Competitividad, educación y pobreza

La opinión del Docente Universitario….

 

JUAN BOSCO BERNAL
jbbernal@cwpanama.net

Evangelina a sus escasos 19 años ya es madre de tres hijos que intenta criar con los pocos alimentos que le arranca a un suelo árido y los eventuales ingresos que recibe Pedro, su marido, por trabajos de peón ocasional que realiza en Cerro ‘Pela’o’, en Ñürún, Comarca Ngäbe Buglé.   Ella, sus hijos y su marido viven con menos de dos balboas al día. Ella solo cursó hasta el tercer grado de enseñanza primaria. Nunca conoció la capital del país y desconoce que el mundo es más que su huerto, la comunidad y la iglesia a la que asiste con regularidad. Los términos globalización, competitividad, inversión extranjera, exportaciones y balance macrofiscales, nada significan para ella y poco le ofrecen para cambiar su vida, pues sus padres vivieron ya de manera similar.

La vida de Evangelina es parecida a la que afrontan 385,000 personas en Panamá que, como ella, viven en pobreza extrema, al margen de los indicadores que configuran la nueva economía globalizada, que se mide en términos de un producto interno bruto que sube y baja según decisiones usualmente tomadas fuera del país, por parte de personas que generalmente desconocen de su existencia.

Según la última entrega del índice de competitividad global publicado por el Foro Económico Mundial (2010—2011), Panamá logró subir 6 posiciones, pasando del puesto 59 al 53, para colocarse así como el segundo país en América Latina, solo después de Chile, como la economía más competitiva. Ocupa un lugar privilegiado, por encima de Costa Rica y Uruguay que son naciones que han demostrado solidez en sus políticas de desarrollo.

La buena nota para nuestro país se obtuvo principalmente en 6 de los 12 pilares evaluados, donde el mejoramiento de la infraestructura y la estabilidad macroeconómica, fueron los mejores calificados. En los seis pilares restantes sobresalen con baja nota la rigidez en el empleo, la calidad del sistema educativo y la independencia del sistema judicial.

Cuando estos indicadores globales, que denotan progreso y riqueza, se cruzan con la distribución de los beneficios de esa economía que crece en virtud de diversos factores favorables, encontramos una sociedad profundamente desigual. Según la Encuesta de Niveles de Vida del Ministerio de Economía y Finanzas (ENV-2008), se observa que el 20% de la población, la mejor situada en la pirámide social, percibe el 53% de la riqueza, y que el 20% más pobre, segmento al que pertenecen Evangelina y su familia, recibe apenas el 4% de los beneficios de esa economía.

Aún cuando las cifras de la pobreza tienden hacia una declinación progresiva, la distribución del ingreso ha cambiado muy poco en las últimas dos décadas en el país, lo que lleva a pensar que si no se logran introducir y mantener políticas públicas sociales y educativas efectivas para la vida de la gente, esta brecha lejos de cerrarse en el tiempo, puede mantenerse o agravarse frente a cambios en el panorama económico nacional e internacional.

Los indicadores señalados deben alertarnos sobre el panorama de desarrollo humano del país. Es importante crecer económicamente y ser crecientemente competitivo en el mundo globalizado, con un claro pensamiento puesto en la igualdad de oportunidades que los diversos sectores sociales del país deben lograr para construir un futuro más digno y humano para toda la población.

En ese sentido, apostar a una fuerte institucionalidad y a una educación con equidad y calidad en todos los niveles y modalidades del sistema educativo, se convierte en una tarea fundamental de carácter irrenunciable e inaplazable para construir ese porvenir. La educación debe convertirse junto a otros sectores estratégicos, en la herramienta fundamental para salvar la brecha que separa la miseria de la opulencia, la vida sin horizontes de la vida con esperanza.

Ello es así, pues, la educación dota de autonomía y poder a las personas al proveerles de los conocimientos, habilidades y actitudes favorables que requieren para superar las estructuras de la pobreza y la baja autoestima, y así potenciar las capacidades humanas para trabajar decentemente, participar activamente en la vida ciudadana, vivir en un entorno saludable y aprender a lo largo de su existencia.

