¿Qué ‘sopá’, qué tú me vas a dar?, ser panameño y otras cosas

 

La opinión de…

 

Abel L. Guerra I.

Un poco aturdido por las crisis existenciales, morales y económicas que se han vivido en menos de un mes en este país, quise buscar el elixir que lleva al panameño a un estado ataráxico, en el que nada de lo que sucede en Panamá, mucho menos en el mundo, lo perturba. Es jocoso darse cuenta de que la idiosincrasia y el ser panameño no lo entenderemos leyendo antiguos libros filosóficos; parece ser que el señor “Saiko” ha plasmado en una canción popular de reggae la esencia del ser panameño. Como se diría, “ha dado en el clavo” sobre cómo se vive el día a día en Panamá. Ahora bien, no quiero hacer una hermenéutica de la canción; sólo se debe extrapolar un poco y darle un margen general.

Si nos remontamos en la historia, todo esto tiene que ver con una impronta antiquísima que fue sembrada en nuestra cultura, desde la llegada de los españoles al istmo, el “intercambio comercial” de nuestros indígenas en detrimento de ellos mismos; cuando en la época colonial, nuestro terruño fue dependiente de lo que ofrecían los otros a cambio de miserias, en la vida republicana donde se afincan los nefastos tratados que nos obligan a someternos al imperio del norte y un sinnúmero de situaciones que nos hacen buscar o dar un beneficio a cambio de un favor.

En la actualidad, nuestra sociedad viciada por una subcultura del “juega vivo”, inserto en todas las clases sociales, surge de forma explícita la interrogante ¿qué tú me vas a dar?, nuevamente se ve el matiz del intercambio, pero cuando estos parámetros no se cumplen surgen las disputas que vemos a diario y las chabacanerías en todos los ámbitos.

Cuando el Presidente llama brother a su vicepresidente, para aparentar una paz, en disconformidad del segundo por el proyecto de ley de reelección, que viola tácitamente el pacto firmado para poder correr como candidato de 2014.

Aunado a todas las disputas de los ministros y diputados porque se ha violado entre ellos el trueque de ofrecer algo a cambio de otro beneficio. Los favores que han recibido personas incapaces para el puesto que ocupan (cónsul de Miami) es uno de los tantos que están en esa situación, como sociedad abochornada por ese escándalo de ignorancia supina, se le exige al Canciller que se traigan a la palestra pública los nombres de cada uno y su idoneidad para tal puesto.

No quiero pensar que el problema del Idaan es una cortina de humo para que el panameño se olvide de los problemas graves en materia judicial, de los famosos Wikileaks o leyes mordazas.   Tampoco pienso que el problema del agua sea un caso fortuito de la naturaleza, y que no se tenga un plan de contingencia para estas situaciones.    Cierro con el pensamiento del gran dramaturgo inglés William Shakespeare para que nos ilumine en este bregar: “No existe el bien ni el mal en sí mismos, sino es la misma mente humana la cual los genera”.

 

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Este artículo se publicó el  23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Quiénes conspiran contra la Filosofía y la Lógica?

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La opinión del Jurista..

Ramiro Guerra Morales 

Siempre seré categórico en señalar mi oposición al concepto de una educación que todo lo reduce al pragmatismo y la utilidad que se desprende de la misma, sobre todo porque reduce al individuo en sus posibilidades de crear y producir verdades, conocimientos; en otras palabras, una educación que tenga como esencia la acción práctica, obnubila la criticidad y la razón de ser las cosas.

Observo con mucha preocupación cómo en nuestro medio intelectual y teórico, entre ellos algunos supuestamente gurús de la educación que con el argumento de un mundo virtual, tecnológicamente endiosado, viene abanicando los criterios de un modelo de aprendizaje, de una pedagogía que considera al hombre como un ente solo para el trabajo, despojado de una cultura humanizada y creativa.

En los modelos pragmáticos de la educación, hoy muy de moda en la cultura de nuevo cuyo liberal, no cabe o no tiene sentido la indagación por saber el origen y las conexiones internas de las cosas, sus relaciones con el mundo circundante, su historia; se trata de un enfoque que limita la capacidad creativa, cognoscitiva y crítica del mundo que nos rodea.

En ese contexto, consideramos como una sigilosa conspiración contra nuestro pueblo, sus estudiantes, la pretensión en curso de menospreciar la filosofía y la lógica, como herramientas en el aprendizaje que coadyuvan al proceso que algunos pedagogos han denominado como la formación crítica y de búsqueda incesante del saber de las cosas que nos rodean y que se desenvuelven de manera y naturalmente contradictoria.

En ese sentido, el proceso de una conciencia crítica pasa por indagar y de allí que un modelo que no propende a ello, deviene anti democrático. Una educación democrática se sustenta en la formación crítica, humanista y práctica, es decir tiene que ser tridimensional y en eso consiste el aprender a aprender.

