Lecciones de Termodinámica para consumidores

 

La opinión del Empresario….

RAFAEL CARLES  
rcarles@cableonda.net

Son dos mil trescientos cincuenta pasos desde la puerta de mi casa hasta la entrada del supermercado más cercano, el cual me suministra los doce meses del año una abundancia modesta de vegetales, verduras y frutas de todas las clases.   Sin duda, no existe argumento válido en contra de los placeres y las ventajas que tiene para el paladar, el espíritu y la mente el consumo de productos locales, frescos y de temporada.

Pero la globalización y las formas modernas de producción y distribución de alimentos ha dado pie al surgimiento de reglas arbitrarias y sin ninguna base científica real, de parte de organizaciones ecológicas que utilizan la palabra sostenibilidad a su antojo, y desconocen la ciencia de la energía y del uso de la tierra.   Como resultado escuchamos todo tipo de señalamientos absurdos como, por ejemplo, que es un pecado comprar una papa importada de Idaho, por aquello del exceso de energía consumida en el transporte desde Estados Unidos, y alegremente señalan que es más amigable para el ambiente comprar una cultivada en Tierras Altas de Chiriquí.

Las estadísticas de estos defensores del planeta son utilizadas muy selectivamente y tienden a ser engañosas. Una cifra muy mal usada es la de 40 calorías de energía de combustible fósil requerida para transportar una caloría de alimento desde California al puerto de Balboa.   No solo comparan manzanas con peras, o peor, aún manzanas con rocas, sino que el petróleo no se come y la comida no se quema. Un número utilizado de esta manera es una mala representación de la realidad, porque refleja el costo de la energía total en toda la cadena productiva a partir de la siembra de la semilla, no solo la consumida durante el transporte. Los estudios demuestran que se requieren 3000 calorías de energía para producir una libra de lechuga, independientemente de que ésta sea cultivada en California o en Tierras Altas, o si es orgánica o convencional. Y teniendo en cuenta el nivel de eficiencia de los trenes y camiones, el envío de una cabeza de lechuga de California a Panamá aporta casi nada a la factura energética total.

Lo cierto es que una cucharada de diesel es suficiente para mover una libra de carga tres mil millas por ferrocarril, lo que representa unas 100 calorías de energía. Si se moviera por camión serían unas 300 calorías, aún una cantidad insignificante considerando que el transporte representa el 14 por ciento de la energía total consumida por el sistema alimentario mundial. Igualmente, la cuota de energía de los fertilizantes y productos químicos utilizados en la agricultura moderna es aún menor, alrededor del 8 por ciento. La verdad es que el consumo real de energía no está en la agricultura, sino en el consumo:   la preparación y el almacenamiento representan el 32% del uso total de energía en nuestro sistema alimentario, el componente más grande.

El viaje de 2 kilómetros en auto al supermercado más cercano me consume fácilmente unas 5 mil calorías de energía de combustible fósil. Tener el refrigerador conectado por una semana consume 9 mil calorías de energía. Estufas, lavaplatos y congeladores (más del 25% de los hogares panameños tienen uno) constituyen más del 20% de todos los gastos de energía en Panamá.

La agricultura, por otra parte, representa tan solo el 4% del consumo de energía de nuestro país.   A cambio, más de tres millones de personas son alimentadas y no olvidemos el hecho de que la superficie total de tierras productivas ha permanecido casi sin cambios desde hace más de medio siglo, a pesar de que hemos tenido que alimentar a tres veces más panameños y exportar más de 10 veces lo que hacíamos en 1960.

La mejor manera de sacar el máximo provecho a la agricultura es cultivar alimentos en los lugares donde crecen mejor y con las tecnologías más eficientes, y luego pagar el costo de energía relativamente pequeño para llegar al mercado, como hacemos con cualquier otra mercancía en la economía. A veces eso significa que el cultivo se siembre y coseche en el patio trasero o en el huerto comunitario, y a veces eso también significa comprar frutas y vegetales cultivados en California o en Chile.   La energía que se gasta en la agricultura moderna es una de las inversiones más sabias que podemos hacer, cuando se examina honestamente lo que devuelve a nuestra economía, nuestro entorno y nuestro bienestar.

 

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<> Este artículo se publicó el 16 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/carles-rafael/

Por respeto a la patria que amamos

La opinión del Economista y Analista….