Este escenario es compartido por amplios sectores de la población panameña y sus líderes más reconocidos.   Por ello, muchos encuentros, estudios y diálogos realizados sobre el tema han servido para pavimentar ya el camino que conduce hacia esa finalidad, sin improvisaciones ni repetición de diagnósticos conocidos.

Frente al imperativo de la competitividad para reducir la pobreza y la desigualdad social, es importante ahora otorgarle el lugar que se merece la educación. Este mensaje fue destacado en el V Foro Nacional para la Competitividad (FNC) realizado recientemente en el país. Solo de esta manera es posible pensar que los hijos e hija de Evangelina tengan oportunidades a una mejor calidad vida que sus padres y abuelos nunca alcanzaron.

 

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<> Este artículo se publicó el 28 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/bernal-juan-bosco/

Juntos por el desarrollo sostenible

La opinión de…


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Jorge G. Conte Burrell

En el reciente V Foro Nacional para la Competitividad llevado a cabo por el Concejo Nacional de Competitividad, con el patrocinio de la Corporación Andina de Fomento (CAF) y el Gobierno, se instalaron 13 mesas entre las que se encontraban aquellas para definir las estrategias nacionales de competitividad en temas como el turismo, seguridad, modernización del Estado, justicia, recursos naturales y medioambiente, entre otras.

Luego de escuchar sendas presentaciones por parte de organismos internacionales, como el Foro Económico Global, al presidente ejecutivo la CAF, los ministros de Estado del Mici, MEF y Meduca, al presidente del Conep y al vicepresidente senior de mercados emergentes de la Corporación Microsoft, el Dr. Orlando Ayala, confío en que haya quedado claro entre los participantes el nivel de discusión y el objetivo que todos buscábamos: un desarrollo económico sostenible en el largo plazo, a través de la competitividad de los diversos sectores de la economía, aunque hicieron falta las mesas de gremios relevantes como el gremio agropecuario y el sector energía.

En la mesa en la que me tocó participar, la de Recursos Naturales y Medioambiente, junto a otras 30 personas, se presentaron los lineamientos estratégicos desde la Anam por parte de su administrador general, Javier Arias, y desde el sector privado por parte de Maritza Vallarino. Como primer paso se unificaron las agendas al constatarse las muchas similitudes entre las mismas, sin embargo, estas no representaban los intereses de otros grupos como el de los trabajadores, los representantes de organizaciones ambientales, sociales y otros intereses de minorías no consensuadas en ninguna de las agendas presentadas inicialmente.

Luego de horas de discusión se incluyeron temas de carácter social, ambiental, ecologista, de seguridad alimentaria, desarrollo de fuentes alternativas de energía, promoción del reciclaje a nivel nacional, manejo integral de desechos tóxicos y hospitalarios, protección de aéreas protegidas y la seguridad de los guarda parques, la apertura de estas áreas a la inversión privada para su protección integral, el desarrollo del ecoturismo, la investigación y la bioprospección, al igual que la necesidad de instalar las unidades ambientales en todas las entidades del Gobierno, para que apliquen la normativa ambiental al Estado, que representa el 50% de la economía nacional y es actualmente el mayor contaminante.

Estas iniciativas redondearon una propuesta que ve más allá del cortoplacismo propio de la empresa privada local y las políticas de gobiernos, creando de esta forma una propuesta de Estado en materia de manejo de los recursos naturales y el medioambiente para el Panamá del año 2015.

Esperemos que las iniciativas que de aquí salgan, en conjunto con las restantes 12 mesas, sirvan para promover un desarrollo sostenible que mejore nuestra eficiencia y productividad, que sea incluyente, equitativo y no solo la base para un crecimiento económico acelerado, miope y excluyente que nos lleva a un deterioro de nuestros recursos naturales, la fuga de cerebros, la pobreza y polarización de nuestra sociedad.

 

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<> Este artículo se publicó el 23  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/conte-burell-jorge-g/

De lo Bueno, lo Malo y lo Feo de nuestro Panamá

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La opinión del Ingeniero,  Banquero, Diplomático….

