Otra vez la ACP

*

La opinión del Economista,  Político y Docente Universitario…

JUAN   JOVANE 
jovajun@yahoo.com

Una de las premisas para combatir la corrupción y asegurar el ejercicio de la soberanía popular es un flujo de información, veraz y oportuna, el cual se encuentre alejado de toda tentación de confundir a la ciudadanía sobre los hechos más relevantes de la realidad nacional. En este espíritu resulta necesario comentar algunas informaciones que se han venido divulgando en relación a la operación del Canal.

Es así que una noticia, la que asegura basarse en estadísticas de la ACP, destaca que entre enero y junio del presente año 8,448 barcos habrían cruzado el Canal, permitiendo una elevación de 0.8% en sus ingresos en relación al 2009, cifra que anualizada llega hasta el 1.6%.   El problema con esto es que la ACP no parece haber divulgado con el mismo despliegue lo que sigue siendo un problema, el cual se evidencia teniendo en cuenta que, de acuerdo a cifras del INEC, la tasa de crecimiento de las Toneladas Netas que transitaron el Canal entre enero y agosto del presente resultó ser negativa en un monto de 1.1% en relación al mismo período del año anterior. Se mantiene así la tendencia en los últimos años, dado que en el 2008 y el 2009 este total se redujo en 0.8% y 2.3%, respectivamente.

Esto, debemos insistir, contrasta con las proyecciones que utilizaron los voceros oficiales y oficiosos de la ACP para defender el proyecto de ampliación, para el cual se preveía un crecimiento positivo del 3% anual del indicador en referencia, pronóstico que de acuerdo a estos funcionarios provenía de “empresas expertas en este campo”.

De acuerdo a esto el “error” que muestra esta proyección en los últimos tres años es de 4.4 puntos porcentuales anuales, lo que sin duda afecta el financiamiento programado para la obra. Esto explica por qué, pese a los ajustes realizados en los peajes, el ingreso del Canal se esté elevando a una tasa de apenas el 1.6% anual, la cual contrasta con las proyecciones utilizadas para avalar la ampliación, según las cuales este crecimiento debería ser de cerca del 6.5%, mostrando un de “error” de 4.9 puntos porcentuales.

También llama la atención que la ACP, en primer lugar, se haya abstenido de comentar sobre el cambio en el escenario internacional en los últimos años y sus posibles impactos sobre el proyecto de ampliación.

Es así que para esta entidad no le resulta suficiente argumentar que nadie pudo prever la crisis, lo cual no es realidad.    Ahora es evidente que como lo han destacado, Krugman, Roubini y Stiglitz, entre otros, la economía norteamericana, la principal usuaria del Canal pase por un período relativamente prolongado de estancamiento, generando consecuencias adversas para el nivel de tránsito por el Canal.

No menos peligroso resulta ser la amenaza de una guerra de divisas entre EE.UU. y la República Popular de China. El país necesita una discusión sobre el problema, no evasivas.

 

*
<>Artículo publicado el  16  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jovane-juan/
*

Sangre y proceso

La opinión de…..

.

Silvio Guerra Morales

Según las estadísticas del Órgano Judicial de Panamá un 33% de los acusados por homicidios son declarados inocentes o terminan con sentencias absolutorias.   Más de un 40% son sobreseídos, ya sea de manera definitiva o provisional, al fin de cuentas, quedan en libertad; un 7% de esos mismos casos, por cualquier otra razón, no quedan en nada.

Estos números, analizados fríamente, indican que, siendo así las cosas, por cada 100 víctimas de las garras del crimen y que pierden sus vidas, más de 80% de los autores de esos crímenes quedan en libertad o, simplemente, nunca purgarán una pena.

