Hacia un turismo de altura

La opinión de…

Jaime Figueroa Navarro

Sirve de título para este artículo el eslogan del XV Foro de Turismo de la Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresa (Apede), cuya Comisión de Turismo me honra presidir. El lema es indicativo del rumbo que deseamos adoptar como norte en la industria sin chimeneas.  El evento, que se llevará a cabo el 18 de octubre en jornada completa, servirá como guía del camino a seguir.

Recoge la última edición de la revista Panorama de las Américas una valiosísima entrevista al Dr. Jordi Tresserras, de la Universidad de Barcelona, España, quien para un creciente número de científicos resulta el máximo expositor de una nueva ciencia recién gestada la década anterior, el turismo cultural. Nos relata el académico que “hoy día turismo cultural no es solo recorrer monumentos históricos, sino ofrecer experiencias auténticas de una realidad cultural particular”. Goza Panamá, más allá de los elementos propuestos en las campañas publicitarias, de particularidades que nos resalta al promover un sueño y luego hacerlo realidad cuando nos honran los turistas al seleccionarnos como destino y visitarnos.

En Apede, acogiéndonos al planteamiento del Dr. Tresseras, que “el sector privado debe fijar políticas de empresa y presionar al sector público para crear grupos de trabajo que identifiquen líneas de negocio”, somos proactivos en desarrollo de proyectos turísticos que presentaremos durante el foro. Y para evitar malentendidos, hemos invitado al mismísimo especialista para que, como el orador de fondo internacional, dicte una cátedra en turismo cultural y sobre los enormes beneficios que el istmo puede usufructuar al poner en práctica políticas.

Adornamos las presentaciones de turismo cultural y proyectos puntuales con temas de interés actual, como pesca deportiva, turismo médico, desarrollo de hoteles boutique, retos en educación turística y un brindis de cierre acompañado de un muy particular espectáculo culinario por dos brillantes chefs del patio.

Como ejemplo de los proyectos puntuales que presentaremos, resultado de nuestras iniciativas del año en curso, tenemos el Plan Maestro para el Desarrollo Turístico, Histórico y Cultural de la Isla de San Pedro de Taboga, presentación a cargo de la Dra. Lorena San Román, de la Universidad de Cooperación Internacional, de San José, Costa Rica.

San Román goza de un amplio historial como especialista en Naciones Unidas que nos permitirá triangular Taboga con Panamá La Vieja y el Casco Antiguo, como Patrimonio de la Humanidad, y hacer profundos cambios para el beneficio de los lugareños que serán los más beneficiados con la creación de un turismo de altura en el atolón donde se originaron los viajes de la mayor conquista en la historia de la humanidad. Una actividad que asistirá en pequeña escala al éxito del proyecto es el entrenamiento de los pescadores artesanales para convertirlos en guías de turismo que transporten a los turistas en expediciones de avistamiento de cetáceos en la parte posterior de la isla.

Entre los otros proyectos que presentaremos, utilizando la asistencia del programa Google Earth, se encuentra la reconstrucción del Camino Real entre la ciudad de Panamá y Portobelo, como sendero turístico, a cargo del especialista de la Universidad de Viena, Austria, Christian Strassnig.

Cientos de miles de turistas caminan anualmente el Camino de Santiago de Compostela en España, sendero que –sin restarle mérito– es más extenso y no goza del esplendor natural e historia que pretende el nuestro. ¿Se imagina usted el efecto publicitario que tendría en el desarrollo del turismo en Panamá expedir diplomas que certifiquen la travesía transístmica del Camino Real y, que de seguro, el propietario atesorará como una preciada pertenencia, colgándolo en un lugar privilegiado de su residencia u oficina?

Y seguimos con ideas, porque turismo es pasión, imaginación y emprendimientos. Nuestro proyecto del Museo de la Pollera, en Las Tablas, seguro será otro de los iconos del foro, creando un foco de interés en esa ciudad, más allá de las fiestas de Carnaval. Otros temas de reciente inspiración incluyen la construcción del más grandioso galeón en la historia de los mares, utilizando finas maderas nacionales, permanentemente estacionado en la bahía, de obligada visita por los turistas, símbolo de la conmemoración de los 500 años del descubrimiento del Mar del Sur (a cumplirse en 2013), y que debería bautizarse Panamá, país del descubrimiento y dueño de la mayor flota mercante mundial. Este proyecto, de inversión privada, lo conversaremos con la Fundación Nao Victoria en Sevilla. El XV Foro de Turismo de Apede será una oportunidad única de participar, asimilar y compartir estos conocimientos y emprendimientos en un momento crucial para el desarrollo de nuestro turismo.

