“Wakaleads”, ¿Hasta cuándo?

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La opinión de la periodista…

Judy Meana

“Especial y única”, así calificó la ex embajadora de Estados Unidos en Panamá, Bárbara Stephenson su relación con Panamá, tras recibir la condecoración nacional de la Orden Vasco Nuñez de Balboa en el grado de Gran Cruz.   El gobierno panameño reconoció su labor en el fortalecimiento de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos. Y bien merecida la medalla, porque seguimos siendo paises hermanos, a pesar de todo lo que ella escribió en sus informes al Departamento de Estado.

Me interesan más nuestros “wakaleads”, yo diría que son aquellas denuncias que se presentan a diario y aquí no pasa nada.   Por ejemplo, el caso CEMIS, famoso escándalo que se destapó durante el Gobierno de Mireya Moscoso. Vimos al entonces legislador Carlos Afú, abanicar los “Afu dólares”, confesando públicamente que los había recibido a cambio de votar a favor de ese proyecto. También, los medios mostraron un papelito encontrado en la oficina de uno de los directivos de la empresa responsable del proyecto, con los nombres de famosos políticos. Afú se encargó de señalar a los que supuestamente recibieron y pagaron sobornos.

Otro caso importante es el del envenenamiento masivo con dietilene glicol registrado durante el gobierno del Presidente Martín Torrijos. Los familiares de las víctimas y los afectados llevan años exigiendo justicia y aquí no pasa nada.   Ojalá el gobierno del Presidente Martinelli atienda el llamado de los envenenados, dándole respuesta a sus necesidades de atención médica y el apoyo necesario para que puedan vivir dignamente. Y para poner algo de actualidad, sería bueno que leyeran el “Informe Especial sobre la Cuenca del Canal de Panamá” elaborado en el año dos mil uno, por el entonces defensor del Pueblo, Italo Antinori. En dicho documento, Antinori advirtió que habría problemas con el suministro de agua potable.

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<>Artículo publicado el 18  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
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Panamá y Washington

La opinión de…

Ricardo Eskildsen M.

Washington D.C, la ciudad más importante en nuestra era contemporánea, lo es no solo por las oportunidades diplomáticas, sino por la oferta y ventajas comerciales que se pueden lograr del Congreso.

Los acontecimientos de la semana del 11 al 14 de diciembre, en la que se confirmó la intempestiva visita del presidente Ricardo Martinelli a esa ciudad, pasarán a la historia como fecha importante, no solo por haberse confirmado el interés de consolidar, en una voz presidencial, los temas comerciales con esa nación, sino por la renuncia de quien fuera el colaborador más importante en Washington del presidente Martinelli, el ex embajador Jaime Alemán.

La nueva relación con Estados Unidos, que se inició desde el año 2000, ha quedado centralizada –más que en temas de seguridad– en el tratado de libre comercio (TLC).

Este último proyecto lleva más de siete años sin completarse. Sobre este tema, recordamos a los cuatro candidatos a la Presidencia de Panamá que, en septiembre de 2003, asistieron al primer debate público sobre el TLC, organizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá (UPSA), en el Hotel Sheraton; logro que se anunció a la nación. Martín Torrijos, Ricardo Martinelli, José Miguel Alemán y Guillermo Endara G. (q.e.p.d.) confirmaron que –de ser elegidos– se esforzarían en continuar y terminar las rondas de negociación, cuanto antes.

Las primeras rondas de negociación del TLC ya las había iniciado el ministro de Comercio Joaquín Jácome, en Panamá, con el apoyo del embajador panameño en Washington, Roberto Alfaro. Todo ello bajo la política exterior trazada por el gobierno de la presidenta saliente Mireya Moscoso.

En aquellos tiempos, el Gobierno de Panamá buscaba definir el rumbo a seguir y se concluyó que equipararse a las ventajas comerciales logradas por el bloque de Centroamérica era la mejor vía, pero que el TLC entre Panamá y EU debía ser bilateral. La cruda realidad de la época señalaba que el presidente Bill Clinton había desestimado el Alca o la integración comercial de América Latina –fijada para 2005– por las acciones proteccionistas adoptadas por los países del Cono Sur… Las rondas de negociación emprendidas por el gobierno de Moscoso, en 2003, concluyeron con el apoyo brindado por el ministro de Comercio e Industrias, Alejando Ferrer, y el presidente Martín Torrijos, en 2007. Y la Asamblea ratifica el tratado con 58 votos a favor.

