Imprescindible mecanismo de compensación

La opinión de….

 


ROGELIO  HERRERA
rogelio1944@hotmail.com

‘Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación’. Debido a la globalización, inflación, especulación, políticas económicas deficientes y otros fenómenos afines, se hace cada vez más difícil que las personas de ingresos refrenados pueden cubrir sus necesidades presentes y futuras.

Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación. Sugerimos que se ejecute un diseño que resuelva problemas estructurales y el desequilibrio social y económico, que contenga un componente de compensación.

La práctica ya existe, si se sabe que en los próximos meses subirá el costo de la canasta básica familiar y otras necesidades, en la propia medida se aumentará el salario a las personas. En un análisis de la Unión Europea se indica: ‘los salarios y los precios acaban ajustándose a la tasa de inflación, la curva de oferta agregada es vertical a largo plazo. En este caso, las variaciones de demanda agregada, como las que se deben a la variación de la oferta agregada, no afectan a la producción de bienes y servicios de la economía.

‘Siempre que varía la inflación esperada la C.P. a corto plazo se desplaza.’

El economista Friedrich A. Hayek, premio Nobel de economía 1969-1977, dice que la inflación es siempre el resultado de la debilidad o ignorancia de aquellos que tienen a su cargo la política monetaria. El fenómeno consiste en el aumento de los precios de los bienes y servicios, si se da una baja continuada de los precios entonces se produce la deflación.

A mucha gente, incluyendo a nuestro presidente Ricardo Martinelli, le afecta ver comparecer a jubilados y pensionados pidiendo aumento salarial.

Los bajos salarios de muchas personas les inducen a endeudarse y a perder lo poco que tienen.   Coexisten estructuras económicas que impiden el progreso y que perpetúan actitudes empobrecedoras. Si no las identificamos y las corregimos a tiempo, difícilmente podremos crear prosperidad, sin importar cuánto tiempo, recursos, dinero, preocupación, lamentos o sermones dediquemos a la solución de la pobreza.

El Artículo 66 de nuestra Constitución, sobre el trabajo, dice en lo pertinente: La Ley establecerá la manera de ajustar periódicamente el salario o sueldo mínimo del trabajador, con el fin de cubrir las necesidades normales de su familia, mejorar su nivel de vida, según las condiciones particulares de cada región y de cada actividad económica; podrá determinar así mismo el método para fijar salarios o sueldos mínimos por profesión u oficio.

Con todo lo anterior se colige que es un asunto de Estado y debe ser una política económica que dentro del Presupuesto de la Nación, se realicen los ajustes salariales, tanto a los funcionarios de gobierno como a los empleados de las empresas privadas, de tal suerte que se garantice un estatus de vida estable a los ciudadanos.

 

 

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<> Este artículo se publicó el  7 de enero de 2011    en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Tiempo propicio para reflexionar

La opinión de la Economista y Educadora….

 
LIZABETA  S. DE  RODRÍGUEZ
diostesalvepanama@yahoo.com

Las noticias más importantes, divulgadas por diferentes medios, durante el 2010, permiten observar una telaraña de acontecimientos que impactan —positiva o negativamente—, en la vida de los panameños.

Este aporte informativo permite, a gobernantes y comunidad, hacer una evaluación bastante objetiva de lo vivido y sus repercusiones en la vida social, política y económica de nuestra nación.

Entre los sucesos más impactantes se encuentran: el incremento del ITBMs al 7%, así como el sostenido aumento de la canasta básica, hecho que obligó al presidente Martinelli a reconocer sus limitaciones para cumplir con su promesa de campaña, de reducir el costo de la misma.

Igualmente los constantes aumentos en el precio de la gasolina, presuntamente por variaciones de precios en el mercado internacional, aunado a la especulación que se percibe en el mercado interno. A la fecha los diferentes gobiernos, incluido el actual, no han implementado políticas agresivas contra el monopolio y la especulación de los hidrocarburos. En este mercado, el aumento de precios incide directa y negativamente en el costo de la canasta básica, causando estragos en el escuálido bolsillo de la población.

La crisis climática que vive el planeta, también se hizo sentir. Nos azotó con mayor agresividad que en los años 2008 y 2009, dejando grandes inundaciones y derrumbes en múltiples regiones del país, y un alto porcentaje de familias damnificadas.

