Sátrapas de la mentira

La opinión del Abogado y Comunicador Social…

VÍCTOR ECHEVERS CALOBRIDES


La segunda acepción de la Real Academia Española de la Lengua nos indica el significado de la palabra sátrapa en la siguiente forma: ‘Hombre sagaz que sabe gobernarse con astucia e inteligencia o que gobierna despóticamente’.

Recientemente en nuestro país se han desarrollado sucesos bochornosos producto de la irresponsabilidad de dos ciudadanos panameños, quienes han contribuido al desasosiego de nuestra población.

El primer acto irresponsable lo realizó la señora Magaly Castillo, autoproclamada representante de la sociedad civil, estableciendo de manera enfática y vehemente que el señor Valentín Palacios Palacios, era el primer decapitado de la dictadura civil del presidente de la República, Ricardo Martinelli, afortunadamente se descubrió toda la farsa montada con oscuros propósitos, los cuales crearon desconcierto en el noble pueblo panameño, pues Dios está presente en la protección del país y sale al rescate de hechos o denuncia tan negativas, desenmascarando a los farsantes que han lucrado indiscriminadamente de mentir de manera compulsiva.

Posteriormente han dado la trágica noticia que nuestra máxima gloria deportiva había sufrido un derrame cerebral, creando el desaliento en nuestra población la cual admira, aprecia y respeta a don Roberto ‘Mano de Piedra’ Durán, pero para tranquilidad del país todo se esclareció de manera inmediata y el periodista de una manera sensata y estoica aceptó de manera ejemplar la reprimenda pública del ofendido, pero la señora Castillo no ha tenido la decencia con el pueblo panameño de pedirle una disculpa pública, lamentablemente a esta señora la identifica la arrogancia, la prepotencia y la falta de humildad que tanto ha perjudicado la identidad del pueblo panameño.

Es indispensable que las personas que tienen la oportunidad de comunicarse de manera masiva con el pueblo panameño entiendan claramente la responsabilidad que se tiene, pues mentir de manera descarada es una irresponsabilidad que identifica una profunda crisis humana o refleja una inextinguible mediocridad propia y característica de quien no está capacitado para el rol que desempeña.

Para fortunio del pueblo panameño, en este país, nos conocemos todos y nos comunicamos de manera constante, descubriendo primero las intenciones malévolas de desestabilizar el orden constitucional, y segundo comprender a tiempo lo que es una simple chambonada.

<>Artículo publicado el  5 de septiembre de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Valentín Palacio

La opinión de…

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Xavier Sáez–Llorens

Las historietas creadas alrededor de este desconocido personaje motivarán la escritura de una novela de realismo mágico a los autores del patio. El premio Ricardo Miró les espera. Tristemente, nunca sabremos lo que ocurrió. No se creerá, siquiera, lo declarado por el propio Valentín. La trama, por tanto, dependerá de la ideología de cada novelista. Como ejercicio de calentamiento, haré tres esbozos de la obra para satisfacer los gustos de lectores y conspiradores diversos.

Trama izquierdista. Érase una vez un humilde indígena, Valentín Palacio, trabajador incansable y padre ejemplar. Se destacaba como feroz defensor de la dignidad de su gente. Durante los disturbios de Bocas del Toro, se erigió como bastión de lucha contra las injusticias de un gobierno que antepone los intereses oligarcas por encima de las necesidades del pueblo. La policía, al percatarse de que él era uno de los protagonistas del movimiento obrero y que no podía ser comprado debido a su inquebrantable moral, decidió amedrentarlo.

Después de un día de arengas pacíficas de ida y perdigones asesinos de vuelta, cuando Valentín se disponía regresar a su hogar, dos morenos lo interceptan, golpean y secuestran. Al recobrar conciencia, horas después, se encuentra amarrado en paraje desconocido. Un oficial de rango lo amenaza con matar a sus hijos si no accede a calmar la tribu y declarar que los incidentes fueron propiciados por los sindicatos. Asustado, accede a la maquiavélica solicitud. Es llevado, semanas más tarde, a un hospital, donde un pastor pagado lo encuentra y entrega a las autoridades. Final amañado.