Transcurridos tres años, por razones harto conocidas, sin lograr la ratificación del tratado en EU, el gobierno del presidente Martinelli decide, responsablemente, avanzar. Y al conocerse recientemente el éxito de la visita a comienzos de diciembre del presidente Lee Myung-bak, de Corea del Sur, retoma con ímpetu el tema… Y coordina su visita, proyectada a aprovechar los resultados de las elecciones del Congreso en EU el 3 de noviembre, en las que la mayoría de la Cámara Baja del Congreso queda en manos del Partido Republicano.

El detonante, ante los recientes acontecimientos en Washington, fue el Panama Week. Este evento, ya histórico, fue planeado meses atrás y celebrado entre el 18 y 19 de noviembre. El grupo empresarial, integrado por varios gremios, bajo el paraguas de UPSA –hoy liderado por el ex embajador Roberto Alfaro y su directiva, y por el ex embajador Juan B. Sosa y su directiva en Washington– proyectó la visita de este año con base en los esperados resultados de las elecciones en EU.

De allí que la visita al congresista Kevin Bradley, republicano y presidente de la comisión de Ways and Means Committee, se concretó el 18 de noviembre. En dicha visita se conoció la inminente ratificación del hoy denominado Tratado de Protección Comercial, antes de julio de 2011. Participaron en dicha reunión en el Congreso, el ministro de Comercio Roberto Henríquez y sus dos viceministros, José Domingo Arias y Francisco Álvarez de Soto, al igual que el ex embajador Jaime Alemán, y nos acompañó el ex congresista Jerry Walash, también, del Partido Republicano.

La versión que se conoció el 19 de noviembre de la firma, el 30 de ese mismo mes, del Tratado de Intercambio de Información Tributaria con EU, tendiente a eliminar a Panamá de la lista gris del grupo de la OCDE, tuvo un impacto favorable posterior en la semana, cuando se conoció el texto. Varios congresistas indicaron que los medios en Estados Unidos, al comentar la discusión en el Congreso para la ratificación del TPC, durante el primer semestre de 2011, no serán tan críticos con Panamá, al conocer de la firma del Tratado de Intercambio de Información Fiscal.

Por otro lado, llenar la vacante y seleccionar a un nuevo embajador en Washington que ofrezca lealtad al Presidente, no es tarea fácil. Sin embargo, ya escuchamos los comentarios de un profesional probado en el dominio de la idiosincrasia y la cultura de EU, que estudió en el Incae con el Presidente la maestría de administración de empresas; que obtuvo su título empresarial en Louisiana State University y fue presidente de la Apede.

Estas son características que garantizan el éxito en Washington. No solo el embajador debe apoyar a los cabilderos seleccionados y lograr dicha ratificación, sino entender las oportunidades comerciales que generará el tratado y ofrecer a la generación de panameños presentes, las oportunidades del mismo.

Y si sumamos el hecho de que el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, cuando joven trabajó con el congresista John Boehner, hoy electo speaker de la Cámara Baja, esto ayuda a lograr la ratificación del tratado en EU. Sin embargo, las circunstancias de ayer no son las de hoy. Pero con un embajador dinámico, de pensamiento empresarial y conocedor de las oportunidades, mucho es lo que ganará Panamá.

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<> Este artículo se publicó el 31 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cuidemos a la gallinita de los huevos de oro

La opinión del Ex Embajador de Panamá en Estados Unidos….

 

EDUARDO  MORGAN
eduardo.morgan@morimor.com

En septiembre de 1996, fui nombrado Embajador de nuestro país en E.U. Eran tiempos cruciales para las relaciones diplomáticas ya que se acercaba el fin de la presencia norteamericana en Panamá. Había tensión por las imputaciones de que nuestro país no hacía lo suficiente para combatir el tráfico de drogas y el lavado de dinero. Mi labor consistiría en evitar que tan infundadas acusaciones permearan a la opinión pública estadounidense y que la presión de ésta contra Panamá afectara el cumplimiento de los tratados Torrijos-Carter.