 

MANUEL  G.  BURGOS  V.  –
burgosconsult@hotmail.com

Generalmente, en cualquier país de este inmenso planeta, cuando se conmemoran las fechas conocidas como Fiestas Patrias; los establecimientos comerciales, las personas que residen en el país, ya sean nacionales o extranjeros, los negocios, los medios de comunicación, en fin, todo el conglomerado social que habita la nación, rinden —por respeto— honor a la Patria que les ha dado lo mejor, que ha abierto sus brazos para forjar a nacionales y recibir a extranjeros.

Los panameños, estamos dejando que valores trascendentales que definen una Nación, una Patria, se nos escurran entre las manos; situación que nos puede llevar a perder lo único que tenemos: esa Patria!; y no sea que, desgraciadamente, esté sucediendo lo que expresa Rubén Blades en una de sus interpretaciones: ‘Se vende un país portátil’.   Si vas a centros comerciales como Multi Plaza (solo algunos negocios a nivel individual, pero no el centro comercial) y, peor aún, Multicentro, no verás una sola bandera, una sola alusión a las fiestas sagradas que conmemoran nuestro nacimiento como nación.

Ya que a nuestros políticos y autoridades parece no importarles esta desnaturalización, esta desarticulación sistemática de la Patria, te exhorto a que durante este mes: no compres en ningún almacén, en ninguna tienda, en ningún kiosco, ningún restaurante, franquicia ‘fast food’, que no tenga algún símbolo que rinda homenaje a este importante mes… y díselo al dependiente o al gerente.

Debemos hacernos respetar… panameño y extranjero que amas y/o respetas a este país, súmate a esta iniciativa.

 

 

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<> Este artículo se publicó el  2  de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/burgos-manuel/

Panamá, sede de foro de agencias de protección al consumidor

La opinión del Comunicador Social…

Abilio Abel González 

Reunidos en nuestro país, se encuentran los principales directivos de las agencias gubernamentales de protección al consumidor de América Latina, España y Portugal para debatir diversos temas de consumo que enfrentan los consumidores de esta región.

El IV Foro Iberoamericano de Agencias Gubernamentales de Protección al Consumidor (FIAGC) que empieza hoy y finaliza el sábado 9, bajo la organización de la Autoridad de Protección al Consumidor y Defensa de la Competencia (ACODECO), es una valiosa oportunidad para incrementar la cooperación multilateral e incorporar las mejores prácticas internacionales en política pública del consumidor. Los miembros de este foro trabajan por identificar y combatir aquellas prácticas comerciales abusivas y fraudulentas que atentan contra los derechos de los consumidores de Iberoamérica.

Entre los temas que se expondrán están los de consumo responsable en colegios; herramientas para la educación del consumidor; protección al consumidor y educación financiera en los pagos de bajo valor; prácticas agresivas de mercadeo (telefonía fija y móvil, correo electrónico); crédito responsable, entre otros.

Asimismo, la veracidad de la publicidad, la participación ciudadana y los medios de pago de transacciones serán analizados en este importante foro, mediante grupos de trabajo integrados por especialistas de distintos países.

Los países presentes en este IV Foro de la FIAGC son Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, España, Estados Unidos, Guatemala. Honduras, México, Nicaragua, Perú, Portugal, República Dominicana, Puerto Rico y Panamá, como país anfitrión.

Este foro surgió en el 2001, en el marco del Diálogo Euro-latinoamericano de los Consumidores por el Desarrollo y la Democracia, realizado en Cartagena de Indias, Colombia, convocado por Consumers International (CI). Allí se acordó realizar una reunión anual de entidades gubernamentales responsables de velar por la protección al consumidor. De esta forma, el Foro Latinoamericano de Agencias Gubernamentales de Protección al Consumidor (FLAGC) surgió como un espacio multilateral especializado en el análisis y discusión de la política pública de protección al consumidor en América Latina.

Esperamos que al concluir este foro internacional, se fortalezcan las políticas de protección al consumidor, no sólo en Panamá sino en toda Iberoamérica, porque consumidores somos todos.

<> Artículo publicado el 7  de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Más felicidad con menos consumo

La opinión del Empresario…

RAFAEL CARLES 

¿Alguna vez ha conocido a alguien que ande montado en un ciclo de trabajar—gastar de nunca parar?    Bueno, recientemente leí sobre una pareja en Estados Unidos que tenía un apartamento de tres habitaciones, dos coches y suficiente porcelana para servir a dos docenas de personas, además de trabajo con sueldos superiores a los 60000 dólares al año. Lo tenían supuestamente todo, sin embargo, no eran felices. Y así como ellos, hay millones de consumidores en todo el mundo.

