Agua, necesidad de muchos, negocio de pocos

La opinión de…


EDWIN   RODRÍGUEZ
edwinhr50@hotmail.com

El agua, en las últimas décadas, se ha convertido, en materia prima de una de las industrias con mayores ganancias y mayor crecimiento en todo el mundo.   No obstante, Panamá no escapa de esta realidad, a pesar que nuestro país, posee aún, por fortuna, un gran caudal hídrico y de buena agua.

Si bien, a unos cuantos minutos de la ciudad capital, se encuentran los ríos Pacora, Bayano y Mamoní que podrían suplir el déficit del vital líquido, que se agudiza cada año, por el desarrollo progresivo, de la industria, hoteles, turismo, fábricas. Todo esto sumado al incremento demográfico no planificado que se da en la población, sobre todo en las periferias (barriadas precaristas), hace que cada día sean más los habitantes por lo que requiere una mayor cantidad de servicios, como es el agua.

Sin embargo, esto no ha sido agenda de Estado de las anteriores administraciones y la presente hace lo humanamente posible por remediar la situación heredada, sin que se vislumbre en el panorama una salida definitiva de la crisis.

Si a esto le sumamos la histórica y poca inversión, mantenimiento, incultura de pago y una pobre gestión de cobro, posiblemente, todos en menor o mayor medida contribuiremos allanándole el camino a las comercializadoras de agua, respaldadas estas, por la libre oferta y demanda y mientras este negocio crece, hombres y mujeres de Panamá y el mundo dejan de tener acceso al líquido y se viola su derecho humano al agua.

Sin embargo, desdichadamente, el problema es tendencial y seguirá persistiendo, por lo que es imperativa una nueva potabilizadora que vaya paralela con el crecimiento de nuestro país; a su vez, el fortalecimiento y su debido acatamiento, de las leyes que protegen y preservan las cuencas y fuentes naturales que suministran el vital líquido.

En tanto, el agua sigue siendo el recurso natural más importante que tenemos debido a que es necesario para la vida;   Sin embargo, lo que más se opone al derecho humano al agua, es su comercialización.

La explotación de este negocio es inversamente proporcional al derecho humano al líquido, pues mientras más crece el consumo de agua embotellada en el mundo, perdemos la posibilidad de acceder al líquido de manera gratuita, en las cantidades y lugares necesarios y con la calidad adecuada para ser bebida. En las últimas semanas, hemos sido testigos de lo oneroso del agua envasada, casi a la par con la gasolina, cuesta más que la gaseosa, jugo, cerveza o peor aún su valor está por encima de la leche.

El sector del agua embotellada, está creciendo muy rápidamente en nuestro país, con posibilidades de expansión actualmente, es por ello, que surge la necesidad de revisar y regular los márgenes de ganancias VS su aportación al Estado por el uso de sus recursos hídricos, sin que los costos sean trasladados a los consumidores; tal como se hace con el precio de la gasolina; máxime cuando las embazadoras adquieren el agua a muy bajos precios.

Finalmente, apremia una normativa sanitaria y de regulación rigurosa, al comercio del agua embotellada importada y local, al mismo tiempo que terminen con las prácticas especuladoras, así como el vertimiento adecuado de las botellas de plástico cuya contaminación del medio ambiente resulta peligrosa, por su composición no degradable. Por último, que el precio sea mucho más razonable que el actual.

Puedo entender que el negocio privado genere utilidades, pero no que alcance los precios escandalosos y desmesurados que pagamos en la actualidad en Panamá por el agua.   ‘Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena’ Mahatma Gandhi.

Este artículo se publicó el 18 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Anuncios

Malls o repúblicas

La opinión del Administrador de Empresas….

AVELINO BULTRÓN A.
nino26880@gmail.com

La actividad comercial ha dado muestras de dinamismo y cambios de acuerdo a las necesidades que se van presentando; los centros comerciales en su momento fueron los puntos estratégicos para las compras, hoy en día los malls abarcan un gran número de comercios brindando instalaciones techadas, con aire acondicionado, estacionamientos y seguridad.