Como escribe Gantiva Silva, “Si los griegos de la Escuela Cínica, hubieran sabido que su movimiento intelectual sería distorsionado con el correr de los tiempos, por el pragmatismo, la simulación, la conveniencia, la pérdida de dignidad y autonomía, de Seguro que hubieran pensado en otro concepto que honrara el sentido de su proyecto filosófico y cultural.”

La escuela Cínica, en la antigüedad Grecia, “sobresalieron por su filantropía y espíritu educativo; representaron la moral de la independencia, simbolizaron desde la individualidad crítica a la civilización y expresaron la idea de la universalidad como ciudadanos del mundo”.

El pragmatismo, elevado a modelo educativo, subestima el arte, la cultura, la historicidad como nación y tal aberración explica la absurda idea de introducir procedimientos de polivalencia en campos del conocimientos que deben de abordarse con grados de especialización y no como un todo.

Pedirle a un docente, que enseñe, religión, arte y música, es como pedirle que no enseñe nada en estos aspectos de la universidad cultural.

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<>Artículo publicado el 4  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿En qué podemos creer?

La opinión de…

Ruling Barragán Yáñez

Para las religiones y concepciones filosóficas que estiman las grandes dudas existenciales, la pregunta ¿en qué podemos creer? se comprende plenamente como una de las más fundamentales que pueda hacer un ser humano. Esta pregunta indica la búsqueda de sentido en que todos los seres humanos nos hallamos inmersos a través de los tiempos. Las creencias religiosas o filosóficas que tengamos en torno a ella define esencialmente la actitud que tomamos ante la vida y los demás.

Sin embargo, desde una perspectiva racional no todas las creencias resultan aceptables. La aceptabilidad de una creencia se da en mayor o menor grado; cuán aceptable (esto es, razonable) o no sea esta depende tanto de argumentos como de evidencias. Los argumentos deben ser convincentes y las evidencias, accesibles. Mejor aún, si se poseen ambas cosas. No obstante, es precisamente aquí el gran problema de las creencias. Los argumentos en torno a ellas no suelen convencer a todos. Por su parte, las evidencias que podríamos tener para sustentar una creencia no son siempre accesibles a los demás. Y aun en caso de serlo, podrían ser interpretadas de otro modo.

No obstante, la falta de evidencias o acuerdos no impide que cada persona desee y busque, en su fuero más íntimo, alguna certeza o seguridad respecto a sus más profundas convicciones. Este deseo y búsqueda probablemente sea una perenne condición humana. Al igual que sucede con la belleza, o la felicidad, no podemos dejar de anhelar el encuentro con las verdades más importantes.

Las creencias religiosas e ideas filosóficas sobre el sentido de la vida son sumamente variadas y complejas. No hay ser humano que pueda conocerlas y examinarlas todas, con la excepción –quizá– de una privilegiada élite de intelectuales. Sin embargo, de ser así, esto excluiría a casi toda la humanidad. Innegablemente, se necesita de algo de inteligencia –y a veces mucha– para conocer lo que, en última instancia, realmente importa.

No obstante, cabe la posibilidad de que la verdadera dificultad esté no tanto en el conocer, en especial, si este consiste primordialmente en adquirir información, o incluso ser capaz de generar nuevas e importantes ideas a partir de la misma. Con relación a esta difícil pregunta, “¿en qué podemos creer?” todo lo que me atrevo a sugerir, sin la seguridad que convenceré a mis lectores, pero con la esperanza de que sea tomado en cuenta, es que podemos confiar en que nuestras conversaciones en torno al sentido de la vida son realmente valiosas. Ellas ayudan a formarnos como seres humanos.

Nuestra comprensión de la vida y nuestra manera de ser en el mundo se orienta siempre en los discursos, lecturas y conversaciones que intentan captar el sentido de la existencia humana. Cuando prestamos atención a los otros, al escucharles o leerles sobre sus creencias, valores y convicciones no podemos ignorar la actitud de respeto que tienen hacia ellas. Aunque no podamos aceptarlas, debemos siempre reconocer el respeto que sienten por lo que creen. Simplemente por esto, estamos obligados a respetarles.

Si en algo podemos creer, entonces, deberíamos empezar por esto: respetar la seriedad que tiene el ser humano por sus creencias religiosas o filosóficas acerca del sentido de la vida.

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<> Este artículo se publicó el 18 de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/barragan-yanes-ruling/

Sócrates y la importancia de la filosofía

La opinión de Licenciado en Filosofía, Etica y Valores

 

Marcos A. Pareja

Actualmente la propuesta del cambio curricular establece la disminución de las horas en filosofía y lógica. Ante esto cabe preguntarnos si es esto lo que realmente nos conviene como sociedad. Dejemos hablar a Sócrates a ver qué tal.

Sócrates (470 a.C–399 a.C), filósofo griego de madre Fenareta, una partera y padre Sofronisco, un escultor. El maestro de la mayéutica y la ironía, primer mártir de la filosofía, era de estatura pequeña, vientre abultado, ojos saltones y nariz respingona.

