Mascotas, celulares y canasta básica

La opinión de…..

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Hirisnel Sucre S.


Después de haberme encontrado y de conversar con mi condiscípulo del Instituto Nacional de Agricultura, Carlos Salcedo, destacado avicultor, decidí escribir las siguientes inquietudes como panameño y profesional de las ciencias agropecuarias por más de 40 años.

Cierto es que fue una promesa de ambas campañas presidenciales bajar la canasta básica familiar.  Yo también lo desearía, pero me pregunto: ¿cómo?, ¿a base de qué?, ¿de resolver la cadena de frío?, ¿de darle más apoyo al productor nacional? ¿ o bajando o eliminando aranceles de productos importados?

Las preguntas anteriores se podrían resolver con una ecuación: mascotas + tarjetas de celular= canasta básica familiar. Veo difícil resolverlas si no tomamos en consideración los hábitos de consumo modernos de los panameños como lo son los excesivos gastos en alimentación y cuidados de animales de pequeñas especies, llamados “mascotas” y el alto consumo de tarjetas de celular de los panameños de la campiña y la ciudad.

Me asombré al ver en un supermercado de la 24 de Diciembre, la cantidad de alimentos para “mascotas” disponibles para su clientela y después, por casualidad, pasé frente a una escuela primaria del sector, me detuve para ver a los niños en la hora del “recreo” y me asombré nuevamente al ver a cada escolar con uno y hasta dos celulares “chateando” o llamando ¿a quién? y hasta tomándose fotos.

Nunca olvido el primer día de ingreso a la Facultad de Veterinaria en el sur de Brasil, donde me gradué, cuando en 1968 el decano nos reunió y dijo:   Aquí aprenderán a ser veterinarios orientados a la producción de carne, leche y lana, porque esto es lo que necesita este país (Brasil); ese mensaje me quedó bien claro y en mis estudios y prácticas fue muy poco lo dedicado a las “mascotas”.

¿Será por casualidad que Brasil hoy es una potencia económica mundial? ¿Será porque esa era la orientación para una profesión que coadyuvara a la actividad más noble del hombre, la producción de comida?

Si bajar la canasta básica de alimentos es para que los panameños ahorremos en comida, ¿a costa de quién? Y que esto se utilice para alimentar, peinar, peluquear y poner champú a las “mascotas” y la otra porción del dinero ahorrado en alimentación familiar, dedicarlo a comprar tarjetas de celular, que la más barata vale B/. 2.10, casi igual a una libra de carne bovina de primera calidad.

Se me ocurre otra “ecuación”: ¿cuántas tarjetas de celular y cuántas libras de carne bovina compra cada familia quincenalmente?, y ¿cuánto cuesta cada “mascota” quincenalmente?

A esta última tengo la respuesta, porque mi hija Rita, que es ingeniera industrial recién graduada, trabaja en un banco, está soltera, tiene una “mascota” en nuestro apartamento en La Alameda, que por no tener conocimientos y práctica no atiendo yo, pero sí veo las facturas de su alimentación y atención, y es ¡una exageración!

Rubén Ureña, tendero de Piriatí en Chepo, me afirmó que él vendía ¡más tarjetas de celulares que pan!

A los estudiosos de esta materia los invito a que me ayuden a resolver esta “ecuación”, porque aún no la entiendo y no me sé el resultado.

P.D.: ¿Cuántos niños (as) de nuestro país desearían tener un trato y alimentación de “mascotas?

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Este artículo se publicó el  14  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿La tecnología nos resuelve o no?

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministra de Estado….

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MARIELA SAGEL

En los últimos años, la dependencia que hemos desarrollado hacia la tecnología no solo ha ido en aumento, sino que la velocidad con que vamos adoptando diferentes gadgets es exponencial a cualquier otro implemento que exista en nuestro entorno, como puede ser una plancha, una aspiradora o un aire acondicionado.

