Los que siembran contaminación cosechan tragedias

La opinión del Jubilado del Cuerpo de Ingeniero de Estados Unidos…

Carlos E. Rangel Martín 

Es muy fácil echarle la culpa de las inundaciones a la madre naturaleza; pero la escueta realidad es que esa tragedia resulta principalmente del calentamiento global producto de la contaminación de la atmósfera, propiciada por políticas y leyes gubernamentales perjudiciales al medio ambiente, como las panameñas. 

Ya sea que culpen al “Niño” o a la “Niña”, si las temperaturas del aire y del mar aumentan, ello causará una mayor evaporación de las aguas, una mayor formación de nubes y lluvias más copiosas y continuas. Las potencias industriales son las mayores responsables de esta catástrofe pero, como pide la Declaración de Cancún, todos los países deben reducir 50% sus contaminantes, para resolver este problema mundial.

El tiempo dirá si nuestro actual gobierno es o no el más corrupto que hemos tenido en nuestra historia republicana, pero, desde el punto de vista ecológico, no cabe la menor duda que es el que más está perjudicando nuestro eco-sistema; y de ser el más perjudicial al medio ambiente a ser el más corrupto hay poco trecho.

Debemos suspender la instalación de nuevas plantas que consuman productos petroleros y, especialmente, las plantas que utilicen carbón como combustible porque, contrario a cualquier propaganda, son las que más contaminan.   Como también se acordó en Cancún, se deben descontinuar falsas soluciones, como las hidroeléctricas con embalses, porque estos contaminan con el gas metano producto de la descomposición de la flora sumergida en agua.

La generación eléctrica eólica (utilizando la fuerza del viento), es una nueva tecnología verde que es competitiva económicamente con la generación termoeléctrica y cuya aplicación es ideal para Panamá, debido al largo de sus costas, donde los vientos son más fuertes. Por esto mismo, la generación eólica costeña ha permitido que Irlanda planee exportar electricidad a otros países europeos.

Gamesa, fábrica española de turbinas eólicas, ha iniciado en México un proyecto para instalar plantas eólicas con una capacidad total de 324,000 kilovatios, equivalente a 20% de la capacidad máxima de Panamá. Y el gobierno chino incluso subsidia nuevas plantas eléctricas solares, aunque éstas todavía no sean competitivas, por sus costos iniciales, para reducir la contaminación.

Desafortunadamente, quizá por falta de actualización profesional o quizá por evitarse problemas con los altos mandatarios que deben estar enriqueciéndose con el negociado de la electricidad, nuestro ente regulador sigue permitiendo plantas eléctricas contaminantes.

Por otro lado, las minas a cielo abierto también contaminan las tierras y los ríos circundantes.   Por esto, los gobiernos de Costa Rica y de El Salvador han prohibido ese tipo de minería. Adicionalmente, a fines del pasado mes de noviembre, la Asamblea Plenaria del Secretariado Episcopal de América Central ha pedido a los parlamentos legislativos centroamericanos que, como mínimo, prohíban la minería de metales preciosos mediante el cianuro.

El novelista Vicente Blasco Ibáñez llamó a nuestro país “Panamá la Verde” y, como ya señaló nuestro arzobispo metropolitano, nuestro gobierno tiene la obligación moral de proteger esa riqueza natural para el beneficio de nuestros descendientes.

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Artículo publicado el  2  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Impotencia ante la sordidez humana

La opinión de….

Jaime Figueroa Navarro

Con la obsesión de que nos cultivásemos en la lengua de Shakespeare desde temprana edad, mi padre se empeñó en reubicarnos hacia el norte durante nuestras vacaciones de verano. Frisaba los 10 años al despuntar 1963 cuando abordamos el buque en Cristóbal rumbo a esa prodigiosa urbe, bautizada en 1718 por el colono francés Jean–Baptiste Lemoyne en la desembocadura del majestuoso río Mississippi como La Nouvelle Orléans.