Creía en el efecto terapéutico del diálogo, en esto sería el predecesor del psicoanálisis, como sabiamente comenta Lacan. Pues la mayéutica como “partera de ideas” os lleva al “concepto” universal enseñándonos a descubrir la verdad –aléthia– por nosotros mismos, a través del constante preguntar cuya finalidad es formar el “hombre de bien” (ciudadano ético). Dado que él, “yo solo sé que nada sé”, docta ignorantia.

Anito, Meleto y Likón lo acusaron de pervertir a los jóvenes con eso que enseñaba; argumentos vertidos antes por Aristófanes en Las Nubes con esa sátira totalmente alejada de la realidad. Por lo cual tuvo que pagar con su vida bebiendo la cicuta (veneno).

¿Cuál fue su pecado? Enojar a los poderosos y demostrarles que ignoraban aquello que se jactaban de saber. Criticar la estulticia, la hipocresía y la corrupción.

Si el “mal se comete por ignorancia”, entonces la cura es el conocimiento y tres cucharadas de diálogo sincero, sin cera (sin defectos ocultos). Valores promovidos por y desde la filosofía.

Por eso murió por la justicia, el deber ciudadano, el amor al conocimiento y las ciencias como medios para educar al “hombre de bien”, “obedeceré a Dios antes que a vosotros y mientras yo viva no cesaré de filosofar”, “si la vida continúa en otro lugar, entonces seguiré allí mis averiguaciones y preguntas”.

José Pablo Feinmann, filósofo argentino, nos dice: “la filosofía se hace preguntas que no todos quieren preguntarse”.

Conclusión: No permitamos que una vez más los Anitos, Meletos y Likones de la sociedad quieran hacerle tomar la cicuta a la filosofía para que deje de hacer esas preguntas tan incómodas. No dejemos que la sombra de Calicles dirija el movimiento anti–filosófico y a–logos que lo único en que se guía es un pragmatismo de hecho sin reflexión que no le importa el ¿qué? o el ¿porqué? de las cosas know what, tan solo así son y punto. ¿Cómo? know how business and employed educativo.

Es por esto que la disminución o eliminación de estas materias traería graves lagunas en la formación del estudiantado. La filosofía hace preguntas incómodas. Sí, pero sumamente necesarias ¿qué es la justicia? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo bello? ¿Qué es el bien? ¿Qué debo hacer? ¿Qué es la ciencia?

Para poder pensar se requiere de libertad de pensamiento y de opinión, algo muy importante para la formación del pensamiento crítico en una sociedad democrática. ¿Será eso algo nocivo para la educación panameña?

Creemos que no, por eso le pedimos humilde y respetuosamente al Ministerio de Educación que rectifique este error.

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<> Este artículo se publicó el 17  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/pareja-sosa-marcos-a/

La globalización de la ignorancia

La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz

Sabido es que el pensamiento crítico es la mejor arma contra el poder.   Lo que se denomina educación es el proceso enseñanza–aprendizaje pasivo. El educador se vale de sus conocimientos, auxiliado por los libros de texto para transmitir información a sus alumnos. El nivel de calificación depende directamente del nivel de información. Podemos agregar que esos conocimientos son productos terminados: una verdad.

Ahora, en este mundo globalizado en que se ubica a cada individuo en una celda, contactado entre sí por medio de redes invisibles, pero potencialmente peligrosas dada su posible unidad, los think tank o fabricadores de pensamiento han definido que este acceso de la información tiene que restringirse y, lo que es peor, hay que castrar radicalmente toda interpretación, con lo que se elimina la crítica. La educación que se enseña en la mayoría de los centros escolares del país es acrítica.   Los alumnos se gradúan con un cúmulo de conocimientos mínimos que les permite optar por una carrera universitaria que los enriquece aún más y los articula al mundo laboral, en el que terminan vendiendo esos conocimientos junto a sus talentos en el mercado laboral.

Con este tipo de educación se fortalece el modelo.

He leído algunos artículos en este diario de distinguidos panameños en los que denuncian el impuesto a los libros y protestan por la reducción o eliminación de la filosofía del nuevo currículo educativo.    No me sorprende, por la temeridad de este gobierno de crear una legislación especial en la que se eleve a categoría de delito cualquier idea transmitida por un medio escrito, oral o televisivo, en el que se cuestionen algunas de las prácticas del neoliberalismo y que se coloquen carteles en sitios estratégicos de la República con el lema: ¡Prohibido pensar!, u otros más atrevidos:  ¡Aquel que piensa será multado o detenido!   Y la multa o los días cárceles dependerán de la gravedad del pensamiento y de su repercusión en la opinión pública.

Entre los ministerios de Educación y de Seguridad se redactarán los delitos y sus penas correspondientes. Por ejemplo, un delito económico grave será protestar por el alza de la canasta familiar y su pena, tres meses incomunicado. Un delito político que puede acarrear la pena máxima es denunciar uno de los tantos peculados que cometen los administradores del Estado. Solicitar que se audite una de las fundaciones privadas de algún miembro del Ejecutivo equivale a la inyección letal, sin juicio previo.

