Consultas populares

La opinión de…..

Jimmy Papadimitriu

Es una lástima que la oposición irresponsable ataque al Gobierno, aún a sabiendas de que están perjudicando a todo un pueblo. Esto sucede con los fanáticos de la oposición por oposición, cuando les duele que el Gobierno esté resolviendo los problemas del pueblo, que por decenas de años no han sido resueltos; porque les duele que este Gobierno esté cambiando a Panamá para bien de su pueblo.

Sí, este Gobierno sí está cambiando a Panamá: con la reforma tributaria, cambiamos que antes una bicicleta sí pagaba impuestos, pero los yates y los aviones no pagaban impuestos y ahora sí pagarán, y no importa que el Presidente tenga un yate o un avión.

Hoy estamos haciendo una reforma curricular para adecuar la educación a las necesidades del país, para que los estudiantes salgan mejor preparados y tengan mejores posibilidades de conseguir empleos y puedan enfrentar mejor la vida.

Hoy estamos cambiando el viejo, peligroso y oneroso sistema del transporte público de pasajeros, de los diablos rojos a un sistema de transporte moderno, cómodo y seguro, como se merece nuestro pueblo.

Hoy estamos ayudando a los adultos mayores de 70 años con B/. 100 mensuales para que vivan mejor.

Hoy ayudamos al bolsillo de los padres, el primer día de clases, para que sus hijos tengan libros, uniformes, mochilas y útiles escolares para que puedan estudiar mejor.

Hoy vamos a ayudar a los estudiantes todo el año escolar con la beca universal de B/. 180, para que los padres puedan mejorar la educación de sus hijos durante todo el año escolar.

Hoy vamos a declararle la guerra a la inseguridad con la creación del Ministerio de Seguridad Pública, y la atacaremos desde su raíz en todos los frentes: con la generación de empleos, con educación, ayuda familiar, mejoras en los barrios, orientación religiosa a los pandilleros para que elijan una vida mejor.

Con la construcción de Curundú, cambiaremos la vida a sus habitantes; con el bono de B/. 5,000 para las viviendas populares y con bajos intereses, para que el pueblo pueda tener un hogar decente; con los Minsa Capsi (centro de atención primaria de salud integral), para ayudar y mejorar la atención a la salud; con la construcción de importantes carreteras, aeropuertos; con el mayor impulso al turismo, con la realización de los Juegos Centroamericanos… Así estamos cambiando a Panamá para bien de todos.

También el cambio está en marcha con la última propuesta de realizar consultas ciudadanas, todos los años, para que el pueblo se exprese “libre y directamente” sobre temas de su interés y en temas de interés nacional; le estamos abriendo más puertas a la democracia, a la libre expresión, queremos que Panamá sea más democrática, más libre.

Sin embargo, los únicos que han sido dictadores y que realizaron la única consulta popular para quedarse en el poder, para sorpresa de la gran mayoría de los panameños, utilizan la “teoría de la conspiración” para intentar debilitar o destruir la propuesta presidencial de la consulta popular, diciendo que el Presidente solamente lo quiere hacer para quedarse en el poder. ¡Mentira!, el Presidente ya lo ha reiterado que cuando acabe su mandato se va a casa, que está en contra de la continuidad en el poder, que está en contra de la reelección inmediata.

La única verdad es lo que quieren hacer y hacen los falsos líderes del PRD, porque les duele. Les duele, a sus intereses personales y políticos, que el Gobierno del cambio esté en conjunto con el pueblo haciendo un mejor Panamá.

Sí estamos cambiando a Panamá, sí estamos caminando en los zapatos del pueblo, sí estamos poniendo los intereses del pueblo primero, y si eso les duele en el alma a los opositores fanáticos, por eso nos atacan, sin medir las consecuencias perjudiciales para el pueblo, pues continúan solamente pensando en sus intereses personales y políticos.

Sí, el cambio está en marcha, sí: “juntos haciendo un mejor Panamá”.

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Artículo publicado el 17 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Panamá sin panameños

La opinión de….

