Panamá y las FARC

La opinión del Abogado y Docente Universitario…
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Silvio Guerra Morales  

Enseñaba el Dr. César A. Quintero -de quien pienso que junto a José Dolores Moscote y Víctor Florencio Goytia, devienen en los tres mejores constitucionalistas panameños del Siglo XX-, al explicar en qué consistía el concepto de la soberanía de un Estado, que, esencialmente, este implicaba dos aspectos: el primero consistía en el ejercicio de la autoridad en todo el territorio nacional y, el segundo, en la defensa de esa integridad territorial frente a otros Estados o en el plano internacional.

Conforme al diccionario, el concepto de soberanía entraña la idea de poder supremo del Estado y sobre el cual no existe ningún otro poder superior. Es el poder político de una nación que no está sometido al control de otro estado u organismo. La soberanía es un atributo esencial del Estado y sin el cual, obviamente, este no puede existir.

Que se predique que un Estado es soberano conlleva a la idea de la libre autodeterminación de un pueblo y a la no intervención de un Estado en los asuntos de otro, salvo aquellas excepciones que permite el Derecho Internacional y conforme a los procedimientos propios de convenciones internacionales o mundiales y por razones justificativas.

Por ello conceptúo que no debemos andar metiéndonos en conflictos de otras naciones, menos haciéndonos partícipes de propuestas para atacar el conflicto o que, en alguna manera, impliquen confrontaciones.

Una cosa es que expresemos nuestras formas de pensar en atención a esos conflictos sin que nuestras expresiones impliquen favoritismo alguno con o contra el conflicto y otra cosa es que señalemos que “se trata de un conflicto común a ambos Estados”, es decir, a Colombia y a Panamá.

Que EE.UU., como potencia del mundo en muchos aspectos, sobre todo bélico, pueda desafiar a estos grupos o movimientos llamados “insurgentes” es una cosa y otra que lo haga Panamá, nación per se vulnerable por todos lados, hasta con el revoloteo de un mosquito.

Este país tiene sus propios problemas internos y algunos de naturaleza internacional, que debe enfrentar y atacar para que ahora andemos metiendo nuestras narices en donde no nos toca y que ahora se nos diga por algunos lares: “Cuchareta, cuchareta donde no te llaman no te metas”.

La prudencia se impone en todo momento y tiempo. Panamá no es tierra de guerrillas ni de guerrilleros. De que hay que defender nuestra soberanía y nuestra integridad territorial, de acuerdo. Pero no podemos andar soliviantando el escenario de cosas y jugando con fuego que nos puede quemar. Ah… que los guerrilleros se pasean en esta ciudad, que se hospedan en los mejores hoteles de este país, que entran y salen cuando quieren, bueno podrá ser cierto, pero no se meten con nadie ni amenazan gobiernos. Que se están metiendo a través de la frontera con Colombia, bueno entonces hay que afianzar el cordón de policía fronteriza y si las cosas adquieren otro matiz, entonces habrá que actuar como corresponda porque entonces sí estarían violentando nuestro sagrado derecho como país soberano.

Si ese es el contexto de la posición del Ministro Mulino, entonces tendrá a todo nuestro apoyo y creo, sin duda alguna, de toda la nación.

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<> Artículo publicado el 10 de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quiens damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Minas antipersonales, reto humanitario

La opinión de…

Roberto Montañez  

Las áreas contaminadas con explosivos, que en el pasado fueron escenarios de conflictos en la región, parecían distantes a nuestra realidad. Sin embargo, la tragedia se asoma a nuestro país, cuando dos miembros del Servicio Nacional de Fronteras sufrieron heridas de gravedad por la detonación de una mina antipersonal en playa Isaías, en las cercanías de Jaqué, Darién.

Esto confirma la existencia de áreas minadas en áreas fronterizas con Colombia, país que tiene la mayor cifra de víctimas mundiales por estos artefactos. El conflicto colombiano parece extenderse al territorio panameño, ante la posibilidad de insurgentes o narcotraficantes, en protección de sus estratégicos santuarios, hayan sembrado artefactos que son serias amenazas para la población darienita.

Estrategas militares estiman que estas armas defensivas soportan las inclemencias del tiempo, y que pueden permanecer activas por más de 50 años. En muchos casos las víctimas no solo son afectadas por la muerte fulminante sino por mutilaciones que requieren de cirugías múltiples, amputaciones, rehabilitación física y psicológica, quedando los sobrevivientes discapacitados de por vida; mientras el país asume las consecuencias sociales y económicas.

