El crecimiento de pocos

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario …

Juan Jované 

Hace apenas algunos días altos funcionarios del actual gobierno anunciaban, con una certidumbre digna de mejor causa, que estaban elevando sus expectativas de crecimiento de la economía hasta un 7.0% para el presente año.   Se trata de una visión bastante optimista teniendo en cuenta, por ejemplo, que la recuperación internacional se puede calificar de lánguida, mientras que analistas tan importantes como Nouriel Roubini y otros llaman la atención sobre los efectos de una posible guerra cambiaria, todo esto en condiciones que el Ministerio de Economía y Finanzas apuesta a un crecimiento extrovertido.

 

Sin embargo, la mayor dificultad en los planteamientos del sector oficial es que los mismos no hacen ninguna mención de cuál es el real impacto que ha tenido, en base al modelo dominante, el crecimiento sobre la suerte de los panameños y panameñas de a pie. Es así que si bien muchos han celebrado las altas tasas de crecimiento que mostró la economía entre el 2004 y 2008, con un promedio anual de 9.1%, lo cierto es que esto en la práctica significó mucho para pocos y poco para muchos. Si se mide en términos reales, es decir a precios de 1996, pese a que el ingreso nacional promedio per cápita se elevó entre esos dos años en B/. 1,473.64, lo cierto es que en el decil más rico de la población este incremento alcanzó a B/. 5,570.12, mientras que en el decil más pobre fue de apenas B/. 176.35.

Más aún, se puede señalar que del total del crecimiento observado del ingreso nacional en el período señalado, el 20% más rico de la población logró apropiarse del 56.1% de sus frutos, mientras que al 40% más pobre le correspondió apenas el 12.3%.

Si recordamos, tal como lo destacó Juan XXIII en su Mater et Magistra, “que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación”, resulta evidente que nos encontramos frente a un crecimiento sesgado, concentrado y que rompe con lo que el Papa Bueno llamó “un precepto gravísimo de la justicia social”.

Esto se confirma si se tiene presente que, pese a todo esta expansión, en el 2009 se observó que el 6.6% de la población económicamente activa estaba desocupada, mientras que el 14.3% de los ocupados se encontraban subocupados y el 42.1% de los trabajadores no agrícolas podían ser calificados como informales.

Se trata de una situación que carece de todo sentido de equidad, que destaca la profunda falta de solidaridad que se encuentra en la naturaleza misma del esquema oficial de crecimiento, a la vez que se muestra su insostenibilidad en el tiempo. No en vano Alicia Bárcena, actual Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, ha afirmado que “la desigualdad mina, tarde o temprano, la estabilidad política y erosiona el consenso en que se basa la estrategia de desarrollo”. Se trata de un consejo que no se puede dejar de atender.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Mas artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jovane-juan/

La desigualdad económica en Panamá

La opinión de….

Raúl Moreira Rivera

Recientemente la República de Panamá ha recibido importantes reconocimientos a su extraordinario desempeño económico. Las principales agencias calificadoras de riesgo otorgaron a nuestro país el tan ansiado grado de inversión.

Posteriormente, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico informó que Panamá registró uno de los mejores índices de competitividad en América Latina. Estos reconocimientos fueron ampliamente divulgados en todos los medios, sin embargo un informe en el cual también aparecía nuestro país no recibió la misma publicidad, de hecho ha sido prácticamente ignorado.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) reveló las cifras del Índice de Desarrollo Humano de 2010 en el cual Panamá aparece en la posición No. 60 de desarrollo a nivel mundial, ubicándonos como un país de desarrollo humano alto.