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Paco Gómez Nadal


Si a las palabras se las llevara el viento los políticos podrían dormir tranquilos. Aunque han aprendido a hacer juegos malabares con ellas, practican el desnudismo moral sin pudor y fomentan la amnesia entre los gobernados, las palabras son tercas: testigos si acaso de la falsedad de los que dicen pensar en el bien común cuando lo común es que no distingan lo común de su interés personal.

15 de octubre de 2009. El flamante presidente Ricardo Martinelli baja a los infiernos de Curundú para anunciar la llegada del paraíso. Lo hace armado solamente de medias verdades y de un guante de boxeo firmado corroborando que el único futuro para un niño del barrio es el de los puñetazos pagados (no imaginemos cuál es el de las niñas).

Promete apartamentos con tuberías y servicio sanitario (parece broma pero así lo reseña la web de Presidencia). “No se puede decir que uno es panameño si no se tiene una vivienda digna, si no se tiene un alcantarillado, si no se tiene un buen transporte, una buena salud y educación”.

Y por arte de magia, de un plumazo semántico, el magno Presidente hace desaparecer a un 80% de las y los panameños y vacía el país de nacionales. Sin rascar mucho: el 33% de la población panameña vive en condiciones de hacinamiento y el 51.3% no tiene un servicio sanitario adecuado; en total, solo el 36.8% de la población ha asistido a una escuela, y los panameños y panameñas de más de 20 años de edad solo han pasado 8.6 años por el sistema educativo (en el caso de la Panamá rural esa media se reduce hasta los 5.7 años). Los datos no son de ninguna organización revolucionaria, sino de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas. Ese mundo de gente dejó de poder denominarse como panameña desde que el presidente Martinelli definiera muy bien el significado de esa palabra.

Tenía razón, lo mínimo que debería garantizar un Estado a sus habitantes es lo que Martinelli dijo en ese lúcido día, pero la realidad no es así, y el cambio tampoco va a cambiar nada. Aquel 15 de octubre, el Presidente anunció el nuevo Curundú bajo el lema “a ellos ya les ha llegado el cambio”. Se trata de una obra por la que se relamen las constructoras, que va a costar (en principio) 78 millones de dólares y que según la publicidad oficial va a beneficiar a 5 mil habitantes del agotado barrio. Hay dos cifras que se dicen en voz bajita o que se obvian (incluso en los medios de comunicación).

La primera es que en Curundú ya vivían en el año 2000 (según el Censo) 19 mil personas y con la progresión que ha tenido la ciudad esa cifra puede rozar perfectamente ahora, 10 años después, las 23 mil o 25 mil personas. Es decir, que siendo optimista e imaginando una congelación demográfica en Curundú, el “milagro” del cambio solo llegará a un 25% de la población lo que generará un incremento del abismo con el otro 75% de los vecinos.

La segunda cifra que se disimula es que no se van a construir 5 mil viviendas, sino mil. Los burócratas del Gobierno calculan entonces que vivirán unas cinco personas por “solución habitacional” y cada una de esas ¿soluciones? medirá entre 45 y 50 metros cuadrados. Así, nuestros “pobres” tendrán “apartamentos con tuberías y servicio sanitario (uno) y volverán a vivir hacinados, como bestias. Ni Martinelli ni ninguno de sus ministros desearía esa vivienda para sus hijos (45 metros es lo que suelen dedicar ellos al bar o a la sala de juegos de los niños en sus casas).

Siento decirles que no habrá nuevo Curundú, sino nuevas “multis” en Curundú, con algunas instalaciones públicas tipo “piscina y parque de El Chorrillo” y que, como aquellas, no servirán para disminuir ni la violencia ni la desidia.

La gente de Curundú no va a rechazar la ayuda presidencial pero preferiría trabajo digno, la posibilidad de desarrollarse sin tener que ocultar dónde viven, seguridad en sus calles, presencia institucional en un barrio que ha sido abandonado por los gobiernos durante décadas hasta que ya nadie quiere o sabe abordar el problema.