Panamá, que no está preparada para este tipo de emergencias, tendrá que sumarse a la campaña de 68 países amenazados por la contaminación de explosivos. La Convención de Ottawa, que fue ratificada desde 1998, es la respuesta para atender esta crisis humanitaria. Una vez se declare su existencia y se delimiten las áreas afectadas, podría solicitarse asistencia técnica para elaborar un plan nacional de acción contra las minas e iniciar la limpieza en los términos establecidos por la Convención.

Estamos en presencia de una amenaza que no discrimina a sus víctimas; su producción no sobrepasa los tres dólares por unidad, mientras su extracción podría costar hasta mil dólares.

Es imperativo unirnos al clamor de la comunidad internacional y la sociedad civil de 156 estados miembros que se han movilizado para afrontar la problemática derivada de 160 millones de minas diseminadas en el mundo. Panamá, que no tiene ejército, precisa recurrir a Colombia y a Nicaragua que han tenido logros en la limpieza de campos minados. La Comisión Nacional Permanente para la Aplicación del Derecho Internacional Humanitario, establecida mediante Decretos Ejecutivos de 1997 y 1999, podría contribuir al plan de difusión para advertir a estas comunidades los peligros que se derivan de esta letal arma, cuya onerosa erradicación es uno de los principales retos humanitarios a los que se enfrenta el país.

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Este artículo se publico el 7 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las FARC y Panamá

La opinión del Abogado y militar retirado…

ROBERTO DÍAZ HERRERA

La guerra y la paz fueron siempre temas graves.   Hablemos de FARCS:

1. — Hasta 1968, en materia de seguridad,  éramos una sucursal de Washington y su macartismo. ¿Nuestro G-2? Metiendo preso a Changmarín cada tres meses.

2. — Hasta 1968 la seguridad la importábamos de Gringolandia. El catecismo era odiar a Fidel y los rusos. Habían asesinado a Jorge Eliécer Gaitán y Colombia ya estaba enguerrillada. Marulanda todavía era marxista y creía en ideologías. La selva del Darién era diez veces más espesa y diez veces menos depredadores nuestros madereros.   Las guerrillas compraban las latas de atún a darienitas pobres cinco veces más caras.

3. La invasión de cubanos en Nombre de Dios y los sueños juveniles del Cerro Tute casi nos rebasan. Dos muchachos asaltan la tienda de Saturnino Arrocha y decomisan dos rifles 22, noticia nacional.   Rubén Miró y Tito Arias los ‘comandantes’ los rechazó Tiro Fijo como porteros.

4. — Omar va moviendo las cosas al centro. La pólvora colombiana arde y Darién es estratégico. Sin celulares, centros bancarios, lavanderías ultramodernas, booms inmobiliarios entonces. Por los 70’s teníamos unos 6000 policías y solo 200 oyeron hablar de ‘combate irregular en selva’.   El general lo sabía; bien asesorado, prefirió la neutralidad: ‘No nos jodan, no jodemos’. Él apuntaba hacia nuevos tratados.

5. — Se abre devoradoramente el mercado norte, especialmente USA hacia la cocaína. Los de las FARC, ELP y Los Para, hacen doctorados de marketing. Las guerrillas se vuelven ‘empresas’. La neutralidad de Omar, y mandar mensajes a los jefes rebeldes, no son nada.

Bush padre fue mucho más allá: Por tumbar con armas a los Sandinistas le pide a MAN y otros generales centroamericanos una alianza con los capos de las drogas colombianas (también FARCS). Oliver North pide a cambio grandes coimas para armas (si no pueden preguntar de eso al honesto Senador John Kerry, lean mi libro ‘Estrellas Clandestinas’).

¿Qué hacer? No meter la pata ni la plata en ese lío.   Las bravuconadas y manotazos no nos sirven de nada.   Si no podemos con mil pandilleritos, menos podremos con miles de insurgentes con 40 años de experticia y que pelearán sus millones con la misma fuerza que los banqueros gringos, que saben que los billones de las drogas son parte de su PIB.

Si queremos investigar cómo se comunicaban los jefes de seguridad de Mireya y Martín con las FARC, adelante, es divertido incluso.

Como no tenemos corresponsales de guerra, suena interesante hablar de eso, sobre todo para periodistas creativos, pero que nunca han oído un tiro más cerca de ellos que un kilómetro.

Pero no metamos en esos temas calientes a nuestros hombres de uniforme, que si bien tienen más preparación y hierritos, mejor aprovecharlos más en nuestra guerra interna, el pandillerismo y el narcotráfico que nos ocasionan suficientes bajas diarias.

