cuotas de sus agremiados.

Es más, han vendido la idea de que se trata de una especie de favor que le hacen a los trabajadores otorgándoles la ‘libertad’ de decidir si quieren o no pertenecer (cotizar) a un sindicato.

Parece que los propios voceros sindicales han olvidado, unos y no quieren reconocer por razones de su infantilismo de izquierda, otros, la razón que introdujo esta figura de la cotización obligatoria en el código de trabajo de 1972, a saber: La asimetría de poderes para negociar acuerdos dignos entre las partes laboral y patronal.

Antes de ésta fecha, la práctica usual era que ésta última le imponía sus términos leoninos —bajísimos salarios, ninguna estabilidad, ninguna garantía de condiciones de trabajo dignas— a la parte laboral, dada la debilidad de la autonomía de las organizaciones que los representaban —en el afortunado caso en que esta existiera en una empresa cuyo sostén importantísimo eran los fondos para sostener una huelga, en el escenario de que fuera necesario ejecutarla.

Contrario a lo que los sectores empresariales ideológicamente más atrasados del país siempre han afirmado, los conflictos obrero—patronales que implicaban grandes reyertas, carcelazos, bayonetazos, uso de armas de fuego, etc., se redujeron sensiblemente.   Basta recordar los grandes conflictos en las propias zonas bananeras, en los ingenios azucareros, para no mencionar la lista extensa anterior a los años setenta.

En realidad, permitirle a las organizaciones que representan la parte laboral que cuenten con recursos financieros —donde la cuota es prácticamente la única fuente con la que cuentan— es equivalente a permitirle a los(as) trabajadores(as) tener autonomía a la hora de negociar cada cierto tiempo una convención colectiva. Es allí cuando requieren conservar su libertad y dejar de aportar es sinónimo de perder esa autonomía reduciendo su capacidad de pactar mejores condiciones de trabajo, un salario y trato más dignos, especialmente en las empresas que aún están lejos de asumir una verdadera Responsabilidad Social Corporativa.

Además y de esto hay múltiples evidencias, el empleador se encarga de condicionar la contratación de un(a) trabajador(a) a la ‘decisión autónoma’ de no querer pertenecer a un sindicato, no cotizando al mismo. ¿Cuál trabajador(a) necesitado(a) de un empleo se opondrá a esta condicionante patronal?

La supuesta libertad para decidir si se aporta o no a una organización laboral, resulta un espejismo para los(as) trabajador(es), quienes pierden mucho más si están aislados de una organización que los represente.

Si a esto le sumamos el artículo de la Ley 30 dirigido a quitarle toda fuerza a las huelgas, permitiendo que no se paralicen las faenas, a pesar del ejercicio de ese derecho universal, concluimos que estas medidas son absolutamente contrarias a un sistema auténticamente democrático.

Tales escenarios que exigen una opción preferencial hacia los pobres, en este caso trabajadores(as), son los que visualizó hace más de un siglo el Papa León XIII —para nada izquierdista ni cosa parecida— quien a la sazón declaró que:  ‘La gente rica, protegida por sus propios recursos, necesita menos de la tutela pública, la clase humilde, por el contrario, carente de todo recurso, se confía principalmente al patrocinio del Estado. Éste deberá, por consiguiente, rodear de singulares cuidados y providencia a los asalariados, que se cuentan entre la muchedumbre desvalida’. (Encíclica Rerum novarum, 29)

Lo actuado por el gobierno actual, niega rotundamente este principio cristiano, en tanto que desprotege a la ‘clase humilde’ —como las llamó este pontífice católico—, otorgando más poder a quien ya lo posee.

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Este artículo fue publicado el  26 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Lucha Social y los Educadores. Una historia que se desdibuja

La opinión del Economista….

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Francisco Bustamante

Se dice que en Panamá casi todo mundo tenía un maestro o un policía en la familia. Esto indicaba la raigambre popular de estos dos estratos o estamentos como se dice hoy, en la sociedad panameña. Y como ironía de la vida, ambos grupos tomaban posiciones antagónicas. Los policías defendiendo los intereses de la oligarquía, los maestros defendiendo los intereses de las mayorías.

Con el advenimiento de la “Revolución Octubrina”, vimos un cambio de paradigma. Los asociados al proyecto militar, llegaron a negar la autonomía universitaria, porque..” la revolución abarca todos los aspectos de la vida nacional, y no caben autonomías que limiten el proceso revolucionario..” palabras más, palabras menos.   Lo cierto es que con la revolución octubrina, se penetran los organismos gremiales de educadores, se dividen, pero siempre subsiste un grupo que se opone al gobierno militar, llegando inclusive a forzarle el brazo.

Entre los “triunfos” de los gremios de educadores está la defenestración de la reforma educativa de los militares. La misma fue combatida recurriendo al temor secular del panameño a la izquierda. Se tildó dicha reforma de comunista, y mucha gente con intereses anti gobierno se montó en dicha campaña. La Reforma Educativa, fue derogada.