Ya no podemos vivir sin un ordenador o como decimos en el patio, una computadora. Y no necesariamente para las labores más loables, como son el producir en nuestro trabajo, sino para “ chatear ”, para estar unidos a una red social y, en el peor de los casos, para meternos a ver páginas de contenido libidinoso. Cuando yo me inicié en estos avatares del uso de computadoras era el año 1987 y utilizaba un procesador de palabras y la hoja electrónica popular de ese entonces, que solucionaba las proyecciones que se hacían en precios, cotizaciones y cálculos de impuestos.

Hoy en día existen pocos hogares urbanos donde no se encuentre un ordenador y si no existe, por lo menos se visita un café internet y casi todo el mundo, de cierta edad (jóvenes y no tan jóvenes), tiene una cuenta de correo electrónico y desde su propia computadora o utilizando los servicios de un sitio público, se está en contacto con personas y se hacen trámites a través de los servicios que se pueden acceder mediante la tecnología computacional.

Los jóvenes están seriamente involucrados en los temas de redes sociales y los usuarios de Facebook, Twitter y otras suman millones en todo el mundo y van en aumento. No debería decir jóvenes, porque otros, con espíritu joven, pero con sus añitos (como mi madre, que va a cumplir 85 años) también han adoptado con mesura esta participación en las redes sociales y disfrutan de encontrar viejas amistades o compartir a través de su página aquellos temas que les parecen relevantes.

Hay que tener cuidado en el manejo de estos instrumentos. En mi caso particular, la dedico a temas literarios, publicar mis artículos semanales y cualquier noticia que mi estrecho vínculo de amigos pueda disfrutar sin sobresaltos, especialmente buenas noticias, porque los noticieros y los periódicos generalmente carecen de ellas.

Con el celular la historia es otra, y ese tema le he dedicado ya demasiado tiempo. El uso de ese aparato epitomiza una sociedad sin rumbo y sin norte y la competencia es feroz para capturar clientes, pero en mantenerlos es un desastre. Y las instituciones que se crearon para velar por la protección del usuario, en una sociedad abierta de consumo, miran hacia otro lado cuando de ejercer su autoridad se trata —especialmente si es un pinche consumidor y no la empresa telefónica la que pone la queja— y no cumplen con su deber de informar cuáles son los derechos de esos mismos consumidores.

Lo peor de todo es que cuando una ya se familiariza con un nuevo lenguaje, un nuevo software, una nueva tecnología, sale otra que echa por tierra todo lo que uno cree que domina. La tecnología está supuesta a hacernos más fácil la vida y hacia ella tenemos que adoptar un enfoque filosófico: uno diseña SU funcionalidad de acuerdo a una nueva tecnología y es muy perjudicial privarnos (o que se nos prive de ella por mal servicio) cuando un gran porcentaje de la eficacia familiar, profesional y social depende de la misma.

Pero, ¿nos imaginamos hacer nuestras labores sin hacer uso de la tecnología? Pensemos estar sin teléfono celular —aunque no sea un BlackBerry—, y un ordenador por una semana. En mi caso, podría prescindir del teléfono celular, porque todavía creo mucho más en las líneas fijas, pero no podría ni escribir una cuartilla a mano ni mucho menos prescindir de revisar mi correo electrónico, porque de él depende mi trabajo.

Vamos entonces dominando toda esta tecnología que nos debe resolver sin que nos esclavice y a la vez, permeando a los que nos rodean con el enfoque filosófico que señalé arriba, sin que nos estrangule ni nos lleve al despeñadero cuando no contamos en determinado momento con alguno de estos elementos tecnológicos.

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Artículo publicado el 21  de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las metas incumplidas

La opinión de la Arquitecta y Ex Ministro de Estado…..

MARIELA SAGEL

Cuando se privatizaron la telefonía y la electricidad en Panamá, en los años 1996 y 1997, también se creó el Ente Regulador de los Servicios Públicos, con el fin de que se establecieran metas de cumplimiento y que los clientes estuviéramos protegidos de los abusos de las empresas que obtuvieron la concesión para proveer los servicios que desde ese momento estarían prestando.