Sin desmedro de considerar que muchos de los casos de homicidio que terminan con decisiones de inocencia por parte del jurado o con sentencias de absolución si se trata de juzgamientos en Derecho, realmente obedecen a la efectiva inocencia de las personas que han sido juzgadas, tampoco podemos ocultar o esconder nuestro rostro de una patética realidad: casos que son, desde la perspectiva procesal y probatoria, irregularmente instruidos; casos que desde sus inicios, durante el procedimiento investigativo, se encuentran plagados de violaciones sin fin al debido proceso y a otras disposiciones constitucionales consignatarias de derechos y libertades individuales y procesales, etc., son los que permiten al hábil abogado señalarle a los jueces o al jurado que la prueba es ilícita, que la prueba está contaminada, etc. y de este modo lograr “poner al acusado de vuelta en la calle”.

En este orden de ideas, respaldado por la experiencia en los tribunales y especialmente ante los jurados que deciden en conciencia, puedo afirmar que no hay nada que moleste tanto a un decisor de justicia –juez o jurado- como cuando advierte o indica que se han violentado las formas propias del juicio penal en contra de un ciudadano y que tal hecho entraña clara y evidente violación a los derechos y libertades consagrados en el estatuto constitucional.

Luego, queremos culpar a los jueces y a los magistrados, sobre todo al jurado, porque dictan absoluciones o veredictos de inocencia según corresponda, y salimos a la palestra a censurar y despotricar en contra de la Administración de Justicia –sin desmedro de que algunas críticas han de ser fundadas- generalizando una crisis que tiene distintos focos y que, no necesariamente, se encuentran en el seno de Temis.

Por ello, recientemente, señalaba en un programa de televisión, que hay que poner un alto, un basta a las investigaciones improvisadas; un freno a las detenciones sin fundamento legal y que nacen a merced de un espíritu investigativo inquisitivo, perseguidor, sanguinario, carcelario y, en defecto de ello, hacernos parte de una cultura procesal, de investigación, que incluya a abogados, fiscales, jueces, sociedad, en la que destaquen votos concretos de una feligresía jurídica que postula y cree en el estado de inocencia y el respeto casi absoluto debido a este apotegma constitucional; creencia en el debido proceso ya que sin él no hay proceso sino una parodia burda y torpe de juicio; una constante devoción a la igualdad de todos ante la ley y que, finalmente, tengamos la convicción de que cuando se condena a un ciudadano es porque se le ha probado su culpa en un juicio cónsono con el debido proceso y que si se le absuelve o declara inocente es porque así ha sido en estricto derecho.

Pero también de una sociedad cuya cultura forense empiece a dar muestras de “respetar las decisiones de los tribunales” y aprender que se trata de fortalecer el Estado de Derecho para bien de todos.

<>

Este artículo se publicó el  16  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Perfil demográfico del consumidor de alimentos

La opinión del Empresario……

.

RAFAEL  CARLES

Los principales factores que determinan el consumo de alimentos, entre ellos de frutas y vegetales, son el crecimiento del ingreso y de la población, el proceso de urbanización, los cambios económicos y sociales, y el proceso de globalización entre otros.   En Panamá, el comportamiento favorable de la economía, en los últimos años, produjo una subida en el ritmo de crecimiento de los indicadores asociados con el ingreso de la población, como son el Producto Interno Bruto y per cápita. De esta forma, la tasa de crecimiento del PIB en términos reales pasó de 0.6% en 2001 a 11.2% en 2007, mientras que el PIB per cápita aumentó de 1.3% en 2001 a una tasa de 9.3% en 2007.

En consecuencia, se espera que en la próxima década se registre una mayor demanda de alimentos. Vale la pena anotar que la composición del consumo de alimentos y su variación frente a incrementos en el ingreso en áreas de pobreza da más importancia al consumo de alimentos básicos, como cereales y tubérculos, y a la sustitución dentro de este grupo de productos de bajo valor por productos de mayor valor, en tanto que en áreas de ingreso mayores, como las cabeceras de provincias, un incremento en el ingreso tiende a aumentar el gasto en fuentes de nutrientes más costosas, como carnes y granos, y a disminuir el de cereales y tubérculos, convirtiéndose en mercados muy sensibles a este tipo de cambio.