Me había deleitado sobremanera la lectura de los fascinantes narrativos del célebre autor y humorista Mark Twain sobre las aventuras de los traviesos Tom Sawyer y Huckleberry Finn a lo largo del que es considerado en amalgama con el afluente Missouri, el torrente más extenso de Norteamérica, con una extensión de casi 4 mil millas, razón por la cual mi curiosidad infantil se vio mayormente ilusionada por conocer la geografía del enorme delta que clausura a unas 95 millas de Nueva Orleans y el circundante lago Pontchartrain.

Durante nuestro placentero y soleado viaje de cuatro días cruzamos el mar Caribe desde Panamá, a través de Centroamérica, rebasando el canal de Yucatán entre Cuba y la península azteca del mismo nombre hasta llegar al grandioso golfo de México de cuyas aguas azuladas se levantaban cuantiosos peces voladores (Exocoetidae) cuya presencia indica en aguas más profundas una rica manifestación de sus principales acechadores: delfines, merlines, pez vela, meros, atunes y calamares, entre otros. Hasta hace muy poco, estas cálidas aguas albergaban uno de los sistemas más espectaculares y con mayor diversidad biológica del orbe.

Al divisar tierra fuimos prácticamente escoltados por numerosos juguetones delfines moteados hasta las inmediaciones del puerto. En el camino también observamos uno que otro manatí, mejor conocido como vaca marina. Estos parajes también albergan tortugas, lagartos y diversas especies de grullas. Simbólico en los cielos, el pelícano es sin duda el ave emblemática de la región. ¡Impresionante derroche de naturaleza, hoy asolada por nuestra avaricia!

Al revisar recientemente el portal de Saint Stanislaus College en Bay Saint Louis, Mississippi, centro de enseñanza primaria de los Hermanos del Sagrado Corazón que nos acogió hace casi medio siglo, nos percatamos de que el torneo de pesca anual ha sido “pospuesto”.   Su señorial sede costanera disponía de un prolongado muelle techado, donde solíamos pescar en nuestros momentos de ocio.

¡Qué sinsabor pensar que ni el torneo ni el muelle tendrán un futuro! ¡Qué nostalgia cavilar que muy posiblemente hemos extinguido todo vestigio de vida del golfo de México para siempre!

Dos macabras remembranzas del siglo XXI deambularán en mi mente hasta que rescinda mi existencia: el embate de la segunda aeronave contra las Torres Gemelas que presencié el 11 de septiembre de 2001 y el irremediable brote de petróleo de la plataforma Deepwater de British Petroleum del 22 de abril de 2010, aún descontrolado, creciente y a diario envenenando todo lo que a su paso encuentre.

Como seres humanos tenemos que hacer un alto en frío a toda actividad que atente contra la naturaleza. Aún no sabemos cómo terminará este cuento. El daño al ecosistema, sin duda alguna será tan masivo que un vistazo a este escrito en algunos años hará brotar lágrimas de los ojos del lector, o peor aún no comprenderá esta narración.

A pesar de nuestra desidia, indiferencia, tala indiscriminada, destrucción de nuestros bosques, mares, fauna y flora, goza aún Panamá de un envidiable sitial ecológico en el globo terráqueo que bien valdría la pena priorizar sobre todas las otras obras de desarrollo humano. Detesto escribir ante oídos sordos. Cómo quisiera que mis palabras calaran en el corazón de todos los seres humanos, sobre todo aquellos que han recibido nuestro sagrado voto para gobernar.

Persiste mi quijotesca lucha, porque rehúso aceptar que aquel golfo que tanto amé, ahora sufre de una tos ferina mortal, escupiendo petróleo en vez de sangre. ¡Resultado de la avaricia de algunos en perjuicio de todos!

¿Hasta cuándo insistiremos en destruir en vez de sembrar? ¿Hasta cuándo sentiremos la impotencia ante la sordidez humana? ¿Hasta cuándo?

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Este artículo se publico el 15 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Cuál es el valor de un ecosistema?

La opinión de…..