Los malls, a pesar de estas facilidades, también mantienen otras prácticas no conocidas por la población, por ejemplo: los comercios deben abrir todos los días, no importa si son días nacionales, definen hasta a qué hora abrir, pues, mandan una nota por comercio estipulando hasta qué hora se abre al público. Hay días en que para muchos comercios abrir en días nacionales es pérdida, pues, pagar planilla de un día nacional, con los insumos agregados no es rentable; pero si el comercio no abre o cierra antes de la hora establecida, el mall multa al comercio.

Me pregunto entonces, ¿el mall, multa por respetar un día nacional e incluso por el comerciante cuidarse de no tener perdidas?   En la gran mayoría de los comercios trabajan personas que en un 90% viven en zonas o áreas de riesgo, de los cuales cerca del 75% son mujeres que en su gran mayoría son madres solteras; si esta fuerza laboral labora jornadas desgastantes por los decretos comerciales de un mall o plaza comercial, entonces, ¿qué tiempo se le dedica a la familia?, me imagino que en los días nacionales o pleno mes de diciembre los accionistas de estos epicentros comerciales están con su familia en casas de playa o vacacionando en algún lugar del globo; entonces las familias (hijos), quién los cuida, vigila o aconseja, pues, dificulto que puedan contratar una nana para tales fines.

En muchos países de Europa, pese a las inestabilidades propias de la economía, se mantienen sólidos, pero son cónsonos entre el desarrollo económico y el desarrollo social. Recuerdo que una gerente de una empresa en la que laboraba, me dijo que en Alemania, los comercios abren hasta las siete de la noche, pues es importante que la familia en su conjunto comparta.

En nuestro país pueden aducir que es para darle facilidades a los potenciales compradores nacionales o extranjeros; pero me pregunto: ¿no se puede educar a dichos compradores o clientes? Los parámetros laborales y comerciales en nuestros país al parecer se basan en producción y rentabilidad total, descuidando el rol importante que tiene que tener la integración familiar en calidad de tiempo y actividades.

Hombre y mujeres están viendo a sus hijos crecer cuando dan el dinero para comprar ropa o zapatos, o cuando simplemente los ven de madrugada, se los están formando los vecinos, los amigos del colegio, los programas de TV (con capos incluidos), el Internet y, si tienen algo de suerte, los abuelos que deben ser para complementar la formación.

El Estado debe poner atención a estas cosas, es importante que el desarrollo y crecimiento comercial siga dándose, pero no con pequeñas repúblicas dentro del territorio nacional; además de regularse esto, ayudaría a la población en general a no dejar todo para última hora, programarse y por supuesto a que la clase obrera honre los más importante: La familia.

*

<> Este artículo se publicó el 11 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: http:

La historia es también asunto de intereses

La opinión de…

Francisco Díaz Montilla

La historia registra que cuando el general Mariano Montilla tuvo conocimiento de los hechos de la “independencia” de Panamá de España, el 28 de noviembre de 1821 sentenció: “no cabe duda de que Panamá es tierra de comerciantes, ha sabido evitar los horrores de la guerra proclamando en buena hora su independencia”.

Ciertamente, mientras el resto del continente libraba su independencia desde una década atrás en el campo de batalla, los istmeños permanecimos fieles a la corona española, y si finalmente actuamos como hicimos se debió a un cálculo de utilidades que –al menos para los sectores comerciantes– era sumamente prometedor. Entonces eran irrelevantes los ideales de Nación,  independencia y soberanía. Lo determinante, por el contrario, era que la Gran Colombia de Bolívar,   a la cual nos uníamos voluntariamente, garantizara el libre comercio por el Istmo.

81 años, 11 meses y 25 días más tarde, la historia sería similar.   En esta ocasión no hubo pagos de salarios atrasados a soldados, aunque sí sobornos a importantes funcionarios del Gobierno de Colombia y a otros “patriotas”, algunos de ellos elevados a la categoría de próceres, y –sobre todo– la posibilidad de realizar magníficos negocios con la construcción del canal de Panamá por parte de Estados Unidos.

Lo demás es historia: un chino muerto y una mula heroica, un tratado que cedía a perpetuidad parte del territorio nacional y un artículo de la Carta Magna que legalizaba las intervenciones norteamericanas en el Istmo.     En fin, un país mutilado que habría de iniciar un tortuoso proceso de autoafirmación que, en pleno siglo XXI, no termina de realizarse y que –según parece– ya no interesa.