En cuanto a la población, la tasa de crecimiento ha venido disminuyendo, debido a la caída en la tasa de fecundidad.   De hecho, se pasó de una tasa de un crecimiento promedio anual de 1.9% entre 1975 y 1980 a 1.7% entre 2000 y 2005, y se proyecta que dicha tasa caiga al 1.5% en los próximos años. Sin embargo, sigue siendo un crecimiento dinámico, comparado con el de países desarrollados que no superan el 1% o registran tasas negativas de crecimiento de la población.

Por otro lado, la transición demográfica por la que atraviesa el país, ha traído cambios significativos que inciden en el mercado.  En primer lugar, el rápido descenso de la mortalidad implicó un aumento del segmento más joven; hoy en día, un 40% de la población es menor de 18 años, mientras que en los países desarrollados llega a un quinto. Asimismo, al reducirse la tasa de fecundidad y aumentar la esperanza de vida se espera que haya un envejecimiento paulatino de la población; actualmente, la población mayor de 65 años representa el 8% del total.  También es importante resaltar la importancia del grupo en edad productiva (18 a 64 años), que participa con el 52% de la población total.

Otro factor determinante del consumo es la urbanización. En Panamá, este proceso se dio de manera acelerada durante las últimas cinco décadas por la concentración de la actividad económica y comercial en las principales ciudades, la migración rural y las altas tasas de fecundidad.   La población urbana participó con el 66% en el total nacional en el 2004, luego de participar con el 45% en 1960. La mayor concentración se presenta en las ciudades de Panamá, Arraiján y La Chorrera, que tienen el 45% del total nacional, Colón concentra el 7% y David el 6%.

A pesar de que el ritmo de crecimiento de la población en las zonas urbanas ha disminuido, pasando de 4% entre 1970 a 1980 a 2% entre 2000 a 2008, continúa siendo dinámico y tiene características especiales por el crecimiento de la población en las zonas periféricas de los grandes centros urbanos. Las razones por las cuales la urbanización origina cambios en el consumo de alimentos son: el estilo de vida, la cantidad de calorías requeridas, la disponibilidad de alimentos, el porcentaje de mujeres en el mercado laboral y la exposición a patrones de consumo extranjero, debido a la globalización, cuyos efectos son mayores en las zonas urbanas.

Uno de los principales efectos de la urbanización es el aumento del consumo de alimentos fuera del hogar en el total del consumo de alimentos, que pasó de 5% en 1980 a 20% en 2007, según datos del sector comercial.   Algunas razones que explican este comportamiento son las dificultades de desplazamiento entre el trabajo y el hogar y el menor tiempo disponible para preparar alimentos, factores que forman parte del estilo de vida de la población urbana. Otra consecuencia de la urbanización es el ingreso de la mujer al campo laboral, fenómeno que está en aumento y cuya participación de 25% en 1970 a 40% en el 2004, y aunque no hay estudios que midan su impacto en la demanda de alimentos, su importancia en la configuración de los hábitos de consumo y de compra de alimentos en los hogares es innegable. Asimismo, se nota un papel cada vez más activo de la mujer al interior de los hogares, con un porcentaje de 35% de estos con jefatura femenina frente a un 25% en 1990.

De otra parte, cabe resaltar los cambios ocurridos en los últimos años en la estructura familiar por su incidencia en el consumo de alimentos. De acuerdo con la Encuesta de Hogares del 2007, el tamaño promedio de los hogares panameños se redujo de 4.8 miembros a 3.8 en un lapso de diez años, debido principalmente a la disminución en el número de hijos.

Desde el punto de vista del ingreso, Panamá es uno de los países de la región con mayor concentración y donde más se ha profundizado la inequidad en los últimos años.  

Actualmente, el 10% de la población más rica en las zonas urbanas del país capta el 40% del ingreso total y percibe quince veces el ingreso del 40% de la población más pobre, mientras que el 50% de los hogares tiene ingresos inferiores al ingreso promedio de la población.

Esto es relevante por la importancia de la capacidad adquisitiva en el consumo de frutas y vegetales. Por ejemplo, en el gasto de frutas en el país, la población de mayores ingresos tiene un peso relativo importante; a pesar de que este segmento cubre solo el 15% de los hogares, responde por cerca de la mitad del gasto total en frutas.