Esta situación recibió ayuda gubernamental inmediata y solidaridad de la población, para mitigar la tragedia ocurrida; sin embargo, la naturaleza continúa advirtiéndole a los gobiernos la necesidad de ejecutar medidas de protección y prevención. A los empresarios y políticos, deponer sus mezquinos intereses, en beneficio del desarrollo de proyectos sociales.   A la población, a cambiar los malos hábitos que deterioran el ambiente; de lo contrario, todos seremos responsables de nuestra propia destrucción.

Otros acontecimientos de profundas repercusiones en la convivencia pacífica social, son los escándalos de corrupción, protagonizados por funcionarios de alta jerarquía, entre los más impactantes, los del Ministerio Público donde se presume hubo componenda con agentes del narcotráfico, para evadir la acción de la justicia, circunstancia que ha provocado la renuncia del actual procurador encargado.

Las publicaciones aparecidas en el diario El País y reproducidas por medios locales, en que se hace pública información de cables filtrados por el sitio Web WikiLeaks, donde supuestamente el presidente Martinelli solicitó ayuda al gobierno de EE.UU. para realizar pinchazos telefónicos y de presuntas apreciaciones de suspicacia en relación a la contratación sobre las obras del tercer juego de esclusas del Canal de Panamá. De corroborarse estos hechos, confirmarán las percepciones de la ciudadanía, creando un amargo sabor de desconfianza entre gobernantes y gobernados.

Frente a esta realidad y llegadas nuevamente las fiestas navideñas, celebración del natalicio del Niño Jesús y advenimiento del año 2011, es tiempo propicio para hacer un alto en el camino, reflexionar sobre nuestras actuaciones (autoridades, políticos y sociedad civil), corregir el rumbo, cambiar positivamente y asumir con madurez, responsabilidad y coherencia, los retos del nuevo año.

 

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<> Este artículo se publicó el 29 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Para frenar el alto costo de la comida

La opinión de…

 

Jesús Armenteros

Constantemente, oigo a todos quejarse por el alza eterna del costo de la canasta básica familiar, en los medios de comunicación. La mayoría de estas personas usan este tema para achacarle la culpa al gobierno de turno. En realidad, estas personas que reclaman por el alto precio de los alimentos no tienen la mínima idea de por qué los precios de la comida están tan altos e ignoran que la cosa se pondrá peor si no se hace algo al respecto, y pronto.

La agricultura es un negocio como todos.   Hay que mostrar ganancias para continuar trabajando, porque nadie compra huevos para vender huevos.

En los últimos años oímos a los agricultores quejarse de los altos costos de producción, y tienen toda la razón. Hace escasos años los fertilizantes comunes costaban, más o menos, 20 dólares el quintal. Hoy, lo mismo cuesta casi 50 dólares.

Al utilizar abonos químicos, que se componen de amoniacos y sales, se contaminan los suelos y se destruye la materia orgánica, que es en sí lo que da la vida a los cultivos. A medida que se aplican estos abonos químicos, cada año aumentan los requisitos de los suelos, o sea, que cada año la producción cuesta más y, por ende, el consumidor es el que paga esa alza en los costos de los alimentos.

Un peor y nefasto efecto tienen los herbicidas, fungicidas y pesticidas que se usan indiscriminadamente en el cultivo de hortalizas, arroz y maíz. La mayoría son de venta prohibida en los países en los que se manufacturan, pero a países como el nuestro sí se los pueden vender. Los medios han publicado todo esto, sin embargo, los mismos químicos siguen vendiéndose al público y nadie hace nada.

El interés de las compañías que venden insumos químicos es eso mismo: vender y mostrar ganancias de dinero. Son negocios de millones de dólares anuales. A ellos no les interesa la conservación de los suelos ni el bienestar de la agricultura panameña. Simplemente, vender sin importarles que por comer alimentos contaminados con químicos haya altas incidencias de cáncer, diabetes y enfermedades coronarias en nuestra población, lo que crea una carga al Estado y un problema social. Si no, miren cuántos hospitales nuevos se están construyendo en todo el país. ¿Y qué hay de los jóvenes que se alimentan mal, con comidas que no tienen los apropiados ni suficientes nutrientes y, por ende, no rinden en los estudios?

Bueno, y entonces ¿qué hacemos? Habría que hacer un trabajo de concienciar a los productores para que reduzcan el uso de pesticidas y fertilizantes químicos y los reemplacen por abonos verdes, que fijan el nitrógeno al suelo naturalmente, haciéndolos fértiles. Enseñarlos a usar repelentes y pesticidas orgánicos que se pueden fabricar en las fincas sin costo. Lo único que el agricultor tendría que pagar es la mano de obra. Nada más.