Eudoro Jaén Esquivel 

Lo Bueno

Comencemos con nuestra inigualable Posición Geográfica, el activo que más ha influido nuestra historia y contribuido a forjar nuestra nacionalidad. Una área dedicada al intercambio cultural y comercial desde la época pre-colombina, que ha permitido la construcción de las rutas interoceánicas más importantes del mundo: el Canal, el Ferrocarril Interoceánico, las carreteras Transístmica y Panamericana. Hoy los panameños hemos convertido la antigua Zona del Canal en la plataforma logística más importante del Hemisferio Occidental que incluye dos zonas francas en ambos océanos.

Tenemos la misma capacidad de interconexión tecnológica que New York. Cinco de los cables de telecomunicación más importantes del mundo atraviesan nuestro Istmo, cuales canales.

Somos el cuarto Centro Bancario Internacional más importante del mundo.

Estamos desarrollando alta capacidad de generación de energía hidroeléctrica.

Nuestro sistema monetario, con ausencia de banca de emisión, uso del dólar como moneda de curso legal, ausencia de controles de cambio y libre flujo de liquidez, no tiene igual.

Contamos con una creciente economía de turismo.

Somos un pueblo hospitalario, cosmopolita, con una historia moderna libre de violencia, después de la Guerra de Mil Días.

Tenemos una economía, moderna, basada en el Sector Servicios; sólida, como lo demostró nuestra tradicional resistencia a “shocks “externos durante la crisis del 2007-09.

Nuestra economía muestra tasas de crecimiento sobre el nivel de la Región Latinoamericana.

Nuestro ingreso per cápita del PIB es de los más altos en la Región Latinoamericana.

Logramos obtener Grado de Inversión, luego de ardua labor de los dos últimos gobiernos.

Somos el segundo país más competitivo de la región latinoamericana, después de Chile, según el Foro Mundial de Competitividad.

Lo Malo

Según el mismo Foro, somos el penúltimo país en la región latinoamericana con “mayores problemas para hacer negocios”.   Ocupamos el quinto lugar en la región, número 59 de 133 países, después de Chile (30), Puerto Rico (40), Costa Rica (55), Brasil (52) y solo superamos a México (60). El índice considera: ineficiencia de la burocracia, corrupción, crimen y robo, acceso al financiamiento y regulaciones laborales restrictivas.

Somos uno de los países de la región, con la peor distribución de riqueza; 20% de los panameños acumulan 50% de la riqueza y 40% de los más pobres solo el 12%.

Como es natural, con tan baja distribución de riqueza, tenemos un alto índice de pobreza; 30% de los panameños vivimos en pobreza.

Libramos una lucha desigual contra el crimen, narcotráfico y la corrupción.

Contamos con bajos grados de escolaridad. Nuestro sistema educativo público es endémicamente deficiente.

Nuestros servicios de seguridad social están en crisis.

Es cierto que nuestras cifras macroeconómicas son envidiables, pero tienen un efecto colateral negativo. Ante los organismos internacionales somos un país rico, lo que limita acceso a ayuda monetaria bajo términos favorables a países en desarrollo. Es irónico que en un país con tan baja distribución de riqueza y alta pobreza, la ayuda económica para combatir esos males sociales sea limitada por tener imagen macroeconómica de “país rico”.

Lo Feo

Los “diablo rojos” y los taxis.

La cultura del “juega vivo”

Nuestra clase política de siempre.

Una clase obtusa, oportunista, agrupada en partidos políticos electoreros, sin disciplina y formación ideológica, que busca solo su bienestar, que vive con espaldas a las verdaderas necesidades del pueblo y que nos está llevando a un derrotero peligroso.

Viven en otro planeta. No oyen la voz del pueblo. No se enteran de los fenómenos sociales que surgen en todo nuestro alrededor de este Pueblo de América. No se dan cuenta que están sentados en barriles de pólvora. Por lo contrario, todas las semanas prenden una nueva mecha.

¿Hasta cuándo piensan que este pueblo pasivo va a soportar tanto abuso de su paciencia?, emulando a Cicerón.