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ISIS  PINTO

La conservación de los recursos naturales redunda en la generación de importantes ingresos?

Esta pregunta surge siempre en los debates, ya que muy pocas veces se puede realizar una valoración económica de los servicios de turismo, pesca, protección costera, biodiversidad, captura de carbono y otros aportes al bienestar humano que brindan los ecosistemas naturales.

¿Sabía Usted que los arrecifes coralinos protegen el litoral al disipar la energía de las olas y tormentas y que esto implica que el Estado invierta menos en reparar daños por desastres naturales? El valor estimado de los servicios de protección costera que prestan los arrecifes del Caribe se sitúa entre $700 millones y $2.2 mil millones de dólares al año.

En el 2008, se estimó que el beneficio anual que ofrecen todos los arrecifes de coral en el mundo es de aproximadamente $29.8 billones de dólares, lo que quiere decir que con tan solo proteger los arrecifes de coral del mundo percibimos beneficios para el turismo valorados por $9.6 billones, obtenemos protección costera valorizada en $9.0 billones, recursos para la pesca por $5.7 billones, y contribuyen a mantener la biodiversidad estimada en $5.5 billones.

Es importante recordar que el aire limpio que respiramos y las condiciones agradables de nuestro clima son beneficios que nos ofrecen los bosques, los manglares, los pastos marinos y los arrecifes marinos. También la variedad de peces y mariscos que habitan dentro del manglar, y que luego forman parte de nuestra dieta alimenticia se consideran beneficios para nuestra seguridad alimentaria. En la Evaluación de Ecosistemas del Milenio (2005), el valor de mercado asignado a los manglares fue de $7,500 a $ 167,500 dólares por km2 por año, tan solo en mariscos extraídos del manglar.

La biodiversidad marina también genera beneficios que necesitan ser valorados. Por ejemplo, en el Parque Nacional Tortuguero, Costa Rica, donde llegan muchos turistas para observar a las tortugas marinas desovando en la playa, se estimó que perciben $6.7 millones localmente que les permite mover su economía local a la vez que protegen sus recursos naturales.

Lamentablemente, en la mayoría de los casos por falta de conocimiento, la tendencia actual es disminuir cada vez más estos recursos. En el 2005, se estimó que la pérdida de humedales a nivel mundial es de 50% de la superficie original en los últimos 100 años.

Se estima que en la región del Caribe existen aproximadamente 26,000 km2 de arrecifes de coral. De éstos, el 35% se encuentra en grado de amenaza alta-media debido a la contaminación proveniente de las cuencas hidrográficas (campos agrícolas) y otras modificaciones.

Este mismo estudio estimó que el 60% de los arrecifes del Caribe se encuentran amenazados por la sobrepesca, ya que la extracción de peces herbívoros (consumidores de algas) facilita el recubrimiento de los arrecifes por algas. En toda la región se han observado reducciones en la cobertura de coral vivo y un aumento en el recubrimiento por algas.

El valor de un bien o servicio suele medirse teniendo en cuenta la importancia que los mismos tienen para las personas. Mientras más importancia tenga un bien o servicio para las personas, tanto más valor tendrá para ellas. Las interacciones de los seres humanos con el ambiente son muy diversas, por lo que hay valores específicos que pueden ser apreciados de distinta manera por diferentes grupos de individuos.

Los valores de uso pueden ser directos (son los beneficios derivados de los servicios obtenidos tales como la pesca, la agricultura, la producción de madera, turba, frutas, tintes y otras plantas útiles, la recreación y el transporte) o indirectos (son los beneficios indirectos derivados de las funciones que desempeñan por ejemplo los humedales como: la retención de nutrientes, control de inundaciones, mejoramiento de la calidad del agua, estabilización de la costa, recarga de agua subterránea y el almacenamiento de carbono).

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Este artículo se publicó el 22 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Parques amenazados

La opinión del Jurista…..