Años después de la separación de Colombia, una de las mentes más preclaras que ha vivido en este país,  Eusebio A. Morales,   señalaba en uno de sus escritos que el problema principal de los panameños era la ausencia total de sentimiento patrio, y que entre los involucrados en los hechos secesionistas había quienes no creían en la empresa que estaban realizando, y que el móvil de las acciones de estas personas era más bien crematístico.

Pero los panameños sobredimensionamos los hechos y celebramos pomposamente con marchas, salomas, bandas musicales de poca monta y bailes que no vienen al caso, acontecimientos  de los cuales no tenemos la más remota idea o que carecen de proyección nacional pero que súbitamente –debido a la extraordinaria fantasía de historiadores de cuentos de hadas (historiadores Alicia) o de retóricos gubernamentales– parecieran ser la manifestación del alma nacional que desborda todo condicionamiento temporal (incidente de la tajada de sandía, 10 de noviembre de 1821, 5 de noviembre de 1903, etc.).

No somos capaces de darnos la oportunidad de evaluar los acontecimientos y el actuar humano bajo la mirada de la crítica, ni de advertir que –después de todo– nada es sagrado en la historia, o mejor dicho:   no somos capaces de advertir que no hay historia humana sagrada,  y que la historia no puede entenderse sino a partir de los intereses que la hacen posible.

Reconocer esto es el punto de partida para la tan necesaria tarea de desmitificar nuestro pasado, una tarea tanto más necesaria si se tiene en cuenta que la historia es un excelente recurso para la manipulación ideológica y política y para la propaganda oficial, y una forma de alimentar la alienante cultura del grupo o del rebaño, con todas las consecuencias discriminatorias que esa cultura implica.

*

<> Este artículo se publicó el 15  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/diaz-montilla-francisco/

Abuso contra trabajadoras

La opinión del Abogado y Presidente de la Fundación La Voz de Arraijan….

Dagoberto Franco

Para nadie es un secreto, que en muchos almacenes, los dueños no han superado la etapa de la esclavitud, por la forma como tratan a las trabajadoras y las constantes violaciones de la normas de protección de estas trabajadoras, que en la mayoría de los casos se aguantan todas estas injusticias por la necesidad que tienen de trabajar.

A las vendedoras las obligan a trabajar más de diez horas diarias, las obligan a trabajar los domingos. Y la que se atreve a reclamar que quiere un domingo libre para estar con su familia, a parte de que se tiene que aguantar una insultada queda despedida por reclamar su derecho.

El Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral haciéndose eco de las quejas de las vendedoras, realizó un operativo sorpresa durante el fin de semana en comercios del área, en el cual se detectó irregularidades cometidas contra vendedoras y trabajadores en estos centros.

La ministra Alma Cortés haciéndose pasar por una clienta, visitó almacenes ubicados en El Dorado, Los Pueblos y San Miguelito, y tras intercambiar opiniones con las vendedoras, le manifestaron el incumplimiento del decreto que fija el nuevo salario mínimo, así como el no pago de horas extras y jornadas extraordinarias.

Las vendedoras también se quejaron de que les están aplicando descuentos ilegales por supuesta pérdida de mercancía o faltante en la caja. Una de las trabajadoras se quejó de que le descontaron más de cien dólares de su quincena.

Una práctica detectada por la Ministra es que algunos comercios cierran la caja registradora, y no es hasta el día siguiente que realizan el arqueo contable correspondiente. Y, cuando se registra un faltante, entonces lo más fácil para la administración es descontárselo a las trabajadoras que laboran en las cajas. Lo correcto y legal es que este arqueo contable se haga en presencia de la cajera, para que en su presencia se pueda determinar si hay un faltante.

La Ministra advirtió que a quienes se están aprovechando de sus trabajadores les va a caer todo el peso de la Ley, ya que no se puede tolerar estas prácticas. Se hace necesario intensificar estos operativos en los almacenes, por cuanto que son los negocios que más abusan de sus trabajadoras, y hasta ahora nadie le había puesto el cascabel al gato.

<> Artículo publicado el 25  de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Panamá, centro logístico

La opinión de…

Franklin Castrellón

El 7 de septiembre pasado, la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) anunció la creación del Centro de Innovación e Investigación en Logística de Panamá, llamado a impulsar el desarrollo del país como centro logístico regional.

