Del Homo Sapiens al nuevo BB

La opinión del deocente universitario, Magister….

José De la Cruz Regalado De la Cruz 

Como docente de una prestigiosa universidad privada de Panamá, mi principal preocupación es mantenerme al día de todos los cambios que se generan en el entorno nacional y mundial. Mis estudiantes son jóvenes, expertos en los cambios vertiginosos que se dan en los campos de la informática, debo añadir que soy biólogo, así que además de ver cambios en el área humanística los veo desde la óptica de la biología.

De las clases magistrales se pasó al uso de las filminas, luego al uso de las diapositivas proyectadas en el salón de clases y finalmente a la utilización de sitios de internet en donde el estudiante puede entrar y revisar las asignaciones que coloca el docente, en los famosos “blogs” “Yahoo Group “FotoLogs” y demás ciencias informáticas.

Lo anterior nos pinta un escenario optimista en la evolución de la especie conocida como Homo Sapiens, la realidad no es así, según mis observaciones la raza humana como tal ha llegado a un proceso evolutivo que tiende a llevarlo hacia un retroceso.

Nuestro desarrollo óseo craneal, parece haber disminuido, se puede observar, la gran cantidad de niños y jóvenes que utilizan aparatos de ortodoncia, es asombroso, yo vengo de una familia de seis hermanos y ninguno utilizó estos aparatos, ¿será que ya no nos caben los dientes en la boca?

El desarrollo ortopédico, una gran cantidad de niños utilizan botas y otros aparatos ortopédicos, me remito a lo que conozco, ninguna persona de mi entorno en la infancia los utilizó, ¿serian los juegos infantiles que nos motivaban a caminar y a correr?, ejercicio olvidado por las actuales generaciones de Homo Sapiens.

Con el avance de la tecnología pasamos horas sentados frente a un ordenador, desde el cual nos informarnos de noticias del día hasta pagar obligaciones públicas y privadas, todo esto nos ha llevado a estar encorvados frente a nuestro escritorio.

La cerecita del pastel: la llegada de los celulares y los mensajes de texto y llega a su clímax con el Blackberry, este ultimo dispositivo lleva a la raza Humana de Homo sapiens a Homo Convexus, del latín convexus o encorvado.

Es común observar hoy en día la gran cantidad de personas que caminan encorvadas recibiendo o respondiendo a los incontables mensajes que reciben, algunos más temerarios manejan respondiendo entre semáforo y semáforo los mensajes recibidos.

Creo que este sería un buen tema de conversación y debate en los círculos de ciencia, ¿ha llegado el momento de revisar la Teoría de la Evolución?

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<>Artículo publicado el 21 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá America, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La comunicación inalámbrica en el camino de lo inusitado

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

Claudio Herrera J.

Q, xopá?    Como tash?  Estoy@work todavía No c’ q’ haremos hoy    Te vo n l U + tard.

Este fue uno de los mensajes de texto –de una prueba que hice con mis estudiantes– sobre cómo la comunicación inalámbrica móvil, en especial entre la juventud, asume características cotidianas otrora inusitadas y atrevidas.

Los SMS (Servicio de Mensajes Cortos, en inglés) –uno de lo programas de mensajería instantánea–transforman las formas básicas de comunicarnos y actúan como factores de cambio cultural y comportamiento social.

Los emoticono(e)s dan un valor agregado al mensaje, sustituyendo o modificando la acción de la palabra, aportando diseño gráfico visual con dos elementos claves; la denotación (lo que se ve realmente) y la connotación (el significado que me sugiere la imagen, su doble sentido). Creamos un nuevo lenguaje, el del hipertexto móvil.

Según E. Kasesniemi y P. Rautianen, los mensajes (SMS) se parecen más a un código que a un lenguaje estándar. Para Fortunati esto nos lleva a descubrir el “encanto por escribir”, apreciación que acogió la Biblioteca Nacional de Uruguay auspiciando el certamen “T Cuento Q” y un diario inglés organiza un concurso de poesía.

