La minería

La opinión del Arquitecto y Ex Presidente de la SPIA…

JORGE RODRÍGUEZ MORENO
rodarq@cwpanama.net

La minería es una actividad industrial calificada con un uso de suelo industrial pesado Es una actividad industrial peligrosa para las personas, animales, plantas, el suelo, el agua y el aire.   Esto no significa que no se pueda realizar, significa que su realización debe cumplir normas de construcción, ejecución y operación que garanticen la explotación con seguridad para todos los mencionados anteriormente.

Las malas experiencias padecidas en el pasado tuvieron unos contratos de concesión con completo desamparo de los afectados.   Para evitar malos entendidos, la ley deberá ser clara y detallada en las obligaciones de la empresa concesionaria.

Los aspectos generales que se deben incluir: 1. Calles y accesos aprobados por el MOP. Indemnización de las servidumbres requeridas para que al finalizar la concesión, se reciba una vialidad que se incorpore a las comunidades vecinas.

2. El plan de explotación deberá ser por etapas para evitar la deforestación generalizada.

3. Movimientos de tierra y excavaciones debidamente planificados, diseñados e indicados en planos, aprobados por Ingeniería Municipal del lugar. Las excavaciones a cielo abierto son las más seguras para las personas, pero requieren un plan para proteger el vecindario y el ambiente.

4. Reforestación aprobada por la ANAM de las secciones terminadas.

5. El control de la erosión es fundamental en todo movimiento de tierra por la alta precipitación y duración de la estación lluviosa en Panamá.

6. El procesamiento del mineral deberá ser bajo techo para el control de vapores, protección de la lluvia y control del polvo.

7. Las aguas industriales producto del procesamiento, deberán ser tratadas para la extracción de los contaminantes utilizado. La capacidad de la planta de tratamiento deberá ser para la producción de las aguas industriales del día. Así se evitarán los embalses de aguas peligrosas, se promoverá la reutilización del agua y la reposición de las aguas subterráneas del área.

8. En la actualidad se dispone en Panamá, de tecnología y el personal técnico para el diseño, operación y mantenimiento de industrias peligrosas como la minería.

La realidad del accidente de la Mina San José en Chile, opacada por la euforia de la recuperación de los mineros atrapados, la puso de manifiesto el presidente Piñera cuando dijo que la mina continuaría cerrada hasta que se garantizara la seguridad en la explotación. Conclusión, a los mineros no se les puede dejar solos.

 

<>Este artículo se publicó el 14  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Persiste la destrucción del río Pacora

La opinión de…

 

María Eugenia G. de Guardia

Las maquinarias, ilícitamente, no cesan de extraer material del maltrecho río Pacora y de sus orillas, provocando erosión y escasez de agua en el río y en el subsuelo, lo que provoca que se obtenga agua racionada del Idaan, como respuesta al aniquilamiento de ese río, ¡que se acaba!

Comprendemos la amistad del Presidente con Shahani y los nexos políticos con José Muñoz (CD), llamado desde hace mucho Arenita en su propio corregimiento, Tocumen. Quien en los corregimientos de Pacora y San Martín se las da de Santa Claus, regalando estufas, neveras, televisores, microondas, etc. ¿De dónde proviene esa economía? Imposible que sea del sudor de su frente. El dinero del trabajo honesto se cuida, porque cuesta.

Cantera Las Vegas (Alfred Bondurant) juega con el río Pacora, las bajadas ancestrales del equipo de Shahani al río Pacora siguen bien utilizadas. En la cuenca baja tenemos cantera y destrozos que obedecen a José Muñoz; en este mes quiere renovar su concesión Gethsa Internacional S.A., con gran poder político, dizque para extraer arena continental, luego de haber contaminado y secado en el verano dos fuentes de agua viva que iban al río Pacora.

Inocentes europeos, con Prevda, donan millones para ayudar a la cuenca del río Pacora, ofrecen charlas educativas al campesinado, regalan árboles para reforestar, etc., mientras me preguntan los campesinos  ¿por qué nos dicen que ayudemos al río, si el Gobierno, con maquinaria, permite su destrozo?

La Anam mira pero no ve y en Recursos Minerales preguntamos ¿recursos para quién? Este es el historial del gobierno que a usted le toca en los presente dirigir. ¿De qué sirve aumentar las multas en la reforma del Código Minero, si de inmediato, debido a las ilegalidades, no se clausuran las concesiones?

Concesión es privilegio: obedece a intereses políticos, no va a licitación ni a concurso de precios, está exenta del pago de impuesto de toda maquinaria y repuestos, ni siquiera está pagando impuestos municipales, ni estatales, como públicamente lo reconoció Ud., Sr. Presidente, en el salón Amarillo, con la sociedad civil organizada.