En E.U. la opinión pública está liderizada por sus grandes diarios, principalmente el New York Times y el Washington Post, que se caracterizan por el manejo responsable de la noticia, cuyos análisis y comentarios están a cargo de connotados periodistas y columnistas, entre ellos algunos laureados incluso con el premio Nobel.

En esos años a E.U. le preocupaba la droga y el lavado de dinero y para controlarlo extendían su influencia al resto del mundo. El instrumento usado era la famosa ‘Certificación’, un análisis anual de la cooperación de los países en el control del tráfico y el lavado, para lo cual sus embajadas contaban con funcionarios de instituciones involucradas en el control y persecución de ese flagelo, tales como la DEA, el FBI y Aduanas, entre otras. Mi primera experiencia en Washington fue acompañar a nuestro Canciller y al Director Ejecutivo del Consejo de Seguridad a una reunión con Robert Gelbard, Subsecretario de Estado, funcionario encargado de la temible ‘Certificación’. En esa reunión me percaté del desprecio que Gelbard sentía por Panamá y la rudeza, por no decir grosería, de su trato a dos importantes funcionarios del gobierno panameño. La misión de Gelbard era liquidar a Panamá como centro financiero y darle un golpe de gracia a la Zona Libre de Colón, y a los servicios internacionales que prestan los abogados.  De acuerdo con la certificación de 1996, Panamá era una gran lavandería para los narcos mejicanos. La industria de la construcción, bancos y sociedades anónimas estaban involucrados en la actividad y el premio mayor se lo ganaba la Zona Libre, un centro de lavado de Dinero por derecho propio (‘The Colon Free Zone (CFZ) is a money laundering center in its own right’). Según el informe, en Panamá se lavaban, solo de traficantes mejicanos $10 billones anuales, afirmación absurda por ser imposible que un país con menos de 7 billones de dólares de PIB ‘lavara’ 10 billones sin que se afectara la economía.

Yo conocía muy bien nuestro sistema de sociedades anónimas; la obligación del abogado de conocer al cliente; los estrictos controles de los bancos para evitar el lavado de dinero, y las disposiciones adoptadas en la Zona Libre para el control del efectivo, por lo que antes de que se publicara la nueva ‘certificación’ escribí a Gelbard una extensa carta en la cual hice hincapié en el absurdo de los 10 billones y de las otras afirmaciones contra nuestra economía de servicios, las cuales no tenían sustento alguno en el documento. Lo conminé a que las sustentara, cosa que nunca hizo.

Hago alusión a esta experiencia con motivo de las afirmaciones de la embajada de E.U. sobre el lavado de dinero de la droga en el aeropuerto de Tocumen.  Es absurdo pensar que los viajeros que proceden principalmente del Caribe, Sur y Centro América vienen cargados de dinero de la droga porque los $600 billones que genera el negocio se producen en los sitios en que esa droga se consume, o sea, en E.U.  El camino del efectivo es de norte a sur: de E.U. a Colombia, Bolivia, Perú, etc..; los narcos no son tan brutos como para trasladar por avión de un aeropuerto norteamericano (con estrictos controles) grandes cantidades de efectivo. Los dólares de la droga se utilizan para la importación y exportación de productos. Existe el llamado mercado negro de pesos colombianos y la compra en efectivo de artículos movibles, como automóviles y helicópteros. Esto está documentado en la web de FINCEN, agencia del gobierno de E.U. Nuestro hub-aéreo no es diferente del de Londres o Ámsterdam, como tampoco lo son las tiendas libres de impuestos que manejan empresarios exitosos dedicados a ese negocio desde hace mucho tiempo.