Así los costos bajarían, la comida sería más sana y barata, el Estado tendría menos problemas sociales, no habría gente abandonando el campo y emigrando hacia las ciudades, trabajando como jardineros o empleadas domésticas sin aspiraciones a estudios y superación personal.

Nuestras autoridades agrícolas del Mida e Idiap están anuentes a todo esto, tienen científicos, agrónomos, zootecnistas e investigadores muy capacitados que pueden poner en marcha un programa masivo de re-reestructuración del agro en nuestro país, pero necesitan un poquito más de respaldo de los gobiernos de turno para implementar dicho cambio.

Los cambios climáticos que ocurren actualmente también encarecen los costos de los alimentos, y en nuestro país no hay ni soberanía ni suficiencia alimentaria, allí estamos totalmente a la deriva.

El panameño de a pie siempre verá como culpable del alto costo de los alimentos al gobierno. Hagan algo, señores, por favor, para tener una población más sana y contenta y para que el precio de la comida sea más razonable.

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<> Este artículo se publicó el 24 de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Inflación persistente

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La opinión de…

Juan Jované 

jovajun@yahoo.com

A diferencia de lo publicitado por algunos defensores oficiales y oficiosos de las actuales autoridades económicas del país, el alza de precios de la canasta básica alimenticia ha seguido estando presente en la dura realidad de los panameños y panameñas. Es así que, según datos del INEC, el rubro de los alimentos y bebidas mostró hasta octubre un crecimiento de precios equivalente al 4.3% en relación a octubre del año pasado. Por su parte, el costo de la canasta básica alimenticia del MEF sufrió un incremento acumulado de 4.8%, entre diciembre del año pasado y septiembre del presente, el cual medido en términos absolutos equivale a 12.74 balboas. Sigue siendo cierto, además, que la existencia de un proceso interno de especulación resulta ser el responsable de una buena parte del incremento de los precios de los bienes esenciales. En este sentido se puede señalar que el índice de precios al por mayor de los bienes agrícolas y pecuarios importados creció en apenas el 2.1% entre septiembre del año pasado y el mismo mes del presente año, mientras que los referidos a alimentos bebidas y tabacos declinó, para el mismo período, en 1.7%. Así mismo el índice de precios al por mayor de los productos agrícolas y pecuarios producidos internamente solo se incrementaron en 3.3%.

Lo nuevo es que ahora aparece en el horizonte una muy significativa presión inflacionaria proveniente del exterior, la cual necesariamente tendrá un impacto negativo en un país que como Panamá importó el año pasado cerca de 1,063 millones de balboas en alimentos. En efecto, de acuerdo a las cifras de la FAO, debido básicamente a la situación de las cosechas a nivel internacional y a la caída del valor del dólar en relación a otras divisas, el índice de precios de los productos alimenticios a nivel internacional se incrementó entre junio y octubre del presente año en 34.5 puntos, lo que significa un aumento del 21.2% en este indicador. Dada la importancia de los cereales en la canasta alimenticia es conveniente señalar que para el período en referencia los mismos vieron incrementar sus precios en 44.8%, mientras que el de los aceites vegetales, otro elemento clave de dicha canasta, lo hicieron en un 29.2%. El posible impacto negativo de lo anterior se hace más evidente si advertimos que la tasa de crecimiento del PIB agropecuario de nuestro país se sitúa actualmente en apenas el 1.1% anual, cifra que resulta inferior al del crecimiento de la población. Se puede concluir que no solo el país esta frente al problema que representa la promesa incumplida por el actual gobierno que se comprometió a reducir el costo de la canasta básica, sino frente a la amenaza de una aceleración inflacionaria a nivel de los bienes alimenticios esenciales. Solo una política sería de seguridad alimentaria y la eliminación de la especulación comercial podrían hacer frente a la misma. Se trata, lastimosamente, de políticas que son, para decirlo de alguna manera, de baja probabilidad en la presente administración gubernamental.

 

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<>Artículo publicado el  30  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jovane-juan/

Mecanismo de compensación

 

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La opinión de…

Rogelio Herrera

Debido a la globalización, inflación, especulación, políticas económicas deficientes y otros fenómenos afines, se hace cada vez más difícil que las personas de ingresos refrenados pueden cubrir sus necesidades presentes y futuras.   Urge entonces un mecanismo que sea cónsono con esta realidad y que permita al Estado panameño resolver o menguar tal situación.   Sugerimos que se ejecute un diseño que resuelva problemas estructurales y el desequilibrio social y económico, que contenga un componente de compensación.