<> Este artículo se publicó el 2  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Crecer no basta, hay que asegurar equidad

La opinión del empresario……

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RAFAEL  CARLES

Que Latinoamérica sea la región que registra la distribución del ingreso más regresiva del planeta no solamente dispara la inquietante pregunta sobre cuánta desigualdad soporta la democracia, sino también interpela a nuestros países acerca de la necesidad de impulsar estrategias de desarrollo económico que lleven implícitas la mejora gradual y sustantiva del patrón distributivo.

En Panamá, un primer elemento significativo es que, a diferencia de otros lugares, el conjunto de los actores —Gobierno, empresarios, trabajadores, partidos políticos y, por supuesto, la propia sociedad— no ha reconocido esta problemática como una de las cuestiones centrales de la agenda pública.  Incluso, se evita hasta donde tocan el bolsillo.

Recordemos que, hasta no hace mucho tiempo, en el plano de las ideas y en el de las políticas públicas dominaba el enfoque secuencial, aquel que aconseja primero crecer para esperar después la etapa de la distribución.   O, en la misma lógica, se apelaba a una visión dicotómica entre la política económica y la social, donde la primera debía ocuparse específicamente de la economía, y la política social, de atender sus consecuencias negativas.

Esta concepción es la hija preferida de la teoría del goteo, a través de la cual el mercado, dejado absolutamente librado a su propia dinámica,   garantizaría que las ganancias de productividad se derramaran al conjunto de la población.

El principal desafío que enfrenta este país es revisar la relación entre crecimiento económico y la postergada equidad social.   Superar la constante diferenciación entre el crecimiento económico, planteado como un problema técnico, y la equidad, como un tema moral.   Porque nadie parece estar en desacuerdo con la necesidad ética de incrementar la justicia social, aunque nunca quede claro el momento oportuno para realizar el esfuerzo redistributivo que conduzca a ella.   Aquí radica la trampa.   Cuando se trata de números, la primacía de la técnica reduce el espacio de los conceptos solidarios o humanistas, convirtiéndolos en imperativos deseables, pero no siempre alcanzables.

Señala bien el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo 2008, cuando dice que, si asumiéramos la necesidad de mecanismos eficientes de creación de riqueza y de distribución del ingreso, el modelo resultante sería más sostenible y exitoso para todos. Esto nos situaría ante un papel más razonable del funcionamiento del mercado y del Estado, sin abandonar todo al primero ni exagerar la intromisión del segundo.

La formación de capital humano y de capital fijo, más la productividad por persona ocupada, y no los bajos salarios o la reducción de gastos que afectan la educación, la salud o las inversiones en infraestructura, serán las que fortalezcan la economía y la competitividad y abran la senda del desarrollo. Este razonamiento nos lleva al debate sobre las nuevas estrategias de desarrollo. Se trata de decisiones políticas que son las que deben redefinir la relación entre el Estado y el mercado, vinculada al mecanismo de especialización productivo que se define como el más aconsejable, y los modos de inserción de nuestra economía, tanto en el plano de la integración regional como en el del comercio internacional.

Lo que resulta evidente es que la relación conflictiva y no siempre lineal entre el crecimiento económico y la distribución del ingreso mejora en tanto la estabilidad macroeconómica se asocia a un proceso de diversificación de la estructura productiva, de los incentivos a la innovación, a la calidad de las instituciones destinadas a la formulación y gestión de las políticas públicas, y a una relación más estrecha entre el impulso dado al desarrollo científico-tecnológico y el modelo productivo.

Esta opción por un desarrollo más diversificado no solamente nos haría menos vulnerables a las oscilaciones internacionales, sino también debería permitirnos la generación de ventajas comparativas dinámicas —sobre todo aquellas asociadas a nuestra propia dotación de recursos—, la acumulación de capital humano y la posibilidad de que el desarrollo tecnológico se incorpore al proceso productivo y colabore en la generación de puestos de trabajo de mayor calidad y a la elevación de los salarios.