A pesar de todas las buenas nuevas antes señaladas, podemos ver que dentro de este informe el PNUD preparó una tabla de la desigualdad en el mundo, utilizando el instrumento de análisis conocido como el Coeficiente de Gini que va de 0 a 100, en el cual 100 es una desigualdad absoluta. En esta lista se señala que nuestro país con 54.9 se encuentra ubicado a nivel mundial en la posición número 11, con el peor nivel de desigualdad económica, con Namibia, Las Comoras y Bostwana encabezando la lista con un 74.3, 64.3 y 61.0, respectivamente, y en la posición No. 5 entre los países de América Latina por detrás de Colombia con 58.5, Bolivia 58.2, Honduras 55.3 y Brasil con 55.0.

La desigualdad antes señalada se refleja en la encuesta de niveles de vida de 2008 en la que se observa que el 20% de los hogares más pobres recibía apenas el 5.1% del ingreso total, mientras que el 20% de los más ricos acumulaba el 48.5% del ingreso. Esta situación, además de ser grave, refleja el empeoramiento de la misma, ya que con relación a la encuesta de 2003, los hogares más pobres recibieron 0.34% menos del ingreso total, mientras que los ingresos de los más ricos se incrementaron un 1.2%.

La historia de América Latina muestra cómo situaciones generadas por la distribución desigual del ingreso se convirtieron en el caldo de cultivo de conflictos armados en los cuales se buscaba el derrocamiento de las instituciones para instaurar mecanismos con una mayor perspectiva social.

Aun cuando hoy son pocos los que siguen este ejemplo, esta desigual situación ha dado paso a otros escenarios en los cuales se refleja esta delicada situación social. La delincuencia, violencia, narcotráfico y otras lacras sociales que corroen las entrañas de la sociedad utilizan a los sectores más desposeídos, ya sea como mercado o como instrumentos para incrementar su poder.

Si no recapacitamos y tomamos medidas que conlleven a la satisfacción de las necesidades sociales de la población más marginada, corremos el peligro de enfrentar la realidad de otros países en los cuales los ricos no pueden disfrutar de su riqueza por andar constantemente protegidos por ejércitos de guardaespaldas y viviendo en mansiones amuralladas, mientras que las familias de los más pobres se desintegran aún más, creando una espiral que nadie puede adivinar en qué ha de acabar.

Según algunos autores, en momentos en los cuales los países se disputan la atracción de la tan deseada inversión extranjera, resulta peligroso utilizar conceptos como la redistribución del ingreso, ya que el mismo lo asocian con regímenes en los cuales la empresa privada ve amenazada su existencia, sin embargo la realidad que enfrentamos nos obliga a tomar medidas urgentes, de lo contrario no nos quedará más que lamentar la destrucción de nuestra sociedad, incluyendo a estas empresas que se desean proteger, y añorar en el futuro lo poco que nos queda aún de seguridad en la actualidad.

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<> Este artículo se publicó el 20  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Estudiantes inferiores

La opinión del Abogado, Politólogo, Escritor y Locutor…

Luis Carlos Guerra

Me encuentro atónito. No sé si es por la vaga argumentación de los diputados que rechazaron la iniciativa de ponderar el voto de los estudiantes universitarios o por la absurda declaración del Rector Magnífico al referir que el voto de los estudiantes no puede tener igual valor porque están en un proceso de formación de criterios. 

La Constitución Política determina que el voto es libre, igual, universal, secreto y directo. Me resulta indignante el hecho que en la Universidad de Panamá, donde ha de enseñarse y donde aprendí, los valores esenciales de la democracia; se permita la argumentación política, jurídica, aberrante, de una desigualdad en la valoración de votos en atención a la posición que se ocupe dentro del recinto educativo.

La institución Universidad de Panamá es la Universidad Oficial del Estado, no es una entidad privada, por ende el régimen legal que debe aplicarse es el del cumplimiento de todas las normas que rigen al Estado, teniendo como tales también las concernientes al sistema democrático de gobierno que es regulado por la propia constitución y por las leyes electorales, éstas que solo tienen como requisitos para votar en un proceso democrático de elección el ser ciudadano panameño, aparecer en el Padrón Electoral final, presentar la cédula de identidad personal, estar en pleno goce de los derechos civiles y políticos.