Trama derechista. Érase una vez un indígena vagabundo, Valentín Palacio, alcohólico empedernido y trabajador improductivo. Era una persona problemática en su pueblo y violento con su esposa. Durante los disturbios de Bocas del Toro, se dedicó a azuzar al proletariado ignorante y revoltoso, siguiendo recomendaciones de sindicatos y ñángaras.

Los líderes de Frenadeso, al percatarse que ese conflicto podía servir para desestabilizar al popular gobierno y labrar el camino electoral de la izquierda criolla, envían a dos morenos para interceptarlo, golpearlo y secuestrarlo, al acabar un día de bloques pesados de ida y perdigones preventivos de vuelta, cuando Valentín se dirigía a una cantina cercana. Al recobrar conciencia, horas después, se encuentra amarrado en paraje desconocido.

La noticia de su desaparición, alevosamente anunciada, activa a las fuerzas del orden para iniciar la búsqueda. Ante la proximidad policial, los captores abandonan al raptado. Los artífices del suceso avisan sobre la localización del extraviado a un pastor comunista, quien lo lleva al hospital y entrega a las autoridades. Final frustrado.

Trama política. Érase una vez un indígena oportunista y sin trabajo formal, Valentín Palacio, especialista en diligencias por encargo. Era una persona irresponsable, con mujeres e hijos a tutiplén. Durante los disturbios de Bocas del Toro, él fue mero espectador de una batalla minuciosamente planeada, en contubernio, por sindicatos y miembros del partido en oposición.

La línea dura del PRD, recordando artimañas aprendidas en la dictadura militar y para recobrar parte del protagonismo perdido en las últimas elecciones, envió a dos morenos para interceptarlo, golpearlo y secuestrarlo, cuando Valentín se encaminaba a visitar a una de sus queridas, aprovechando la excusa de un día de manifestaciones violentas de ida y perdigones defensivos de vuelta.

Al recobrar conciencia, horas después, se encuentra amarrado en paraje desconocido. La noticia de su desaparición, estratégicamente publicitada, activa a las fuerzas del orden para iniciar la búsqueda. Ante la proximidad policial, los captores abandonan al raptado. Los artífices del suceso avisan sobre la localización del extraviado a un pastor ingenuo, quien lo lleva al hospital y entrega a las autoridades. Final victorioso.

¿Cuál es el relato más plausible? Cualquiera. La política es asquerosa. La sociedad civil empieza a decepcionarme. Se está dejando influenciar por agendas de conveniencia y anarquistas de oficio. Los exhorto a ser cautos e investigar de forma transparente antes de emitir juicios prematuros. La acusación de decapitación estuvo fuera de contexto. Mi escepticismo está a punto de incluirlos como destinatarios. A alguien se le debe creer en este país. No dejen solos a los ciudadanos decentes. Panamá lo agradecerá.

<>Artículo publicado el 5 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El país de la zozobra diaria

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

DEMETRIO OLACIREGUI Q.

‘ Tú crees que me matas; yo creo que te suicidas’, Antonio Porchia. El ahora presidente Ricardo Martinelli fue el más férreo opositor a suscribir el pacto ético para adecentar la pasada campaña electoral.   Entonces no respetó la más mínima ética pública, menos la respeta ahora.   Está imponiendo a la conciencia nacional su particular visión de país aderezada con los excesos verbales que devalúan su propia investidura y lo llevan a cometer toda suerte de extravíos.   Posee una visión maniquea que coloca de su lado a los buenos y agrupa al resto de los panameños como indios borrachos, sindicalistas maleantes, a la sociedad civil como conspiradora, a los periodistas como pacotilla, a las noticias contrarias como periodicazos, a los empresarios como gallotes y a los opositores como cínicos y corruptos.

No le bastaba a Martinelli con emplear cuanta tribuna tiene a mano para atacar a sus adversarios. El lanzar a las calles a las turbas oficialistas como tropa de choque —que en países vecinos han derivado en bandas paramilitares para eliminar físicamente a opositores— se inscribe en la lógica de una agresión permanente, de intolerancia hacia las críticas con la intensión de ocultar o desviar la atención sobre hechos y denuncias que afectan al gobierno.

Hay que comprender que el oficialismo tiene sus razones para ocultar la posibilidad de saber la verdad acerca de dónde estuvo desaparecido el indígena Víctor Palacio por más de un mes. Y que el estreno de la nueva modalidad de agresividad oficial, surja de la misma matriz totalitaria y de control mediático que ha signado la gestión de Martinelli.