Lo anterior es válido especialmente para frutas importadas, como la manzana, pera, fresa, uva y durazno; y frutas nacionales, como el maracuyá, mango, la toronja, guanábana y papaya, que podrían denominarse frutas de estrato alto, según datos de consumo.

En los estratos de menores ingresos se concentra el gasto en frutas como el guineo, coco y naranja. En el caso de las hortalizas, también es significativa la participación de los hogares de ingresos altos, particularmente en apio, pimentón, lechuga, coliflor, brócoli, pepino, hierbas aromáticas.  Hay hortalizas cuyo consumo está más difundido entre los estratos medios y bajos, como el tomate, la cebolla y el frijol.

Sin duda, el consumidor panameño tiene sus rasgos muy particulares, especialmente en lo referente a sus gustos y preferencias para ciertos tipos de alimentos, en especial a su baja ingesta de frutas y vegetales.   Pero, en términos generales, cada vez se parece más al prototipo de la globalización: nace para vivir, vive para consumir y consume para morir.


<>

Artículo publicado el 9 de febrero de 2009 en el Diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

De la seguridad y funcionarios refrigerados

La opinión de……

.

Waldemar Oliveros Jaén


En estos días, mientras escuchaba la radio local, se volvió a tocar el tema de la seguridad pública; tema que nos compete a todos los panameños. También escuchaba las estadísticas alarmantes de muertes violentas; que en siete días se produjeron 23 muertos. Ahora, es cierto que muchos de esos decesos son relacionados con el crimen organizado, carteles de la droga, tumbadores, pandilleros y demás personas que encuentran en el mundo de la delincuencia su modus vivendi. ¿Es acaso este ambiente de inseguridad y de zozobra lo que el pueblo panameño debe soportar, día tras día?

Entonces, recordé que cierto día, en las pasadas festividades de fin de año, le comentaba a un amiga, colega y todavía funcionaria del Ministerio Público, que la inseguridad que nos aqueja a los panameños comunes no es un problema politiquero. La gente está cansada del clima de incertidumbre en nuestro país; y le comenté que en estos días el tema de la inseguridad es alarmante y ha alcanzado alturas insospechadas.

Le dije, de paso, que hubo muchas más muertes violentas en el año 2009, comparado al 2008, y que se presumía que este 2010 las estadísticas irían en aumento.

Pero lo triste fue ver que la reacción objetiva que esperaba de ella, se convirtió en una respuesta, fría, politiquera y alejada de toda la realidad. Llegué a escuchar, con mis propios oídos: “Yo trabajo en homicidios y me sé las estadísticas y te aseguro que el crimen no ha subido, es el mismo que hace un año”.

Esto me dejó perplejo, pero reaccioné y caí en cuenta que en el fragor de la lucha diaria, mi otrora compañera y todavía funcionaria se había alejado de toda realidad por estar en su cubículo refrigerado y en su realidad alterna; todavía se encuentra en la fase de negación de quien se le detecta una enfermedad… todavía le cuesta aceptar que el crimen ha ido en aumento, que la forma en que se cometen los crímenes se ha ido agravando, que hay una nueva realidad delictiva en el país.

Y entonces recordé el caso de la casa del helado, en donde el dependiente fue asesinado a sangre fría, a pesar de haber dado el dinero al asaltante; también recordé la muerte de dos personas en un asalto a la Lotería Nacional, así como los numerosos ajusticiados en nuestra calles, los robos de autos a diario y los numerosos hechos delictivos en el interior del país, de los cuales todavía no hay noticias.

Un consejo final para aquellos funcionarios que están en sus oficinas todo el día, en aire acondicionado alejados de la realidad nacional: sintonicen las noticias de vez en cuando. ¡Este linda nación es de todos!

Publicado  el   11  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La criminalidad a nivel nacional

La criminalidad a nivel nacional

.
JOSÉ I. BLANDÓN CASTILLO

.
El Sistema Integrado Nacional de Estadísticas Criminales (SIEC), del Ministerio de Gobierno y Justicia, ha preparado una serie de estadísticas a nivel provincial que indican con claridad el desarrollo del crimen organizado y detalla la ocurrencia y crecimiento de los delitos criminales.