Desde entonces, la educación panameña ha venido decayendo en calidad. Las escuelas públicas pierden terreno y competitividad comparadas con las escuelas privadas. Recuerdo en mis tiempos que quien no podía aprobar en el Instituto Nacional, emigraba a  ciertas escuelas privadas.   Hoy es al revés.

Todavía los maestros siguen siendo un grupo combativo en la sociedad. Lamentablemente, no veo la calidad de dirigencia de aquellas épocas, cuando los educadores eran admirados, respetados e inclusive queridos por sus estudiantes. Hoy día vemos a los educadores, por lo menos un grupo significativo, amparados bajo las banderas de grupos autodenominados de izquierda.

Y la verdad sea dicha, me lucen más articulados, capaces y centrados los dirigentes obreros de izquierda que los dirigentes magisteriales. Estos se destacan por luchar por intereses gremiales, como cualquier sindicato.   Les importa más sus conquistas laborales, la estabilidad de sus puestos, que la calidad,  la pertinencia, la actualidad de la “educación” que imparten.

Hoy día, recién empezado el ciclo educativo, suenan los tambores de guerra y de llamados a huelga en contra de la tímida reforma piloto que inicia el Ministerio de Educación. No conozco los detalles de dicha reforma. No he visto el anuncio de la misma en los diarios. Creo que es un error de cálculo de las autoridades nacionales. Pero también sé que la misma se basa en estudio y trabajos ya realizados en el pasado. Y que es urgente iniciar un proceso de cambio en la educación.

Me hubiese gustado una reforma que empezara por educar a los educadores ya que la calidad del cuerpo docente es fundamental.  Pero es mejor un paso tímido en la dirección correcta, que otro en la dirección de satisfacer a los grupos gremiales interesados en su propio beneficio, solamente.

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Artículo enviado el 12/04/2010 8:38 por el autor, a quien damos todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

La opinión de….. Y ¿qué de nuestros niños?

La opinión de…..

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Milagro B. de Calvo

Fui líder gremialista en escuelas en donde laboré y con dignidad y respeto asumí el rol que, demandaba de mí la comunidad nacional, entonces.

Siento, por ello, autoridad moral para hablar, como madre y docente de la situación actual que se produce en nuestro país. Y es que, amigos, han ido y venido gobiernos que, para no buscar confrontación, han permitido que un grupo de docentes haya tomado como costumbre la paralización de labores por motivos que, a veces, a mí me han parecido injustificados.

Si como docentes consultáramos al pueblo, a los padres, a la comunidad, a quienes tenemos la obligación de servir, colegiríamos, que estas huelgas están exacerbando los ánimos, no para apoyarlas, sino para reprobar la medida.

Pareciera que un grupo de docentes es hoy día un chico caprichoso que dialoga, si quiere; que escucha, si quiere; que trabaja, si quiere.

Tengo una hija con necesidades especiales y ella, como los otros niños, no tiene tiempo para aguardar, ni para desperdiciar.

He visto los almacenes atiborrados de padres de familia comprando, con sus exiguos recursos, uniformes, zapatos, medias; preparando a sus hijos para la tarea que consideran realmente liberadora, la de aprender y continuar mejores y más prósperos senderos. El padre humilde sabe que es la única forma en que sus hijos pueden lograr el éxito.

Sin embargo, los representantes de los gremios magisteriales, con altivez y desconsideración promueven su paro porque ellos creen tener el poder para hacerlo. ¿No es ése un atentado contra la gente humilde y necesitada?

Los padres de familia también tenemos que unificarnos.

Los intereses y solicitudes del docente pueden canalizarse y dialogarse, pero el tiempo que los educadores debemos dispensar a los educandos es el establecido por la ley y ofrecerles a ellos la consideración y el respeto que merecen.

¡Qué hermoso sería que estudiantes y padres de familia no viviésemos con la agonía de saber, todos los años, que nuestros hijos están condenados a salir de la escuela con una educación muy pobre porque el tiempo y la voluntad del docente, en muchos casos, impide el logro de los objetivos propuestos!

La actualización de los contenidos curriculares debe hacerse, porque nos hemos quedado a la zaga y, este hecho, es preocupante.

Invito a mis colegas a convertirse en verdaderos andragogos, ir en pos del conocimiento último y ofrecerlo a nuestros niños y jóvenes que están ávidos de buenas y nuevas experiencias.

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Este artículo se publicó el  14  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Más ideas y propuestas, menos piedras y protestas

La opinión del Periodista…..

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Aquilino Ortega Luna

Es preocupante la forma en la que la dirigencia magisterial y las organizaciones sindicales panameñas abordan los diversos problemas que enfrenta el país, en el orden social, educativo y económico.

A pesar de que estos gremios están conformados por gente civilizada y pensante con inclusive estudios a nivel superior, su palabras favoritas son huelgas y protestas a la hora de buscar solucionar un problema o conflicto.