El mensaje que se sigue mandando al estudiantado panameño es el de hombres y mujeres con una categoría inferior por su condición de estudiantes, contrario sensu, de los valores que dice promover la Universidad de Panamá de pluralismo y equidad, pues resulta demagógico promover estos ideales de convivencia democrática y aupar desigualdad en razón de clase y posición; que coadyuvan a deteriorar aun más la desigualdad profesional y económica de todos los universitarios de esta casa de estudios al enfrentarse a la realidad socioeconómica del país.

<> Artículo publicado el 14  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/guerra-luis-carlos/

La clase dorada

La opinión del Economista…

Juan  Jované 

Muchas veces se ha llamado la atención sobre el hecho de que la economía panameña opera como un modelo concentrante y excluyente, por lo que vale la pena aclarar lo que esto significa en base a los hechos duros que representan los datos estadísticos.
Este fenómeno se expresa, en primer lugar, en una notable concentración del ingreso, que en el año 2004 significó que el 20% más rico de la población concentró el 57.7% del ingreso nacional, mientras que al 40% más pobre apenas le correspondió el 9.2% del mismo.
Se trata de una característica estructural que, en sentido contrario a lo que propone la llamada tesis del rebalse, resulta prácticamente independiente del nivel de crecimiento del producto interno bruto. Es así que mientras que este indicador creció en términos reales a una tasa anual promedio del 9.2% entre el 2004 y el 2008, la participación en el ingreso nacional del quintil más rico de la población prácticamente no se modificó, al situarse en un 56.1%,  mientras que la de la de los dos primeros quintiles apenas se movió, colocándose en 10.2%.
El carácter estructural de la concentración queda más claro aún cuando se tiene en cuenta que la participación en el ingreso nacional del 10.0% más rico de la población fue de 39.9% en el 2004 y de 39.3% en el año 2008,  siendo esta reducida porción de la población el núcleo central de la clase dorada que controla al país.

Tanto para Adam Smith como para David Ricardo, esta concentración del ingreso podría, desde el punto de vista favorable a la acumulación de capital de ambos, tener sentido histórico siempre y cuando esto generara un amplio nivel de ahorro e inversión.

Ni siquiera esto parece ser una de las características de la clase dorada panameña, ya que esta al controlar, como se dijo, el 56.1% del ingreso y generar el 53.0% del consumo no muestra ninguna especial propensión al ahorro.    Esto explica, entre otras cosas, la dependencia de la economía panameña del ahorro externo, que significó que entre 2004 y el 2008 el país haya visto crecer su endeudamiento, tanto público como privado, con el exterior en una magnitud equivalente al 8.3% de ingreso nacional.

El sostén político de la dominación de la clase dorada está cimentado en un sistema político –electoral que logra que la concentración del poder económico se exprese en un sistema que asegura la marginación de los sectores populares, así como de los sectores medios democráticos, de toda posibilidad de acceso a las palancas del poder público.

La administración de este último, que hasta hace poco ejercieron por delegación los políticos corruptos de los partidos tradicionales, ha pasado recientemente a ser ejercida por una fracción de la propia clase dorada.

Esto, si bien ha endurecido las condiciones de su dominación, la hace más evidente y clara para la mayoría de la población, lo que abre nuevas posibilidades para la toma de conciencia de su situación y para su accionar político.

<> Artículo publicado el 12  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

 

¿Defensoría del niño?

La opinión de la Periodista…

Betserai Richards 

Un niño de edad escolar, vendiendo productos en las calles, con trapos deteriorados sobre su piel demacrada que refleja su estado de pobreza, es uno de los ejemplos que vemos a diario en nuestro país. De la misma manera, los menores que se ven obligados a “trabajar” en los buses de las diferentes rutas.