El estudio y análisis de esta información debería ser un objetivo prioritario en la agenda de todos los dirigentes políticos, cívicos, intelectuales y religiosos de este país.

Veamos un resumen de esta información.
La mayoría de los delitos registrados en el país son contra el patrimonio. El robo a mano armada, con 6,142, superó al robo simple, que registró 1,719 casos en el 2008. Este hecho es muy alarmante, considerando el peligro que corren las víctimas por esta modalidad de robo.

La violencia doméstica, con 6,597 casos, ocupa el segundo lugar de los delitos que se registran con mayor frecuencia, aunque se ha lanzado una campaña fuerte en contra del mismo.

Los homicidios, con 654 casos, aumentaron 47% con respeto al año anterior, lo que representa un incremento sin precedentes para nuestro país.

.
La provincia de Panamá es el área del país que tiene el índice más alto de delincuencia. Podemos observar que la mayoría de los delincuentes y pandillas operan en esta área. Los centros penitenciarios ya no dan abasto para la cantidad de delincuentes que hay en las calles. Por lo tanto, vemos que la provincia de Panamá registra 418 homicidios que representa el 70% de todos los homicidios a nivel nacional.

De los delitos que se cometen con mayor frecuencia tenemos el hurto con 9,166 casos, robo a mano armada 3,742 casos y la violencia doméstica con 2,187 casos.

.
En el caso particular de San Miguelito el problema más serio es el crimen organizado, que a través de las pandillas se ha tomado el control de diversas áreas en este distrito. Podemos observar cómo las pandillas callejeras han tomado control de sectores populares como Torrijos-Carter y Santa Marta.

.
La provincia de Chiriquí se ubica en el segundo lugar de la República de Panamá en donde se cometen actos criminales. Sin embargo, Chiriquí aún no tiene los índices de homicidio y robo a mano armada que se registran en la provincia de Panamá. Podemos observar que para el año 2008, en la provincia de Chiriquí el mayor número de delitos y faltas se registraron por el delito de hurto con 1,416 casos, seguido por violencia doméstica con 1,064 y lesiones personales con 363.

.
Según las estadísticas criminales suministradas por el SIEC, podemos indicar que se registraron en el 2008, 497 robos a mano armada. En los casos de robo a mano armada el 72% fue mediante uso de arma de fuego, y en los de hurto el 31% fue a residencia y el 22% a personas. Cabe señalar que para el 2008 se ha reportado 173 robos a mano armada más que el año 2007. Además, se registraron 125 casos de homicidios.

En Colón existen 26 pandillas que operan a lo largo del territorio de esa provincia.

.
En el caso particular de Herrera y Los Santos podemos observar que muestran bajos índices de criminalidad en relación a otras provincias del país. El SIEC ha observado que en las provincias del interior se registran más casos de violencia doméstica per cápita que en las provincias de Panamá y Colón. En la provincia de Los Santos se registraron 434 casos de violencia doméstica y en Herrera 459 y este es el delito que más ocurre en esta provincia.

.
En la provincia de Veraguas las estadísticas del SIEC indican que en el 2008 el hurto es el principal delito principalmente en la capital Santiago y el problema de la violencia doméstica no se registra correctamente, porque por la lejanía de algunas poblaciones la población afectada no presenta las denuncias.

.
Toda esta realidad que vive el país en materia de criminalidad indica la necesidad urgente de desarrollar un programa integral para devolver la seguridad a los panameños. El ministro de Gobierno y Justicia, José Raúl Mulino, anunció la semana pasada la implementación de una estrategia que contenía medidas de prevención, acciones de represión, resocialización con nuevas instalaciones y programas, así como la integración de la comunidad a la lucha contra el crimen organizado.

.
El Gobierno impulsa la cooperación internacional para atacar el crimen organizado y tiene la intención de lograr una coordinación real entre los organismos encargados de manejar este tema. Al final del día el problema de la seguridad ciudadana es de todos y es nuestro deber participar en la lucha contra el crimen y la delincuencia en todas sus manifestaciones.

<>

Publicado el 7 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.