Un factor clave de estos mensajes está en el límite de caracteres (160)lo que nos lleva sintetizar. José L.Hernández Pacheco y Emilio Morales Gómez(http:wwwcerdonbosco.com) nos presentan un código sobre cómo expresarnos en este tipo de comunicación.

Comparan a esta comunicación con el desarrollo de la escritura —en el que los ideogramas y pictogramas anteceden las letras— aunque nos lleva a una arriesgada pérdida de las reglas básicas de ortografía.

Los SMS incurren en otras disciplinas del conocimiento, como la sicología. Veamos lo que nos dicen M.Castells, M Fernández, J.Lincham y A.Sey (htpp://www.emudet.net):  Los mensajes de texto ayudan a los adolescentes (y algunos varones adultos) a superar vacilaciones e inhibiciones y a desarrollar sus capacidades sociales y comunicativas.

La proyección de los SMS en países como Indonesia, se da en un lenguaje denominado bahasa gaul, una mezcla de indonesio, inglés y javanés, lo que reduce la extensión de los textos y da por resultado una forma de estar a la moda y abaratar costos.

En nuestro país, el número de investigaciones sobre el particular no parece trascender en las universidades, pese a que una creciente población estudiantil, en edades de adolescencia, buscan su identidad como personas a través de los SMS.

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Este artículo se publicó el  23  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Ya nadie quiere hablar

La opinión del Comunicador Social….

ERNESTO A. HOLDER

El mensajero de la empresa donde trabaja la vecina es del interior. Tiene cinco años de haber llegado a la capital. Terminó la secundaria y quiere seguir la universidad, pero aún no se matricula. Es cordial y amable. Hace bien su trabajo. Le gusta el coqueteo con las chicas con que hace amistad en Cerro Batea, donde vive con su hermana mayor, el esposo de esta y sus tres hijos.

En la empresa le dieron un celular para comunicarse con él durante el día y para darle seguimiento a las encomiendas que debe realizar durante su jornada de trabajo, pero por ese celular no puede hablar con las chicas, así que se compró otro celular, a un precio módico y con todos los minutos que le ofrece una de las telefónicas en la captura de clientes.

Con su celular nuevo puede hablar con Diana, la vecina de la otra calle que se dejó hace 10 meses con un albañil que trabaja en la construcción de uno de esos rascacielos en Costa del Este. Diana le dio su número de celular para que la llamara cuando quisiera, pero el mensajero no se atreve. El albañil le dijo que se alejara de su ex mujer, sino se busca un lío. Desde hace una semana, solo atiende el celular del trabajo para cumplir con sus obligaciones, no vaya a ser que alguien escuche y le diga al albañil.

La señora Justina piensa devolver el celular que le dio el señor Carballo, el de la casa grande.   Le va a decir que se va un tiempo a Chiriquí a ver a un familiar, pero no es cierto.   Ahora que el gobierno aumentó la comisión a las billeteras, no quiere que nadie sepa que también vendía los chances clandestinos para Carballo, la lotería de Miami, rifas y one-two’s.    Una billetera rival amenazó con denunciarla. Usó ese mismo celular por más de 8 años y había logrado formar una larga lista de clientes para vender para la casa grande de Carballo todos los ‘tiempos’ posibles de los números bajitos que la gente quería.   Ese número de celular ya es un peligro, por eso lo devolverá.  No vaya a ser que alguien escuche.

La niña Ángela, de 15 años, ya no habla con su novio Rubén, de 16, tarde en las noches cuando sus padres la creen dormida. ‘No hables esas cosas Rubén, que alguien puede escuchar’. También está considerando dejar de chatear en la computadora.   El viejo Edgardo le pidió a su mujer que vendieran la casa y que se fuera a vivir al interior. No confía en las antenas satelitales que una empresa de cable televisión tiene en un lote del barrio. ‘Esos aparatos le dicen a todo el mundo lo que está pasando en la casa de uno’, dice.