El diálogo y la consulta es el principal ausente en las convocatorias multitudinarias de los gremios de docentes y organizaciones sindicales del país.

Su lucha se fundamenta en la confrontación con las autoridades, en la descalificación de todos los que cuestionen sus métodos y en la aplicación de esquemas que buscan mantener presas de permanentes conflictos y presiones al sector privado.

Tales acciones generan inseguridad jurídica en los inversionistas extranjeros que han fijado sus ojos en Panamá, obligándolos a suspender sus planes de inversión afectando la economía del país.

La era del cierre de calles y del lanzamiento de piedras aunque multitudinarias y ruidosas, gestadas por educadores y sindicalistas para golpear las puertas del poder y despertar el ojo público, son hoy medidas extemporáneas.

Porque se trata de medidas de huelgas y protestas que dejan de lado el aporte de “ideas y propuestas para darle cabida a las piedras y protestas”. Se trata de intereses particulares disfrazados de luchas y reivindicaciones e inquietudes de la gente de a pie, de los de abajo.

La misión de estos sindicalistas y dirigentes magisteriales apoyadas en luchas desordenadas, heterogéneas y anárquicas pareciera estar orientada a desestabilizar gobiernos, mediante la afectación del tránsito y la creación de un caos colectivo.

Ambos sectores con su alboroto, no buscan otra cosa que llamar la atención, mostrar sus niveles de fuerza y particularmente de aprovecharse de la publicidad gratuita que le brindan los medios para así ganar notoriedad.

Es necesario que las organizaciones sindicales y magisteriales cambien el método de reclamar sus derechos y le den paso al diálogo la sociedad, sus bases y la educación, lo exigen.

El cierre de las escuelas y de calles y la afectación del tránsito y de los hospitales no es la ruta para lograr las reivindicaciones de los que reclaman mejores condiciones de vida.

Empero, somos conscientes de que el gobierno debe empezar a cumplir sus promesas y a situar las necesidades de las grandes mayorías, como una prioridad y adoptar una combinación de políticas económicas y sociales que mejoren el sistema educativo y generen nuevos empleos.

Señores sindicalistas y educadores ya basta de afectar a los “hijos de la cocinera” con medidas arbitrarias e impositivas. Señores del gobierno, es tiempo de llevar al país al pedestal económico, social y educativo con el que lo hicieron soñar en las elecciones de mayo de 2009.

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Este artículo se publicó el  8  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La transformación curricular no es suficiente

La opinión del Profesor Univeristario de Inglés…..

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Daniel Atencio

El sistema educativo panameño ha llegado a tal grado de deterioro, de agonía, que necesita mucho más que un cambio curricular para evitar su colapso total. Necesita una transformación más profunda que incluya a todos los sectores del proceso educativo para encausarla en su rol tradicional de forjar a un hombre verdaderamente educado del presente y futuras generaciones.

En ese sentido, la iniciativa de una transformación curricular presentada por la actual ministra de Educación es apenas un inicio de los muchos factores del proceso educativo que necesitan transformarse para lograr los verdaderos cambios que anhelamos.

Como ejemplo de lo antes expuesto, nos encontramos con una dirigencia magisterial que se opone rotundamente a cualquier cambio, no porque desconozcan su valor y urgencia, sino porque el letargo mental les impide adecuarse responsablemente para las nuevas asignaturas y aprender los nuevos recursos metodológicos que nos ofrece la tecnología.

El principio universal de que es preferible hacer algo y equivocarse que no hacer nada, justifica plenamente la iniciativa de la ministra y pone en perspectiva la actitud negativa del dirigente magisterial, quien dijo públicamente que la transformación es un irrespeto al docente.

Repito que la transformación curricular no es suficiente sino transformamos al docente para que ejerza con vocación la noble tarea de educar y no simplemente instruir, por ejemplo, un docente que, antes de exigir derechos, cumpla a cabalidad con sus deberes.

Asumiendo que algunos docentes estén realmente convencidos de que luchan por una causa justa, los reto a que marchen los sábados o domingos y así podrán darse cuenta del grado de convicción de los participantes. Esto a su vez les daría la oportunidad de enseñar a sus alumnos dos valores fundamentales de nuestra sociedad: la responsabilidad y la conciencia cívica.

Reto a los gremios docentes a que asuman una actitud proactiva ante este gran reto de rescatar la educación nacional. Que se actualicen en sus propias asignaturas y sobre todo que remplacen la filosofía de la memorización de la enseñanza-aprendizaje por una donde se promueva la creatividad y el análisis.

Que no solamente se sumen con entusiasmo a las iniciativas del ministerio, sino que elaboren propuestas propias emanadas del ejercicio de la docencia y la investigación por parte de sus agremiados. Sólo así, unidos todos con ese noble propósito, estaríamos seguros de avanzar con paso firme hacia una mejor educación para el país.

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Este artículo se publicó el  7  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.