No creo que la intención de E.U. sea que eliminemos el hub de COPA para que el aeropuerto de Panamá no siga compitiendo con Miami. Resulta claro que los norteamericanos están sorprendidos por lo extraordinariamente bien que Panamá ha manejado el Canal; por nuestro centro financiero; por nuestro grado de inversión; por nuestro crecimiento económico, por el desarrollo de los puertos (que también los quisieron para Bechtel, al igual que la ampliación del Canal), por la Ciudad del Saber, y ahora, Tocumen. Es seguro que esos comentarios, y particularmente la referencia al Ministro de Turismo, es una glosa sin mayor sustento, lo que aquí llamaríamos bochinche, ahora globalizado gracias a Wikileaks. Si existiera alguna evidencia creíble ya habrían presionado al gobierno para su remoción mediante una advertencia a nuestro Presidente para ponerlo al tanto, sobre todo cuando son claros en afirmar que nada involucra al Presidente en el lavado de dinero.

Debemos estar alertas y cuidar nuestro Tocumen y los miles de empleos que genera. No cometamos el error de aceptarles convenios, supuestamente de seguridad, que pudieran arruinar el hub de Panamá y los ingentes beneficios que produce a la economía panameña.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 21 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Curar, no herir

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

 

DEMETRIO   OLACIREGUI  Q. –
d_olaciregui@hotmail.com

 

Los estadounidenses han visto en estos días hasta dónde puede llegar el brazo de la intolerancia. También es el espejo en el que pueden mirarse ciudadanos de otros países. El origen de esa polarización, que escenificó la matanza de seis personas y dejó heridas a 14, debe buscarse en la promoción de la violencia por una ultraderecha llevada de la mano por el movimiento ‘Tea Party’. Con la complicidad de medios de comunicación extremistas, ese movimiento se convirtió en sinónimo de racismo, fascismo y prédicas violentas frente a los que por pensar distinto son considerados sus enemigos.

La matanza de Arizona dejó a Estados Unidos herido física y psicológicamente, sediento de consuelo y desorientado. El presidente Barack Obama se desplazó la semana pasada desde los históricos monumentos de Washington, envueltos por la nieve, hasta las cálidas tierras de los saguaros -esos cactus emblemáticos del desierto de Arizona- para abogar por la mesura y el juego civilizado de las ideas.

Pidió recomponer el tono con el que se discuten las diferencias políticas y arrinconó a los republicanos y al ‘Tea Party’ en su extremismo.   Su llamado a disminuir y apaciguar la agresividad de la retórica, transformó la sangre derramada en esperanza y logró que la mayoría de los estadounidenses se sintieran reconfortados.

‘Hablemos de una manera que cure y no que hiera’, fue el mensaje dirigido a los estadounidenses y a millones de ciudadanos de otras fronteras. ‘Usemos esta ocasión para extender nuestra imaginación moral, para escuchar al otro con atención, para agudizar nuestros instintos de empatía y recordarnos a nosotros mismos todas las maneras posibles en las que se enlazan nuestros sueños y esperanzas’, resaltó contundente.

Un discurso cargado de odio es igual al asesinato. De allí la urgencia por reconsiderar la relación entre las palabras y los hechos. En un régimen totalitario el sentido de las palabras está congelado. La democracia alienta la disidencia y el debate. La democracia tambalea cuando la rigidez se traduce en hostilidad hacia quienes no se subordinan a los caprichos del gobernante.

El crimen de Arizona se produjo en un momento de intensa violencia verbal en la vida política estadounidense. La violencia verbal suele ser el preámbulo de la violencia física al concebirse, en el orden político, al adversario como enemigo.   En una democracia la severidad de la discrepancia jamás bordeará la orilla del desprecio. Lo contrario es la fuerza bruta y la pasión desenfrenada.

Una variante de esa realidad es la que aqueja actualmente a Panamá. Un presidente como Ricardo Martinelli -cercado por concepciones primitivas del quehacer político, por franquistas, fascistas y personajes extraviados por la supuesta sapiencia de sus altos cocientes intelectuales- se arropa en un totalitarismo que condena y persigue toda diferencia.

Desde la cima del poder se ha ahogado el diálogo político y subsiste únicamente un monólogo que se desbarranca día con día mediante una agresividad verbal que no conoce límites. Ya sea una ex embajadora estadounidense, opositores políticos, sindicalistas, empresarios, periodistas o líderes de la sociedad civil, todos por igual son víctimas de esa retórica violenta.