¿Y Uribe, no dizque acabó con las guerrillas? Las pellizcó bien fuerte, solo eso. Mejor: ‘No nos jodan, no jodemos’. Amén.

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Artículo publicado el 29 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Señor Presidente: queremos entender

La opinión del Abogado y Político independiente…..

Juan Manuel Castulovich

Si algo ha demostrado el pueblo panameño, desde mucho antes de nuestra independencia formal, es su acendrado y probado nacionalismo. Se trata de un sentimiento nacional que compartimos todos.   Por ello, no tengo la menor duda de que todos creemos en la soberanía de nuestro país y en salvaguardar la integridad del territorio nacional. En lo que evidentemente no estamos de acuerdo es en la mejor manera de hacerlo.

El pueblo colombiano se ha desangrado por más de cuarenta años por los efectos perversos de una guerra inhumana propia de los tiempos de la barbarie, que ha costado muchos miles de vidas. En Panamá, desde luego, no queremos que se repita algo similar; pero tampoco deseamos que se nos arrastre a ser parte del conflicto.

La frontera panameña con Colombia tiene una extensión aproximada de 275 kilómetros lineales que, al sumársele los lugares comprendidos en una distancia de diez kilómetros dentro del territorio panameño da una extensión geográfica cuatro veces más grande que la antigua Zona del Canal.

Protegerla físicamente, con presencia de tropas de combate (no son policías), importa un gasto anual que supera con creces los 100 millones de balboas. Eso es lo que el actual gobierno está invirtiendo en cuarteles, transportes, equipamiento de los soldados y logística, para, se dice: “reprimir a los narcotraficantes y terroristas”, y finalmente, empujarles de vuelta a sus guaridas colombianas.

Al tema de las repercusiones que tiene en nuestro territorio fronterizo el conflicto colombiano, me he referido en varias ocasiones y siempre lo hago bajo el mismo enfoque:   Su solución no es militar sino política y diplomática.

Los países pequeños como el nuestro no pueden ni deben pretender solucionar sus conflictos mediante el uso de la fuerza. Eso lo aprendimos y comprobamos durante la larga lucha por recuperar el ejercicio de nuestra soberanía sobre la antigua Zona del Canal.

Ignorar las lecciones de la historia siempre ha probado ser de funestas consecuencias. Por ello, resulta incomprensible que el gobierno Martinelli haya optado por resolver mediante la confrontación armada el problema que constituyen las incursiones de miembros de las FARC que, por cierto, no son los únicos que entran al territorio panameño, pues también lo hacen efectivos regulares del Ejército colombiano y paramilitares asociados a éstos.

Las acciones de Panamá deben ser, como primera medida, demandar del gobierno colombiano, el que termina del Sr. Uribe o el que está a punto de comenzar, del Sr. Santos, que realicen acciones concretas para contener dentro de sus fronteras un conflicto que es de ellos y no nuestro.

Y la segunda, acudir a las instancias internacionales, la ONU, la OEA y a los organismos de ayuda humanitaria que, ante un pedido específico, se verían obligados a actuar.

Traer a cuenta y denunciar supuestos contactos de anteriores autoridades con miembros de las FARC, con el aparente propósito de justificar las aventuras militarizantes del actual, introduce un factor de confusión que en nada ayuda.

Lo que procede y es urgente, es que el gobierno Martinelli, le informe al país cómo piensa manejar el conflicto y encaminar su solución que, insistimos, nada tiene que ver con sonar tambores de guerra o con elevar el tono de las expresiones de patriotismo.

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Este artículo se publicó el  29  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Apostar al Darién

La opinión de…..


Adelita Coriat 

La frontera a la que por décadas menos atención se le ha brindado, parece un niño berrinchudo que apenas logra atraer la mirada de los gobernantes de turno.

El Darién pareciera la línea de la indiferencia, del abandono, de la lejanía. La falta de infraestructura ha dejado el camino libre para que otros llenen los espacios que el gobierno no ha tomado por años.

Es una de las provincias que refleja los peores índices de pobreza, de insalubridad y de mortandad. Esta situación resulta una oportunidad de oro para el crimen organizado que sabe recompensar el silencio y la “complicidad” de las poblaciones que les brindan apoyo para operar.

Tradicionalmente ha sido una zona de refugio y descanso para los grupos irregulares que cruzan a Panamá y dan sustento a los lugareños. Ahora la estrategia gubernamental parece aguarle la fiesta a estos grupos. Martinelli juega con otras cartas; pretende retomar el dominio territorial que las organizaciones al margen de la ley ya acapararon. No solo eso, se instalaron y protegieron sus campamentos con minas antipersonales que detonaron una reacción despechada del mandatario.