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Harley J. Mitchell Morán

Durante los últimos meses he observado súbitas transformaciones en el quehacer público panameño, la más preocupante es aquella que nos hace presa del retrógrado dilema de decidir entre mayor seguridad ciudadana y menor conservación de los ecosistemas. Noticias, rumores y movilizaciones públicas y privadas provocan una inseguridad sin precedentes hacia las áreas protegidas y todas se relacionan con una supuesta respuesta gubernamental al problema más acuciante para la población que es el control del crimen.

Súbitamente es necesario aumentar las intervenciones al Parque Natural Metropolitano ubicando un cuartel de policía que además de mayores edificaciones, necesitará nuevas vías de acceso para funcionar; la consulta pública de la apertura del Tapón del Darién que afectaría el Parque Nacional Darién, Sitio de Patrimonio Mundial, para construir una vía que ayudaría a detener los movimientos de personas en condición jurídica irregular; y finalmente, otro sitio de Patrimonio Mundial, el Parque Nacional Coiba, se ve amenazado por la instalación en su predio de una base aeronaval, la cual necesitaría para su funcionamiento de nuevos asentamientos humanos y mayor circulación de naves, aviones y personas.

Todas las actividades mencionadas suponen la modificación o derogación de las respectivas leyes que crean estas áreas protegidas, pues todas condicionan la presencia de asentamientos humanos en su interior u obras civiles como las señaladas, además de prohibiciones relativas a la tala o remoción de tierras, es decir, según el ordenamiento jurídico vigente, todas serían ilegales de ejecutarse hoy sin cambios legislativos que significarían disminuir la protección de porciones considerables de estos ecosistemas, ante actividades no compatibles con su protección. Cada norma, en su regulación o motivación, señala sus objetivos, en ninguna se señalan usos como los descritos.

La capacidad para albergar vida de los ecosistemas que subsistan a estos cambios, de darse, disminuirá. ¿Impactar de tal manera estos sitios garantiza la seguridad nacional?   Por supuesto que no, lo único que se garantiza con estas medidas es la fragmentación de los hábitats afectados. Ningún instrumento de gestión ambiental (como el estudio de impacto ambiental), remediará o aumentará el estado de conservación de estos parques, por su fragilidad. ¿Por qué deben usarse estas áreas para estos fines, porque son tierras estatales? ¿Porque los grupos de presión que las defienden son escasos y débiles? ¿Se ignora, por los tomadores de decisiones, el esfuerzo de generaciones de panameños, que desde el sector público y el privado, han trabajado arduamente para el mantenimiento de los equilibrios ecológicos de aquellas áreas? Hay una institución pública que tiene el deber de recordar todo esto al resto del gobierno.

Sin estar en contra de medidas de seguridad eficaces y ecológicamente viables para defender mi país, me pregunto ¿Cuál fue la participación de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) en estas decisiones? Tres parques nacionales gravemente amenazados hoy dependen de la colaboración conjunta de la Anam y los ciudadanos para mantener y aumentar sus niveles de conservación y evitar su menoscabo ¿Cuál será la decisión de la Anam?

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Este artículo se publicó el  28  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Océanos, cada vez más enfermos

La opinión de…..

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ISIS PINTO

El impacto negativo de la actividad humana en los ecosistemas está acabando también con los mares

Nuestro planeta se destaca de otros porque es un sitio habitable. En este aspecto los océanos cumplen un rol muy importante ya que gracias a los patrones de circulación de las corrientes marinas gozamos de un ambiente agradable para la vida, por lo que se puede decir que “el océano es el soporte para la vida en nuestro planeta”.

Este proceso inicia cuando el sol irradiada energía solar hacia la tierra, una cuarta parte de esta energía es absorbida por los océanos y la otra es reflejada (vuelve al espacio). Esa energía absorbida es distribuida por las corrientes marinas, llevando grandes cantidades de agua tibia y aire hacia los polos, y trasladando el agua fría de los polos hacia los trópicos, lo cual ayuda a mantener un ambiente agradable a la vida.