Estas personas destrozan la riqueza natural, con beneplácito de los presidentes de turno. Para colmo, con la reforma del Código Minero pueden venir extranjeros, o sea que si ya tenemos problemas con los nacionales, ¿tendremos que bajar cabeza con los extranjeros?

El narcotráfico es reconocido como negocio sustancioso, ilícito y perseguido; las concesiones son apoyadas y aprobadas por los gobiernos de turno, de allí que generan riquezas personales, saliendo inmunes, a pesar de los daños irreversibles generacionales que causan.

Nuestra historia señala a ilustres presidentes, por su alta moral, básica en el correcto juicio del poder y es que cuando se está en el poder es muy fácil corromperse, de allí el dicho: “El poder corrompe”.   A sabiendas de que corrupción es una forma de imponerse a algo no potable, esperamos de Ud. el mejor manejo del país, porque nos asustan las actuales reformas al Código Minero.

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Este artículo se publicó el 8 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Las venas abiertas de Panamá

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La opinión del Profesor…

Rogelio Herrera

El título que utilizamos es semejante al empleado para América Latina, por el periodista, escritor y novelista uruguayo, Eduardo Galeano. Dice el citado autor: “soy un escritor obsesionado con recordar, a recordar el pasado de América, sobre todo, y sobre todo la de América Latina, la tierra íntima condenada a la amnesia.”

En las Venas Abiertas de América Latina el autor analiza la historia de América Latina de modo integral desde la colonización europea de América hasta la América Latina contemporánea, refutando el constante atraco de los recursos naturales de la región por parte de los imperios coloniales, entre los siglos XVI y XIX.

Naturalmente que en un sólo artículo de opinión no podemos exponer todo lo que le ha pasado a nuestro istmo en cada uno de los períodos históricos transcurridos hasta la fecha, por lo que en forma general exponemos lo siguiente:

El hombre apareció en el Istmo de Panamá hace 11 milenios, de acuerdo a expertos en el tema. En el período prehispánico fuimos víctimas de los aztecas, “los aztecas creían que el sol se apagaba si no se le alimentaba con sangre humana” Muchas de nuestras lindas mujeres en incursiones a nuestro territorio fueron capturadas y víctimas de esta creencias. Desde Nicaragua, grupos caníbales llegaron a Panamá con el propósito de cazar y comerse a nuestra gente. Gracias al cacique Parita, muchas de estas visitas fueron repelidas.

En el periodo hispánico, nuestro oro fue robado, tanto así, que recibimos del rey, el nombre de Castilla Del Oro. Fuimos víctimas de maltrato y saqueo en diversos aspectos.

En nuestra Unión a Colombia, el granadino Rufino Cuervo, al pasar por Panamá a mediados del S. XIX, lanzó la frase lapidaria: “El que quiere conocer a Panamá que venga, porque se acaba”. Debido al grado de postración en que se encontraba el istmo a causa de guerras, enfermedades y la poca atención del Gobierno.

En la Época Contemporánea, hemos sido víctimas de explotación canalera, intervenciones norteamericanas, algunas garantizadas hasta por la Constitución panameña, otras por tratados como el Mallarino-Bidlack, de hecho, cuando así lo interpretó el coloso norteño.

Las concesiones mineras, que antes que beneficios, son totalmente perjudiciales y destructoras de nuestro ambiente. Las reformas estructurales, privatizaciones de las empresas públicas como el Intel, IRHE, los puertos, los casinos, entre otros. Hoy los panameños somos víctimas de estas empresas explotadoras.

Para enero se nos informa del aumento de la energía eléctrica, que según el secretario de energía, no se justifica.  Apelamos a nuestro gobierno, para que se ponga un coto a estos abusos, se impone regular las ganancias de estas empresas lo antes posible. Antes de que nos quedemos no con las venas abiertas, sino sin venas.

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<>Artículo publicado el 1  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Panamá o pa más na?

La opinión de…

Yakarta Ríos

Desde que nacimos como nación nos vimos obligados a luchar por nuestra soberanía e identidad nacional, asumiendo la causa de la ocupación norteamericana indefinida por los tratados suscritos a perpetuidad, Hay–Bunneau Varilla, que condenaban a generaciones a vivir en un territorio limitado por la tutela de una nación poderosa.

La lucha por la recuperación del Canal cobró fuerza y se proyectó con la participación de los distintos sectores, estudiantes, obreros campesinos, profesionales y sectores populares, en las distintas épocas de nuestra reciente historia, concretándose estos logros finalmente en la administración del Canal de Panamá y en la recuperación de las tierras adyacentes; ante este panorama muchos se dieron por satisfechos, pero ¿realmente el peligro de perder la soberanía cesó? ¿no existen más amenazas de ser enajenados y vendidos?