Cansados de buscar en las compras esa felicidad que por años los había esquivado, la pareja decidió cambiar su estilo de vida. Primeramente, se mudaron y comenzaron a donar sus pertenencias a la caridad. Después, regalaron ropa, zapatos, libros, ollas y sartenes, incluso la televisión. Y finalmente, se deshicieron de sus dos automóviles. Los vecinos lo llamaron locos, pero tres años después de haber cambiado sus hábitos de consumo, viven cómodamente en Oregon, en un estudio de 40 metros cuadrados con una cocina de buen tamaño.

Él es ahora doctor en medicina y ella trabaja feliz desde su casa como diseñadora web y escritora independiente. Juntos son propietarios de cuatro platos, tres pares de zapatos y dos ollas. Y entre los dos tienen ingresos superiores a los 25000 dólares al año, suficientes para cubrir sus cuentas. Todavía están sin automóviles, pero han comprado bicicletas. Otra cosa, ya no tienen 30000 dólares en deudas.

Ciertamente, este estilo de vida pudiera asustar a cualquiera. Pero ahora la pareja tiene dinero para viajar y, debido a que su deuda fue saldada, trabajan menos horas, dándose tiempo para disfrutar al aire libre y practicar deportes. Y al hacerlo han erradicado la idea de que es necesario tener más para ser felices, así como que tampoco la adquisición de bienes materiales trae consigo la felicidad.   Como consecuencia, cada día miles de consumidores están reconsiderando sus propios estilos de vida y están pasando de un consumo conspicuo —que es comprar por comprar— a un consumo calculado. O sea que ahora ahorran más, gastan menos, comparan precios y buscan ofertas y rebajas.

Existen estudios que correlacionan el consumo responsable con la generación de alegría, en el sentido de que las personas son más felices cuando gastan el dinero en experiencias en lugar de objetos materiales, cuando disfrutan lo que planean comprar mucho antes de comprarlo, y cuando dejan de tratar de superar a los vecinos. El consumo conspicuo ha sido un objeto de fascinación que se remonta a 1899, cuando el economista Thorstein Veblen publicó ‘La Teoría de la clase ociosa’, un libro que analiza, en parte, cómo la gente gasta su dinero con el fin de demostrar su condición social. Y, desde entonces, ha sido común reconocer que el dinero ayuda a hacer la vida un poco más fácil, porque permite satisfacer las necesidades básicas.

Pero, ¿de dónde proviene realmente la felicidad para los consumidores?   Los estudiosos no han podido determinar si un Mercedes Benz pone la sonrisa más grande que un Toyota, aunque existen algunos hábitos de consumo que afectan la felicidad a largo plazo. Un hallazgo importante, y todos en algún momento lo hemos sentido, es que gastar dinero en una experiencia —entradas a un partido de fútbol, clases de idioma o cocina, o una habitación de hotel en Mónaco— produce mayor satisfacción que gastar dinero en cosas improvisadas sin formato.

Thomas DeLeire, profesor de la Universidad de Wisconsin, recientemente publicó un estudio examinando nueve grandes categorías de consumo, y descubrió que la única categoría que se relaciona positivamente con la felicidad era el ocio: Vacaciones, entretenimiento, deportes y equipos como los palos de golf y cañas de pescar. Es decir, si el dinero no lo hace feliz, entonces significa que no lo está gastando inteligentemente.

Si bien es improbable que la mayoría de nosotros termine reduciendo los gastos como lo hizo la pareja de Oregon, lo cierto es que la ansiedad generada por el costo de la vida ha provocado un movimiento de consumidores que está regresando a lo básico, a un punto que les produce un renacimiento emocional y los conecta con una forma trascendental de vida que va más allá de paliar cualquier situación económica o crisis recesiva.

Lo fundamental aquí es reconocer que el gasto en ocio fortalece los lazos sociales y ayuda a ampliar la felicidad. Y esto es muy importante para todos nosotros como consumidores, independientemente de que terminemos regalando nuestras pertenencias o donando a la caridad.

<> Este artículo se publicó en 7 de septiembre de 2010 en el diario Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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El modelo ideal de consumo

La opinión de….

¿Cómo diferenciar el consumo del consumismo? Resulta difícil trazar una línea divisoria.  La opinión del Director de ACODECO….

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PEDRO MEILÁN

Vivimos inmersos en un modelo de sociedad que favorece el consumismo, entendiendo por este concepto, según definición del Diccionario de la Real Academia Española, como la ‘Tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios.’

El consumismo se afianza bajo un modelo que basa su estrategia en un incremento constante de la producción, el cual se desarrolla paralelamente con los medios de comunicación, ya que interactúan y se retroalimentan mutuamente para lograr el objetivo último: vender.