¿Quo vadis, Panama?

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<> Este artículo se publicó el 20  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jaen-esquivel-eudoro/

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Producción más limpia

La opinión de…

 

Rubilú Rodríguez

Generalmente se presume que no existe relación entre medio ambiente y competitividad. Contrario a ese razonamiento, la protección del medio ambiente no solo causa impactos favorables sobre los recursos naturales, sino que puede generar ganancias a las empresas y avances en la competitividad de las mismas.

La producción más limpia (P+L) constituye una estrategia preventiva que se aplica para el mejoramiento del desempeño ambiental y se enfoca en generar productos y servicios amigables al medio ambiente, promoviendo el consumo sostenible de los recursos.

Según Michael Porter, profesor de negocios de Harvard, “las regulaciones gubernamentales estrictas pueden fomentar ventajas competitivas mediante la estimulación y mejoramiento de la demanda local. Los estándares estrictos orientados al rendimiento, la seguridad del producto y el impacto ambiental, obligan a las empresas a mejorar la calidad, a mantenerse a la vanguardia de la tecnología y a ofrecer características que satisfagan las demandas sociales”.

El hecho es que el modelo tradicional de desarrollo económico desestimó la importancia y valor del medio ambiente, lo cual condujo a que se consideraran los activos naturales como recursos sin valor. La consecuencia ha sido la sobreexplotación y degradación lo cual conlleva costos sociales a corto y largo plazo.

La contaminación implica que los precios de los recursos naturales no reflejan los costos de oportunidad de los mismos, lo que significa que no reflejan la escasez relativa de estos lo que a su vez conlleva la inexistencia de incentivos adecuados para la gestión, uso racional y conservación de los activos ambientales.

La producción más limpia por su parte está asociada al crecimiento, pero está enfocada en el crecimiento sostenible. Las acciones que se enfoquen en reducir el consumo de materias primas y reducir la generación de residuos aumenta la productividad y traen ventajas financieras a la empresas que lo practican. Por ejemplo, la producción más limpia genera beneficios como reducir el costo debido a un mejor uso de las materias primas, y genera ahorros en inversión asociados al tratamiento y/o disposición final de desechos. Todo esto por supuesto se traduce en mayores utilidades para la firma.

A nivel operacional mejora las condiciones de seguridad y salud ocupacional, y las relaciones con la comunidad y la autoridad. A nivel comercial refuerza la imagen corporativa y facilita el acceso a nuevos mercados.

En Panamá la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) ha realizado ocho versiones del Premio Nacional de Producción más Limpia, en las cuales se ha galardonado a diversas empresas nacionales. El Premio a la Producción más Limpia constituye un reconocimiento a aquellas empresas que han demostrado voluntariamente una gestión de procesos limpios.

A pesar de la labor que se ha venido realizando, todavía queda mucho por hacer. Algunas de las políticas e instrumentos sugeridos incluyen hacer uso de indicadores de sostenibilidad ambiental y desarrollo sostenible como instrumentos de monitoreo del impacto de las políticas públicas.

Igualmente se requiere fortalecer el sistema de planificación y gestión ambiental y las instancias de participación de la sociedad civil, así como el manejo de estrategias de comunicación e información para promover la educación y la transformación de la cultura ambiental.

Finalmente, resulta imperativo fomentar el desarrollo de negocios ecológicos y forestales que logren el doble propósito de proteger el medio ambiente y de contribuir a la economía, tales como la reforestación con maderas comerciables y el establecimiento de los sistemas cíclicos de mantenimiento. Al final, lo crucial consiste en contar con instrumentos de políticas públicas y acciones administrativas ágiles para contribuir con la productividad y el desarrollo sostenible a la vez. Ejecutar políticas que reconcilien el crecimiento con el medio ambiente, incentivando la competitividad como una fórmula ganar-ganar. Solo así se logrará el binomio perfecto de desarrollo económico y desarrollo humano.