No obstante, en las últimas décadas el clima mundial ha variado en respuesta al efecto de las actividades humanas (deforestación, uso de combustibles fósiles para mover fábricas, iluminar ciudades, asegurar el transporte y la calefacción humana, entre otros) lo que ha provocado un incremento en los niveles de dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto de invernadero (metano, óxido nitrosos y clorofluorocarbonos).

Se estima que el 60% del metano es producido por los seres humanos el cual proviene de la cría de ganado, la quema de combustibles fósiles, el tratamiento de aguas residuales y otros procesos industriales. Asimismo, ha habido un incremento en las emisiones de óxido nitroso, casi un 17%, solo en el transcurso de la era industrial, generado por el uso de fertilizantes, combustibles fósiles, quema de bosques y quema de residuos de las cosechas. Afortunadamente los océanos son reservorios de carbón, ellos tienen la capacidad de absorber 22 millones de toneladas por día, eliminando así el 30% del CO2 emitido a la atmósfera cada año. No obstante, nuestra capacidad de emitir dióxido de carbono es mayor que la capacidad del océano para absorberlo, lo que podría tener un costo ecológico.

Desde la época de la Revolución Industrial (250 años atrás), las concentraciones de CO2 ascendieron de 280 a 387 partes por millón (ppm), incrementando en un 30% la acidez del agua y se estima que para el 2060 ascienda a un 120%. Este incremento afectará las plantas y animales del océano que poseen esqueletos o conchas de carbonato de calcio, ya que un cambio hacia condiciones más ácidas reducirá la capacidad de tales especies para formar sus conchas.

Al haber mayor concentración de estos gases se crea un “efecto invernadero” en el planeta tierra, impidiendo que el calor salga, lo que ocasiona que haya un incremento en la temperatura. Esto ha llevado a que en el último siglo nuestra temperatura haya incrementado 0.6°C, lo que, obviamente, tiene repercusiones en el mar provocando alteraciones en los afloramientos (evento mediante el cual se llevan nutrientes desde las profundidades del mar hacia la superficie que alimenta a muchas especies), en el movimiento de las corrientes marinas y el desplazamiento de la especies migratorias.

Otro impacto sería el incremento del nivel del mar, y mayor acidificación de los océanos; todo esto obviamente ocasiona una alteración en la estratificación de nuestros mares ya que ellos transportan nutrientes y energía para las distintas formas de vida marina. Se sabe que cerca del 90% de la biomasa vive en el océano.

Los cambios que ocurren en nuestros mares no solo tienen impactos en los ecosistemas naturales sino que también ocasionará efectos directos en las actividades humanas, una de ellas la pesca, mediante la cual se logra alimentar a millones de personas en el mundo, y que además aporta a la economía de muchos países. Necesitamos cambiar nuestros hábitos de vida para lograr reducir las emisiones de gases invernadero, ya que cada vez es mayor nuestra dependencia del océano y de que sus ecosistemas marinos estén saludables, sobre todo aquellas comunidades costeras que obtienen del mar el 100% de su proteína diaria, esto sin olvidar que un gran sector de la economía global depende de las actividades relacionadas con el océano.

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Este artículo se publicó el 27   de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Ecosistemas y economía

La opinión de….

Jairo A. Vásquez Pravia


Los sistemas ecológicos y económicos de nuestro planeta están vinculados. A medida que las dimensiones del sistema económico mundial crecen en relación con el acervo de recursos naturales terrestres y marinos, la dinámica de ambos sistemas se afecta y se torna más discontinua. Las externalidades negativas aparecen en la medida en que las capacidades de adaptación y de carga de los ecosistemas son sobrepasadas por la extracción de recursos naturales para la satisfacción de las necesidades económicas de la población mundial.

Todos nosotros, especialmente los más pobres y vulnerables, dependemos de la riqueza natural para proveernos de servicios básicos, tales como agua fresca, alimentos, materiales para la construcción de viviendas, medicamentos, entre otros, sin embargo se estima que dos tercios de los ecosistemas mundiales ya han sido fuertemente impactados por la acción humana, reduciendo así su capacidad de brindar a largo plazo los bienes y servicios ambientales que necesita la humanidad para seguir existiendo, tal y como lo hemos hecho hasta ahora.