El asunto de las escuchas telefónicas es de temer, realmente de temer.   Frente a los peligros que amenazan a las sociedades en estos tiempos, puedo, en principio, estar de acuerdo con que los estados (no los gobiernos) utilicen estos sistemas para protegernos contra el crimen organizado que atenta cada día contra la integridad de la sociedad. Creo que a nivel mundial estamos viviendo tiempos muy peligrosos y debe haber mecanismos de inteligencia y de cooperación entre las naciones para salvaguardar y proteger una sociedad de paz.

El tráfico de armas y de drogas; el blanqueo de capitales, el tráfico de seres humanos, marcan los más horrendos crímenes que, dadas sus características y su modus operandi, deben ser combatidos con las más modernas tecnologías de inteligencia para, por lo menos, disminuirlos y salvar vidas.

Por ejemplo, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en la página 76 de su Informe Mundial sobre las Drogas del 2009, puntualizó que ‘Centro América y el Caribe, dos de las más importantes rutas para el tráfico de cocaína, representaron un 15% de los decomisos globales’.   El ‘World Factbook’ de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos señala que Panamá es un ‘punto importante de trasiego de cocaína’, que la ‘actividad de lavado de dinero es especialmente pesada en la Zona Libre de Colón’ y que ‘la corrupción oficial sigue siendo un problema mayor’.

Creo que hay suficiente que hacer en materia de vigilancia y seguimiento al crimen organizado, y a las pandillas y bandas que se reparten nuestro país, como para que nuestros especialistas en inteligencia se la pasen escuchando a sus adversarios políticos,  al mensajero,  a la señora Justina,  a la pobre Ángela de 16 años o al Sr. Edgardo.   Ya ninguno se atreve a hablar por un aparato electrónico, mientras que la corrupción y el crimen organizado siguen ganando terreno en nuestro país.

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Este artículo fue publicado el  9 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

Tiempos

La opinión del Sacerdote Jesuíta…

Rosendo Torres 

Vivimos en estos tiempos y no en otros. Y damos gracias a Dios por lo que nos da en estos tiempos tan distintos de cuando éramos bisoños.

Nos llenamos la boca ponderando sobre todo los logros tecnológicos en cuanto a la comunicación visual y a colores.  En Panamá el advenimiento del teléfono celular ha cambiado en gran parte la actitud de las personas. Vamos a tener que de dividir la historia en “antes del celular y después del celular”. No sé si se ha resuelto el problema de la soledad, ya que vemos a muchas personas de ambos sexos normalmente en el espacio de la juventud, se informan lo que está sucediendo. Aquí se acabó la lucha por las primicias.

Hay la gran vanidad de ser uno la persona de las primicias de cualquier evento, de cualquier cambio de gobierno, del cambio de toldas políticas de los legisladores en la Asamblea, de decisiones de tipo deportivo, de huelgas y de muertes en refriegas con la policía.

Estos tiempos no son como los de antes decimos y tiene que ser así. Eso se llama evolución. Ahora bien esa evolución debe ser progresiva y no retardataria. Vivimos en tiempos de una violencia todopoderosa ya que no hay forma humana de suprimirla y yo creo que lo lograremos pidiéndole a Dios que infunda en nosotros, con su gran poder, sentimientos de fraternidad, paz y amor. que no caigamos en el ridículo de que porque metieron un gol a mi equipo, entre yo en trance y quisiera salir a rifármela con el que sea, normalmente saliendo doblemente perdedor y así otras hipersensibilidades.

La hipersensibilidad en la cual uno se siente de todo,  de que no me saludaste, de que hiciste una broma de mal gusto, que te reíste de una persona mayor por tener tal o cual defecto, muchas veces nos hace violentos y jocosamente los anglos usan la expresión “roll with the punch” como una de su aplicaciones.