A partir de esa fecha, hemos podido contar con teléfono celular y, reniegue el que reniegue contra la privatización, sin haberla ejecutado, estos servicios no se estarían ofreciendo.

Más recientemente entraron a proveer servicios de telefonía celular dos empresas, con promociones agresivas que puso a todo el mundo a cambiar su número de teléfono, porque se le daba al cliente que optaba por un servicio de estas nuevas empresas hasta un BlackBerry sin costo.

Entiendo que el número de unidades de celular supera la cantidad de habitantes que tiene todo el país y sería interesante que ahora que nos aprestamos a un Censo Nacional, se miren estos datos.

Sin embargo, las metas de cumplimiento o no se supervisan o no se cumplen. Y mucho menos se divulgan o se hacen del conocimiento de los usuarios. Desde la salida forzada del Ente del Ing. José Guanti ha habido un relajamiento, al mismo tiempo que no se han actualizado las metas iniciales y estamos a merced de la mala atención y el abuso de las empresas prestadoras del servicio. Lo peor es que la manida portabilidad numérica, no se ha implementado y, en lo personal, tengo el mismo número de teléfono celular desde el día en que empezó a prestar servicio Bellsouth y por no poder conseguir el mismo número con otro proveedor, soy una damnificada del pésimo servicio que presta Movistar.

Si bien mis amigos me dicen que tengo un karma celular , porque siempre escojo los modelos que vienen premiados, o que hacen un viernes por la tarde o un lunes en la mañana y con frecuencia, salen malos, la atención a clientes de esta empresa es pésima. Si uno llama al teléfono que se indica para saber cómo anda la reparación de una unidad, lo atiende un call center en Guatemala, pero más parece que está en Bosnia. Si uno se acerca a los centros de servicio, se quedan con el teléfono, repetidas veces, sin confesar que ese modelo ha salido malo en un 50% (y con la suerte que tengo, estoy en ese 50% de los defectuosos) y lo que es peor, no tienen un equipo para prestarte mientras supuestamente lo reparan.

Actualmente estoy pasando ese calvario: mi BlackBerry ha estado tres veces en reparación y el modelo es de los que han salido malos, pero la empresa insiste en quedarse con él para repararlo. Las fechas que establecen para entregar la unidad reparada no se cumplen y apenas te lo entregan, de una vez vuelve a presentarse el mismo problema por el cual se llevó. En el ínterin porto un aparato que parece salido de una cajita de Cracker Jack a la espera que Movistar decida y acepte que mi equipo está en el 50% de los aparatos que han salido defectuosos.

Esta situación es insostenible. No hay manera de llegar a los directivos y ponerlos en autos del mal servicio que prestan, la barrera que crean entre sus clientes está en Guatemala, por medio de su call center. Los pobres ejecutivos y técnicos que están atendiendo en los centros de servicios se han vuelto casi que impermeables ante las quejas diarias que deben procesar.

Al final, entiendo que las fallas de los aparatos celulares pueden tener solución (si no están en el 50% de los defectuosos) en las tiendas de chinos, las electrónicas que tienen de todo. ¿Tendremos que recurrir a eso por la pobre atención que nos brinda Movistar?


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Artículo publicado el 14 de marzo de 2010 en el Diario la Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Celulares, casinos y bingos

La opinión del Empresario…..

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Guillermo Roca Rivas

A pesar de ser el celular un importante avance de la tecnología para la sociedad y para el ser humano, es a la vez un medio que se presta para la inmoralidad, el sacrificio económico y desajustes familiares. Es un medio práctico, oportuno y de gran necesidad dentro del ambiente, profesional, ejecutivo y empresarial, hombres de negocio, aventureros, exploradores, pero viene proporcionando graves daños en el aspecto moral más entre los sectores más humildes y poblados de la nación, en vista del uso indebido y exagerado y de la demanda que ha tenido entre esos usuarios.