Pilar fundamental del modelo consumista es la publicidad, sin la cual carecería del poder suficiente para incentivar, promover y en fin, lograr su objetivo. Muy fuertemente vinculada a la estrategia del consumismo, está la idea de bienestar del consumidor, que en muchos casos no es más que un espejismo, pues es fuertemente explotada para justificar la existencia del consumismo.

Pero la publicidad como motor no es el único que sirve para promover el consumismo, también hay factores culturales y de presión social; es decir, los ciudadanos alejados de valores positivos dan paso y prominencia a circunstancia materiales que llevan a un estatus en el que ‘si no lo tienes, no vales’: hay una asociación directa entre consumo y placer.

¿Cómo diferenciar el consumo del consumismo? Resulta difícil trazar una línea divisoria, por cuanto uno es la exacerbación del otro. El consumo es una realidad cotidiana, forma parte del hombre y per se, no representa un problema, a diferencia del consumismo, que se sustenta más en una conducta impulsiva, irracional, y desmedida, en la que el sujeto cae presa de su entorno y adquiere más de lo que necesita.

Analice el motivo que le hace comprar y diferencie si es una necesidad concreta o creada artificialmente (moda, estatus social, presión de grupo o simple placer).

Frente al consumismo, se erige el consumo responsable, como el llamado que se hace al consumidor, de educarse, de indagar sobre los beneficios o perjuicios que le ofrece el bien o servicio que se plantea adquirir. Por ejemplo, en los alimentos, el consumidor responsable verifica la fecha de caducidad, compara el contenido, identifica nutrientes y analiza los efectos de estos para su salud.

El consumo responsable como modelo de conducta nos lleva a ser más conscientes de los efectos que los bienes o servicios que adquirimos tienen sobre nuestro presupuesto familiar, sobre nuestra salud y en fin, sobre nuestro bienestar.

Por otro lado, el modelo propuesto también es una exigencia para el comercio de informar, de brindar elementos que permitan a los consumidores formarse un juicio, sustentado en el derecho universal, a ser informados.

Es igualmente una exigencia para el Estado, de emprender actividades dirigidas a satisfacer la obligación de educar al consumidor, función que desarrolla la ACODECO a través de iniciativas como: ‘Acodeco en tu Comunidad’ en la que se visitan comunidades y se les brinda información sobre sus derechos; charlas dirigidas a consumidores, representantes de empresas, colegios y universidades, y grupos organizados de la sociedad civil; visitas guiadas a las instalaciones de la ACODECO y participación en ferias a nivel nacional, en la que suministran folletos educativos y se realizan actividades asociadas a las funciones de protección al consumidor.

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Este artículo fue publicado el  17 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Patrones de consumo

La opinión de…..

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Wolfram González

Existen formas de ahorrar en nuestro consumo diario de energía. Apagando las luces de casa, usando el acondicionador de aire solo lo necesario y además, a conducir de manera eficiente el auto.

Algunos predicen que el petróleo llegará a su fin. La teoría de Hubbert que hoy muestra algunas de sus flaquezas es una de las que pronosticaba el fin de la era del petróleo.

Las fuentes de energía se van a ir sustituyendo. ¿De igual manera el sol llegará a su fin algún día, cierto? Pero como lo vemos tan lejano, nadie se preocupa de cómo calentarse de aquí a 500 años ni de como llevarán a cabo el proceso de fotosíntesis las plantas. De las alternativas me ocuparé en otro artículo.

Hoy son producidos automóviles híbridos por una mayor gama de fabricantes. En Europa se impulsa el uso de motores pequeños y eficientes en sus ciudades; principalmente diesel.

En los Estados Unidos, se consume el treinta por ciento del petróleo del mundo; casi 25 millones de barriles por día. Allí prevalece el consumo de gasolinas en su parque automotor.

Los motores de 6 y 8 cilindros son los preferidos en los Estados Unidos, en Europa dan incentivos a los motores pequeños y se penalizan los de mayor cilindrada.

A lo largo de la historia es probado que el tema de los combustibles solo nos preocupa cuando se incrementa el precio del galón de gasolina o diesel.   Si se lograse producir a menor costo los derivados o bien los refinadores o la exploración y la explotación de crudo fuesen menos costosos y lográsemos que efectivamente este costo se trasladase al consumidor final, nos olvidaríamos del tema una vez más. Prevalece la cultura de consumo desmedido.