Esta no será una tarea fácil. El crimen organizado está infiltrado en varios estamentos del gobierno. En cambio el las instituciones poco han hecho para adecentarse. El narcotráfico conoce sus movimientos, los planes y las posibles amenazas en su contra. Le llevan mucha cancha a la inteligencia estatal.

Una de las fórmulas infalibles para sembrar seguridad es promoviendo el desarrollo sostenible mediante la paliación de la pobreza absoluta, la prestación de servicios sociales básicos, oportunidades de vida, de educación y trabajo. De no atender este tipo de necesidades fundamentales para vivir, la población seguirá a las ordenes de quien les brinde mejores horizontes sin importar a qué bando pertenezcan. La inseguridad no sólo favorece la injusticia, provoca miedo, y destruye la confianza; base de la democracia.

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Este artículo se publicó el  28  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Gobierno apoyará en recuperación a policías heridos en Darién

La foto y la noticia publicada en el facebook del Grupo Oficial en Facebook del Gobierno del Cambio Martinelli – Varela por la activista política….

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Jennie Gonzalez

Gobierno apoyará en recuperación a policías heridos en Darién

El presidente de la República, Ricardo Martinelli visitó por segunda ocasión a los dos policías del Servicio Nacional de Fronteras (SENAFRONT), dándole seguimiento a su estado de salud, e informó que entregarán una vivienda a la familia de estas unidades, además de las prótesis que necesiten para recuperarse de sus heridas.

Martinelli reiteró que el gobierno seguirá reforzando la seguridad y la vigilancia terrestre y aérea en la zona fronteriza, enfatizando que “esos narcos tienen que salir de Panamá”.

El Presidente informó que la situación de salud de los policías es estable, aunque lamentablemente perdieron extremidades. Acotó que se está invirtiendo en tecnología para combatir a los narcotraficantes que hacen daño a personas inocentes y trabajadoras.

“Este Gobierno no tendrá contemplaciones con esos traficantes de drogas y seguirá luchando para reforzar la seguridad en las fronteras”, sentenció Martinelli.

El ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, acompañó al Presidente en esta segunda visita al centro hospitalario donde están recluidos los policías de fronteras.

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Publicación del 27 de junio de 2010 en Facebook por la autora a quien damos todo el crédito que le corresponde.

Movilidad humana

La opinión del estudiante universitario de la USMA…..

Lorenzo Concepción B.

Debido a muchos factores en diversas partes del mundo, incluso en nuestro país, cada vez es más notoria la movilidad humana hacia otras partes. Recientemente hemos escuchado el caso de la Ley Arizona. Estas situaciones plantean estrategias que ayuden a resolver de manera digna la vida de tantos hombres y mujeres que por una u otra causa, emigran buscando mejores días.

Pero no tenemos que salir de nuestras fronteras para darnos cuenta que también en nuestro país, tenemos que educar a nuestros compatriotas sobre la capacidad que cada uno tiene y que puestos en práctica, son un factor decisivo en el desarrollo y progreso de nuestras comunidades y por ende del país.

Por una parte está la movilidad debido a la escasez de plazas que generen empleos en los campos, en ella encontramos a mucho (as) jóvenes del campo que viajan a la ciudad capital o las cabeceras de las provincias en busca de trabajos en construcciones, almacenes entre otros y las jóvenes como amas de casa por lo general. También nos encontramos con la movilidad estudiantil, ésta tiene su causa en las pocas opciones que a nivel de estudios universitarios encontramos en los distritos.

Y en un tercer momento podríamos enmarcar la misma mentalidad que prevalece en nuestra cultura, que para generar economía es viabilidad solo para algunos.

La movilidad humana, es un desafío que tenemos que asumir, y educar a nuestra población a nivel interno del país.   Educar a nuestros jóvenes, una vez que lleguen a ser profesionales mantener el deseo de hacer desarrollo y progreso de las comunidades. De este modo se evita el empobrecimiento, no sólo económico, sino también de costumbres autóctonas. Lo triste muchas veces es la emigración total de la gente, olvidando sus raíces.

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Este artículo se publicó el  30  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Refutación a las declaraciones del Ministro de Saluden torno al Darién

La opinión de la Docente e Investigadora Universitaria….