Marcos A. Pareja, en uno de los artículos publicados en este diario, mencionó a Gilles Deleuze, quien escribió junto a Félix Guattari, el libro ¿Qué es la filosofía?, editado en 1991. ¡Craso error! Esos autores están en el índice de los libros prohibidos, aunque ni el señor Presidente ni sus acólitos tengan la menor idea de quiénes son estos autores, pero basta para que en la página ocho digan que la “filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar conceptos” y que le dediquen todo un capítulo a definir lo que es un concepto, para prohibirlo.

Crear un concepto que enjuicie al neoliberalismo es un crimen de lesa humanidad. Pero Pareja no se queda allí, menciona a Michel Foucault. ¡Herejía! Esto lo puede llevar a la horca. Foucault en sus célebres clases en el Colegio de Francia, en el curso de 1978–1979, nos deleita con la forma cómo nació la biopolítica y cómo la misma se confunde con el individuo y el entramado social.    En su libro Vigilar y Castigar, hace una detallada descripción de los orígenes y el desarrollo de la sociedad de la disciplina. Cómo el poder disciplina a la gente y cómo nos vigila.

Foucault nos enseña las formas en las que el poder nos controla y domina. Hablar de Foucault es como enseñarle una cruz a Drácula.

Se pretende globalizar la ignorancia.   Entretenernos en el espectáculo. Tenernos dominados, domesticados.   ¡Prohibido pensar!  Ante esta embestida neoliberal a la crítica, tenemos la obligación moral de profundizarla. No podemos arroparnos con la idea del pensamiento único, la bandera ideológica de esa doctrina.   La democracia es la única alternativa viable y factible.   Unámonos detrás de ella.

<> Artículo publicado el 13  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

En busca de Dios

La opinión del Educador….

Ricardo Cochran Martínez

Jacques Monod mencionó alguna vez “que el hombre está solo ante la inmensidad del universo de donde apareció por azar”. Yo no lo pienso así.

Hoy, en la actualidad, la ciencia ha podido establecer asombrosas realidades que han escapado a nuestra mente y que nos acercan de alguna manera, no totalmente aclaro, a ciertas ideas religiosas. No somos productos del azar. En el universo nada ocurre por casualidad y ello lo sabe la ciencia veamos.

La física ha descubierto que toda la materia que nos rodea está conectada a un nivel sub-atómico, por lo cual cada parte, por muy pequeña que sea, es parte de un todo.

De igual manera lo que nos resulta ser una eternidad cuando hablamos de periodos geológicos inmensos, para la historia de la evolución de nuestro planeta vienen a ser tan sólo días. Ejemplo desde la extinción de los dinosaurios hace 75 millones de años a la aparición del hombre una eternidad en cuestiones evolutivas un salto sorprendente.

En la física sabemos que la existencia de un universo producto de un big-bang o de un universo constante el cual desde su centro se está renovando eternamente generando más materia y energía, es muy posible.

En los sesenta la posible prueba apareció con la denominada “radiación de fondo”.

El movimiento de traslación que conjuntamente recorre el sistema solar a través de la galaxia y que ciertamente corrobora aun más el postulado de Copérnico y Galileo sobre el movimiento del planeta y no un estaticismo que lo colocaba como centro del universo está plenamente probado que nunca fue así. Fue un duro golpe al “orgullo del hombre” no al de Dios.

Cada uno de estos postulados son evidencias de un universo desconocido para nosotros hasta bien entrado el siglo XIX.

Los planteamientos anteriores hubieron sido una completa herejía supongamos, en el siglo XVI, les hubiesen costado posiblemente la vida a estos científicos.

El punto es que nosotros hemos estado siempre ante un universo desconocido en donde muy infantilmente establecimos que las cosas en el mundo y en el cosmos se generaban a partir de cierta “magia” la cual solo había que invocar a través de métodos de bárbaros.

Al parecer nuestra ignorancia es enorme.

El mundo y el universo se desarrollan constantemente a través de “procesos” los cuales dependen a su vez de ciertas condiciones para que se completen.

Una de las finalidades del Universo mismo, es generar “vida y razón” y al parecer están dadas todas las condiciones para que cada universo en una faceta específica genere “inteligencia”.

El universo al parecer tiene ciclos de reproducción que tardan miles de millones de años, de manera “natural”, guiados por un orden interno y absoluto que es a su vez un ciclo eterno.

Lo que sí es cierto es que los científicos, sobre todo los físicos, están descubriendo propiedades inimaginables que posee la materia y además han propuesto que existe ciertamente un “orden universal y natural” para la generación de todo lo que existe y existirá según un código, que busca siempre crear vida, crear la razón.

Concuerdo más con Hegel, con lo de la razón absoluta o universal, después de todo no estaba tan loco.

Han sido nuestras mentalidades y nuestra poca falta de investigación científica lo que ha hecho perdurar mitos y leyendas desastrosas en las cuales concebimos a Dios desde la misma perspectiva del hombre común.