Es triste saber que aquellos pequeños estén sometidos (ya sea por presión o consentimiento de sus padres) a esta salvaje actividad. Sabemos que los niños de hoy, mañana serán los ciudadanos de Panamá y aún así permitimos que este abuso infantil se desarrolle de manera fluida.

Hace algunos días abordé un autobús de la ruta Corredor Sur. Ante los ruidos de nuestra urbe, con dificultad se escuchaba un niño gritando el nombre de la ruta del bus al que él pertenecía. Me asombré de ver a este pequeño en una actividad como esta, salvaje y grosera, sometiéndose a insultos de los usuarios que, disgustados por el pésimo servicio, ventilaban sus frustraciones con él.

Mientras que el crecimiento económico nacional va en escalada, la pobreza en nuestra sociedad se torna más palpable. A diario nuestros noticieros lo demuestran. Podría decirse que es reflejo de la injusta distribución de la riqueza y el alto índice de criminalidad juvenil.

En esta etapa es cuando deben dar sus primeros pasos hacia la superación académica. La educación básica supuestamente es gratuita en nuestro país, pero muchos hogares requieren de subsidios (fondo fiduciario educativo, nutrición, transporte, útiles, uniformes etc.).

Para muchos no es secreto que los familiares de estos pequeños ciudadanos son cómplices del trabajo que desempeñan, aprovechándose de su paupérrima condición y que los transeúntes se compadezcan con la compra del producto que tienen a la venta.

Mientras que el gobierno de turno gasta millones de dólares en automóviles lujosos y salarios jugosos, problemáticas como estás siguen vigentes.   Sugerimos la pronta resolución de estas necesidades y contribuir a que estas criaturas puedan disfrutar su niñez.

> Artículo publicado el 8 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

El problema de la violencia contra la mujer

La opinión de…

María Eugenia Hernández

La violencia contra la mujer es un fenómeno social que afecta a las mujeres como grupo, donde el hombre ejerce poder y autoridad, utilizando la violencia como medio o control, obligándola a comportarse de determinada forma. Teóricamente se define la violencia de género como todas las formas de violencia que mantienen la dicotomía entre hombres y mujeres y aseguran la desvalorización e inferioridad de todo lo asociado con lo femenino (Fempress, 1993:13).

En febrero del presente año tuve la oportunidad de entrevistar a la Dra. Teresita Ramellini en San José, Costa Rica, directora del Centro de Investigaciones de Estudios de la Mujer. Expresaba ella que la violencia contra el género femenino es “la opresión y la discriminación en todas las formas de sexismo, comprendiendo las agresiones física, emocional, económica y sexual. En nuestro país se observa cómo los medios de comunicación dan un marcado interés a la cuantificación de los casos de la violencia física, es decir, el número de agresiones, el número de “femicidios”, etc., pero se mide poco la cualificación del problema, los avances abordados desde el punto de vista de la ciencia social y sus posibles respuestas a la magnitud del mismo.

Es importante tener presente que la categoría del género no sólo es analizada desde el punto de vista biológico sino desde posiciones ideológicas culturales que determinan el estereotipo femenino y el masculino y hacen mención a todo lo heredado biológicamente, es por ello que algunas personas parten de lo biológico para definir el género, mientras otras lo hacen desde el punto de vista cultural-ideológico.

Visto desde lo sociológico, se da la violencia hacia la mujer no sólo cuando esta es golpeada por su esposo o compañero, sino cuando la sociedad la discrimina como grupo en las relaciones de poder, cuando se le ubica en posición inferior. Es aquí donde debemos reflexionar cuántas mujeres tiene la población panameña, de estas cuántas son profesionales, cuántas han tenido la oportunidad de participar en materia de política del Estado de nuestra llamada democracia, cuántas magistradas hay en la Corte Suprema de “Justicia”. Porque el hombre tiene más aval por la ley y las costumbres para este dominio, cuándo se hará justicia para la otra mitad de la población, es decir, para las mujeres.