Lamentablemente la situación persiste, el peligro no radica ya en el colonialismo que era visible y contra el cual se levantaron cientos de discursos; el peligro actual lo representa el clientelismo y la avaricia de funcionarios públicos quienes –a sabiendas de que nuestro territorio es soberano y que hay un marco constitucional y leyes que protegen nuestros recursos– insisten en vender lo que nada les ha costado, y en regalar a diestra y siniestra por retazos nuestros recursos naturales.

El adjudicar extensas áreas de una reserva hídrica, como las ubicadas en el cerro Guacamaya, en Coclé, a sabiendas de que hacerlo constituye un delito tipificado en el Código Penal panameño es un ejemplo claro de un acto de pillaje de parte de funcionarios públicos que no ignoran la ley, sino que se burlan de ella, de nosotros y de nuestra mal ponderada soberanía.

Las concesiones masivas y la firma de contratos leoninos como los celebrados con los gestores de Petaquilla son duros golpes que nos llevan al despojo de importantes zonas de biodiversidad, como el corredor biológico mesoamericano, y representan una institucionalización de las antiguas patentes de corso y la piratería.   Es vulgar que se ofrezca a las comunidades, diezmadas por la contaminación de sus aguas y por el acaparamiento de sus tierras, casitas aisladas de su medio de vida y clínicas para paliar enfermedades crónicas derivadas de tóxicos como el cianuro. Frente a esto, las preguntas fundamentales son: ¿Cuántos millonarios viven hoy en día en la antigua mina de Cañazas? ¿Es la miseria desarrollo nacional? Todo esto con la aquiescencia y mirada pasiva de un Estado que, en vez de protegerlos, los abandona a su suerte.

Actualmente hay curules de diputados y puestos ministeriales que están comprometidos con las empresas mineras, representando esto una penetración política e intromisión en nuestros asuntos como nación.

Propios y extraños lucran desmedidamente con nuestra naturaleza, y se ufanan de venderla al mejor postor, vulnerando nuestros principios de soberanía y territorialidad consagrados en el texto constitucional.

La defensa de nuestro patrimonio natural no se limita a cuidarlo de un modo aislado, al contrario, representa la vindicación integral de nuestros derechos humanos, económicos, políticos y de nuestra soberanía, que estamos perdiendo aceleradamente, y dejándolos a merced de la avaricia de los nuevos “Atilas” que de manera indiscriminada nos “venden como país”, pero con todos nosotros adentro.

Si los gobernantes y los políticos persisten en su conducta inmediatista y de lucro personal, no logrando internalizar que nuestros recursos naturales están directamente relacionados con nuestra autonomía e identidad nacional, seguiremos perdiendo como pueblo y daremos paso a nuevas formas de colonialismo, gracias a las cuales tendremos que disputarnos el agua y el oxígeno con los pillos, y cuando ya no quede una gota más, entonces en vez de Panamá ser conocido como un país rico en peces y mariposas, pasaremos a llamarnos “pa más na”.

<> Este artículo se publicó el 5 de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

De un mazazo y la UAF

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO A. ROGNONI

Fue exactamente hace un año cuando el presidente Ricardo Martinelli personalmente acudía a La Calzada de Amador y tomaba posesión de dos marinas que se suponía se estaban construyendo de forma ilegal. La una, propiedad del Grupo F; y la segunda, de un grupo inversionista liderado por Samuel Israel.   Se divulgaron profusamente los atrasos en pagos de las diversas concesiones de La Calzada y se fijó un plazo para que todos arreglaran sus cuentas.   En principio todo parecía sencillo, ‘tú tienes un contrato que te obliga a pagar, tú pagas o pierdes lo que te dieron’. Pero, como todo en Panamá, nada por sencillo que parezca, lo es.

En primer lugar, de por medio una cantidad de recursos en la Corte Suprema de Justicia (CSJ), recursos que permanecen sin resolverse por años en un sistema diseñado para no fallar. Luego estaban las mismas condiciones de los contratos, donde en lugar de ser todos iguales y con las mismas reglas, cada uno tiene cláusulas negociadas a su conveniencia.   Por ultimo está el contrasentido de las posiciones de las partes, el estado buscando cobrar los alquileres, el concesionario que necesitaba legalizar su posición.