Iris Hinestroza

Los problemas de salud en la República de Colombia siempre han imperado en la frontera con Panamá, aunque a un nivel bajo, pero si han hecho su efecto, ejemplo cuando se hablaba de las medidas tendientes a evitar la propagación de la fiebre aftosa y el gusano barrenador en el ganado; otras pestes como la sigatoka negra, el control biológico de la broca del café u otras plagas y enfermedades que atacan los sembradíos de plátanos y otros rubros propios del lado nuestro; específicamente en nuestro Darién.

A lo que me quiero referir es que, para cuidar de nuestra salud, no nos exige “destapar” el Tapón del Darién; porque nos traería grandes repercusiones y deterioro de nuestro pulmón selvático con el más alto impacto sobre la riqueza en la biodiversidad, fauna y flora que reviste características únicas en el mundo y, oportunamente catalogado por la UNESCO: “Patrimonio Histórico de la Humanidad”.

Es importante señalar que la histórica Región del Darién, también llamada Tapón del Darién, abarca la provincia panameña del Darién, las comarcas indígenas de Kuna Yala, Madugandí, Wargandí, Emberá-Wounaan, los distritos de Chimán y este de Chepo, todos en Panamá, y el norte de los departamentos del Chocó y Antioquia, al oeste del Golfo de Urabá, en Colombia.

Su extensión geográfica rica en la variedad de manglares y valles boscosos; flora y fauna exuberantes, también; poblada por una diversidad étnica rica en cultura y tradiciones autóctonas que debe ser protegidas. Y, por ende, abarca tanto partes del territorio colombiano como panameño beneficiando directamente a ambos países lo que obliga a una protección y preservación compartida. De manera que dejo sentada en este espacio mi rotundo no, como darienita oriundo del río Cucunatí, y la recomendación con el respeto merecido a quienes promueven y vaticinan el deseo de esta vil destrucción; que reflexionen sobre lo absurdo que puede resultar un crimen de tales magnitudes; por pingües ganancias o beneficios en nuestro querido Darién; privándoles a las futuras generaciones del país el disfrute de ese emporio turístico y ecológico que constituye esta región, potenciadora para el desarrollo integral, local, nacional y para el deleite del mundo entero.

De manera que los darienitas vemos con mucha preocupación, los argumentos esgrimidos por el señor ministro Vergara referentes al Tapón del Darién, especialmente cuando se arguye y se percibe como un obstáculo natural y geográfico, para el supuesto desarrollo de la región fronteriza; toda vez, porque interrumpe la continuación de la Carretera Panamericana (Pág. 6, Panamá América, 22-02-10).

Pero precisamente, señor Ministro de Salud, Franklin Vergara, es esa la razón, para que no se destruya la riquísima biodiversidad existente en el Tapón del Darién; por la cual nosotros los darienitas, desde hace muchos años, hemos sido custodios de ese patrimonio natural, fuente de salud y bienestar para todos los pueblos que en el habitamos.

En consecuencia y, fiel a nuestras tradiciones ancestrales de respeto, protección y veneración al medio ambiente; queremos enfatizar un rotundo No a la apertura del Tapón del Darién.

Hacemos un llamado a quienes atiendan este clamor, para que nos agarremos de las manos y hagamos una sola cadena humana y digamos: “No a la apertura del Tapón del Darién”.

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Este artículo se publicó  el  30 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La Agenda Presidencial. Y sus viajes

La opinión del Economista…..

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Francisco Bustamante

Hay muchos temas que llaman la atención ciudadana. Asuntos muy serios, como la urgencia de atender los problemas educativos. La Salud Pública y la Caja de Seguro Social. La Seguridad Interna y de Fronteras del país. La estabilidad del nivel general de precios, el crecimiento de  la Economía, la mejoría del transporte, la reforma fiscal, la medición de logros de objetivos de los programas,  las metas del país y lo que tenemos que hacer para alcanzarlas, etc.

Da gusto ver una ciudadanía que a través de los medios de comunicación participa y demanda respuestas. Enhorabuena.  Es la auditoría social que se aplica en los proyectos financiados con préstamos o donaciones de organismos internacionales, aplicada de manera autónoma por parte de la Sociedad Civil.

Pero hay temas que se vuelven recurrentes, desgastantes y que distancian en lugar de conjuntar las voluntades nacionales en la búsqueda del Bien Común. Entre estos, los viajes presidenciales. Creo que el Presidente tiene todo el derecho, y el deber, de participar en los foros y reuniones regionales y nacionales en los cuales Panamá tiene interés. Hay otros foros que me son menos sugestivos.   Por ejemplo, los discursos en las Naciones Unidas.   El futuro del mundo se discute en el  Grupo de los  20. En los organismos regionales como la World Trade Organization,   WTO, etc.   No en las plenarias de las Naciones Unidas.