Es lamentable observar que dentro de esos sectores hasta los gatos poseen un celular y a elementos pobres que prefieren comprar uno que alimentarse. Los adquieren bajo duros sacrificios económicos como personales sin, darse cuenta la fuerte erogación económica para cada usuario y su familia. Algunos los usan como objeto de lujos, pifias, vanidades, puentes de confidencias, en pasatiempos y coloquios propios de la juventud. Se viene observando la disimulada explotación de algunos autores y elementos vinculados a esa industria tecnológica de aprovecharse del fanatismo y la inmadurez de los miles de usuarios en los eventos artísticos y de otras disciplinas celebradas en el país, ello no quiere decir que me oponga en la búsqueda de nuestros valores humanos, sino buscar otros mecanismos que sean menos onerosos para nuestros usuarios y para la economía del país.

Su gran demanda amerita una profunda reflexión entre los sectores de la sociedad, si llevamos en cuenta que el presupuesto de muchos usuarios no les da margen de adquirir un celular sin que ello no los comprometa, económica y moralmente.  Igualmente viene sucediendo con el alarmante vicio de los casinos y los bingos nacionales a lo largo y ancho del país. Aunque no sea una responsabilidad directa de esas casas de juego, ya que a nadie obligan a jugar, pero en base a la idiosincrasia, el fanatismo, la inmadurez y la irresponsabilidad de muchos, ello no deja de representar un medio y un foco de tentaciones que contribuyen en el deterioro de la economía, la moral y en la inestabilidad de la familia, sobre todo en las clases populares.   Ejemplo: ¿cuál vendría siendo el resultado de una ama de casa o cualquiera otra, que reciba de su consorte el cheque de salario para ir de compras al supermercado, para pagar la renta de la vivienda, el crédito de la tienda el sueldo de la doméstica, pagar los servicios públicos etc.,   pero antes de ello, acude a un casino o al bingo público para probar suerte en la aventura de aumentar el capital, pero para desgracia lo pierde todo sin el visto bueno de su consorte?

Sin lugar a dudas esa fanática de los casinos en ese momento se encontraría en una situación muy vulnerable y peligrosa y de tentación, lo cuál pone en peligro la estabilidad de su matrimonio y su familia, sobre todo cuando esos casos abundan más entre las familias pobres y humildes. Igual pudiera pasarle al jefe de familia, tener que aceptar convenios indebidos, que contribuyen a la infidelidad, suicidios, crímenes y la pérdida de bienes y enseres.    Sabemos además que ese complejo problema social se debe a la falta de madurez, orientación y de irresponsabilidad de algunas familias humildes y aunque a esos establecimientos de juegos y la proliferación de tantos celulares que operan dentro del ambiente, no se les puede prohibir, pero sí es una obligación del Gobierno como garante de la buena marcha de la sociedad, tomar medidas de control mediante consejos y mensajes positivos a fin de mermar un poco la proliferación de tantos celulares, juegos y apuestas.

Lo más preocupante de esta situación es observar el escape de divisas económicas del país en perjuicio de nuestra economía, en vista de que dichas empresas y negocios tienen sus asientos y sedes en el exterior, dejando les solo a la nación la pobre empleomanía y sus irrisorios impuestos que pagan al Estado.  Observamos con gran pesar la conducta fanática de algunos clientes que acuden a ciertos casinos a engrosar aún más los poderosos imperios económicos de ciertas familias en Panamá.

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Artículo publicado el 13 de febrero de 2010 en el diario El Panamá América a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Silencio en el ascensor

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La opinión de la Doctora en Medicina y Escritora…..

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Rosa María Britton


A finales del siglo pasado hicieron una encuesta en Estados Unidos para determinar cuál había sido el invento más importante del sigo XX y cuál el más ofensivo.   El celular ganó ampliamente en las dos categorías y no es de extrañar.

Cuando estos aparatos aparecieron en el mercado en los años 90, fueron como una revolución, la solución inmediata a los problemas de comunicación.   Cable & Wireless pagó 70 millones por la concesión y pensé que era una locura, jamás recuperarían su inversión y me equivoqué.

