“Lo estoy diciendo y es como si lo estoy viendo”

La opinión de…..

.

EMILIA GAMARRA

Teníamos guanacastes grandotes. Son pura sombra esos árboles. Y sotacaballo. Ellos crecen a la orilla del río y también dan sombra. Había un señor que tenía uno bastante grande. Todos los tumbaron. Quedaron 2 ó 3 palos. Se salvaron, porque la gente estaba ahí. La gente se mantenía ahí y no los dejó tumbar.

Los sotacaballo cada año echan flores y tienen una vaina grande que explota y bota las semillas. El viento se las lleva y donde quiera que caen, ahí pegan. La raíz es dura y el palo también.

Nací y crecí en la comunidad naso Tjerdi Shikix.   A los 14 años me casé con un señor de San San.   Demoré con él 23 años y tuve 2 mujeres y 6 varones.   Con el señor que estoy ahora tengo 20 años. Con él llegué a Drudi. Los latinos le dicen Drui. Mis abuelos decían que Dru era un espíritu que mataba a las personas mayores, las que no podían caminar y estaban indefensas. Di , quiere decir quebrada.

El domingo 29 de marzo, yo estaba en Guabito. Se habían escuchado rumores de que la Policía iba a sacarnos de Drudi.  No sabíamos si era verdad o mentira. El lunes nos levantamos temprano, agarramos a Cristy, Lisbeth, Glen.. los 6 niños.   Son mis nietos.

Clareando llegamos a Drudi.   Mi hermano estaba en San San y me mandaba llamadas perdidas. Pero mi celular no tenía señal.   Cuando llegué a la casa de Pánfila, mi nuera, me dice: “ Llamaron que vienen los antimotines ”. Las dos corrimos y empezamos a gritar a los vecinos. Llegaron todos con los niños, las embarazadas, las mujeres con los bebés chiquitos, los señores.

Vimos venir una carreta con antimotines.  Se pararon en fila, como a 100 metros de nosotros, con sus cascos, armados y equipados con todo lo que cargan.  Y llegó otra carreta.  Son remolques que los tira un tractor.   Los policías llegaron en bus hasta un punto. De ahí se subieron a las carretas de la Ganadera Bocas. Yo no sentí miedo.

Al rato llegó la corregidora y dice: “ Tienen que salir de aquí, yo les avisé de este desalojo ”.   Le respondimos: “ Póngase la mano en el corazón.   Tú eres una teribe, igual que nosotros. Eres una indígena. Somos tu familia. Recuerde que usted no es otra gente. La única que puede detener esto es usted.   Usted dijo que nos iba a ayudar, y ¿ahora qué pasó? ”.    La corregidora dijo: “ Les doy 10 minutos para salir ”.    Imagínese, ¿qué podemos sacar en 10 minutos, qué podemos salvar?

Y en eso escuchamos una bomba que empezó a echar humo. Los niños al ver eso empezaron a gritar y a correr. Teníamos un tanque de 50 galones lleno de agua. Mojamos toallas para limpiar la cara de los niños. ¡Y a correr a sacar los niños de ahí!   Una niña se ahogó en el humo.

Las mamás se fueron huyendo con los niños. Unas huyeron por la quebrada y otras se fueron adentro, buscando las lomas. Se fueron sin desayunar, sin nada, esos niños. Quedamos los adultos. Huíamos debajo del bambú y nos tiraban bombas.   Debajo de la iglesia y ahí nos tiraban otra vez.   Lo estoy diciendo y es como si lo estoy viendo.

La primera casa que tumbaron fue la mía, luego la tienda, luego la de la tía de mi esposo.   Se metieron hacia abajo y tumbaron la casa de Alcibíades.   Arrasaron con todo: había plátano, guineo, caña. Luego le tocó a la casa de Catalino Victoriano.   Él vive solo. Y luego a la de su hija, María Victoriano.  Después acabaron con la casa de Feliciano Peterson, y luego la iglesia cuadrangular, la casa de Epidencio Gabriel, Félix Vargas, Avelino Gamarra, Aguirre Vargas, Misael Vargas, la casa de la señora Esperanza Brown. De ahí tumbaron la casa de Lupita. Y la casa comunal.   El piso era de tierra, las columnas de madera y el techo de hojas de palanquilla.   No tenía paredes.   Solo los postes, las vigas y el techo.   Recién la construimos porque la que teníamos se nos quedó pequeña. Esta, la nueva, medía 24×24 metros. Ahí hacemos las reuniones de la asamblea de la comunidad. Cuando regreso de una actividad para pedir la comarca, ahí me reuno con la comunidad y les informo qué se hizo en Panamá.  O si vienen funcionarios de afuera, ahí los recibimos.