Creo que es muy fácil establecer la Agenda Anual de Compromisos Presidenciales. En la página web de la Presidencia. Son eventos programados, conocidos con antelación y de público conocimiento. Hay otros viajes personales a los cuales el Presidente tiene derecho. Como ser humano, como trabajador, como ser social. Esos son personales. Y no tiene por qué dar cuentas de los mismos.

Creo que el Presidente tiene derecho a viajar en un avión oficial  destinado a estos menesteres. El tiempo del gobernante es escaso, para estar sujeto a horarios comerciales de aerolíneas privadas. Donde surgen las suspicacias, y creo que en esto el Ejecutivo tiene el deber de ser transparente, es en la promesa de no usar un avión  estatal, y luego comprarlo con recursos originalmente destinado a los pobres. Aunque sea dinero de donaciones, con las cuales hay dudas en su manejo por ONGs para estatales.

Más fácil es decir la verdad: se necesita el avión.   Como  dijo en relación a los viajes internacionales.  Y esto me lleva a recordar las palabras de un político venezolano al que conocí hace muchos años.   Decía que en política hay que tener cuidado en acusar al adversario de prácticas políticas, administrativas, etc. para después cometer las mismas cuando estás en el poder.

Esto deteriora tu imagen como confiable, veraz, sincero. Y arroja un manto de dudas sobre tus otras ejecutorias. Honestamente prefiero ver a un Presidente admitiendo que se equivocó como acaba de decir el Presidente con relación a los viajes, hacer pública la agenda de esos viajes, y una ciudadanía y políticos que se centren en los temas sensitivos que afectan a los que somos más, a los panameños de a pie.

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Enviado el 25 de febrero de 2010 a Panaletras por el autor,  a quien damos todo el crédito, el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

El Panamá neutral

La opinión de…..

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Javier Barrios D.

A raíz del 9-11, el presidente Bush dijo: “Quien no está conmigo es mi enemigo”, lo que motivó que algunos mandatarios de países hermanos de Latinoamérica, proclives a Washington, terminaran prácticamente declarándole la guerra a Bin Laden y a los terroristas del mundo, incluyendo entre estos a los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Doña Mireya se sumó a este llamado, aunque tenuemente, supongo que porque ¡nuestro país no tiene presupuesto para guerras!

El problema con las FARC en la frontera con Colombia data desde los tiempos de Omar Torrijos, quien, como buen estratega militar y de posiciones progresistas, manejó muy bien el asunto. Esos muchachos, en aquel tiempo colmados de ideales y de esperanzas, en sus huidas se escondían en nuestro territorio, como lo han hecho siempre en Ecuador y Venezuela, pero les estaba vedado ocasionar molestias a nuestra población y a la Cancillería, y adentrarse demasiado en suelo patrio. Como respetaban sobremanera a Torrijos, cumplían, hasta donde les era posible, con ese pacto no escrito. No me consta, pero se dice y se deduce.

En años recientes, se han escenificado algunas escaramuzas en dicha frontera sin mayores consecuencias y hubo guerrilleros apresados que luego fueron repatriados, pero nunca antes se conoció de enfrentamientos serios de la Policía panameña con las FARC y menos de guerrilleros muertos.

En situaciones como estas, pudiera ocurrir igual que con los accidentes de tránsito cuando no hay testigos, donde el muerto –que no puede defenderse y menos recurrir al “juega vivo”– resulta culpable.

Los medios de comunicación nos han informado en el pasado de casos en que muertos inocentes a manos de la Policía aparecen con armas que nunca tuvieron. No me consta, ni estoy insinuando que haya sucedido algo igual con los guerrilleros muertos en Darién, pero los antecedentes dan margen a la duda.

Puede ser mera coincidencia, pero es muy sintomático que el referido enfrentamiento haya ocurrido a escasos días de la reunión que sostuvieron los presidentes Martinelli y Uribe. Este último se apresuró a felicitar a Martinelli por el deber cumplido y por un acto “tan heroico”.

Acciones como esta, así como la posición del actual Gobierno en la crisis y en las elecciones hondureñas, y el trato poco amable dado a los galenos cubanos (que realizaron más de 40 mil operaciones gratis, que el Ministerio de Salud y el Seguro Social nunca hubieran logrado) son parte del “cambio”, principalmente en la política exterior; lo cual a nadie extraña, pues es propio de regímenes de derecha, pero es preocupante que no se detengan un momento a analizar las consecuencias de sus actos y de sus palabras.