El centro contará con el apoyo del Instituto Tecnológico de Georgia (Georgia Tech); según éste lo señala en su sitio web (www.gatech.edu), el centro tiene entre sus objetivos “mejorar el desempeño logístico de Panamá y ayudar a desarrollar sus capacidades logística y de comercio que permitan a Panamá convertirse en el ‘centro comercial de las Américas”.

Esta iniciativa encaja en la estrategia marítima de convertir al país en centro logístico regional, aspiración que tiene un sólido sustento en el Canal, los puertos, el ferrocarril, servicios marítimos de apoyo, zonas económicas especiales, transporte aéreo, agencias y compañías navieras, sistemas de administración logística y el centro bancario. Esas actividades recibirán impulso cuando esté en operación el tercer juego de esclusas.

Incorporado a la estrategia marítima, el centro logístico tomó forma durante seminarios celebrados en 2008, con la participación de 17 entidades públicas y 16 privadas. Bajo el nuevo gobierno, el ministro de Economía y Finanzas reiteró la importancia de la logística durante el IV Foro de Competitividad celebrado en 2009, y visualizó que en 2020 Panamá debe tener un centro logístico de clase mundial.

Para que ese fin se materialice es clave que la entidad encargada de hacerlo realidad cuente con recursos humanos y financieros, capacidad técnica, dedicación y contactos a nivel global. Además, tal como me dijo un experto en la materia (Revista Recursos), se requiere planificación previa sobre las tierras y aguas que serán necesarias para expansión portuaria y servicios auxiliares.

No es un secreto que los puertos del país están llegando a su máxima capacidad y se les está dejando sin áreas para expansión. Es, gracias a este crecimiento que, según Cepal, los tres puertos privados del Atlántico ocupan el primer lugar en América Latina.

El requisito de planificación equivale a una hoja de ruta para llegar al fin propuesto;  lamentablemente no es seguido por el Gobierno, y el sector marítimo está a la deriva;  por momentos las decisiones que afectan al sector las toma el Ejecutivo, como fue la concesión directa a 40 años plazo, con opción de compra, otorgada mediante Resolución de Gabinete No. 7 de 19 de enero de 2010 a una empresa para que desarrolle una terminal de gas licuado y una central térmica de generación eléctrica en Telfers.

Otro tanto ha ocurrido con tierras con vocación portuaria a un costado de los puertos de Manzanillo y CCT otorgadas vía concesión para el negocio de combustible marítimo. Hasta donde sé, ello se ha hecho sin un estudio previo de demanda que pudiera redefinir el mejor uso de esas tierras para el desarrollo logístico.

Se dice que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ha destinado un espacio de 43 hectáreas en Corozal, justo frente a las esclusas de Miraflores, para uso portuario. Al hacerlo, el Gobierno parece haber descartado el megapuerto del Pacífico, que fue resultado de estudios hechos por Drewry Shipping Consultants, Ocean Shipping Consultants, la Agencia de Cooperación Internacional del Japón y Moffat & Nichol Engineers.

Aparentemente, el MEF busca identificar tierras y aguas que le puedan generar los $4,000 millones que requiere el Gobierno para financiar el enorme plan quinquenal de inversiones.   Buena la idea, pero el método me parece equivocado. Más grave, la venta de las tierras de Telfers parece inminente a la luz de las necesidades financieras mencionadas. Estas decisiones, más políticas que técnicas, podrían crear obstáculos a la concreción del centro logístico de las Américas.

En el escenario previo, me resulta ilógico que sea la Senacyt la entidad del gobierno que asuma el liderazgo del proyecto que inspira este artículo. Aunque técnica en su concepción, la dirección de esta agencia no tiene el liderazgo adecuado ni la jerarquía gubernamental que le dé al tema voz y voto en el gabinete.

Si el Gobierno no quiere arriesgar uno de los pilares de su gestión, debería otorgar esa función a una agencia menos vulnerable a la politiquería y con capacidad técnica y financiera para hacerla una realidad, evitando que intereses políticos y económicos la liquiden en su cuna.

<> Este artículo se publicó el 20 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

*

La conspiración del mercado del carbono

El punto de vista del Ingeniero…

Eduardo A. Esquivel R.