Cuando terminaron de tumbar las casas se acamparon en la casa cultural. Esa la construimos para que los muchachos estudiaran con la Telebásica.  Ya estaba terminada. Estaba para inaugurar el 10 de abril. No la tumbaron, lo dejaran para los policías dormir y escampar cuando llovía. Se quedaron el lunes todo el día.

Nosotros no sabíamos que afuera había policía y no dejaban pasar a nadie a la comunidad.    Esperábamos a nuestra gente: el abogado, nuestros dirigentes, nuestra gente. Pero no los dejaban pasar.

Los periodistas llegaron a la 1 ó 2 de la tarde. Ahí empezamos a gritarle a la policía y a la corregidora. Les preguntábamos que cuánto les había pagado la Ganadera Bocas.   Les decíamos: “ Esta mañana tenían los huevos bien puestos. ¿Ahora por qué no nos disparan delante de los periodistas? ”.   Qué vulgaridades no les gritábamos. La corregidora y la policía no dijeron una palabra.   Los policías no querían que nadie se diera cuenta de lo que nos hicieron.

Ahí se quedaron. No nos dejaron entrar a sacar las gallinas. Empezaron a saquear la tienda.   Cortaron los plátanos. Había 4 policías naso, de otras comunidades. Ellos nada podían hacer, porque los botaban de su trabajo. No sacamos la ropa ni ollas, ni nada. Ni cucharas, ni pailas, ni platos, ni las herramientas, los clavos.   Nadie sacó nada.   El arroz, el azúcar, la harina, todo quedó debajo de lo que tumbaron.

Después de 15 días, cuando nos vinimos a protestar acá, a Panamá, volvieron con sus máquinas, hicieron un hueco y enterraron todo. Las maderas, el zinc y todo lo que había. Todo lo que teníamos. La empresa Ganadera Bocas nos tiene que pagar eso.   Nosotros no queremos reubicación, porque esa tierra es de nosotros.

Vamos a construir nuestra casa otra vez. Nos vamos a quedar en nuestra tierra.

Los niños tenían picazón. A Iveth se le llenó de ronchas el cuerpo. Pedíamos a la Cruz Roja. Los de Protección Civil llegaron y no preguntaron nada. Se quedaron allá afuera.   Mi cuñado le dijo a los policías que había niños con hambre y enfermos. Los policías no querían que nadie se diera cuenta. A las 10 de la noche dejaron salir a mi hija con 8 niños.   Llegaron a la 1 de la mañana a Changuinola.   Allá los atendieron.

Al día siguiente nos levantamos, mandamos a los otros niños al monte, y los mayores llegamos a 100 metros de la Telebásica.   Ellos dijeron: “ Cumplimos órdenes. Ahora digan ustedes qué quieren ”.   Les gritamos: “ Desde ayer los niños no comen nada. Déjenos pasar, pero sin ninguna condición ”.   Nos reunimos a la orilla del río. Empezamos a hacer ranchos. Ese día no llovió.

A la 1 de la tarde los de Protección Civil nos llevaron comida y querían hacerse una foto con nosotros. No se lo permitimos.

El miércoles a mediodía empezaron a tumbar la Telebásica. Eran dos máquinas de la empresa Ganadera Bocas. Una empuja para tumbar y la otra tiene una cuchara grande. Llegaron las dos carretas, se llevaron a casi todos los policías. En la noche ya no quedó nadie. Pasaron 15 días y no había respuesta del alcalde ni el gobernador, ni la corregidora.   Vivíamos en el rancho a la orilla del río y ahí dormíamos.   Había arroz, frijoles, lentejas y sardinas.

Decidimos viajar a Panamá a hablar de nuestra situación con las autoridades.   Salimos a las 7 de la noche y llegamos a las 4 y media de la mañana al terminal de transporte en Panamá.   De ahí fuimos al edificio de las Naciones Unidas y nos sentamos a la entrada. Nos sentamos con los bultos. Traíamos un par de mudas, los que traían algo. Éramos como 26.   Vinimos con los niños.

Haydée vino con su mamá. Yo me traje a Cristy. Pero no nos querían tener ahí. Dijeron que “ aquí no se puede hacer eso, que hagan una comisión ”.