Ahora tenemos varios concesionarios y ninguno pierde dinero, al contrario.

Los panameños se matricularon con fervor al nuevo aparato, era tan conveniente mantenerse en contacto con familiares y amistades, sobre todo con tantos teléfonos fijos inhabilitados por el robo de cables.

Y comenzaron a hablar a todas horas, en el trabajo, la casa, el auto, el autobús, en misa, caminando, sin importarles quién escuchaba, sin consideración alguna.   Cada cual instaló el timbrazo más alto e irritante, había que llamar la atención de todas maneras. Algunos gobiernos se han visto obligados a imponer multas a los que abusan del celular en ciertos lugares públicos como museos, teatros o a los conductores irresponsables.

Los jóvenes usan el chateo para evadir los regaños de maestros y padres, estrujando la palabra escrita hasta convertirla en garabatos ilegibles para los mayores de 30. Hubo quien celebró como un logro que la juventud tenga su propio lenguaje. (Declaraciones de la señora Mercedes Cabrera, actual ministra de Educación de España).

Tengo entendido que en este pequeño país hay más celulares que habitantes y según un informe reciente (cuya veracidad no puedo garantizar) se gasta más en celulares que en arroz.

Aunque los buseros no son santos de mi devoción, comparto con ellos la frustración que sienten al ver que los jóvenes estudiantes se niegan a pagar más de 10 centavos de pasaje alegando que son de escasos recursos y la mayoría carga un celular en el bolsillo.

Por unos cuantos años ha circulado el rumor de la posible relación de cáncer cerebral por el uso excesivo de los celulares.  Esto no ha podido ser confirmado científicamente, pero a nadie parece interesarle. Resulta paradójico observar la agresiva oposición de las comunidades cuando tratan de instalar una antena en su entorno, alegando que las ondas que trasmiten causan enfermedades de todo tipo.   Esa leyenda urbana la creen a pie juntillas, la otra del cáncer cerebral no, habría que despegarse del celular y eso ni hablar. Curioso ¿verdad?

Hace unos días, una joven entró al elevador de mi oficina. Hablaba por celular a todo volumen, discutiendo detalles de una fiesta, sin importarle que el lugar iba lleno.   Sin poderme contener le pedí que bajara la voz, a nadie presente le interesaba sus asuntos. Indignada me gritó que era una vieja amargada. Y usted una malcriada, dije al salir.

No lo vuelvo a hacer, lo prometo. No vale la pena mortificar las coronarias.

Ahora con el popular BlackBerry, sus afortunados dueños pueden pasar todo el día chateando, recibiendo o enviando correos, tecleando sin parar. No se trata de banqueros, periodistas o ejecutivos que necesiten estar en constante comunicación con su trabajo; la mayoría, gente común y corriente de todas las edades.

No se separan del aparato, lo llenan con todos sus datos personales, lo llevan como incrustado en la palma de la mano, mirándolo a todas horas, en el cine, la iglesia, la visita médica, un espectáculo, con amigos en un restaurante o la discoteca, imagino que es así como conversan.

Los usuarios de los BB viven en contacto con las llamadas redes sociales, Facebook, Twitter, blog que se han convertido en la locura del momento.   CNN reporta que en Argentina los jóvenes han sustituido las reuniones en terrazas y cafeterías por las redes sociales desde sus casas. El New York Times destaca la alarma en ciertos sectores por la adicción al Facebook de muchos adolescentes.   El que no aparece en Facebook, no es nadie. Los ejecutivos se han visto obligados a exigirle a sus subalternos que apaguen los BB en reuniones, de lo contrario prestan muy poca atención a la discusión entretenidos con sus aparatos.

Dirán que exagero, miren a su alrededor, es una especie de manía colectiva, pero bueno, tiene sus ventajas. Los usuarios del BB hablan poco, prefieren teclear y teclear. Ojalá que la gritona del elevador tenga el suyo muy pronto para que podamos ascender a nuestras oficinas en silencio.

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Publicado el 2 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.