Al final, tras un año de tira y hala, el gobierno no llega a la solución esperada, que hubiese sido un modelo de alquiler por las concesiones igual para todos y en el que nadie hubiese podido argumentar desventajas con relación a otros, sino en cambio se dio una serie de arreglos y negociaciones caso por caso. En medio de los arreglos logrados y sin lograr, el controversial proyecto del Grupo F no se resolvió.

El Grupo F siempre tuvo razón en sus argumentos. Su contrato determinaba un pago de renta alto, siempre que nadie recibiera terrenos en el área por menos alquilar, en cuyo caso pagaría la cantidad menor. Ciertamente que es evidente que ni el grupo de Friday ni la Marina de Israel, ni el proyecto de Brisas pagaban lo que Grupo F pagaba. Se buscó legalmente que se adeudaba el arrendamiento y al no lograrlo se interpusieron recursos en la CSJ que ordenaron al Grupo no pagar hasta que se resolvieran los casos.   Con el nuevo gobierno se iniciaron nuevas negociaciones que llevaron el Grupo a hacer pagos sustanciales, más de 2.5 millones de balboas, aun cuando se mantenía el criterio de no pagar. Como un acto de buena fe, adicionalmente, el Grupo devuelve la parcela 6 al Estado, aun cuando se había rellenado a su costo.

¿Qué logró el Grupo F? Nada, absolutamente nada. Aunque se negoció que con los pagos se adelantarían el nuevo proyecto, un nuevo contrato y la adenda respectiva, el Estado procedió a cobrar e inmediatamente secuestrar los activos de la empresa, sin cumplir lo acordado. Mientras tanto, de alguna forma, se fueron resolviendo los demás contratos de La Calzada y se ‘legalizaron’ las marinas que antes habían sido también cauteladas.

Pero la lucha por los terrenos dados al Grupo F solo estaba empezando. Al estar amparados por los contratos en discusión, el Estado se ha jugado ahora una nueva carta.   Entra en juego la Unidad de Análisis Financiero (UAF) y acusa al Sr. Figali del Grupo F de blanqueo de capitales. De forma que de probarle los cargos podrían expropiarle los bienes y resolver así la liberación de los valiosos terrenos en su poder. Para el gobierno el interés es evidente, dado el macro plan de desarrollo del relleno de Barraza, un nuevo palacio de convenciones y la ampliación de La Calzada. Lo cuestionable es la forma de recuperar los terrenos. El Grupo F ha invertido millones de balboas en el proyecto, todo auditable y verificable. Lo mínimo que se esperaría es que si es de interés social el recuperar los terrenos se indemnice al inversionista por su inversión.

El caso del Grupo F es el típico caso de la satanización de un proyecto, que nunca tuvo una buena imagen porque desde su inicio se divulgó la idea de que había sido producto de amistad y prebenda y no asignado legítimamente por concurso.   Lo que pocos entienden es que desde su inicio ha tenido todos los contratiempos posibles por funcionarios que de paso por las instituciones en lugar de facilitar la inversión la dificultan, muchas veces buscando una participación por el solo hecho de ser funcionarios.   El caso del Grupo F está lejos de terminar, oiremos de él por años, en la Corte y en tribunales locales e internacionales.   Al final, un caso que debió resolverse en la mesa de negociación pasa a hacer crisis, por no existir un ministro interesado en resolverlo, sino en caer en el juego de imponer y no negociar.

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Este artículo fue publicado el  6 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Concesiones, desarrollo y futuro

La opinión de….

Héctor Robles Carrasco

Aún tengo en mi memoria aquello que aprendía hace 50 años. Las dos principales exportaciones de Panamá eran: banano y camarones.

Como adolescente criado en la campiña chiricana dedicada a la agricultura y la ganadería, mis conocimientos del mar y de la pesca eran entonces muy escasos.

Como conocía las plantaciones de banano de Puerto Armuelles y palpado cómo vivían los trabajadores (vivienda, servicios básicos y de salud gratis, etc.), en mi imaginación creía que la industria del camarón tendría que ser igual o mejor.

Mis ilusiones juveniles me hacían imaginar que a lo largo de nuestras costas, bañadas por los océanos más grandes del mundo, miles de panameños se dedicaban a la pesca del camarón para la exportación y que, consecuentemente, sus vidas transcurrirían en un ambiente de autosuficiente bienestar, disfrutando a plenitud los beneficios de su trabajo.

No recuerdo cuándo vine a comprender la triste realidad de nuestra industria del camarón. Cuando fue que conocí que en nuestras costas, sí vivían pescadores, pero que eran artesanales y que acaso sacaban frutos para una subsistencia precaria.