Bien decía Protágoras que si las vacas pudiesen hablar dirían que su dios tiene forma de vaca.

Ello es cierto el mundo y el universo posee estructuras, organización y condiciones que desconocemos en su totalidad y que apenas con esta tecnología hemos ido descubriendo la punta del iceberg.

Nos queda considerar que ciertamente debe existir una fuerza sacra y misteriosa, benefactora del hombre a la cual llamamos Dios, pero que nuestra mente y entendimiento distara mucho aun, de comprender como opera o “ve” el universo.

<>Artículo publicado el 21 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá America, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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¿Para qué sirve la filosofía?

La opinión de…

Marcos A. Pareja

Ante la propuesta del cambio curricular y la disminución de las horas en filosofía y lógica, cabe preguntarnos si es esto lo que realmente nos conviene como sociedad.  ¿Es esto adecuado para la formación educativa de nuestros estudiantes? Trataremos de hacer un esbozo sobre el tema, pasando de una primera parte explicativa y, al final, expondré mi opinión personal.

¿Qué es la filosofía? “La filosofía es el arte de formar, de inventar, de fabricar los conceptos”, dirá el filósofo francés Gilles Deleuze en Qu’est-ce que la philosophie? (¿Qué es la filosofía?)

¿Para qué sirve la filosofía? “Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. Sirve para detestar la estupidez, hace de la estupidez una cosa vergonzosa”, señala Deleuze.

Por su parte, Gustavo Bueno, filósofo español, dice que la filosofía forma buenos ciudadanos (cívica y ética), sirve de freno ideológico para todo tipo de fundamentalismo religioso, político y científico, y para promover el pensar, el pensamiento crítico.

En el programa Filosofía Aquí & Ahora del Canal Encuentro del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Argentina, José Pablo Feinmann explica que “la filosofía se hace preguntas que no todos quieren preguntarse”.

Para Michel Foucalt, otro filósofo francés, “la filosofía no solo es una forma de cultura sino que es la forma de cultura”.

En resumen, es mi opinión que la filosofía nos brinda las herramientas necesarias para la vida en sociedad. Como entes deliberantes y participativos de toda auténtica sociedad democrática o que aspire a serlo. Por ende, preguntas como ¿Qué es el amor? ¿Qué es la justicia? ¿Qué es la verdad? ¿Qué es lo bello? ¿Qué es el bien? ¿Por qué existe el mal? ¿Existe Dios? ¿Qué debo hacer? ¿Qué es la ciencia? ¿Por qué existe la pobreza?, son preguntas que no pueden ser encaradas por la ciencia, lo novedoso y relevante no son tanto sus respuestas sino la forma en que son tratadas (la duda metódica, el criticismo, la filosofía analítica etc.)

La filosofía es la cultura por excelencia, como matriz y artífice de ella. Dado que, como lo señala su propia historia en la antigüedad, es el elemento civilizador ante la barbarie. Es el arquetipo y paradigma cognitivo generador de todas las ciencias. Por ende, podríamos decir que casi todas las ciencias y sus conceptos son una hechura griega. Ejemplos: psicología phsike logos; política polis y politeia; democracia demo cratos; historia ídem Heródoto; ginecología gineco logos salvo la química que viene del árabe al-quimia.

La filosofía hace preguntas incómodas pero sumamente necesarias. Para poder pensar se requiere de libertad como condición sine qua non para su ejercicio pleno. Por consiguiente, no es verborrea insustancial sin sentido.

“El conocimiento es poder”, “la verdad los hará libres” “Más Platón y menos Prozac”.

<> Este artículo se publicó el 25 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Educación, un árbol sin sombra

La opinión de…

Ela Urriola 

Cada amanecer confirma nuestra condición de país de las improvisaciones. En esta ocasión no haremos referencia al caos de la vida cotidiana; a la ineficiencia del transporte ni a la falta de efectividad de la campaña contra la violencia; nuestro motivo es la improvisación materializada en algunas de las autoridades que nos representan.

La Real Academia define autoridad como: “Poder que gobierna o ejerce el mando. Potestad, facultad, legitimidad.   Prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su legitimidad y competencia en alguna materia…”.

De suerte que autoridad, legitimidad y competencia están ligadas a las figuras que ejercen el poder ya sea este político, religioso o académico. Lo cual valida la frase de Confucio, “el hombre superior no lo es por jerarquía sino por moral”.

Hace unas semanas la ministra de Educación declaró en un canal de televisión, refiriéndose a la reestructuración del sistema educativo, que “no serían reuniones donde se va a filosofar durante meses”.

La pregunta es ¿qué autoridad o competencia refleja la ministra de Educación si se expresa despectivamente de la más antigua de todas las disciplinas, denotando un desconocimiento no sólo de los vínculos históricos, sino también teóricos entre la educación y la filosofía?   Comprendemos que esto lo manifieste un humilde vendedor de bocadillos en la acera, debido a las limitaciones que han marcado su vida, pero que así lo exprese la máxima autoridad en materia educativa es inaudito, por no decir escandaloso.