<> Artículo publicado el 14  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Índice de iniquidad

La opinión de…

Xavier Sáez-Llorens

Bienestar y desarrollo deberían ser palabras mutuamente incluyentes.   En la práctica, parecen conceptos antagónicos. Cuando uno lee que Panamá ocupa posiciones cimeras de América Latina en el índice de competitividad global, lo normal sería alegrarse.   Al analizar los factores ponderados, empero, la felicidad se convierte en tristeza.

Estamos en envidiables escalafones en lo que se refiere a mercado financiero, ambiente macroeconómico y adaptabilidad tecnológica, pero peleamos protagonismo con países africanos en educación,   transparencia institucional,  justicia y algunos aspectos de salud pública.   Estas iniquidades sociales son fina cortesía del clientelismo y corrupción de nuestros políticos durante dos décadas de democracia.

Como estoy harto de denunciar la mediocridad de gobernantes, diputados y magistrados o el “juega vivo” en las instituciones públicas, prefiero concentrarme en los ministerios sociales.   En el ámbito educativo, el foro económico mundial nos calificó mal en calidad de la enseñanza primaria, retención de estudiantes a nivel secundario, capacidad de los docentes y adiestramiento curricular en ciencia.    En materia sanitaria, salimos mal librados en prevalencia de infección por VIH, tuberculosis, malaria y mortalidad materno-infantil.    Estas deficiencias son espejo de nuestro fracaso con cumplir los Objetivos del Milenio para 2015. Una vergüenza.

La solución parece fácil, pero la ineptitud y soberbia de los tomadores de decisión dificulta progresar y propiciar el bien colectivo. La educación pública panameña requiere una urgente reforma, no selectiva sino integral. No basta con mejorar la cobertura escolar para toda la niñez panameña, incorporar novedosos métodos audiovisuales o impartir el idioma inglés en las asignaturas. Es imprescindible desarrollar el pensamiento crítico en los estudiantes, desterrar los misticismos, inculcar la investigación científica e impulsar una reflexión filosófica pragmática en las actividades del saber académico.

Las calificaciones en salud son inaceptables para un país tan pequeño y medianamente rico. Debemos minimizar la malaria en áreas indígenas y atacar de forma contundente la tuberculosis, enfermedad ligada a pobreza, hacinamiento, insuficiente atención primaria y circulación del virus del sida.   La cifra de infectados por el VIH se aproxima al 1% de toda la población.

Esta elevada prevalencia obedece al machismo, promiscuidad, escaso uso de preservativos, falta de información mediática, campañas ministeriales sutiles e intermitentes y educación sexual mojigata en los colegios.   Los resultados de una encuesta realizada por investigadores del Instituto Gorgas, bajo el liderazgo de la Dra. Ruth de León, muestran el gigantesco desconocimiento que existe en la juventud en el campo de la sexualidad.

La infidelidad, en ambos géneros, es notoria pero lo peor es que ésta se ejecuta de manera insegura. La gente no usa condones. Esta irresponsabilidad es similar a no vacunarse contra la poliomielitis, no ponerse el casco al viajar en moto o no utilizar el cinturón de seguridad dentro de un vehículo en marcha.   Además del riesgo de adquirir infecciones de transmisión sexual (la sífilis también anda en aumento), la mujer se expone a embarazos no deseados, cada vez más frecuentes en niñas jóvenes.

La mortalidad infantil ronda el valor de 20 x 1000 infantes menores de 1 año de edad.   Cuba, Chile, Costa Rica y Puerto Rico, con cifras inferiores a 10 x 1000, nos dan una bofetada monumental. Los lactantes panameños se están muriendo en comarcas, regiones rurales y bolsones urbanos marginados debido a desnutrición, infecciones prevenibles y a una reciente disminución en tasas de vacunación.

La mortalidad materna se acerca a niveles de 50 por cada 100 mil niños nacidos vivos y en este índice nos superan aún más países de la región. Embarazos de alto riesgo en adolescentes, inasistencia a citas de control prenatal y abortos clandestinos son las principales causas de las defunciones.   Tristemente, el fácil acceso a métodos anticonceptivos está diseñado para clases adineradas, no para los segmentos más desaventajados que más lo necesitan.