La biodiversidad biológica constituye el anclaje vital para nuestra existencia y el desarrollo económico de todos los países del globo. Por ejemplo, el valor actual del comercio de los recursos pesqueros oceánicos mundiales se estima en 5.9 billones de dólares, es decir, representa un valor 600% superior al estimado para el año 1976. Sin embargo, las tasas de captura mundiales de especies como el atún, sardinas, entre otras, se encuentran en pleno y sostenido descenso y cerca del 75% de los bancos pesqueros comerciales a nivel mundial ya se han agotado, o bien, ya están por debajo de su nivel de sostenibilidad.

De seguir esta tendencia, un componente fundamental para la seguridad alimentaria mundial se perderá irremediablemente y todos sufriremos.

La ausencia de metodologías comprensibles para proveer datos de valoración económica sobre biodiversidad y los servicios que esta presta, los cuales puedan ser fácilmente transmitidos y comprendidos por gobernantes y tomadores de decisiones en el sector privado, ha impedido grandemente mayores esfuerzos para la protección, mantenimiento y restauración de hábitats y especies en muchas partes del mundo, dado que hasta ahora no hay consenso sobre cómo poder incorporar esta valiosa información a los análisis costo-beneficio de proyectos de inversión pública y privada, que pueden ir desde la construcción, por ejemplo, de un acueducto rural hasta aeropuertos, puertos y desarrollos urbanísticos a gran escala.

Y esto es un error que ustedes estimados lectores y yo tendremos que pagar en el mediano y largo plazo.

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Este artículo se publicó  el  28 de marzo de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Un manglar lleno de riquezas

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La opinión del Periodista y Docente Universitario….

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MODESTO  A.  TUÑON

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Secundino Pineda debe esperar en las mañanas a que baje la marea en Bahía Muerto o cualquier estero cercano en el Golfo de Chiriquí para marchar sobre la playa y buscar la fangosidad donde hundir sus manos, sacar algo de almejas, concha prieta u otros moluscos para luego, en algún lugar adecuado, procesar la pesca.

Al rato, el agua hervirá en latas y su ebullición acogerá al animal marino y le obligará a separar los compactos labios para ofrecer su blanda carne que se empacará y terminará en los restaurantes, puestos de venta del área o ventorrillos en la carretera Interamericana.

Esta actividad de extracción del señor Pineda, corresponde a la realidad cotidiana de unas 25 personas en forma permanente, pero donde también se involucran alrededor de unos 140 concheros, almejeros, cangrejeros y afines que justo en el momento de la bajamar recorren la costa, los estuarios, manglares para extraer sus riquezas.

Esos manglares son una zona de producción para las comunidades de, por lo menos, tres distritos chiricanos, Alanje, David y San Lorenzo. Se trata de un amplio ecosistema, que incluye esos bosques insertos en las aguas lodosas, esteros, riachuelos, arenales, playas, islas y un amplio mar, que conjugan una riqueza de especies, tanto en flora como en fauna.

Las poblaciones que desarrollan diferentes actividades productivas en estas comunidades son conscientes de esta riqueza y además del valor que representa por constituir una zona de apareamiento, cría y refugio de peces y otras formas marinas, como se expone en el estudio para establecer una nueva área protegida en este lugar.

Por esa razón y en especial porque sus actividades económicas están ligadas al aprovechamiento de los recursos del manglar, grupos comunitarios solicitaron a las autoridades municipales que se declarara como un área protegida esta zona. De allí se definió crear la nueva área protegida de uso múltiple Manglares de Chiriquí.

Los municipios de David, Alanje y San Lorenzo coordinaron con instituciones como la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP), la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) y el Servicio Aeronaval, así como con la Fundación MarViva y la Cámara de Comercio de David, para analizar y considerar las posibilidades de gestión.