Vivimos tiempos que no nos imaginábamos.   Escuchar la condena del General Noriega en París, el inaudito fallo contra la Procuradora, la batalla campal que amenaza convertirse en problema nacional entre los sindicatos y la ley 30 cuya derogación están solicitando de forma urgente.    Tiempos para bendecir a Dios por lo que nos ha dado y nos sigue dando, alegrías y tristezas y sobre todo su palabra que diariamente nos orienta con las lecturas de los profetas del Antiguo Testamento.

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Este artículo se publicó el  11  de julio de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El chismoso electrónico

La opinión de la Psicóloga Clínica especialista de la Conducta Humana….

GERALDINE EMILIANI

Hay una nueva forma de agarrar a tu pareja en plena infidelidad. Y es a través del teléfono celular. La nueva modalidad tiene nombre: el ‘chexting’ que es la mezcla de engañar (cheat) y escribir mensajes (texting). Hay cientos de historias de infidelidad debido al gran soplón que es el celular. Y, esto se debe a la distracción, un elemento que te hace abstraerte en otras cosas dejando tu celular a merced de tu pareja.   Son personas realmente descuidadas y este concepto cae de a pelo al sexo masculino. Las mujeres en este sentido suelen ser más discretas. Si te encuentras en una relación de infidelidad y te escribes mensajes de texto con tu amante debes ser más cuidadoso/a.

Hay miles de formas de hacerlo: borrar de inmediato el mensaje escrito, no dejar el celular por cualquier lugar, activar el modo de silencio y no despegarte nunca del aparato.   Sin embargo, los muy cuidadosos también caen en la sospecha.   Hay quienes se llevan el celular al baño y hasta se disgustan si descubren que lo dejaron cerca de su pareja o también usan hasta dos celulares provocando más desconfianza.   Un aparato es usado para sus llamadas regulares y el otro exclusivo para sus andanzas fuera de casa. Para muchas de las agencias de investigaciones el celular es un factor importante porque por medio de la tecnología se descubren llamadas extrañas y se consigue el detalle de las mismas con facilidad.

El uso de los celulares pueden reformar las leyes sobre el divorcio. Incluyendo el teléfono celular como una de los agravantes para obtener la liberación de la pareja. El celular puede ser un elemento más de prueba para demostrar ante el juez un adulterio como causa de divorcio. Si el juez lo dispone puede, incluso, conseguir de las compañías celulares para que envíe un informe de las llamadas y mensajes de texto de uno de los cónyuges. Los mensajes de texto suelen atraer más que si la persona habla con su propia voz a su pareja. Es una nueva forma de atracción en nombre del amor.

Los mensajes de texto ocupan el lugar que en otro tiempo tuvieron las cartas de amor. El celular no es el motivo. El motivo de la infidelidad son otros, porque con o sin el celular el o la infiel se las arregla para comunicarse con su amor.  Si estás involucrado en una situación de infidelidad no hagas más daño del que estás haciendo.  Trata de ser más precavido/a en el uso del celular. Aunque lo saludable es no involucrarse en este tipo de relaciones.

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Artículo publicado el x de julio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Telefonía celular o la fiebre del Mundial

La opinión del periodista….

Abdel Fuentes 

Expresiones como, “gana mil goles” y ¿cuál fue el primer Mundial en transmitirse por televisión?, son mensajes de texto enviados diariamente por Cable & Wireless a miles de clientes.

Violando nuestra privacidad y aprovechando la fiebre del Mundial, la telefónica inglesa, que comparte acciones con el Estado panameño, bombardea nuestros teléfonos móviles celulares con mensajes como estos, sin que nadie se lo prohíba.

Hasta hace poco, esta comunicación era definida por los expertos como spam o “mensajes basura”, por tratarse de envíos no solicitados por el cliente. Fue un concepto exclusivo de internet, en lo relacionado con el correo electrónico, pero ahora se aplica a la telefonía.

Por supuesto que hay otros operadores que actúan de igual forma. Recuerde que esta es una industria millonaria, con 5.6 millones de usuarios, en una población que no llega a cuatro millones. En 2009, los ingresos que arrojó el mercado de telecomunicaciones se calculan en 919 millones de dólares. El 55% de esta suma corresponde a las ganancias que obtuvo el sector de la telefonía móvil celular, es decir, 505.4 millones. Estos datos forman parte de los informes difundidos por la Asep (Autoridad Nacional de los Servicios Públicos).