“Si se lograra reducir significativamente las emisiones, poner fin a la exploración en busca de nuevos combustibles fósiles, no construir nuevas centrales energéticas a carbón y realizar un cambio estructural hacia la producción de energía renovable, tal vez el comercio de carbono pasaría a ser una atracción secundaria, sin gran relevancia.
Pero, tal como están las cosas, nada de eso está sucediendo, y el comercio de carbono permite a la industria seguir funcionando como de costumbre. Es para eso, y para ganar dinero, que sirve el comercio de carbono” (Chris Lang WRM – http://www.wrm.org.uy).

Patrick Birley, director ejecutivo de European Climate Exchange (empresa líder en el comercio de carbono en Europa y a nivel internacional), dice que alrededor del 95% de la comercialización de carbono se hace a través de su empresa.   Y nos dice sobre el comercio de carbono: “No reduce ni en una sola tonelada del carbono liberado en la atmósfera. No tiene nada que ver con eso. Es una cuestión de topes. El sistema de topes es lo que produce, a largo plazo, una disminución de la cantidad de carbono liberado en la atmósfera”.

Pero si el comercio de carbono no reduce las emisiones, ¿para qué sirve?   Birley dice: “Estamos ayudando a aquellos que reducen su carbono a gestionar los riesgos asociados”.

La industria contaminante es, al menos a veces, muy honesta acerca de sus motivos para apoyar el comercio de carbono. American Electric Power (AEP) es el mayor quemador de carbón de Estados Unidos. Diane Fitzgerald, directora de Medio Ambiente y Seguridad de AEP, explicó a la revista Time: “Compararemos las compensaciones forestales con proyectos como la energía renovable, y tendremos que tomar la mejor decisión financiera”.

Se espera que este comercio, de una mercancía que nadie puede ver, represente un mercado de 3 billones de dólares para 2020, si el mercado no colapsa antes.   El fraude de 7 mil millones de dólares destapado recientemente en la UE, ilustra la posibilidad de que se involucre el crimen organizado.   Comercializar carbono no reducirá las emisiones, pero permitirá que la industria siga empleando tecnologías contaminantes.

El llamado “Comercio del Carbono” sería una especie de Conspiración de las grandes industrias quemadoras de carbono asociadas a administradores de fondos de alto riesgo, inversores y especuladores. De este modo uno consigue comprar el permiso para seguir quemando carbono impunemente y el otro consigue enormes ganancias por un producto inexistente.

Decía un funcionario de la ACP hace poco que esta empresa estatal ganaría millones de dólares en el mercado del carbono,  ya que la ampliación reduciría la emisión de CO2 de los barcos, al ser las rutas más cortas.   Sin embargo, no menciona el pequeño detalle que ellos han pregonado, que con la ampliación se incrementará significativamente este tráfico marítimo, con lo que se incrementaría también las emisiones de CO2.   Además es obvio que la ampliación del Canal no se hizo con la intención de reducir las emisiones de CO2.

Por cierto, los barcos que pasan por el Canal generan más CO2 en un año que lo que generaría toda la industria panameña en cien años.  Pero nadie se fija en estos pequeños detalles. Las empresas que negociarán el mercado de carbono en Panamá ya están formadas desde hace tiempo, y son, en su mayoría, un grupo muy exclusivo de ex –funcionarios “ambientalistas”.

<> Este artículo se publicó el 18  de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.

Sobre la atención al cliente

La opinión de…

Enrique Cáceres–Arrieta

La atención al cliente suele ser tan mala que el extranjero y el nacional jurarían ser familia del hombre invisible porque pareciera que no los vieran.    Llegas a un almacén y te cansas de esperar que te atiendan, hasta que te das cuenta de que los empleados están somnolientos o charlando sobre el extraño andar del cangrejo.

“Diga”, es la clásica palabrita con la cual “atienden” muchos. Distinta a “buenos días”, “buenas tardes”, “¿en qué le puedo servir?”, “a la orden”, expresados en otros países.

Innumerables vendedores de tiendas tienen solo educación media o proceden de capas sociales bajas. Igual en otros países. Mas, la atención allá es muy diferente. Es cuestión de cultura.