Los medios de comunicación, entretenidos con los problemas de la procuradora y creyendo en Uribe (para quien todos los guerrilleros son narcotraficantes y terroristas), no han analizado el suceso con las FARC y sus efectos, que es mucho más grave de lo que aparenta. ¿Por qué?: Panamá no puede dárselas de fanfarrón, ni asumir actitudes desafiantes, ni tomar partido en contiendas ajenas porque, aunque Estados Unidos no necesita tratados para intervenir o invadir a otro país (pruebas sobran), en nuestro caso poco le cuesta echar mano al Tratado de Neutralidad del Canal, en caso de que el tránsito por la vía peligre.

¿Será que lo de las FARC es algo orquestado para que, cuando no tengamos la capacidad de enfrentar el problema, llamemos a Washington?

Los panameños tenemos la obligación ineludible de revertir dicho tratado a nuestro favor, con la adhesión del mundo entero al mismo, incluso lograr que se modifique, eliminando todo vestigio de intervención en nuestro suelo (Omar Torrijos siempre dijo: “Hemos avanzado, la lucha continúa”).

La neutralidad no significa asumir la actitud del avestruz o no es sinónimo de cobardía o de comodidad es, en el caso nuestro y por razón de la bendita vía acuática y nuestra soberanía, una necesidad… un deber.

Que Estados Unidos se las vea con sus enemigos, pues él solo se los buscó, y Colombia que se encargue de sus insurgentes, narcotraficantes y paramilitares. No nos involucren; peor aún, no nos involucremos; vivamos en paz, lo que exige de todos y cada uno de los panameños y, especialmente de los gobernantes, actuar con madurez, con sensatez y administrar responsablemente nuestro Canal, nuestros recursos, nuestras injusticias sociales, nuestra seguridad interna, nuestras fronteras y nuestra soberanía; siempre bajo el “paraguas” de la neutralidad y no del Pentágono.

Dios nos libre de represalias por parte de las FARC y de un acto terrorista. Y otra vergonzosa intervención o invasión… jamás.

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Artículo publicado  el 20  de febrero de 2010  en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo  que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La advertencia de las FARC.

La opinión de….

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Gil Moreno

El gobierno panameño debe tener mucho cuidado con las decisiones que toma, que muchas veces son inconsultas. Me refiero al caso específico de los tres presuntos miembros de las FARC, abatidos por efectivos de la guardia fronteriza en circunstancias misteriosas, y que han provocado algunas reacciones del movimiento guerrillero colombiano.

Semanas atrás, el PRD había denunciado un pacto secreto de colaboración, entre el gobierno de Colombia y el de Panamá, cuyo objetivo era combatir a grupos insurgentes en la zona fronteriza. Al parecer no estaban tan despistados los dirigentes de este partido, ya que informaciones de última hora nos indican que los gobiernos de ambos país podrían entrar en una negociación desventajosa para nosotros, y que nos colocaría en el ojo de la tormenta.

Y aunque el gobierno ha negado la existencia del mencionado pacto, sí nos llama la atención la petición que le hace las FARC a los actuales gobernantes de que suspendan los ataques a sus miembros en la frontera y ellos se comprometen a no atacar fuerzas vecinas, y que consideran las acciones de Panamá como una política inexplicablemente agresiva.

También dijeron que es posible que el gobierno de Panamá ignore que la guardia fronteriza desarrolla patrullajes en conjunto con el Ejército de Colombia. Advierten que a raíz del asesinato a mansalva y a quemarropa de tres guerrilleros de las FARC, y con las seguridades de que el gobierno de Panamá se comprometa a no involucrarse en el conflicto, confían (nos amenazan) en que esto contribuirá a la estabilidad en la región.

Por otra parte, acusan al gobierno de Panamá de estar en connivencia con el Ejército de Colombia en el lanzamiento de volantes, incitando a los guerrilleros a desertar, ofreciendo grandes recompensas.

Todo esto nos indica que nos consideran involucrados en el problema, por lo que si nuestros gobernantes tienen entre sus planes concertar, en firme, algún convenio con el gobierno de Colombia, sería conveniente que Panamá se desligara por completo de estas ataduras que nos comprometen, y en la que nosotros no debemos inmiscuirnos por el peligro de quedar en medio del conflicto.