¿Existe en Panamá alguna norma de telecomunicaciones que regule esta materia y proteja al usuario? Por supuesto que sí, pero solo en lo concerniente a telefonía fija. El artículo 256 del Decreto Ejecutivo No. 73. de abril de 1997, que a su vez reglamenta la Ley 31 de 8 de febrero de 1996, establece: “Los concesionarios de servicios de telefonía no permitirán la realización de llamadas no solicitadas por medio de mensajes grabados, ni la realización de llamadas publicitarias sin la autorización del destinatario”.

La norma citada, no ha sido reglamentada por la Asep. Claro que en este caso se refiere al denominado telemercadeo o publicidad telefónica.   El regulador está doblemente en mora, no ha cumplido con lo dispuesto en el artículo 256, y está retrasado en reglamentar el envío de los mensajes de texto no deseados. Las telefónicas también vulneran el derecho a la privacidad de sus clientes al permitir que terceros utilicen los números telefónicos asignados a su empresa para enviar todo tipo de mensaje o publicidad.

En Estados Unidos, Europa y en varios países latinoamericanos, los gobiernos protegen a los usuarios de estos abusos comerciales. Para esto han legislado disposiciones que sancionan a las telefónicas o a cualquier otra empresa que viole el derecho de quienes deciden no recibir estas llamadas o mensajes. ¿Cómo lo hacen? Creando un sistema identificado como “registro de no llamadas”, según la denominación que le dan en Argentina, o “registro nacional no llame”, como se conoce en Estados Unidos. Aquí los usuarios se inscriben para dejar constancia de que no les interesa recibir estos spam. Los telemercaderes están obligados a revisar estas listas y respetar la voluntad de los clientes de telefonía.

En Estados Unidos, las empresas que incumplen con las restricciones impuestas en lo referente al mercado telefónico, son sancionadas con multas de hasta 16 mil dólares, por cada llamada. La gran pregunta es ¿tendrá el Ejecutivo que hacer el trabajo del regulador como hizo con el tema de la recolección de basura, para que los desprotegidos por fin nos sintamos protegidos, a causa de una “autoridad” que está más ausente que presente?

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Este artículo se publico el 28 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

‘Es que a mí no me importa’

La opinión de…..

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Daniel R Pichel

Se supone que la vida se simplifica con la tecnología, aunque imponga cambios que nos esclavizan.    Lo peor, es la necesidad de “inmediatez” que ha generado la comunicación digital. No sé cómo hacíamos para sobrevivir esperando llegar a un lugar donde nos prestaran el teléfono para hacer una llamada. O cuando se escribía una carta y se enviaba por correo regular esperando una respuesta que podía demorar meses (si es que llegaba). Y, si queríamos llamar larga distancia, era toda una aventura. Una operadora “ponía” la llamada y nos conectaba minutos después con tan pésima calidad de comunicación que obligaba a pegar unos gritos que se escuchaban en Europa sin necesidad de teléfono.

Pero, entre los celulares, las redes sociales y el correo electrónico, el ser humano nunca estuvo más interconectado que hoy. Y lo peor es que, gracias a la miniaturización, existen esos endemoniados dispositivos llamados smartphones (o teléfonos inteligentes) en sus versiones blackberry, iPhone, rocker, walkman, etc., que tienen tal cantidad de funciones, que se requiere un postgrado en ingeniería para dominarlos.

Si bien estas tecnologías “acercan a quienes están lejos”, no es menos cierto que también “alejan a quienes están cerca”. Ya no nos sorprende una tierna parejita caminando uno junto al otro, mientras ambos tienen el celular pegado a la oreja (espero que no hablando entre ellos) o tecleando diminutos botoncitos para mandar mensajes de texto (o chats) a algún interlocutor que posiblemente se encuentra situado diametralmente en el planeta y que, como por arte de magia, lo recibirá en unos pocos segundos. (Dice mi madre que durante la inquisición, por cosas menores que estas, quemaban gente en la hoguera). Este ejercicio de comunicación “en silencio” puede durar muchísimos minutos, evitando todo tipo de interacción entre individuos adyacentes.