El acto de “filosofar” está relacionado directamente con “el pensar”, es la reflexión lógica –no las pasiones, voliciones o impulsos– la que toma el papel protagónico en la conciencia y extrae de esa experiencia conclusiones racionales, válidas para todas las circunstancias posibles. En particular, cuando se trata de la educación de todo un pueblo las opciones deben ser producto de una reflexión metódica que analice todas las aristas y situaciones de manera que los correctivos entre la teoría y la acción sean mínimos y los efectos colaterales afecten la menor cantidad de actores.

La planificación educativa no es para hacer “cosas hermosas” que satisfagan el ego de una autoridad, como tampoco para proclamar que “hacemos historia” con una placa en una escuela; su finalidad es desarrollar un proceso de conocimiento integral que convierta a nuestros niños y jóvenes en ciudadanos, es decir, en hombres y mujeres morales, capaces, reflexivos, solidarios y, sobre todo, con una elevada dignidad personal como condición precedente a la formación profesional, que debe ser la otra instancia del componente educativo. Ignorar este contexto en el currículum educativo es suplantar la sana competencia por el conocimiento por la patética consiga “pelea por tu beca”.

Está de más señalar que desde sus orígenes la filosofía estuvo vinculada a la educación –Sócrates, Platón y Aristóteles– fueron los primeros filósofos de la educación al introducir objetivos, métodos y sistema a sus enseñanzas, básicamente moral. Que los forjadores de la educación en el medioevo fueron los más insignes filósofos del cristianismo –San Agustín y Tomás de Aquino–; la educación de la modernidad fue el producto de pensadores de la Ilustración como Diderot, Montesquieu y Rousseau; los conceptos doctrinales de la educación en la sociedad contemporánea fue concebida por filósofos destacados en otros campos como John Dewey, William James y Alfred North Whitehead.

Pero lo más importante es que la concepción educativa europea actual, estrechamente vinculada a los medios de comunicación, y esto debe ser del conocimiento de la Sra. ministra por su formación y experiencia profesional, se le debe a Jurgën Habermas, filósofo de la Escuela de Frankfurt y a su obra Teoría de la acción comunicativa en la que examina el papel de los medios en una educación dinámica y participativa dentro de la sociedad industrial avanzada y la globalización del conocimiento.

Toda esta trayectoria del pensamiento educativo y sus vínculos con la filosofía se imparten en la Universidad de Panamá en una cátedra llamada Filosofía de la Educación, instituida y dictada por el Dr. Octavio Méndez Pereira, quien comprendió los indisolubles vínculos entre ambos saberes.   Concebir una educación sin el marco teórico de la filosofía es pensar en la clásica imagen del árbol, que por su falta de follaje, no puede dar sombra.

Sería favorable que los asesores de la Sra. ministra le explicaran que la construcción de un sistema educativo no es tema para “filosofar durante meses”, pues la adecuación de la educación al desarrollo de la sociedad y a la formación integral a veces tarda años y en muchas ocasiones ha rebasado generaciones enteras. Entendemos el interés de la titular en “hacer historia” y esas “ansías de inmortalidad” a la que se refiere Unamuno la padecemos todos y por lo visto también la comparten otros de sus compañeros de equipo.

Pero si hay algo que todos aprendimos en nuestros cursos de filosofía en el bachillerato y que debemos aplicar en nuestra vida personal y profesional, es la primera regla del método de Descartes:   “No aceptar por verdadero nada que no haya sido comprobado racionalmente y evitar en lo posible la prevención y la precipitación…” es decir, los prejuicios y los apasionamientos.

<> Este artículo se publicó el 25  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Enseñanza de la Filosofía

La opinión del Pedagogo, Escritor y Diplomático…

Paulino Romero C. 

La filosofía, como todas las ciencias, tiene una esencia que se identifica con el fin que pretende conseguir: satisfacer la exigencia, esencial e indomable de cada hombre, de darle un fin a la vida. En el mundo del espíritu no se puede vivir en brazos de la casualidad; y la filosofía es esencialmente vida del espíritu. Por consiguiente, su fin es práctico. Pero también es evidentemente teórico, ya que para decir cuál es el fin de la vida se precisa conocerlo, saberlo.  El conocimiento no solo vale como medio para lograr un fin, sino porque constituye un valor por sí mismo y es por sí mismo forma muy alta de acción. La acción carece de hondura en su dimensión espiritual, si no se piensa con profundidad, es decir, si no se conoce la verdad.

Los enemigos de la vida contemplativa (por desgracia ¡cuántos son hoy en día!), en su carnalidad y grosería, no comprenden que el conocer puro no es negación de la actividad, sino una forma de actividad que, precisamente en cuanto profunda e interior, no es visible ni, por consiguiente, aparente, y que obra en sí misma y da valor, únicamente ella, a las cosas visibles. El fin de la filosofía, pues, es el esfuerzo por conocer cuál es el fin de la vida.