En Panamá no es diferente, donde a pesar del incremento en precios el consumo aumenta cada año. No solo en sector industrial, sino en ventas en estaciones de combustibles que es primordialmente el consumo de los autos particulares.

Pocos son los motoristas privados que escogen sus autos en función del rendimiento del motor. Prevalece lo poderoso del motor y el renombre de la marca del auto. Entonces, ¿por qué quejarse luego si el auto es poco eficiente y pesado?

Algunos pagan tres dólares por un café, entre 4 y 5 balboas por un galón de agua embotellada y así podría seguir mencionando otras cosas: cerveza, gaseosas, bebidas energéticas, etc.

Mi teoría es que se pagan independientemente del costo, pues da placer comprarlas y consumirlas. Todo lo contrario a la hora de adquirir combustible. En muchos casos no es amena la experiencia de abastecer el auto en una estación de combustible. Peor aún si se trata de autoservicio y es una dama. Pero igual seguimos consumiendo de forma desmedida.

Al final todo se resume en una sola cosa: “Un bien vale tanto como el monto en el que lo puedas vender”. El consumidor le da mayor importancia a la libertad de poder manejar su auto que al precio del combustible.

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Este artículo se publicó el 21 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El tira y jala de una ley

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…..

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GERALDINE EMILIANI

Realicé un estudio a 100 adolescentes entre los 14 y 17 años sobre la ingesta de alcohol. La muestra se escogió de ocho colegios públicos y privados de la capital. La investigación arrojó lo siguiente: el 89% consume alcohol en discotecas e igualmente en fiestas familiares; el 84% tiene interés en seguir consumiendo alcohol; el 92% no considera dañino su consumo; el 98% dicen que sus padres lo consumen; el 66% lo compra en abarrotes y supermercados cuando no asiste a la discoteca; el 100% aceptarían instruirse acerca de la adicción al alcohol después que se les explicó los efectos de su consumo.

En artículos anteriores me he referido a los beneficios de la Ley Zanahoria en ciudad de Bogotá, creada para controlar la ingesta excesiva de alcohol.

El secreto de su éxito fue la educación, la creación de conciencia, y el cambio de actitud en una ciudad que era sumamente violenta.

En La Chorrera, Colón, Las Tablas y Penonomé, se ha implementado la ley y según sus autoridades ha sido positiva y entre otras cosas se ha disminuido las riñas y escándalos. En otras ciudades del mundo ha sido efectiva y satisfactoria. Sólo hay que ver sus resultados.

En ciudad de Panamá, la ley busca disminuir los accidentes de tránsito y hechos de violencia cerrando en horas tempranas de la madrugada los bares, discotecas y cantinas.

Si bien es cierto que no se tiene una estadística pormenorizada de accidentes y hechos de violencia producto de la ingesta de alcohol en horas de la madrugada, la ley puede servir para evitarlos.

Una persona que empieza a libar licor antes o durante la medianoche, para las 3 de la madrugada está más que ebria a tal punto que su nivel de razonamiento es nulo dando muestras de un comportamiento violento, provocador y errático.

En la mayoría de los bares, discotecas y cantinas se venden bebidas alcohólicas en exceso así como bebidas energéticas, cocaína y éxtasis, la combinación perfecta hacia la muerte. Y, esto es lo que encuentran nuestros muchachos en estos lugares dizque de diversión.

Observo que las medidas restrictivas sólo apuntan a políticas de control.

La prohibición no basta. Si la ley no contempla otros problemas derivados precisamente del consumo del alcohol, no va a dar el resultado esperado y explico: cuando a alguien se le prohíbe algo que realmente quiere, esa persona lo va a conseguir de alguna manera.

No hay que olvidar que “el consumo de alcohol es un síntoma y los síntomas no se pueden prohibir y, el consumidor va a seguir emborrachándose” con la posibilidad de trasladar su diversión a lugares cerrados como los clubes privados, casas particulares, hoteles y casinos. Además se han popularizado los “after party”, los cuales son establecimientos informales que funcionan en casas privadas y desocupadas, sin ningún tipo de control sanitario ni legal.

Y, es posible que el escándalo se traslade a las barriadas y entonces sería peor el remedio que la enfermedad.

Pese a ello, estoy segura que la ley ayudaría a frenar la delincuencia, el alcoholismo y la drogadicción, a crear conciencia en la población y a alertar a los padres que están adormecidos. Debe controlarse igualmente la publicidad y atender las causas del exceso de consumo y, lejos de satanizar la sustancia se debiera enseñar al interesado a beber propiciando una “cultura de consumo”.


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Este artículo se publicó el 25 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.