El proyecto que se anuncia con bombos y platillos pareciera ser solo un “adecentamiento” de los predios de la ciudad gubernamental que se construirá a su lado y en la que, por supuesto, se va a invertir más plata. Sin olvidar el efecto publicitario de una acción como esta que parece hablar de la bondad infinita del Gobierno-Supermercado que nos dirige.

[Ojalá que a la gente de Curundú se le caiga el velo del engaño, al igual que le ha pasado al Consejo Nacional de la Empresa Privada, o como debería ocurrir con aquellos que creen en la democracia real y rechazan la acumulación de poder en una persona o en un órgano de los dos que tiene el Estado (elimino al órgano legislativo porque ese hace años que forma parte del Ejecutivo)].

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Publicado  el   12  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Qué podemos esperar del 2010?

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La opinión del Escritor y Analista Político….

Rafael Montes Gómez

Llegado el final del año que culmina muchos reflexionan acerca de los logros alcanzados o en los probables fracasos. El primer día del año 2010, la medida común de la reflexión es “el éxito”.

A menudo, el éxito se concibe como la realización de la vida del ser humano en base a los bienes o posesiones materiales. No importa si eres rico, clase media, pobre, esa es la medida universal. Si eres indigente cualquiera diría: “pobre infeliz”. Ser feliz suele definirse como la condición del ser humano de alegría y satisfacción, caracterizada por el individuo que posee bienes materiales.

Es evidente que “la felicidad” como se conoce ese estado de realización individual, es inherente al éxito que hemos reseñado. Así, pocos conciben un estado pleno sin enfocarse en “el Yo”. Aunque no lo acepten, es “el Ego” sobredimensionado. Ya desde la época del Aristóteles, en el mundo antiguo la felicidad era una palabra conocida y de uso normal, todos estaban de acuerdo que había que alcanzarla. Lo que no se sabía era “el cómo”, lo cual aumentaba las serias diferencias filosofales existencialistas.

Los epicúreos –ya en la propia Biblia los mencionan- aseguraban que la felicidad deriva del “placer” y evitar el sufrimiento, en ambos, tanto intelectual como físico. Esto es lo que se conoce como hedonismo. Otros defendían la postura conocida como estoicismo o cinismo, enunciaban que ser feliz era “ser autosuficiente” y que esto no dependía de nada ni de nadie. Mientras, los que creían en el eudemonismo, decían que ser feliz es la autorrealización.

Hoy, las tres posturas coexisten en “las teorías del éxito” o su versión cristianizada “la teología de la prosperidad”, que la mayoría de los autores positivistas, psicólogos de autoayuda y consultores, se hacen ricos compartiéndola contigo en sus libros y seminarios.

Al final, dichas teorías en su esencia trata con la estimulación del Ego a su máxima expresión. Lamento decirles a los expertos, que en los narcotraficantes hasta en los delincuentes de nuestros barrios bajos, bimblines de oro macizo, Blackberry’s, BMW’s, y mucho dinero en efectivo, son lo característico. Ellos, quienes no conocen el principio de Peter, la pirámide de Maslow, ni los libros de autoyuda, ni de nirvanas, al igual que los que trabajamos, miden su éxito y felicidad en base a los bienes que poseen como símbolos de estatus.

No está mal el éxito y los bienes que poseemos, pero del enfoque en el Yo y la sobredimensión del Ego, recuerda que el amor al dinero, es la raíz de todos nuestros males. Hay que retornar a las enseñanzas del Maestro de Galilea, Jesús de Nazareth.

Servir a los demás trae verdadera felicidad, ayudar a nuestro prójimo, es la máxima realización en la vida.  Si me preguntas que puedes esperar, no puedo impedir que pienses que en el 2010 te vas a llenar de dinero. No obstante, en cuanto puedas, proponte a servir en una causa social en la que te comprometas a ayudar al prójimo.  Ya yo escogí mi causa y se llama Curundú Somos Todos.

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Publicado el 3  de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.