Vine entonces a entender que las millonarias cifras de exportación de camarones que mostraban los diarios, e incluso los libros de texto no eran de ninguna industria sino de una explotación inmisericorde de nuestros recursos, cuyos mayores beneficios eran para las grandes empresas internacionales, que fueron acabando con nuestra riqueza hasta el extremo de que pronto fue necesario establecer una veda periódica para que el camarón no desapareciera por completo de nuestros mares.

Hace meses leía que alguien sugería otras actividades “productivas” como la recolección de hierro viejo, para resolverle la manera de ganarse la vida a nuestros pescadores durante el periodo de veda. Esta realidad es prueba irrefutable de las consecuencias que sufre una nación cuando los pueblos ilusionados con el desarrollo, permiten que los piratas sigan llegando a adueñarse de sus recursos a cambio de migajas.

Ya pronto desaparecerá el camarón en nuestros mares como ha desaparecido de nuestra mesa. Le seguirán el atún, el tiburón y otros más. En tierra, le toca turno a nuestros ríos, bosques y minerales del subsuelo. ¿Nos ocurrirá con ellos lo mismo que con el camarón?

¿Viviremos extasiados con el espejismo del desarrollo y las grandes cifras de exportaciones y beneficios que se publican en periódicos cuyo papel aguanta todo? ¿Quedaremos todos, luego de la devastación y agotamiento de nuestros recursos por empresas extranjeras, como los pescadores recogiendo hierro viejo para subsistir?

A los que por experiencia y conocimiento se nos aclara el pensamiento, nos toca ilustrar a gobernantes y pobladores y hacerles ver que los panameños que ofrecían su oro y sus mujeres a los conquistadores extranjeros a cambio de espejitos, vivieron hace más de cinco siglos.

Que el oro y las riquezas de los panameños de hoy son nuestros recursos naturales, los que debemos explotar con conciencia conservacionista y en nuestro propio beneficio.

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Este artículo se publico el 26 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Llegó la hora de rectificar

La opinión del periodista…..



Juan B. Gómez

Gobernar es rectificar ( Confucio).

Cuentan que cuando el revolucionario mexicano Pancho Villa juzgaba a alguien, que supuestamente estaba conspirando contra su gobierno, decía: “Afusílenlo, mientras investigamos”.

Y casi en los mismos términos leí que la diputada por el Partido Revolucionario Democrático, Crescencia Prado, propuso un anteproyecto de ley con el fin de establecer una moratoria de 25 años “para la adjudicación de concesiones a futuros proyectos ambientales dentro de los territorios comarcales”.

Con el perdón de la señora diputada, se debe aclarar, que esa moratoria que ella solicita no afectaría a las concesiones que ya se han dado y que marchan a todo vapor desde hace un buen rato, pues ella señala que se trata de “nuevas concesiones a futuros proyectos ambientales”.   Por eso recordé lo que decía Pancho Villa.

No se trata, repito, de evitar nuevos proyectos sino de revisar y cancelar las concesiones que ya se han dado. Porque, con el consentimiento del gobierno anterior del señor Torrijos, se cometió “ una salvajada” contra la ecología de nuestro país.   Lo que corresponde y se espera del gobierno del señor Martinelli, es que impida que esa situación continúe.

Explico lo de la “salvajada”. Cuando hace unos tres años empezó la fiebre de las concesiones para la construcción de hidroeléctricas, muchos chiricanos ignorábamos el crimen que se estaba autorizando contra la naturaleza nuestra.   En esos días hablé con un amigo español sobre el tema, y me dijo que con el mismo sistema de concesiones habían destruido una gran cantidad de ríos en Galicia. Y pocos días después me entregó una serie de fotografías, en las que aparecían los ríos como eran y como quedaron después de la instalación de las hidroeléctricas.

Lo que quedaron de los ríos fueron pedregueros con ranas, sapos y culebras. Y aquí viene la frase de un gallego enardecido: “¡Aquí lo que están haciendo es una salvajada contra nuestros ríos!”

La única vez que pude hablar con el Presidente Martinelli fue unas semanas antes de las elecciones; y le advertí de los temores que afligían al pueblo chiricano. Él me contestó que “Tres o cuatro hidroeléctricas” no eran para asustarse. Y yo le rectifiqué que las concesiones eran más de cincuenta. ¡ahora nos amenazan con la explotación de cobre de Cerro Colorado!

El gran poeta chiricano, Dimas L. Pitty, me envió para su publicación la siguiente Décima:

Una mina a cielo abierto y represas en los ríos,

de locos son desvaríos que el suelo dejarán muerto.

Chiriquí será un desierto, sin porvenir y sin vida,

si se acepta la “movida” de voraces desalmados

y acabamos despojados de nuestra tierra querida.

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Este artículo se publicó el  8  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.