El mandatario se ha caracterizado como maestro del engaño y la falsificación de la realidad.   El control del acceso a la información y el bombardeo propagandístico, intenta criminalizar a sus adversarios con el empleo de la mentira como arma política, sin el freno que podrían aplicar en otros tiempos las instituciones democráticas, sometidas a sus arranques despóticos.   Los grupos empresariales dueños de los medios de comunicación han cedido, por temor o complicidad, ante el embate del oficialismo para ser árbitro del flujo informativo.

Aunque al colectivo social le resulta inverosímil el falso relato de la realidad que pretende imponer, Martinelli está creyéndose su propia mentira.

En un gobierno que vive pendiente de los medios de comunicación, esa obsesión deriva de un error:   El de creer que la sociedad obedece a los medios como una fuerza física. Y que al dominar los mensajes que se emiten, se controlará a quienes reciben esos mensajes. La estrategia es rudimentaria, pero efectiva cuando no se cuenta con argumentos persuasivos.

El gobierno olvida que las sociedades nunca se colocan del lado de los victimarios y que el Estado pierde autoridad cuando se convierte en un Estado generador de ilegalidad y arbitrariedades.

Con Martinelli está en riesgo la paz social y la imagen del país, porque lo está polarizando.   Que se dejen de ‘babosadas’, dijo el martes en Changuinola, ‘yo no persigo a nadie’, en reacción al acoso por medios judiciales lanzado el contra el ex presidente Martín Torrijos. Esa acción responde a magistrados fieles al Palacio de las Garzas que están complaciendo al Ejecutivo, editorializó el miércoles La Prensa. Es ‘difícil descartar que detrás se escondan motivaciones políticas’, añadió.   ‘Es imposible para el gobierno convencer a la ciudadanía de que no se está cruzando la línea entre la verdadera justicia y la persecución política’, resaltó el mismo día el editorial de Crítica.

Sin duda que se cierne sobre el país un período horrible y hay que cubrirse. Nadie está a salvo en Panamá. Ningún gobernante totalitario se flexibiliza, todo lo contrario. Nunca como en estos días el Estado de Derecho, las libertades ciudadanas, la seguridad jurídica, la propiedad privada y la libertad de expresión han estado tan amenazados. En el escenario nacional se advierte una fractura que está abriéndose y que pone en peligro la convivencia como se ha conocido hasta ahora.

Martinelli puede manifestar reacciones despiadadas y desenfrenadas del poder para fulminar a sus adversarios.   Sin embargo, es una verdad indiscutible que la sobrevivencia de un gobierno se pone en juego cuando se empecina en ahogar sistemáticamente la legalidad.   Martinelli, aunque ostente la primera magistratura del país, es un funcionario transitorio del Estado, y cuando concluya su mandato será un ciudadano más que deberá rendir cuentas por sus acciones, por muy blindado que ahora parezca.

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Este artículo se publicó el 26 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Del dicho al hecho

La opinión del Activista de Derechos Humanos…

Miguel Antonio Bernal 

El haber preguntado: ¿Dónde está Valentín Palacio? sirvió para que, después de treinta y ocho días de desaparecido, apareciera. Y con él han reaparecido toda una serie de actitudes, intimidaciones y acciones, de parte de determinadas autoridades que, más que ensimismadas por el cargo (pasajero) que ostentan, no se han medido en mostrarnos su verdadero rostro y su arraigada y descomedida concepción antidemocrática. Al igual que su profundo odio a los más elementales valores humanos,

¿Sorprendidos? De ninguna manera. Si algo caracteriza y distingue la política de la cúpula gubernamental, desde sus albores triunfalistas del pasado año, lo es el de hacer exactamente lo contrario a lo que dijeron que harían y, cabalgar sin freno sobre las frágiles instituciones democráticas para alcanzar una inversión de valores políticos, éticos y sociales.

Los Atilas criollos más que imitar a los peores exponentes de la dictadura militar, han demostrado en menos de un año, y con creces, su firme decisión de emularlos, como lo demuestran los sucesos de Changuinola.

Han violado, desde el día uno, la obligación de garantizar, el deber de “organizar todo el aparato gubernamental y, en general, todas las estructuras a través de las cuales se manifiesta el ejercicio del poder público, de manera tal que sean capaces de asegurar jurídicamente el libre y pleno ejercicio de los Derechos Humanos” [Corte Interamericana de Derechos Humanos].