En lugar de buscar caminos para conciliar a la sociedad, Martinelli ejecuta acciones que terminan generando violencia.   Basta mencionar dos hechos. La aprobación de una legislación abiertamente confrontativa desencadenó en julio pasado los sangrientos sucesos de Changuinola que dejaron muertos y centenares de heridos.

La inmunidad expresa que convierte a los policías en intocables, dio lugar a las escenas dantescas en las que fueron quemados vivos siete menores recluidos en Tocumen en un centro que debía ser de rehabilitación y reinserción social.   Los agentes que custodiaban el lugar mostraron un monstruoso y evidente deleite cual verdugos de presos y detenidos, editorializó La Prensa.

Fue un insulto y desprecio hacia menores que no debían ser tratados con ánimo de venganza y tortura, como si carecieran de dignidad personal, se lamentó la Conferencia Episcopal para quien lo ocurrido en Tocumen fue un vergonzoso espectáculo de esos que duelen e indignan. Los obispos católicos exigieron que se apliquen las medidas más enérgicas a los culpables.

Ante el deterioro de la civilidad en todos los aspectos de la vida nacional, el país está descacarrilándose peligrosamente y corre el riesgo de entrar en un periodo de inestabilidad social. Desde la perversión del poder, la violencia verbal o física es la única respuesta para enfrentar los conflictos. La sociedad panameña debería pensar dos veces cuando considera lejanas y ajenas las operaciones del ‘Tea Party’ y sus incitaciones a la violencia. La razón no es una debilidad. No hay democracia sin el otro.

<> Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Profesor Navas, enséñele historia

La opinión de…

Samuel Díaz Barranco

Cuando un estudiante entra a la Escuela de Relaciones Internacionales y llega al segundo año, se pregunta, ¿por qué no nos dio clases, desde el primer año, el profesor Navas? Esto, porque a pesar de que no ponía exámenes sencillos y que los datos proporcionados necesitaban de bastante estudio y compresión, no era menos cierto que cuando uno llegaba al aula de clases, lo que recibía de parte este gran historiador eran cátedras acerca de las relaciones entre Panamá y Estados Unidos.

Se enfocaba más que todo en la construcción de Canal y en el surgimiento de Panamá, como nación independiente y, claro está, en las luchas de generaciones en pro de nuestra soberanía, por ende, de nuestra nacionalidad.

Se necesitan más profesores Navas en este mundo, y se necesitan más profesores Navas en el Ministerio de Relaciones exteriores, que solo mira dos cosas: cuánto pusiste en mi candidatura y qué tan manzanillo fuisteis en la campaña pasada.

Es por eso que el Presidente dice cosas que nunca debió decir, porque no tiene quién lo asesore y, es por eso, que le falta a nuestro servicio exterior un mecanismo mediante el cual cuente solo con personas dotadas de un nivel cultural aceptable, por no decir cónsono con el puesto que desean ocupar.

Falta mucho para que Panamá mire este aspecto con seriedad, y falta mucho más para que nuestro sistema de política exterior mejore. Hay personas que se pasan años y años de estudio en el arte de las relaciones internacionales, pero que nunca tendrán la oportunidad siquiera de aportar todo lo que saben; en cambio, hay quienes a pesar de ser panameños dicen que somos los costeños de Colombia y se les agradece el gesto con embajadas y consulados.

Señor cónsul en Miami, por menos que eso ya muchos hubiesen renunciado.

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Este artículo se publicó el 12  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

No me pinche, Sr. Presidente

La opinión de…

 

Roberto Quintero

Gracias a Wikileaks y los cables filtrados, nos enteramos de que la ex embajadora de Estados Unidos en Panamá advirtió a su gobierno que el presidente, Ricardo Martinelli, quería utilizar el programa de escuchas telefónicas de la DEA para perseguir a sus adversarios políticos, recurriendo a chantajes y amenazas con tal de obtener el discreto pinchazo del Tío Sam.

Pero más que desatar un escándalo, la revelación provocó un numerito circense protagonizado por los fieles voceros martinellistas y su creatividad ilimitada para recoger los platos rotos.   Lejos de esclarecer, transformaron la realidad nacional en una telenovela esquizofrénica en la que cada ministro dio una explicación distinta, demostrando que en Panamá es muy cierto aquel refrán popular que reza “Cada loco con su tema”.