Es incuestionable que los procesos de desarrollo como los sugeridos suponen un importante grado de acuerdo político y esfuerzos convergentes durante períodos prolongados. Y, de más está decir, el compromiso que habría que poner en torno a mejorar el funcionamiento del Estado, porque, si bien éste no puede ni debe elegir los ganadores económicos, debe cumplir un rol muy importante en las tareas de orientación y de coordinación entre el sector público y el privado.

En definitiva, el crecimiento sostenido de la economía y la adecuación gradual de la estructura tributaria a una matriz distributiva diferente y un proceso de aprovechamiento que trascienda y amplíe el perfil básicamente primario de servicios y logística, son parte, junto al desarrollo de políticas sociales más eficaces y transparentes, de las condiciones para transitar un vínculo de mayor reciprocidad entre el crecimiento económico y una más justa distribución de la riqueza.

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Publicado  el 23 de febrero de 2010 en el Diario  La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La bitácora del Presidente del Diario El Siglo

La opinión del Abogado…..

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Ebrahim  Asvat

En la Gaceta Oficial del día 12 de enero del 2010, aparece publicado el plan estratégico de gobierno 2010-2014. El número de Gaceta Oficial es el 26445 A. Para quien se interese por el país, el documento de 141 páginas es de lectura obligatoria.

Después del Informe Roberts —publicado en la década de los treinta en el siglo pasado— y la estrategia de desarrollo de la década de los setenta —también del siglo pasado—, bajo la dirección del economista panameño Nicolás Ardito Barletta, es la primera vez que el Gobierno Nacional produce un documento completo sobre su estrategia económica y social con marcado énfasis en las tareas de las que se responsabiliza durante este quinquenio.

La claridad de objetivos y la puntualidad en los temas por atender son la demostración de una mente que conjuga el mundo de negocios y la estrategia. La estrategia económica me resulta melodía para mis oídos. Los tres ejes señalados con mayor potencialidad para nuestro país los he desarrollado en bitácoras anteriores y demuestran en sus autores o directores la conjugación entre el sentido común y el necesario olfato para distinguir a dónde apostar en el futuro cercano.

La suerte de Panamá en el próximo decenio está orientada hacia las áreas de logística, turismo y algo de agricultura. Las tareas muy puntuales en los tres ejes aparecen claramente reflejadas en cuanto a inversión en infraestructura y capital humano.

Lo bueno del plan estratégico de Gobierno 2010-2014 es el reconocimiento que establece de la Secretaría de Metas. La gestión debe medirse. Los resultados deben dirigirse a objetivos claros.

Para una ejecución sin contratiempos, se requiere de un fuerte aparato de coordinación que programe las inversiones a nivel del Ministerio de Economía y Finanzas y proporcione una supervisión del progreso a través del Ministerio de la Presidencia, aplicando el enfoque de gestión por resultados.

Ha sido difícil llevar al Estado la cultura de la supervisión y cumplimientos de metas. Por primera vez, un Ministerio de Economía y Finanzas reconoce que dicha atribución le debe corresponder a otra institución del Estado y no a sí misma.

El plan de inversiones para desarrollar los tres motores prioritarios de crecimiento requiere un equipo de gobierno de un alto perfil ejecutivo. Me motiva y me satisface el ambicioso listado de proyectos de inversión.

Tengo mis dudas de la capacidad ejecutiva del equipo de gobierno destinado a llevarlo a cabo. Cuando manifesté en alguna bitácora anterior que entre los ministerios que han demostrado eficiencia y efectividad sobresalía el Ministerio de Economía y Finanzas en la figura de Alberto Vallarino, no me equivoqué en la apreciación.

El país cuenta, luego de muchas décadas, con un claro plan estratégico que nos ayudará a posicionarnos en las áreas de mayor potencial de crecimiento. ¡Felicidades a todos los que contribuyeron en su preparación!