Pienso que las bravuconadas no son buenas. A los miembros de las FARC es mejor no hostilizarlos; si ellos no se meten con nosotros, es mejor dejarlos tranquilos, no hay que olvidar que son elementos peligrosos (sin Dios y sin ley) que están dispuestos a todo, y si el gobierno de Colombia no ha podido doblegarlos, mucho menos nosotros.

Considero que el comunicado de las FARC, donde ahora el gobierno trata de investigar si es auténtico, es una clara advertencia de este grupo guerrillero de que Panamá no debe comprometerse en una lucha armada por su propio bien.

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Publicado el 20 de febrero de 2010 en el Diario El Siglo, a quien damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Sobre el filo de la navaja

La opinión de……

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Severino Mejía

La presencia de columnas del frente 57 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en nuestro territorio, no es nada nuevo. En épocas pasadas suponemos que su presencia en el territorio respondía a situaciones de reavituallamiento, descanso, cura de sus heridos etc. Hoy día, las circunstancias son totalmente diferentes.

Las FARC del presente realizan actividades propias de carteles de drogas, al producir, procesar y exportar toneladas de cocaína a Estados Unidos, situación que se les complica en su país, por la constante presión de las fuerzas militares y de policía de Colombia. Incursionar en la provincia de Darién les resulta apropiado a sus intereses, porque les permite su actividad ilícita lejos del acoso de las autoridades de cumplimiento de la ley de ese país.

Darién, provincia con 16 mil km2 y características geográficas muy difíciles, facilita la presencia en nuestro territorio, no solo de las fuerzas irregulares, sino también, de delincuentes comunes, coyotes inmigrantes ilegales, etc., amparados por una densa jungla que les da protección y cobertura a la vista de nuestras autoridades.   Es lógico pensar que, en un momento determinado de tiempo y espacio, se den contactos no previstos entre unidades del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) y estos grupos irregulares.

El Senafront cumple con su deber de atender la presencia de estos individuos, que para nuestro país, no son más que ilegales que están armados y los cuales tienen que ser tratados como son:  delincuentes.   Sin embargo, tenemos que ser muy cautelosos en el manejo de esta situación que es muy compleja.

Hay que recordar que en el año 2003 hubo una incursión de irregulares, que se informó pertenecían a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) y que asesinaron a cuatro indígenas panameños.   Y son precisamente estos grupos de panameños los más expuestos y vulnerables a ser carne de cañón frente a las represalias de estas organizaciones.

El Servicio Nacional de Frontera tiene la misión, como componente de la Fuerza Pública, de garantizar la vida, bienes y honra de todos los panameños que no solo viven en Darién sino también de todos los nacionales que habitan cerca de los límites fronterizos con la hermana República de Costa Rica.

No son fuerzas ofensivas destinadas a enfrentar o acosar a las FARC. Son una fuerza disuasiva destinada a defender el territorio y hacer cumplir la ley como es y debe ser.

Por eso, es muy peligroso mandar mensajes o códigos que puedan ser interpretados como si Senafront fuese una fuerza beligerante; es decir, el yunque aquí en Panamá y el martillo, allá en Colombia.

Como país, y en eso estoy seguro que todos los panameños coincidimos, deseamos que, de una vez por todas, vuelva la paz al hermano pueblo colombiano y que impere la razón para ponerle fin a más de 40 años de conflicto interno en ese país.   Sin embargo, no es una situación que nos compete ni nos interese involucrarnos.  Bastantes problemas tenemos que atender para encontrarnos en una situación de conflicto que sabemos cuándo empieza, pero que no sabemos cuándo termina.

Toda actividad al margen de la ley en nuestro territorio es un delito, por lo tanto las FARC no deben alegar que son hostigados cuando son conscientes de que están en el lugar equivocado.   El conflicto no es aquí, por lo que deben salir de manera inmediata. No podemos aceptar ni tolerar amenazas; las unidades del Senafront cumplen con su deber constitucional de garantizar el orden interno dentro de nuestro territorio.

Como país, sin embargo, debemos evitar abrir, por un mal manejo, un teatro de operaciones cuando esa guerra no es nuestra. No debemos involucrarnos en nada que no sea el preservar la tranquilidad y paz en nuestras poblaciones, sobre todo, de las comunidades indígenas que están emplazadas cerca de los límites fronterizos.

Los citadinos que vivimos lejos de esas áreas, debemos comprender el estado de nerviosismo de nuestros compatriotas, porque sus vidas y las de su familia penden en un hilo. No propiciemos situaciones de la cual después nos vamos a lamentar.

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Artículo publicado el 15  de febrero de 2010 en el Diario La Prensa a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.