La práctica ya existe, si en los próximos meses el costo de la canasta básica familiar sube, en la propia medida se aumentará el salario a las personas.   Desde Costa Rica hasta Guatemala la compensación está establecida.  En un análisis de la Unión Europea se indica: “los salarios y los precios acaban ajustándose a la tasa de inflación, la curva de oferta agregada es vertical a largo plazo.”   El economista Friedrich A Hayek, Premio Nobel de Economía 1969-1977, dice que la inflación es siempre el resultado de la debilidad o ignorancia de aquellos que tienen a su cargo la política monetaria. El fenómeno consiste en el aumento de los precios de los bienes y servicios, si se da una baja continuada de los precios entonces se produce la deflación.

A mucha gente, incluyendo a nuestro presidente Ricardo Martinelli, le afecta ver comparecer a jubilados y pensionados pidiendo aumento salarial. Los bajos salarios de muchas personas les inducen a endeudarse y a perder lo poco que tienen.

Coexisten estructuras económicas que impiden el progreso y que perpetuan actitudes empobrecedoras. Si no las identificamos y las corregimos a tiempo, difícilmente podremos crear prosperidad, sin importar cuánto tiempo, recursos, dinero, preocupación, lamentos o sermones dediquemos a la solución de la pobreza.

El Artículo 66 de nuestra Constitución, sobre el trabajo, dice en lo pertinente: La Ley establecerá la manera de ajustar periódicamente el salario o sueldo mínimo del trabajador, con el fin de cubrir las necesidades normales de su familia, mejorar su nivel de vida, según las condiciones particulares de cada región y de cada actividad económica; podrá determinar así mismo el método para fijar salarios o sueldos mínimos por profesión u oficio.

Con todo lo anterior se colige que es un asunto de Estado y debe ser una política económica que dentro del Presupuesto de la Nación, se realicen los ajustes salariales, tanto a los funcionarios de gobierno como a los empleados de las empresas privadas, de tal suerte que se garantice un estatus de vida estable a los ciudadanos.

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<>Artículo publicado el  19  de noviembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/herrera-rogelio/
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El Gobierno sigue metiendo la mano

La opinión del Secretario General de CONUSI – FRENADESO

GENARO   LÓPEZ
rologe54@yahoo.com

Los problemas urgentes de la población panameña siguen sin atenderse.   Hasta la fecha no existe ninguna propuesta concreta del gobierno de Ricardo Martinelli para reducir el costo de la canasta básica familiar, la cual ha sufrido un incremento considerable en los últimos meses.   Como si fuera poco, por tercera vez consecutiva se anuncia el incremento del precio del combustible, lo que provoca una cadena alcista en los precios.   Sobre el particular, la retórica del discurso gubernamental se mantiene en señalar los factores externos como causal de los incrementos, dejando por fuera las causas internas, como la cadena oligopólica en la distribución.

La realidad de los altos precios en los bienes y servicios básicos, pone al descubierto lo adverso que han resultado los tratados de libre comercio, que nos colocan en una inseguridad alimentaria y en vulnerabilidad frente a productos transgénicos.    En esa lógica, es evidente el fracaso del mercado como mecanismo para fijar los precios, lo que demanda el necesario congelamiento y control de los precios de la canasta básica familiar, acompañado de aumento general de salario para todos los trabajadores del sector público y privado que devengan mensualmente hasta 1500 balboas, tal como ha propuesto CONUSI.

Sin embargo, el gobierno no solo se niega a congelar y controlar los precios, sino también a otorgar un aumento de salario que permita al menos recuperar el poder de compra de los trabajadores. Así, pasa por alto las demandas de aumento de pensiones y jubilaciones que solicitan los jubilados, igualmente niega a los educadores las posibilidades de un salario acorde con sus necesidades y con el grado de preparación profesional.

El trillado argumento de que no existen recursos financieros para otorgar los aumentos salariales y de pensiones, dista del derroche en que viven ministros y directores de entidades públicas, tal es el caso del director de la CSS, quien sí encuentra dinero para la compra de un automóvil de lujo, valorado por unos cien mil dólares.

También pareciera existir dinero para seguir abusando de las contrataciones directas. Por ejemplo, el reciente escándalo por la contratación directa de una empresa del hermano de la ministra de Educación, Lucy Molinar, por parte de la Autoridad de Turismo, que pone sobre el tapete cómo algunos funcionarios se hacen valer de su influencia para favorecer a familiares, amigos y compadres.   No podemos olvidar que Lucy Molinar presentó un proyecto de Ley para que al Ministerio a su cargo se le permitiera realizar compras sin los controles que se le exigen a otras dependencias.