Calificadoras, poder y ética

La opinión del Economista, Docente Universitario y Político…

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Juan Jované

Si algo caracteriza al proceso de formulación de la política económica y financiera del actual gobierno es su falta de transparencia.   Esta se expresa en toda su crudeza en la total falta de discusión pública en torno a la estrategia nacional de desarrollo y, sobre todo, en relación a la anunciada reforma tributaria. Frente a esta realidad resulta necesario dejar en evidencia cuales son los elementos del poder económico que se mueven como factores dominantes en la determinación de la política económica.

Entre esos factores de se destacan las llamadas empresas calificadoras de riesgo, las cuales a decir de uno de los viceministros del Ministros de Economía y Finanzas merecen el esfuerzo de que estén debidamente informados de los planes de gobierno, mientras que uno de los socios de la firma Indesa argumenta que le “gusta la influencia positiva que puede tener la opinión de las calificadoras sobre nuestros gobernantes”. Aquí surge una importante pregunta: ¿quiénes son estas calificadoras?

Estas empresas, pese al aprecio del gobierno y los asesores financieros locales, no gozan en estos momentos de una buena reputación a nivel internacional.  La causa de esto es que estas han sido señaladas como uno de los principales responsables de la reciente crisis financiera internacional, debido a que las mismas otorgaron, de manera irresponsable, el grado de inversión a los exóticos derivados financieros que contenían las llamadas hipotecas chatarras. Esto demostró no solo que las mismas utilizaron sistemáticamente métodos inadecuados para su evaluaciones.

Demostró además que estas, en un acto carente de toda ética, otorgaron altas calificaciones a lo que ahora se conoce como la basura tóxica financiera con el fin de asegurarse sus propias ganancias, gracias a un sistema en el que los que emitían dicho documentos, no quienes los compraban, eran los que les pagaban por el servicio de calificación.   Se trata de lo que técnicamente se conoce como incentivos perversos y riesgo moral, pero que se puede describir mejor con las palabras de Lord Robert Skildesky en el sentido de que todo esto es síntoma de una sociedad en que el dinero ha sustituido al honor.

Desde el punto de vista de nuestro país se debe destacar que la preocupación con la influencia de las calificadoras sobre la política económica del gobierno no solo surge de los problemas de carácter ético antes señalados. A esto se suma el hecho de que a las calificadoras no les preocupan los intereses nacionales en si.  Su única preocupación es calificar, como lo declaró recientemente un funcionario local de una de las calificadoras, la capacidad del gobierno de pagar la deuda. Estamos, pues, frente a un proceso de formulación de la política económica profundamente antidemocrático, orientado por intereses distintos a los nacionales e influenciado por elementos de poder cuya integridad ética esta hoy en día en tela de juicio.

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Publicado el 12 de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Las nuevas relaciones con EE.UU

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La opinión del empresario…..

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RAFAEL CARLES

La historia, se sabe, tiene trascendencia no como conocimiento abstracto del pasado, sino como enseñanza para el presente y el porvenir.   Por eso es interesante analizar las relaciones de Panamá con los Estados Unidos de cara a lo acontecido durante los últimos años, no solo desde que salió el último contingente militar de la base de Clayton el 31 de diciembre de 1999, sino revisar de manera integral lo que han sido las negociaciones y conversaciones en diferentes gobiernos y administraciones con respecto a los acuerdos, compromisos y tratados, específicamente los referentes al TPC.

Por casi toda la historia, Panamá se amoldó a la estrategia económica de los Estados Unidos y se convirtió, aunque muchos no lo acepten, en su patio trasero.  Aquí se instalaron bases militares a su antojo, se creó una relación paternalista en la cual desde acá pedíamos permiso y desde allá nos supervisaban y, en muchas ocasiones, nos llamaban la atención.   Eran tiempos del debate entre la soberanía y la conveniencia, entre las limosnas y los millones, entre el proteccionismo y el neoliberalismo, como se llamaba a la idea de hacer caso inmediato a las pretensiones de las Instituciones Financieras Internacionales (IFIS).

El destino natural de Panamá, nos decían, era la agricultura y la ganadería y no había campo para las “ industrias de servicio ”.   Nadie podía ni siquiera pensar en estudiar para administrar puertos o pilotear barcos por el Canal. Esas profesiones escapaban del radar de oportunidades de los istmeños y se creían exclusivas para los zoneítas.   El péndulo de oportunidades estaba siempre inclinado hacia los intereses de Washington y no necesariamente reflejaba la tesis clásica de que todos los individuos tienen igualdad de posibilidades para alcanzar su propio interés.