De ahí fuimos a un hotel donde había un congreso sobre indígenas. Nos dieron espacio para plantear nuestro problema, pedimos ayuda, recogimos 360 dólares. No sabíamos a dónde ir. No teníamos nada. Vinimos con el pasaje y no más.   Entonces dijimos: “ Vamos al parque de Catedral ”. Nos subimos en un bus hasta Santa Ana, caminamos hasta Catedral y nos metimos en el gazebo, en el centro del parque. Nos quedamos ahí en el gazebo. Imagínese, ¿dónde íbamos a bañarnos, dónde íbamos a comer, a cocinar?

Cocinamos en la playa. Los piedreros que dormían ahí se molestaron, porque les rompimos los cartones para soplar el fogón y también se pusieron alegres, porque les dábamos comida. Pero había excrementos y olía a orines. Entonces compramos una cocina, la pusimos en el gazebo y nos mejoró la situación. Pasé mes y medio en el gazebo. Me regresé a Guabito por Cristy, mi nieta, porque ella tiene que ir a la escuela.

Desde hace muchos años estoy en la lucha. Comencé, porque el primer señor con el que me casé andaba en la lucha por la Comarca Naso Tërdji y hasta el sol de hoy sigo luchando por la Comarca. Porque sin la Comarca no tenemos ningún derecho. Mira lo que nos pasó con la Ganadera Bocas.   Si no nos dan la comarca van a entrar más empresas y proyectos, nos van a sacar de nuestra tierra. Nos van a quitar la tierra. Ahora están dando título de propiedad de nuestra tierra.   Van a vendérsela a gente que tiene plata. Y eso no es así. Esa tierra es nuestra y es libre para trabajar y cultivar.

*La líder naso Emilia Gamarra es una de las ganadoras del V Concurso Centroamericano de mujeres: “Voces, imágenes y testimonios 2009”, organizado por la organización costarricense Voces Nuestras. También los son las niñas de esa comunidad indígena panameña Haydée Gamarra (10 años) y Cristy Vargas (10 años).

<>

Publicado el 20 de febrero de 2010 en el Diario   La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cambios y participación

.
La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…
.

RAUL  LEIS  R.

.

El cambio prometido cuestionó la politización partidista del Estado y defendió el punto de vista del ciudadano de pie, pero en la práctica parece que la acción gubernamental no ve con buenos ojos el seguimiento o convocatorio de foros de concertación, diálogos ciudadanos, o procesos interactivos con diversos actores sociales.  Si no, observemos por ejemplo, la ralentización de la Concertación para el Desarrollo, o la opción por ignorar o reprimir las demandas del pueblo Naso en lugar de dialogar con él.

Enfocarse solo en acciones puntuales o parches, aunque tenga efectos inmediatos que peden ser positivos, a la larga no es el camino para construir cambios verdaderos. Los cambios necesitan miradas estratégicas, enfoque en las causas y no solo en las consecuencias de los problemas. Este necesario proceso pierde la brújula si no se abren canales a la participación ciudadana.

En la medida que la población sea más sujeto que objeto, las decisiones colectivas podrán ser mas incluyentes y acertadas lo que es un logro frente a la idea de líderes infalibles o élites iluminadas como la única garantía de la democracia. La participación ciudadana en políticas públicas puede definirse principalmente como toda actividad de los ciudadanos dirigida a influir en la formación de la política estatal. Comprende las acciones colectivas o individuales, de apoyo o de presión, mediante las cuales incidir en las decisiones del gobierno en función del bien común.

Se trata pues, de la cultivar una ciudadanía formada, crítica y madura que comprenda y asuma que todos y todas son sujetos de derechos y obligaciones. Para los gobiernos muchas veces la participación se reduce a involucrar a la gente en la ejecución de políticas definidas desde arriba, obstruyendo la posibilidad de participación en diversos grados incluso el decisional, en cambio, para los movimientos ciudadanos la búsqueda de participación real es una de sus principales reinvindicaciones.

Las políticas públicas no deben construirse “desde arriba” privilegiando el trabajo de los expertos y los decidores. Un tema central en las políticas públicas es el papel determinante que tienen los actores en todo el proceso de su formulación e implementación, pues tradicionalmente, ha prevalecido la idea de que el problema consiste en formular la política “correcta” para luego convocar a los distintos actores que estarían esperando conocerla para poner en marcha su ejecución.