Como estos cacharros están aquí para quedarse, se hace imprescindible un “manual de etiqueta de comunicación digital en el siglo XXI” que nos indique qué debemos hacer y qué no.   Pero, hay esperanza. Hace unos días leí en una revista de golf, “lo correcto e incorrecto del uso del celular durante una ronda”. Resulta que jamás debe utilizarse mientras se juega (¿aguantaremos cuatro horas sin interactuar con el checherito?) y mucho menos permitir que suene mientras alguien ejecuta un stroke. Imaginen a Tiger Woods a punto de dar el putt definitivo del Masters y que, en ese momento, algún espectador reciba una llamada impertinente con el ringtone caribeño “mami, que será lo que quiere el negroooo”. Pues para el top ten de YouTube.

Aunque para mí, lo peor de todo es la manera como se habla por celular en cualquier lugar, sin importar el prójimo. Tengo un colega que, mientras trabajaba en un aeropuerto en su laptop, junto a él se sentó un tipo que discutía airadamente por su celular. Como mi amigo es un tipo estándar, la gritadera le impedía concentrarse, de lo cual, obviamente, ni se enteraba su airado vecino. En ese instante, y sin mediar palabra, mi frustrado colega buscó un video de una ópera en su disco duro y procedió a darle play y subir el volumen al máximo que permitía la computadora.    Su disgustado vecino, lo mira y le increpa “esa música no me deja hablar”, a lo que mi amigo contesta “disculpe, sus gritos no me dejaban oír mi ópera”. El intruso gritón, puso cara de “este tipo está loco” y se mudó de puesto a seguir gritando junto a otro prójimo que no tenía ninguna culpa de su ira.

Pero, hace un mes viví en carne propia la necesidad de tener un manual de conducta celular. Subía en el elevador de mi consultorio cuando entraron dos señoras entre 20 ó 30 años, cada una con la oreja pegada a su respectivo blackberry (ambos con cubiertas sospechosamente combinadas con la ropa). Una, muy vestidita de diseñador, tenía una conversación sobre la cartera que había comprado el día anterior. Hacía una descripción sumamente detallada (tristemente no estaba hablando de su nueva ropa interior, lo cual reconozco hubiera sido mucho más estimulante).

“Tiene dos hebillitas en el frente debajo del logo, una correa removible para colgarla en el hombro, una tirita para las llaves, un bolsillito para el wallet y otro para el blackberry (no tengo idea para qué lo querrá si supongo siempre lo tiene en la mano o en la oreja, pues ahora resulta ser un “accesorio” imprescindible). Rápidamente, noté que la descripción correspondía a la cartera que traía colgada en la pata delantera.

Pensé decirle: ¿por qué no le tomas una foto con la camarita, se la mandas por BBM y dejas de gastar dinero en hablar alelazones? La segunda pasajera sí tenía una conversación mucho más relevante con su madre. Decía algo como: Sí mamá, estoy con la práctica en el médico trayendo a Robertito. Hoy tiene fiebrecita y vomitó dos veces como amarillo. Pero lo que me preocupa es la diarrea que es muy rara, hace muy aguado, como verde con moco y huele muy mal (¿que esperaría, que oliera a kiwi?) … Aunque a los médicos pocas cosas nos asustan, se imaginarán la cara de asco de los demás compañeros de viaje de la preocupada mamá.

Espero que Robertito se haya recuperado de su problema intestinal, y su madre aprenda algún día que, a quienes compartimos el elevador con ella, francamente no nos importan en absoluto los estímulos sensoriales que producía la enfermedad digestiva de su hijo…

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Este artículo se publicó el  9  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.