De las obligaciones generales de respeto y garantía de los derechos surge el deber del Estado de “prevenir, investigar y sancionar toda violación de los derechos reconocidos por la Convención y procurar, además, el restablecimiento, si es posible, del derecho conculcado y, en su caso, la reparación de los daños producidos por la violación de los Derechos Humanos”.

Dijeron que respetarían la institucionalidad democrática, y fueron los primeros en violarla. Primero, hicieron aprobar -con efecto retroactivo-, una “resolución” en la Asamblea Nacional que contraría la Constitución y las normas de nacionalidad y ciudadanía, luego desconocieron el Pacto de Estado por la Justicia y acto seguido iniciaron sus ataques a la sociedad civil organizada, los cuales van en aumento y ahora ya utilizan el Ministerio Público y la Fiscalía Auxiliar para hostigar y corretear.

Dijeron que impulsarían el sistema penal acusatorio y corrieron a postergarlo. Dijeron que fortalecerían la independencia del Órgano Judicial y del Ministerio Público, y lo que han hecho es someter la Corte Suprema a la voluntad del supremo, destituir ilegalmente a la Procuradora y condenarla.

Dijeron y juraron que respetarían la Constitución y las Leyes y no han hecho otra cosa que violarlas y pisotearlas. Dijeron que respetarían nuestras libertades y garantías fundamentales y, lo que han hecho, es criminalizar las protestas, aumentar las penas, practicar escuchas telefónicas, violar derechos laborales, promover la destrucción del medio ambiente.

Dijeron que acabarían con la corrupción y se han convertido en sus principales promotores. Dijeron que rebajarían la canasta básica y los impuestos, pero los hechos revelan lo contrario.

Dijeron muchas cosas, pero más es el daño que han hecho. El autoritarismo y la autocracia se enseñorean gracias a la manipulación mediática. La historia enseña que: “cuando un hombre está en el poder, necesita el consejo, el apoyo, el cariño y el aliento de sus gobernados, que ha de ser sus amigos, no sus vasallos; pero si ese hombre se olvida que se debe al pueblo y no respeta Derechos ni Constituciones, el pueblo tiene la obligación de recordarle los deberes de la altura e imponerle su soberanía. Si no por la razón, por la fuerza”

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Este artículo se publicó el  20  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El extraño caso de Valentín Palacios

La opinión del Periodista….

ALEXIS CHARRIS

Un hombre de edad media, padre de seis hijos, que durante años habría llevado una vida tranquila o al menos normal, de pronto abandona su hogar por 37 días y convulsiona el acontecer de todo el país.

Se trata de Valentín Palacios, un indígena que reside en Finca 43, Changuinola, y que estuvo desaparecido desde los enfrentamientos entre policías y trabajadores en esa ciudad de Bocas del Toro.

Cuando ya pasaba un mes, grupos civiles se preocuparon, y temiendo algún vejamen contra el hombre de extracto humilde y dificultades para comunicarse, presionaron a las autoridades.

En menos de 24 horas el hombre apareció en manos de la Policía, pues un pastor, amigo de un alto funcionario de gobierno, lo identificó y lo llevó hasta ahí.   Las condiciones de este hallazgo allá en Bocas del Toro no han sido esclarecidas y las razones por las que el hombre no fue llevado con su familia tampoco.

Según el gobierno es una victoria que Valentín ‘no halla aparecido muerto’, porque quienes se preocuparon en un principio querían ‘hacer daño’. Plantean una serie de conjeturas que, para complicar más el asunto, son argumentos también de los investigadores, esos mismos de quien se espera encuentren si Valentín fue víctima de un secuestro o si estuvo detenido.

Para completar la extraña escena en el caso de Valentín, el partido de gobierno, ahora que creen haber ganado, ofrece una recompensa por información que ayude a esclarecer el caso.   Hubiera sido menos extraño ofrecerla antes de que el desaparecido apareciera.

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Este artículo fue publicado el  20 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Colombia: ¿Mejores augurios para los paisas?

La opinión del Sociólogo y Docente Universitario….

ROBERTO  A.  PINNOCK

Luego de escuchar el discurso de toma de posesión del nuevo presidente de la República de Colombia, deseo referirme a uno de los puntos de su propuesta de gobierno que pudiesen tener implicaciones para nuestro país.