En este contexto se puede entender las posiciones adoptadas por Panamá durante buena parte del siglo XX, aunque aún existan quienes tengan prejuicios sobre la conveniencia o no de que se hayan marchado los gringos.   Es decir, por estas y tantas otras cosas más, Panamá no puede volver a ser el títere del imperio del Norte. Una rápida lectura al memorando de entendimiento de cualquier acuerdo entre dos naciones mostraría que hay un sólo y concreto aspecto de compromiso:  los Estados tienen el derecho de ser tratados como miembros de una comunidad internacional, independientemente de su área geográfica, poderío bélico o tamaño de población, aunque los restantes acápites y normativas dependan de la voluntad de los signatarios para su cumplimiento. Es decir, Panamá tiene igual derecho y debe ser tratada por los Estados Unidos como tal.

Estas reflexiones no son para negarnos a unas nuevas relaciones con los Estados Unidos, ni para proponer formas y niveles de protección que nos aíslen.   Apuntan a que si en la relación entre dos países uno tiene una estrategia y un proyecto nacional y el otro no, el resultado ya se sabe cuál es.   La cuestión va más allá de los modestos instrumentos de salvaguardia diplomática que quieren aplicarse.   Panamá en ésta y en otras relaciones tendrá éxito si elabora una estrategia de desarrollo y la ejecuta con firmeza.

Por eso nos complace la creatividad e iniciativa del nuevo embajador en Washington.   Su perspectiva de lo que deben ser las relaciones entre Panamá y los Estados Unidos lo sitúan al nivel de un mariscal de campo, que observa de manera efectiva y completa el frente de batalla. De acuerdo a sus señalamientos, la reafirmación de los lazos con los Estados Unidos requiere de una óptica de mutuo respeto para que Washington vea a Panamá como un elemento importante para la estabilización de la Región en estos momentos de turbulencia.  Aunque la firma del TPC sigue teniendo su importancia, ya no es la pieza principal de las nuevas relaciones con los Estados Unidos, sino el diseño de una estrategia geopolítica integral en la cual Panamá es el pivote para su implementación.

No tenemos ninguna duda de la capacidad intelectual, profesional y social del embajador Jaime Alemán Healy  y de su compromiso incondicional por dejar un legado de excelencia diplomática, tal como lo hizo su padre durante algunos años de la década del 60.   Su nuevo ejército de aliados, denominado Friends of Panama Caucus , constituye la plataforma de lanzamiento por medio de la cual se consolida el apoyo para conseguir, en el corto plazo, los votos para pasar el TPC en el Congreso norteamericano y, posteriormente, para establecer medidas bilaterales de beneficio mutuo.

Políticamente hablando, estamos viendo tiempos difíciles en Washington para la aprobación inmediata de un TPC.   La experiencia de muchos años de otros muy buenos diplomáticos demuestra la impotencia panameña frente a esta situación. En la actualidad, la agenda legislativa estadounidense está topada por la dura discusión de la reforma sanitaria, por la búsqueda de una solución para calmar la asfixia financiera y la caída del dólar, por el dilema del envió y permanencia de tropas en Afganistán, por la creación de nuevas fuentes de trabajo y por la crisis económica de empresas emblemáticas, como son las automotrices, aerolíneas y bancos, lo cual distrae y dificulta el trabajo de cabildear y convencer.

Pero lo cierto es que estamos bien representados con Alemán Healy en Washington, un hábil negociador, letrado en ciencias políticas, sabio en el arte de la diplomacia, miembro de una familia respetable y socio de una firma de abogados renombrados de la localidad.   Estamos seguros de que su iniciativa de los Friends of Panama va a aportar soluciones orientadas a mejorar nuestras relaciones con los Estados Unidos, lo que conllevará un nuevo modelo de respeto y entendimiento entre ambos países. Y es en estos momentos, cuando debemos apostar por panameños como Alemán Healy que, sin duda, es la mejor designación que ha hecho y hará el presidente de la República, Ricardo Martinelli, en sus cinco años de gobierno.

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Publicado el 5  de enero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.