La ceguera de nuestras autoridades es deprimente. La educación sexual y reproductiva es urgente, tanto en eso que llaman “valores” (los que deben ajustarse a la generación actual) como en la prevención (estrategia más barata e impactante). Los púlpitos sirven para dictar sermones espirituales a creyentes, no para normar la educación y salud pública de la nación.

Proyectos modernos y civilizados como, por ejemplo, la esterilización de mujeres que lo soliciten o la no discriminación de la homosexualidad se enfrentan a oposiciones viscerales basadas en creencias retrógradas y actitudes machistas.   Tal parece que a la derecha religiosa infiltrada en este gobierno le conviene mantener a la colectividad en tinieblas para beneficio particular.   La historia debe pasarles factura por las muertes y secuelas evitables que ocasionen en sus años de mandato.   En el siglo XXI, la hoguera debería aplicarse a los hipócritas de moral única.  Amén.

<> Este artículo se publicó el 3  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Monopolios y oligopolios en Panamá

La opinión de la Economista y Educadora…

LIZABETA S. DE RODRÍGUEZ

La última semana, diferentes medios informaron sobre la buena puntuación lograda por nuestro país en el Índice Global de Competitividad a nivel mundial.  Igualmente, el informe estadístico elaborado por la Contraloría General de la República, para el primer semestre del año, revela un crecimiento mayor al mismo periodo del año pasado.

Entre los sectores de mayor crecimiento están el Canal de Panamá y el turismo.   Según declaraciones de expertos en materia económica, el doctor Nicolás Ardito Barletta, entre otros, esto promoverá generación de nuevas plazas de empleo, para los trabajos de ampliación del Canal y la construcción de infraestructuras hoteleras.

Esta constante de crecimiento económico de Panamá y el reconocimiento de las calificadoras de riesgo, frente al contexto de la recién pasada crisis financiera que azotó prácticamente a todos los países del mundo y puntualmente a las economías más fuertes, nos sitúa en la mira de consorcios internacionales e inversionistas independientes, que buscan alternativas y mercados seguros para invertir sus capitales.

Este escenario favorable debe servir para tomar medidas pertinentes en materia de políticas públicas, con proyección de futuro. Políticas de Estado que impulsen el desarrollo y dirección del sector agrícola, hacia la producción de alimentos básicos, que aseguren calidad en la dieta del panameño, así como su obtención en el mercado interno, lo que contribuiría a disminuir nuestros altos porcentajes de importación en estos rubros y con ello la salida de cuantiosos recursos monetarios.

De igual forma, se requiere reorientar y fortalecer el sector industria, que debidamente articulado con sectores productores primarios, como el agro podría repercutir positivamente en la creación de empleos; situación que manejada estratégicamente, lograría el crecimiento de puntos concéntricos de progreso, generadores de estabilidad, que ayudarían a frenar la descontrolada migración campo—ciudad y sus consecuentes flagelos.

Otro de los aspectos a considerar, en materia de regulación para mejorar nuestra economía, son los monopolios y oligopolios existentes. Estos ocasionan tanto daño con su distorsión en precios al bolsillo del consumidor, frente a la imperturbable mirada de las autoridades competentes en esa materia. Situación observable en el mercado de los hidrocarburos, donde los precios del combustible (gasolina, diesel y lubricantes), aún cuando el precio del petróleo a nivel internacional disminuye, no se reflejará en igual proporción, debido a la especulación del mercado interno, que ejercen las petroleras y/o distribuidoras, generalmente expendedoras al detal.

Este perjuicio se traslada igualmente al costo del recibo de electricidad, tanto para los clientes residenciales, como para las industrias, encareciendo los costos de producción y definitivamente repercutiendo en el precio al consumidor.

De existir voluntad política para lograr regular efectivamente la especulación monopolística, los beneficios se reflejarían inmediatamente en la disminución de los costos de producción y por ende en los precios de los alimentos, bienes y servicios. Ello contribuiría a incrementar nuestra competitividad, atrayendo más turismo e inversión, tanto nacional como extranjera.

<> Artículo publicado el 22 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.