Este es el concerniente a la inusitada migración de hermanos de ese país hacia otros sitios, entre ellos el nuestro.   Con lo de la famosa ‘feria’ de la Dirección de Migración hace un par de semanas, fue fácil confirmar lo que muchos ya sabíamos: Que los latinoamericanos que más han emigrado a Panamá en los últimos 10 años son los colombianos.

Pues bien, el señor Santos, prometió implantar una serie de mecanismos institucionales destinados a hacer ‘retornar a sus parcelas a los desplazados y víctimas de la violencia’.   Ciertamente, buena parte de las migraciones internacionales de colombianos obedecen a la crítica desigualdad socioeconómica agravada con el gobierno del señor Uribe y otro tanto por los desplazamientos provocados en áreas rurales. Por un lado, por lo que indica la CEPAL, al inicio de su presidencia, en 2002, Colombia era el cuarto país más desigual de América, hoy es el primero.

Por otro lado, se sabe que más de tres millones de personas son desplazadas: Los paramilitares y los caciques regionales, que hicieron parte del engranaje del Uribismo, les arrebataron más de cinco millones de hectáreas de tierras; por cierto, no en cualquier tierra, sino en sitios altamente productivos y con potencial para la minería que se muestra en alza en ese país.

A una porción de esos desplazados los podemos encontrar no solo en Darién, sino también en áreas pobres de San Miguelito, en Curundú o en Arraiján.   Ahora bien, nos asoman interrogantes obligadas en este asunto:   ¿Hasta dónde llegará esta intensión del presidente Santos?   En caso que tome acciones, ¿lo hará manteniendo la impunidad y el terrorismo de Estado que caracterizó al gobierno de su antecesor Álvaro Uribe?

Me explico. Ya a estas alturas es inocultable (al menos para el pueblo de ese país) que la famosa política de ‘seguridad democrática’ del señor Uribe estaba basada en la desaparición de cuanto activista que fuera defensor(a) de los derechos humanos se alzara como disidencia a su régimen, tanto como campesinos con tierras atractivas para el enriquecimiento, cual ‘asesino Bill’ acá en Bocas del Toro.

No por azar, Colombia posee las cifras más elevadas de América Latina respecto de dirigentes sindicales ‘desaparecidos’. Las mismas son parte de la enorme cuantía de desaparecidos del periodo Uribe. La Fiscalía General de la Nación recién emprendió un censo nacional sobre cadáveres enterrados como ‘NN’ (sin nombre) a lo largo de todo el país, con el fin de cruzarlos con los 32348 desaparecidos que tiene registrados la Unidad de Justicia y Paz. Una cifra superior a la suma de los desaparecidos en todas las dictaduras de América Latina.

Gran parte de estos muertos sin nombre ya habían sido confesados como víctimas de masacres por los jefes paramilitares que se han acogido a sentencias benignas (no más de ocho años de cárcel) por confesar sus acciones. Al menos 1700 de las víctimas son ‘falsos positivos’:   jóvenes asesinados y presentados luego como guerrilleros muertos en combate.

Como quien dice, el general Noriega no es más que un bebé de pecho al lado de estas horrendas masacres; pero no he visto el más mínimo pronunciamiento de los medios internacionales ni locales de Estados Unidos, ni de quienes le hacen eco en nuestros países al respecto de estas realidades.

Así, si el nuevo presidente está dispuesto a no ignorar las razones de los desplazamientos que dice querer revertir, esto es, no dejar en la impunidad a sus autores y regresarle las tierras a los campesinos de los que hoy se benefician los mismos del equipo uribista, entonces ¡reciba nuestras congratulaciones desde ya! Las razones de la excesiva migración de nuestros(as) hermanos(as) colombianos(as) se reducirían sensiblemente y por ende, sus odiseas en países como el nuestro.

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Este artículo fue publicado el  17 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

¿Qué le sucedió a Valentín Palacios Palacios?

La opinión de…

Mauro Zúñiga Araúz

Valentín Palacios Palacios es un indígena de 38 años de edad, con cédula de identidad personal número 1-705-1667, cabeza de familia y padre de dos hijos.