La mala atención al cliente no está presente solo en tiendas sino también en oficinas públicas y privadas y consultorios de toda índole. Hay corporaciones (sobre todo bancarias) que de tanto cuidarse más allá de lo razonable y lógico se les obnubila el entendimiento en lo más simple.

O no les da la gana ayudarte porque representas poco para su lucro.   No les importas como individuo sino como dólares y propiedades.   Ignoran que ante su gran tamaño y el sinnúmero de sus servicios y planillas el cliente promedio tiene la impresión de ser pequeño e insignificante. De ahí que deberían hacerte sentir importante.

En efecto, eres importante pues sin clientes no hay utilidades. Y por muy pequeño que sea un cliente aporta ganancias a una empresa. Por consiguiente, es falso que “la casa pierde y se ríe”. Ríe debido a que es raro que la empresa pierda en una transacción con un cliente. Y sin importar los millones de dividendos obtenidos, la insensibilidad humana es pobreza espiritual.  Al fin y al cabo, la riqueza espiritual es fortuna que ni la polilla ni el moho destruyen, los ladrones no hurtan y cuya “bolsa” no cae. No se trata de que las empresas sean organizaciones benéficas sino que no hagan acepción de clientes.

¿Qué pasa con la atención al cliente en Panamá? ¿Por qué ese personal en compañías transnacionales en otros países atiende de maravillas y aquí la atención es frecuentemente fatal? Es cuestión de cultura. Aquí, llegas, coges un número, haces cola, saludas con un “buenas” (si alguien responde, date por oído). Después de 45 ó 60 minutos, la persona del otro lado del escritorio te mira con cara de escopeta recortada como si fueras a pedir limosnas o asaltarle. Es urgente subsanar la atención al cliente porque de ella depende el progreso del país, el crecimiento empresarial y el tener existencial de empleados y empresarios. ¿Será que algo tan lógico se sabe? Si se sabe, ¿por qué se hace lo opuesto?

Al querer pagar un servicio público hallas una fila inmensa con uno o dos cajeros. Si reclamas, la contestación consabida es que “no hay más personal” o “están almorzando”. (¿Será que tú no almuerzas?) Debes esperar no menos de una hora para que te atiendan. (Es excelente terapia si eres impaciente;   te sugiero que lleves un buen libro para redimir el tiempo y relajarte). A las mil y 50 te atienden no como un cliente importante, sino como un limosnero.

¡Urgente! ¡Urgente! ¡La atención al cliente en Panamá está herida de muerte! Los empresarios deben capacitar a su personal pues más que un gasto es una inversión. El servicio al cliente en Panamá necesita oxígeno, un trasplante de corazón y transfusión de sangre porque, como está, extranjeros y turistas se llevan una distorsionada creencia del país. Y por ahí aseguran que la primera impresiónes la que vale.

Una vivencia ilustra mejor la desatención al cliente: estando en una tienda en diciembre, vi un amplificador de audio y decidí abonar uno.    Mucho antes de que se venciera el plazo del abono, fui a retirarlo. ¡Lo habían vendido!

Luego de varias horas de espera, me dijeron que traerían uno de otra tienda. ¡Dos días después me lo entregaron!; al intentar prender el aparato en casa no encendía.  Al día siguiente lo llevé a cambiar y después de aguardar más de una hora me dijeron que no había más.   Quedé con una nota de crédito, rabia y frustración.

¡Tres días después! volví a la tienda y no había nada; tuve que ir a otra a buscar un segundo aparato que tampoco funcionó.    Regresé a casa sin el amplificador pero con mi plata. No seas mal pensado… estaba comprando un amplificador de marca, no era “gallito”. En este caso, no era ni “pollito”.

Moraleja: aunque quieras algo, lo abones y vayas a retirarlo a tiempo, es probable que no lo tengas por la horrible atención al cliente que frecuentemente dispensan en Panamá.   Tampoco esperes una excusa del gerente o encargado del negocio. Esa palabra es inexistente en su vocabulario. Es cuestión de cultura. Pero después hay quejas de que los extranjeros “quitan” el pan a los panameños.   Si los migrantes tienen papeles en regla, no usan gafas “juega vivo”, laboran mejor que nosotros y vienen a enseñarnos a atender al cliente, son… ¡bienvenidos!

<> Este artículo se publicó el 17 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa,  a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.