Panamá como región puede avanzar a verdaderos niveles de desarrollo, cuando objetivamente se vea igualdad de oportunidades, no sólo en áreas urbanas sino en las más excluidas del país, como sucede con aquellas mujeres de la campiña interiorana y las comarcas indígenas, quienes actualmente viven excluidas del discurso de la inclusión, como si vivieran en otro mundo.

Esto lo observo cuando viajo a comunidades apartadas de la comarca y veo niños y niñas morir de hambre, o por un resfriado sin control médico, una madre en labor de parto sin la opción de salud igual para todos, el rostro de la desnutrición de mujeres y niños especialmente en los meses de verano, cuando no existe ni siquiera una yuca para sobrevivir.

Debemos trabajar mucho más para enorgullecernos como nación. Yo me pregunto: desarrollo para qué o para quién, si nos persigue la pobreza y se aumenta la brecha de las desigualdades que a su vez se convierten en las grandes injusticias del sistema. Para estos hechos sociales no existe una política pública de familia que responda atinadamente a los intereses de tales grupos vulnerables, como lo son las mujeres, ancianos, niños y niñas.

<> Este artículo se publicó el 27 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Desigualdad y discriminación

Ley 48 de 1941.  La opinión de…

Marcos Young Rodríguez 

Recientemente tuve la oportunidad, como médico urólogo, de atender a un paciente que solicitaba una vasectomía.  Él tiene dos hijos, y su esposa, de 25 años, tuvo problemas en su embarazo previo. Decidieron optar por la vasectomía, ante las dificultades institucionales para la realización de la salpingectomía.

Les expliqué el procedimiento, y sus complicaciones. Les aclaré que mayormente se realiza con anestesia local, que no se invade el abdomen, por lo que no hay posibilidades de lesiones a órganos intrabdominales y que, usualmente, las complicaciones son menores, relacionadas a la incisión: hematoma, infecciones, etc.

Su esposa me preguntó si se requería tener un número de hijos o cierta edad.   Le contesté que no. Para el hombre en Panamá, la decisión es personal, está regulada por el Código de Salud, la Ley 68, de los derechos del paciente, y las normativas de cada instalación de salud. Esto causó sorpresa e incredulidad en la esposa de mi paciente.

Finalmente optaron por la vasectomía.

La vasectomía es la sección y ligadura de los vasos deferentes, y es el método más popular de planificación familiar en el hombre. La salpingectomía, procedimiento que consiste en la sección y ligadura de las trompas de Falopio, es una importante forma de planificación y esterilización femenina. Aunque en la actualidad su morbi-mortalidad es baja, puede asociarse con lesiones intestinales, vesicales, ureterales. Además de las complicaciones anestésicas, pueden ocurrir complicaciones de la herida quirúrgica, respiratorias, como en otras intervenciones quirúrgicas.

Así pues, desde esta perspectiva, la Ley 48 de 1941 no solo tiene aspectos de desinformación y discriminación, sino que también hay desigualdad en los riesgos para cada paciente, siendo así que existe una potencialidad más alta de perforaciones a otras vísceras con la salpingectomía que con la vasectomía.

Esta ley debe ser derogada, aun sin que se discutan las necesarias reformas en materia de salud reproductiva. La mujer tiene el derecho soberano de elegir la forma de ser tratada, tal como lo establece la Ley 68.   La decisión de una cirugía urológica o de cualquier tipo no se define por los parámetros de la Ley 48 de 1941, sino por lo que establecen las leyes, decretos y reglamentaciones vigentes.

Es tiempo de erradicar esta desigualdad. Independientemente de los aspectos sicológicos, religiosos y éticos involucrados en el tema, debe equipararse la salpingectomía con las otras cirugías, de forma tal de subsanar este error histórico de la salud pública panameña.

<> Este artículo se publicó el 27 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.