Los más cautos dijeron que el gobierno estadounidense malinterpretó una genuina solicitud de apoyo para combatir el narcotráfico, la corrupción y el crimen organizado, porque lo que ellos querían era espiar solo un poquito para localizar a un niño secuestrado en La Chorrera.

Pero los más fieros pelaron los dientes y hablaron de rabia, amparándose en jubiladas teorías de conspiraciones internacionales y venganzas orquestadas por gringos entrometidos. Dijeron que entre el Presidente y la Embajadora existían diferencias. Ella le agarró tirria porque él “se le paró firme” cuando osó opinar sobre la designación del jefe de la policía y el manejo de la frontera con Colombia, abuso intervencionista ante el que nuestro mandatario reaccionó cual mártir del 9 de enero y gritó firme Yankee go home. Nacionalista de los que ya no quedan.

Cuando más turbia (palabra que está de moda) era la cosa, otro aseguró que se trataba de un mero asunto de carnicería y que a la embajadora “se le había ido la mano en pollo”. Y como si el exceso avícola fuese poca cosa, hizo otra revelación aún más curiosa.   Dijo que el programa de escuchas funcionaba de lo más bien, bajo supervisión del Ministerio Público y para los fines por los que se había creado, pero al día siguiente avisó que realmente hay dos pinchadoras perdidas y otra que está dañada. Y entonces ¿cómo es que funciona?

Ya cualquier cosa era posible. Y entonces dijeron que lo que faltaba era reformar la Constitución para incluir la reelección inmediata. ¿Qué tenía que ver aquello con los pinchazos? Quién sabe, pero funcionó maravillosamente porque ya nadie habla de otra cosa. Aún me pregunto qué fue del niño secuestrado.

Si por salvarlo terminaron aproblemados con EU, merecemos saber si lo lograron. ¿Dónde está, cómo se llama y quién lo secuestró? ¿Por qué la Embajadora no apoyó la heroica iniciativa? ¿Por qué no lo mencionó en el cable?

El jefe de gobierno, a quien le confiamos los designios de este país, no apareció en toda una semana. Y cuando finalmente dio la cara dijo “Jamás en la vida les pedí pinchar teléfonos”.   Menos mal. Y uno ingenuamente preocupado pensando que, en vez de trabajar, al Presidente le gustaba jugar al súper espía. ¡Pero haberlo dicho antes, hombre! Nos hubiésemos ahorrado tanta acrobacia gubernamental. En Panamá, la responsabilidad siempre es ajena.

 

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Este artículo se publicó el 6  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Panamá y Washington

La opinión de…

 

Ricardo Eskildsen M.

Washington D.C, la ciudad más importante en nuestra era contemporánea, lo es no solo por las oportunidades diplomáticas, sino por la oferta y ventajas comerciales que se pueden lograr del Congreso.

Los acontecimientos de la semana del 11 al 14 de diciembre, en la que se confirmó la intempestiva visita del presidente Ricardo Martinelli a esa ciudad, pasarán a la historia como fecha importante, no solo por haberse confirmado el interés de consolidar, en una voz presidencial, los temas comerciales con esa nación, sino por la renuncia de quien fuera el colaborador más importante en Washington del presidente Martinelli, el ex embajador Jaime Alemán.

La nueva relación con Estados Unidos, que se inició desde el año 2000, ha quedado centralizada –más que en temas de seguridad– en el tratado de libre comercio (TLC).

Este último proyecto lleva más de siete años sin completarse. Sobre este tema, recordamos a los cuatro candidatos a la Presidencia de Panamá que, en septiembre de 2003, asistieron al primer debate público sobre el TLC, organizado por el Consejo Empresarial Estados Unidos-Panamá (UPSA), en el Hotel Sheraton; logro que se anunció a la nación. Martín Torrijos, Ricardo Martinelli, José Miguel Alemán y Guillermo Endara G. (q.e.p.d.) confirmaron que –de ser elegidos– se esforzarían en continuar y terminar las rondas de negociación, cuanto antes.

Las primeras rondas de negociación del TLC ya las había iniciado el ministro de Comercio Joaquín Jácome, en Panamá, con el apoyo del embajador panameño en Washington, Roberto Alfaro. Todo ello bajo la política exterior trazada por el gobierno de la presidenta saliente Mireya Moscoso.