En esta misma línea, al señor Gustavo Pérez, jefe de la Policía Nacional, parece no gustarle la imagen arquitectónica de las subestaciones, por lo que acudió a un contrato de forma directa con una firma de arquitectos vinculada a Faizal Asvat, quien funge como su consejero en la entidad, para que realice las reformas, por ello recibirá unos 189000 dólares.

Éstos y otros escándalos, revelan que las autoridades gubernamentales ‘siguen metiendo la mano’; y explica por qué el gobierno de Martinelli restringe aún más el acceso a la información.

En medio de ello, el gobierno pretende que se mida su eficiencia a través del crecimiento de la economía;   sin embargo, hay que recordar que la economía nacional puede estar creciendo.   No obstante, los principales mecanismos de redistribución del ingreso continúan sin atender, configurando un escenario de crecimiento económico sin equidad.

Esta realidad, de inequidad y exclusión social, obliga al movimiento social panameño a organizar y unificar sus fuerzas para enfrentar las políticas antipopulares. Es necesario organizarnos para construir poder popular que permita crear las condiciones para llamar a una Asamblea Constituyente Originaria, que refunda la República, como única garantía para que nuestras demandas sociales sean atendidas; para que el crecimiento económico llegue a los pobres de la ciudad y del campo, y no al minúsculo grupo, que pelechando de la Cosa Pública, explotando la fuerza de trabajo y bajo la especulación financiera, amasan enormes cifras de dinero.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 24 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/lopez-genaro/

Ya no se puede comer

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La opinión de la Ingeniera y Ex Candidata Presidencial….

BALBINA HERRERA ARAÚZ

El Presidente de la República dice estar satisfecho porque todos los indicadores señalan que la canasta básica ha bajado en comparación a los meses anteriores y, como si fuese poco, el director de ACODECO ratificó lo mismo. ¿Señores en qué país viven las autoridades? el aumento de los productos de la canasta básica de alimentos, el aumento de los precios de las mercancías, materia prima, insumos que se utilizan en el sector agropecuario ¡todo ha subido de precio!

No podemos ignorar que hay familias que sólo comen una vez al día y esto no sólo ocurre en las áreas indígenas y rurales, también sucede en las áreas urbanas marginadas y las clases profesionales y, como sabemos, las familias de menor ingreso son las que más gastan en comida.

El compromiso de bajar los aranceles a las importaciones permitiría a la familia panameña tener comida a precios justos, por lo menos esa fue la justificación. Sin embargo, esta no es la realidad.

El conflicto de intereses que hemos estado denunciando sigue afectando al consumidor y al productor y, lo que es más dañino, según lo expresado por los propios productores, ‘se han disminuido las hectáreas de cosecha en un 30%’. Y, como si fuera otro gobierno y otro país, el propio informe del Ministerio de Economía y Finanzas señala que la canasta básica familiar de consumo en el 2009 era B/.268.58 y en el 2010 es de B/.281.66, o sea que aumentó B/.13.08 más en Panamá y San miguelito. ¿Cuánto costará en Bocas del Toro, Darién, Costa Abajo, Costa Arriba de Colón y las áreas indígenas?   Y en todos aquellos lugares alejados de los centros de población.

Ya no se puede vivir o, lo que es peor, ya no se puede comer. ¿Qué hacen las familias que tienen salario mínimo y que tienen cuatro hijos? ¿Cómo pagan luz, agua, transporte y casa? ¿No tienen derecho a recrearse ni a vestir?

¿Qué hacen las clases medias y profesionales? sólo viven para pagar deudas. Aunque se diga que no, el 7% ha aumentado el costo de la vida.

Las últimas mediciones realizadas por el propio gobierno señalan que la inseguridad, el costo de la vida, el desempleo, la violencia juvenil y el transporte público, están entre los cincos problemas más sentidos de nuestra población.

Roguemos a Dios que los próximos conflictos no sean por la comida de nuestra gente. “Hay que seguir trabajando, para que nadie nos robe nuestros sueños”.

 

<> Este artículo se reprodujo de la publicación del 17 de octubre de 2010 en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que a la autora,   todo el credito que les corresponde.
-Más de la autora: https://panaletras.wordpress.com/category/herrera-arauz-balbina/