Así entendida, la filosofía es empeño total y absoluto del hombre, concentración y tensión de todas las energías del espíritu. Por esto es conquista personal; nadie puede regalarle a nadie la claridad de la inteligencia o el saber, ni ninguno puede recibirla o aceptarla pasivamente sin mortificar con esto la dignidad de la naturaleza humana.

El hombre vive en el mundo, piensa en la tierra, obra en relación, no solo con los demás hombres, sino con los seres y las cosas que le rodean. El problema de conocer el fin de su vida implica también el problema de conocer la vida universal, su origen, su desarrollo y su fin. El hombre y el mundo: he aquí los problemas de la filosofía. La historia del pensamiento es la respuesta, fruto de milenario y perenne esfuerzo, que los hombres han dado al problema de su propio ser y del ser del universo, en el que vivimos, pensamos y obramos.

Por último, añadamos que la filosofía, en cuanto esfuerzo de conocer al hombre y al mundo, es metafísica. Es coloquio con lo infinito y con lo eterno, con Dios que es la verdad, en el silencio de la conciencia, vencedor de la más experta y rara elocuencia. La filosofía es la forma de actividad espiritual con la que el hombre reflexiona sobre la propia existencia y sobre la realidad que lo circunda. Además, la filosofía, permite un mayor esclarecimiento de los problemas pedagógicos.

<>Artículo publicado el 13 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Brujos, adivinos y filósofos

La opinión de…

Charlie Del Cid

Creo tener la solución para que no cierren las escuelas de filosofía de las universidades y que a la vez el Ministerio de Educación pueda mantenernos en los planes curriculares.   Los filósofos debemos ser una mezcla de brujos, adivinos y coaches. Me explico. Si revisamos los periódicos, estaciones de radio y programaciones televisivas no faltan los adivinos, profesores de suerte, maestros de esoterismo, sanadores, profetas de pirámides de la suerte…

Seguramente si al cuerpo docente de la Escuela de Filosofía invitamos al chino Man Ko o a cualquier otro de los profesores y profesoras de estas artes, las matrículas se dispararán.   Otra opción sería que al pensum se añadieran algunos cursos sobre cómo participar en juegos de azar y apuestas.   Dicen que diariamente en Panamá los ludópatas invierten cuatro millones de dólares.

¿Por qué ha muerto la filosofía? Creo que es culpa de los propios filósofos. Ya hace unos años, Mario Bunge había profetizado la muerte de esta ciencia, a causa de la muerte de la metafísica. Desde Hume hasta Sartre, los sabios de esta disciplina, influidos por el liberalismo, la tecno–ciencia, el empirismo y el positivismo, se dieron a la tarea de suicidar la metafísica. En el afán de sólo validar lo medible, nos olvidamos del sustrato de las cosas.

En la otra esquina, los marxistas se encargaron de hacer que la filosofía se pusiera al servicio de la ideología. Con la caída del Muro de Berlín y “el fin de la historia”, el piso de los marxistas empezó a tambalearse. Pero ellos también odiaban la metafísica, sobre todo si tenía algo que ver con entes supra naturales, opio del pueblo y demás. Sin duda que el marxismo, y todos sus hijos e hijas, nos abrieron los ojos a la cuestión social, pero se olvidaron que el hombre es más que trabajo, lucha de clases. El hombre está llamado a la eternidad…

Los filósofos debemos evolucionar. Plantear problemas. Este mundo del confort y del entretenimiento requiere de algunos maestros que sacudan las consciencias. Antes que dar las respuestas, tenemos que plantear preguntas poderosas que desarmen a los jóvenes y los hagan salir del consumismo en el que vivimos. Revivamos la metafísica; arrebatémosela a los brujos. Los temas básicos de la metafísica están vivitos: Dios, hombre y mundo. Debemos hacernos coaches de vida y de existencia. En un mundo de gente enferma de ansiedad, estrés, depresión, que sólo vive para sentir y no para pensar, tenemos mucho trabajo.

Ojalá los que están al frente de las naves se den cuenta de la utilidad de la filosofía y que los filósofos nos demos cuenta de que “el ser es y no puede no ser”, pero que a la vez “no nos bañamos dos veces en el mismo río”. El que puede entender que entienda.

<>Artículo publicado el 7 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Ante el cambio curricular (II)

La opinión del Licenciado en Filosofría, Etica y Valores…

Marcos A. Pareja 

En el caso de Filosofía, se plantea que el docente imparta Filosofía/Lógica en el mismo curso, lo cual es sumamente complicado y reduciendo así a su mínima expresión. Partiendo del supuesto que esta no es muy importante. Bueno, qué raro, pues si se quiere hacer de Panamá un país del primer mundo lo primero que hay que hacer es proporcionarle al pueblo una educación del primer mundo. Además entre las figuras que han descollado en esta disciplina tenemos al filósofo y matemático Mockus en Colombia y en Panamá al Doctor Ricardo Arias Calderón, graduado en la Sorbonne de Francia.

En algunos países de Europa y en Australia se ha establecido un plan piloto muy prolífico de enseñanza de lógica a los niños en primaria. Como parte formadora de un pensamiento abstracto y como propedéutico necesario sine qua non en las carreras científicas, sin embargo acá hacemos todo lo contrario.