En aquellos tiempos, el Gobierno de Panamá buscaba definir el rumbo a seguir y se concluyó que equipararse a las ventajas comerciales logradas por el bloque de Centroamérica era la mejor vía, pero que el TLC entre Panamá y EU debía ser bilateral. La cruda realidad de la época señalaba que el presidente Bill Clinton había desestimado el Alca o la integración comercial de América Latina –fijada para 2005– por las acciones proteccionistas adoptadas por los países del Cono Sur… Las rondas de negociación emprendidas por el gobierno de Moscoso, en 2003, concluyeron con el apoyo brindado por el ministro de Comercio e Industrias, Alejando Ferrer, y el presidente Martín Torrijos, en 2007. Y la Asamblea ratifica el tratado con 58 votos a favor.

Transcurridos tres años, por razones harto conocidas, sin lograr la ratificación del tratado en EU, el gobierno del presidente Martinelli decide, responsablemente, avanzar. Y al conocerse recientemente el éxito de la visita a comienzos de diciembre del presidente Lee Myung-bak, de Corea del Sur, retoma con ímpetu el tema… Y coordina su visita, proyectada a aprovechar los resultados de las elecciones del Congreso en EU el 3 de noviembre, en las que la mayoría de la Cámara Baja del Congreso queda en manos del Partido Republicano.

El detonante, ante los recientes acontecimientos en Washington, fue el Panama Week. Este evento, ya histórico, fue planeado meses atrás y celebrado entre el 18 y 19 de noviembre. El grupo empresarial, integrado por varios gremios, bajo el paraguas de UPSA –hoy liderado por el ex embajador Roberto Alfaro y su directiva, y por el ex embajador Juan B. Sosa y su directiva en Washington– proyectó la visita de este año con base en los esperados resultados de las elecciones en EU.

De allí que la visita al congresista Kevin Bradley, republicano y presidente de la comisión de Ways and Means Committee, se concretó el 18 de noviembre. En dicha visita se conoció la inminente ratificación del hoy denominado Tratado de Protección Comercial, antes de julio de 2011. Participaron en dicha reunión en el Congreso, el ministro de Comercio Roberto Henríquez y sus dos viceministros, José Domingo Arias y Francisco Álvarez de Soto, al igual que el ex embajador Jaime Alemán, y nos acompañó el ex congresista Jerry Walash, también, del Partido Republicano.

La versión que se conoció el 19 de noviembre de la firma, el 30 de ese mismo mes, del Tratado de Intercambio de Información Tributaria con EU, tendiente a eliminar a Panamá de la lista gris del grupo de la OCDE, tuvo un impacto favorable posterior en la semana, cuando se conoció el texto. Varios congresistas indicaron que los medios en Estados Unidos, al comentar la discusión en el Congreso para la ratificación del TPC, durante el primer semestre de 2011, no serán tan críticos con Panamá, al conocer de la firma del Tratado de Intercambio de Información Fiscal.

Por otro lado, llenar la vacante y seleccionar a un nuevo embajador en Washington que ofrezca lealtad al Presidente, no es tarea fácil. Sin embargo, ya escuchamos los comentarios de un profesional probado en el dominio de la idiosincrasia y la cultura de EU, que estudió en el Incae con el Presidente la maestría de administración de empresas; que obtuvo su título empresarial en Louisiana State University y fue presidente de la Apede.

Estas son características que garantizan el éxito en Washington. No solo el embajador debe apoyar a los cabilderos seleccionados y lograr dicha ratificación, sino entender las oportunidades comerciales que generará el tratado y ofrecer a la generación de panameños presentes, las oportunidades del mismo.

Y si sumamos el hecho de que el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, cuando joven trabajó con el congresista John Boehner, hoy electo speaker de la Cámara Baja, esto ayuda a lograr la ratificación del tratado en EU. Sin embargo, las circunstancias de ayer no son las de hoy. Pero con un embajador dinámico, de pensamiento empresarial y conocedor de las oportunidades, mucho es lo que ganará Panamá.

 

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Este artículo se publicó el1 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.