La invitación que nos plantea esta perspectiva es doble. Por una parte, involucrar a los actores ciudadanos en los diferentes momentos de configuración de la política, y por otra, algo que es más importante aún, concebir la gestión como un proceso de aprendizaje social continuo, en el que la alternativa correcta deberá construirse y re-construirse a partir del diálogo entre los distintos actores, con sus distintas representaciones, intereses y capacidades. Esto supone superar el institucionalismo tradicional a favor de una perspectiva de interdependencia entre instituciones, actores y agentes sociales y políticas que mantienen una relativa autonomía.

.

<>
Publicado el  2  de diciembre de 2009 en el diario El Panamá América, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

COMUNICADO DE PRENSA DEL CIAM EN APOYO AL PUEBLO NASO

.
La nota en Facebook , de la Arquitecta y Ambientalista…..
.
RAISA  BANFIELD
Hoy a las 18:38

El Centro de Incidencia Ambiental es una organización no gubernamental, cuya visión es la de una sociedad civil conocedora de la legislación ambiental y activa en la demanda del cumplimiento de sus derechos, para incidir en la toma de decisiones locales y nacionales encaminadas a la protección del ambiente y una mejor calidad de vida de todos los panameños.

Por tanto, no podemos menos que rechazar cualquier acción que ponga en peligro los derechos humanos y la protección del ambiente.


A raíz del desalojo realizado en la tarde de ayer contra la población indígena naso en la provincia de Bocas del Toro, hacemos un llamado a las autoridades tanto locales como nacionales, a fin de que se tomen las medidas necesarias para garantizar el respeto a los derechos ancestrales de este pueblo, el apropiado trámite de los recursos legales presentados por sus representantes y la guardia de su integridad física y moral.


Es imperativa la estricta observancia de nuestra Constitución Política, los tratados internacionales correspondientes y el resto de la legislación vigente, en cuanto a la protección de las comunidades indígenas nacionales y el reconocimiento de su delicado y directo vínculo con la conservación de los recursos naturales que los rodean.


De esta forma nos unimos al resto de las organizaciones e individuos a nivel nacional e internacional que han manifestado su preocupación y se encuentran atentos al desenvolvimiento del conflicto naso, esperando su pronta y efectiva resolución en favor del pleno desarrollo de su identidad étnica y cultural.


Agradecemos la divulgación de este comunicado en su medio de comunicación.

Para mayor información comuníquese al: 262-8831/0922 ó al correo electrónico info@ciampanama.org

Panamá, 20 de noviembre de 2009.

<>

Publicado en la fecha  en Facebook por la autora a quien damos todo el credito que le corresponde.

Pintada de verde del sabado 9

La opinión de la Abogada, Periodista y Ambientalista…

LINA VEGA ABAD

.

Pintada de Verde.  Columna sabatina del Diario La Prensa.

¿DEMÓCRATAS? Estos días me siento consternada al ver que algunas manifestaciones xenófobas y antidemocráticas gozan de muy buena salud en este país de tránsito.  Extraña cosa.  Empecemos por la democracia.

Tras 21 días y 370 kilómetros caminados, representantes de diversos grupos indígenas llegaron a la ciudad capital con un claro mensaje: aman su tierra y están luchando por ella.   Muchos han sido despojados del lugar donde siempre han vivido y, en la mayoría de los casos, ven cómo se destruyen bosques, ríos y costas, a nombre de un desarrollo y riqueza que nunca les llega.

Uno de los temas más polémicos es el de las hidroeléctricas.   Para muchos simplistas, todas las hidroeléctricas son buenas.  No es así.   Panamá necesita, indiscutiblemente, disminuir su dependencia del petróleo para la generación de energía, pero autorizar la construcción de más de 10 hidroeléctricas solo en el río Chiriquí Viejo, por ejemplo, parece un exceso. ¿O no?   Y luego está el tema de la reubicación de la población –generalmente indígena– que debe abandonar las tierras de sus mayores, porque los capitalinos somos el perfecto ejemplo del despilfarro que está acabando con el planeta. Me pregunto yo, ¿qué cuesta hacer un proceso de reubicación con humanidad y solidaridad? Bueno, a pesar de todo esto, esta semana he escuchado demasiadas críticas acérrimas contra los indígenas caminantes.  “Son chavistas… los apoyan los comunistas”… Lo siento, pero yo solo veo a gente sencilla y valiente que está defendiendo la madre Tierra de tanto depredador. ¿No es eso democracia?   ¿Somos o no somos demócratas?   Y en cuanto a la xenofobia, la cosa también es de pavor.