Según el ranking de las mejores universidades del mundo: http://www.webometrics.info/top12000_es.asp en la cual se clasifican 12003 universidades, ocupando el primer lugar está la Universidad de Harvard; el puesto 22, la Universidad de Cambridge; y el 41, la Universidad de Oxford. Toda estas con excelentes planes de post-grado en Filosofía. En el ranking latinoamericano http://www.webometrics.info/top200_latinameri ca_es.asp?offset=0 De número uno está la UNAM en México (puesto 70 a nivel mundial) con post-grados en Filosofía y Filosofía de la Ciencia con 6 diferentes especialidades en cada una, gran motivo de orgullo para todos los latinoamericanos; en segundo puesto, la Universidad de Sao Paulo; y en el tercer puesto, la Universidad de Chile.

Del lado de nuestros vecinos, la Universidad de Nacional de Colombia ocupa el puesto 10 (521 a nivel mundial) Y la Universidad de Costa Rica, el puesto 15 (575 a nivel mundial), en puestos muy honorables. Sin embargo, Panamá http://www.webometrics.info/rank_by_country_es.asp?country=pa no aparece, pues ocupa el puesto 3458, la Universidad Tecnológica de Panamá y el 4984, la Universidad de Panamá (a nivel mundial). Por ende la Universidad de Panamá no puede darse golpe de pecho pues tiene su cuota de culpa del nivel educativo actual.

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Este artículo se publicó el 27 de agosto de 2010 en el diario Panamá América a quienes damos igual que al autor todo el crédito  que les corresponde.

¿Muerte de la Filosofía en Panamá?

La opinión del Abogado…

Silvio Guerra Morales 

El famoso filósofo Mario Bunge se doctoró en ciencias físico-matemáticas por la Universidad de La Plata, Argentina, en 1952. Ganó el Premio Príncipe de Asturias y ostenta a su favor 14 títulos de doctor honoris causa y 4 de profesor honorario. En su última publicación Crisis y Reconstrucción de la Filosofía ha señalado que la filosofía está enferma aunque no de gravedad. En Entrevistas 21, hecha el día sábado 26 de abril de 2003, Bunge declaró cuestiones que estimo guardan relación con la probable -ojalá nunca suceda- desaparición de la enseñanza de la Filosofía, como materia, tanto en las escuelas secundarias como en las universidades de Panamá. ¡Craso error!

Recordamos que Richard Rorty junto a otros distinguidos filósofos han señalado que la filosofía está muerta, así como en cierta ocasión Nietzsche sostuvo que “Dios había muerto”. Frente a esto advierte Bunge: “Yo creo que sigue viva, aunque gravemente enferma. En efecto, la mayoría de los filósofos se limitan a comentar ideas de otros, o a hacer especulaciones estériles: no abordan problemas nuevos, no se enteran de lo que pasa en las ciencias y las técnicas, ni se ocupan de los principales problemas que afronta la humanidad”.

Sin duda alguna que la filosofía pasa por serios reveses. Bunge distingue: profesionalización excesiva; confusión entre filosofar e historiar; confusión de oscuridad con profundidad, al estilo de Husserl y Heidegger; obsesión por el lenguaje, al estilo de Wittgenstein; idealismo (por oposición al materialismo y al realismo); atención exagerada a miniproblemas y juegos académicos; formalismo insustancial y sustancialidad informe; fragmentarismo y aforismo; enajenamiento de los motores intelectuales de la civilización moderna: la ciencia y la técnica; y permanencia en la torre de marfil”

Frente a los problemas que nos presenta la actualidad con la denominada “cultura relativa” y la “manifiesta superficialidad en los actos humanos”, Bunge expresa que: “Es verdad que el posmodernismo, y en particular el llamado “pensamiento débil”, han hecho estragos en las facultades de humanidades. Pero, desde luego, no ha afectado a las facultades de ciencias, ingeniería, medicina, ni derecho. En éstas hay que pensar correctamente y hay que controlar la imaginación con datos”.

Pero ¿qué es lo que realmente está sucediendo con la filosofía? El Dr. Bunge reflexiona y nos responde de esta manera: “Algunos filósofos están preparados para hacer frente a grandes novedades de la cultura, y otros no. Los primeros intentan mantenerse al día con algunas disciplinas, mientras que los segundos prefieren refugiarse en el pasado. Siempre ha ocurrido así, y es presumible que así seguirá ocurriendo. Lo que importa es la calidad de los innovadores y las oportunidades que tengan para investigar libremente”.

El reto de la Filosofía, a mi modesto juicio, es filosofar su actualidad y ponderar los valores para hacer una sociedad al mejor estilo del Estado de Bienestar preservando la identidad particular sin desmedro de las cuestiones sociales.

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Este artículo se publicó el 27 de agosto de 2010 en el diario Panamá América a quienes damos igual que al autor todo el crédito  que les corresponde.