Fue detenido en la Finca 66, Changuinola, Bocas del Toro, el 8 de julio pasado, por agentes de las renovadas fuerzas de defensa que nos dejó como legado el ex presidente Martín Torrijos Espino y que el actual presidente durante la campaña proselitista prometió derogarlos y no lo hizo. Esos decretos ley, tal como lo denunció la Red Democracia Ciudadana en su momento, no están destinados a combatir ningún narcotráfico sino a reprimir las protestas populares, como ocurrió en esa alejada provincia del 7 al 11 de julio de 2010.

La familia de Valentín denunció su desaparición ante el Ministerio Público. La oficina de prensa de las fuerzas de defensa comunicó que el citado ciudadano no está en la lista de detenidos. Miembros de la asamblea general de la sociedad civil presentamos el 12 de este mes, ante la Corte Suprema de Justicia (nombre que a partir de la condena de la procuradora Ana Matilde Gómez se le debe conocer mejor como: Corte de la Suprema de Injusticia), un hábeas corpus para que se ubique el estado y la condición de Valentín Palacios Palacios.

En la masacre de Bocas hubo muertos, heridos, invidentes y torturas físicas y psicológicas, según el informe de Human Rights Everywhere,   fechado 2 de agosto de 2010.   Hubo premeditación y, sobre todo, maldad y odio.   Esto indica que el aparato represivo militar se ha rearticulado amparado legalmente en los mencionados decretos ejecutivos.

En el diccionario del nuevo bestiario criollo, Valentín Palacios Palacios era un “indio borracho”.   Una cosa.   Su único valor fue emitir un voto en las pasadas elecciones. El fascismo se funda, entre otras particularidades, en el determinismo biológico.   Para ellos los negros, los indígenas, los asiáticos y los judíos son razas inferiores y por tanto, hay que desaparecerlas. La historia del Holocausto todavía nos impacta.   Otra particularidad del fascismo es la de un totalitarismo feroz, particularidad que coincide con el totalitarismo de izquierda.

En ambos, a los servicios secretos y al aparato militar se les concede la máxima importancia. Algunos varían en los grados de populismo, desde las promesas mesiánicas hasta las donaciones cíclicas.   El fascismo de la modernidad, cuando los estado nación tenían beligerancia, estaba dirigido por militares que invocaban el sentimiento nacional de “patria”.   Ahora, en la posmodernidad, con la pérdida de importancia de tales estados nación, la cúpula fascista puede ser ocupada por civiles y la proclama son los vicios del pasado y el mundo cuasi celestial del futuro que les espera a los habitantes.

En las áreas indígenas hay yacimientos de minerales que van a ser explotados. Ignoro si ya se han firmado las concesiones, pero todo indica que se camina en esa dirección. El principal obstáculo son justamente los habitantes de esas comarcas, seres humanos olvidados, que perviven de la sobre explotación de sus manos de obras y en condiciones de miseria extrema.   Esperar a que todos se mueran de hambre puede tomar tiempo.   Sus muertes se pueden adelantar por la intoxicación del ambiente como consecuencia de los metales, o simplemente exterminándolos, proceso que se inició el 7 de julio pasado.

El objetivo de este artículo es llamar la atención sobre la existencia, de hecho, en nuestro país de un régimen fascista autocrático, totalitario, represivo y discriminatorio, para quien la Constitución y las leyes de la República son letra muerta.

El autócrata se rodea de sirvientes obedientes a los que coloca en los órganos del Estado.   A los que se escogen por votación popular, los domina y controla por una diversidad de procedimientos.   Un acto verdaderamente abominable que se dio en el juicio a la ex procuradora, fue el voto condenatorio de un magistrado que se introdujo a la vida pública sobre los hombros de su hermano decapitado justamente por un dictador y que combatió también contra otra dictadura en Centro América.

Ahora, ese ilustre desconocido para entonces, forma parte del coro de arcángeles del nuevo emperador, presidiendo la larga y sucia lista de oportunistas que ha parido esta tierra.

¿Qué le sucedió a Valentín Palacios Palacios? El Gobierno Nacional dijo que no va a investigar a los que lo torturaron.   El director de la Policía Nacional confesó la existencia de grupos paramilitares, escuadrones de la muerte o el resurgimiento del G-2. El nombre no importa. Gustavo Pérez perteneció a la dictadura militar.  Él debe conocer sus métodos.

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Este artículo se publicó el 17 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.