Esta semana, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo hizo público el informe sobre la crisis migratoria que enfrenta el mundo (y eso que no ha empezado la migración que producirá el cambio climático). Algunos de los comentarios que provocó la noticia en el blog de este diario, dan miedo.  Mucho miedo.

.

<>
Publicado el 10 de octubre de 2009 en el diario La Prensa de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

El sufrimiento del pueblo Naso

El sufrimiento del pueblo naso

Oscar Sogandares Guerra

La historia de los nasos se remonta a muchos siglos. Ellos recibieron a Colón en su cuarto viaje. Poblaban el occidente de Bocas del Toro hasta el río Sixaola y colindaban con los Brí-Brí y gnöbes, donde guerreaban frecuentemente. En el presente, los nasos tienen adversarios mucho más temibles que aquellos del pasado. Los nasos están arrinconados en su propia tierra, aún sin demarcar.

Debido el proyecto hidroeléctrico Bonyic (Empresas Públicas de Medellín), han sido sometidos al asedio y hostigamiento continuos.  Al oeste, sus tierras se hallan invadidas por su eterno enemigo la Ganadera Bocas, cuyo propietario Mario Guardia, ha solicitado el violento desalojo y destrucción de las comunidades Naso de San San y San San Druy, en marzo y abril, utilizando antimotines y el empleo de gases tóxicos contra indefensos hombres, mujeres y niños.

Han provocado la muerte de pollos y cerdos, han empleado maquinaria (custodiadas en todo momento por agentes de la Policía) para realizar la sistemática  destrucción de viviendas, con sus enseres domésticos, escuelas (incluyendo la telebásica), para luego abrir grandes fosas en la tierra, enterrando todas las evidencias. Han causado la destrucción de cultivos (plátanos, ñames, yuca), sin consideración a las necesidades de alimentación de los habitantes, sobre todo, de los niños.  Han provocado la dantesca destrucción de inmensos árboles, que daban sombra a estas comunidades, astillados y desenraizados, sin aprovechamiento, lo que más que un delito ecológico se puede denominar como terrorismo ambiental. ¿Y la Anam qué? El paraje parecía una zona de guerra, por actos que más que violación a los derechos humanos, se puede denominar como una barbarie, ¿limpieza étnica?, crímenes de lesa humanidad.  Todos estos hechos basados en un supuesto título de propiedad  de la Ganadera Bocas, mostrado por arte de magia, después de siglos de histórica ocupación del pueblo naso.

El 24 de abril, en una visita que hicimos al lugar y que incluyó a indígenas mesoamericanos (ver http://www.almanaqueazul.org), los nasos relataron que en el pasado cedieron tierras a la Ganadera Bocas para evitar confrontaciones, y que se replegaron al otro lado del río San San, en donde establecieron las comunidades de San San y San San Druy.  Ese día vimos a dos operarios  de un bulldozer y una pala mecánica (uno con  sombrero paisa y acento colombiano, escoltados por cinco policías), quienes al vernos, y no sin antes amenazar y confiscar nuestras cámaras, se retiraron. Fue una victoria para los nasos, quienes se habían mantenido tres noches en vigilia, protegiendo sus tierras y gritando consignas.

Allí estábamos reunidos con varios cientos de nasos, la mayoría niños. Muchos no habían comido por falta de alimentos. El jefe nos mostró un saco repleto de casquillos de lacrimógenas y preguntó: ¿dónde está Torrijos? Habían sido amenazado con que les tirarían bombas desde los helicópteros. ¿En qué país vivimos, Vietnam? Los derechos de la colectividad (y con mayor razón los históricos), deben prevalecer  sobre los particulares y privados y sobre cualquier supuesto título de propiedad.  Todos sabemos que por falta de demarcación de una comarca, cualquier ente inescrupuloso fácilmente puede hacerse de tierras nacionales, inclusive, con todo y habitantes. 

No es la primera vez que esto ocurre en Bocas del Toro, como lo demuestra el caso de Bluff Centro, en la Isla de Bocas.

Lo último, el 11 de mayo cerraron el acceso hacia las comunidades, derribaron los zarzos construidos por Mireya Moscoso para los nasos y los gigantescos árboles de las orillas del río San San;  y el capataz, Roberto Audibeth, ¿el colombiano? amenazante desenfundó su arma de fuego contra los nasos.

Artículo publicado el 19 de mayo de 2009 en el diario La Prensa