Por sus características, los manglares de Chiriquí serán un área protegida donde se promoverá la conservación de su riqueza de recursos y las comunidades que viven en las costas, desembocaduras de ríos y ensenadas, podrán realizar sus actividades productivas, mediante el concepto de desarrollo sostenible, según explicó Harmodio Cerrud, administrador regional de la ANAM en esa provincia.

Los manglares de Chiriquí surgen legalmente como área protegida con el Acuerdo Municipal No. 21 de 6 de junio de 2007, con el sustento normativo contenido en el artículo 66 de la Ley 41 de 1 de julio de 1998, General del Ambiente, y la ANAM es la institución administradora de este territorio de uso múltiple.

Este nuevo sitio de protección está situado entre las áreas protegidas del Refugio de Vida Silvestre de La Barqueta Agrícola y el Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí, localizado, fundamentalmente, en una zona de manglares y ciénagas y tiene una extensión de casi 76 mil hectáreas, que incluye partes marinas y terrestres.

Aquí resulta de importancia que se ha iniciado un proceso de divulgación de esta nueva área protegida entre las autoridades locales municipales de los distritos de Alanje, David y San Lorenzo, instituciones vinculadas a su gestión, así como con finqueros vecinos y las poblaciones de las comunidades involucradas, que desarrollan actividades productivas con los recursos del Golfo de Chiriquí.

Esta nueva área protegida se caracteriza por sus amplias ensenadas, numerosas desembocaduras de ríos que aportan sedimentos con altos contenidos de nutrientes y agua dulce, que permiten el desarrollo de los más importantes ecosistemas de manglar.

La fauna incluye ocho tipos de mamíferos —entre ellos, monos tití, cariblanco y ardilla, puercoespín y el gato manglatero—, 19 aves —varios tipos de garza, cotinga piquiamarilla, loros, patos, martín pescador, águila pescadora, gavilanes de manglares—, nueve reptiles —ejemplos son los babillos e iguanas— y una especie de anfibio, la rana verdinegra, que debe ser protegida por encontrarse amenazada.

Hay también una rica variedad de peces, entre los que se han observado unas 13 especies de agua dulce (sábalo, lisa), así como también 39 originarias de estuarios y marinos; igual, peces marinos en los esteros y en la zona marino—costera, como pargo, sierra, corvina, robalo, tiburón y otros menores.

Además se pueden mencionar 15 tipos de moluscos, como la almeja (Donax dentifer) y la concha negra o prieta (Anadara tuberculosa).

Existe necesidad de conservar esta riqueza, porque también hay amenazas como la contaminación por desechos, aguas servidas, pesca ilegal y uso de explosivos, sobreexplotación de los recursos marinos, tala indiscriminada del mangle o extracción de su cáscara; además expansión de las zonas de cultivo y ganadería y construcción de urbanizaciones sin control.

Instituciones no gubernamentales, como la Fundación MarViva, The Nature Conservancy (TNC) y Conservación Internacional, apoyan el establecimiento de esta nueva área protegida, sobre todo por las perspectivas de un esquema de desarrollo sostenible que involucre a comunidades como Pedregal, Horconcitos, Chorcha Abajo, Guarumal, Las Pavas de Isla Sevilla, Tres Boquitas del Estero, El Repartidero y otras.

Quizás el aspecto más importante, en cuanto a la gestión de esta área protegida, resulte de la forma como se involucran estas comunidades. Darío Tovar, quien realizó el estudio técnico, resalta esta cualidad y, por tanto, “ la necesidad de involucrar a todos los actores claves vinculados al área de estudio, razón por la que se implementó un riguroso proceso de planificación participativa y consulta permanente ”.

Los manglares desempeñan un papel en la lucha contra el cambio climático, porque la masa boscosa es uno de los sistemas que más fija el carbono y produce oxígeno. Esa es una importante razón para que los chiricanos y organizaciones comunitarias, como los concheros de Secundino Pineda, tengan conciencia de las posibilidades existentes en su territorio.

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Publicado el 25  de noviembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde