San Juan, el río fronterizo

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

MODESTO  A.  TUÑÓN  F.
modestun@yahoo.es

Nicaragua posee una de las cuencas más importante de Centroamérica, formada por el conjunto de ríos que drenan hacia el gran lago de Nicaragua o Cocibolca, mar interior que concentra costas, islas, archipiélagos, humedales, volcanes, islas volcánicas y que maravilla a quien ose navegar, recorrer o explorar sus aguas.

Parte del lago corre paralelo a la carretera Interamericana, sobre todo en el área cercana al paso fronterizo con Costa Rica. Allí continúa y se convierte en el río San Juan que desemboca en el Caribe,   para abrirse a una rica zona de manglares y ecosistemas marinos, donde ambos países comparten sin que se perciban las divisiones políticas de los vecinos ístmicos.

Incidentes recientes en las riberas de la ruta fluvial, han abierto nuevamente disputas limítrofes en el puerto de salida hacia el mar que se comparte, pero lejano a las metrópolis capitalinas  San José y Managua.

Se reabrió la herida que se creía sanada por la acción de la diplomacia internacional y el diferendo que se percibía como superado.    El secretario general de la OEA se ha visto obligado a viajar a ambas capitales, escuchar a sus funcionarios y autoridades y hasta, recorrer la Región.

La historia del río San Juan, llamado ‘El desaguadero’ por los colonizadores y conquistadores cuando lo descubrieron en 1525, ha constituido un punto de diferencia entre los dos países y generado tratados como el Cañas—Juárez en 1858, que definió los puntos fronterizos (la costa norte Nicaragua y la sur Costa Rica); además, acuerdos y las relaciones, tanto comerciales como bilaterales, históricas y hasta ambientales.

La Corte de La Haya ha reconocido, luego de siglos de diferencias, el derecho de Costa Rica de ‘navegar libremente’ para ‘fines comerciales’ por el río, pero no que lo hagan policías armados.    La soberanía es de Nicaragua y esto le permite inspeccionar las embarcaciones y solicitar documentación a los navegantes. Hay otro factor,  UNESCO ha considerado dicho ecosistema como Reserva de la Biósfera.

Pero hay otro tipo de impacto en esas contradictorias posiciones con respecto a dudas por territorios, que por lo general exacerban los nacionalismos, que en ocasiones son medidas de distracción de la población para tomar decisiones políticas desagradables o ganar tiempo para la adopción de determinadas líneas estratégicas. Es la idiosincrasia contrapuesta de sus poblaciones.

En el caso de diferencias entre Nicaragua y Costa Rica, hay una vieja historia sobre vecindad que se debate en el subconsciente de los ciudadanos de ambas naciones. Es como un pálpito en el ánimo de cualquier ‘tico’ o ‘nica’, cuando se menciona a la otra tierra.

Para los nicaragüenses, el país vecino es un destino prometedor. Las condiciones socioeconómicas se reflejan en los indicadores que esa nación ostenta en casi todas las materias. Pero la forma como es tolerado el migrante nica es motivo de frustración. Él es como un ‘chicano’ o ‘espalda mojada’ centroamericano.

La atracción de viajeros nicaragüenses se inició desde el siglo XIX y comienzos del XX con la construcción del ferrocarril al Atlántico y la actividad bananera.   Hacia el final del siglo XIX la población extranjera pasó del 2.5% al 5.9% en el año 2000; es decir, 226 mil 374.   Los vecinos de Nicaragua constituyen el 76.4% del total de los migrantes en el país, según Carlos Castro en La inmigración nicaragüense en Costa Rica.

Hay una serie de mitos muy generalizados que tipifican esta reciprocidad centroamericana. Para algunos, o quizás el ciudadano común costarricense, el nica es un visitante desagradable. Se le asocia con la pérdida de empleos y causante del incremento de la delincuencia. Además, se le mira en forma despectiva por su expresión, el alto volumen y lenguaje grosero. Acá, los empleos que demandan poca calificación, son desempeñados por oriundos de la tierra de volcanes.

Costa Rica jugó un papel en el conflicto del gobierno sandinista con Estados Unidos. Se aprovecharon las diferencias para establecer en ese territorio, una logística hostil hacia el gobierno de Managua y apretar la presión del país norteño.

Los nuevos incidentes en la desembocadura del río San Juan y que la diplomacia internacional ahora analiza, deben ser la coyuntura para una visión más amplia de las diferencias que implica tomar en cuenta aspectos socioeconómicos y políticos involucrados.

Los resultados deben llevar a una mayor consolidación de procesos de integración, que generen cambios estructurales en esos países, donde el área en disputa —por su riqueza de ecosistemas, posibilidades comerciales y turísticas— debe convertirse en un modelo de desarrollo transfronterizo con beneficio para dos pueblos vecinos de tantas similitudes.

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<> Este artículo se publicó el 17 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Un canal por Nicaragua

Ayer y Hoy….La opinión del Analista Político…

Según informaciones de un diario digital israelí, las diferencias territoriales entre Costa Rica y Nicaragua pudieran ser una estrategia de este país con la finalidad de construir un canal interoceánico (para competir con el Canal de Panamá), con el apoyo de Venezuela e Irán. Según declaraciones del comandante nicaragüense Edén Pastora, confirmadas por él en el periódico La Nación de Costa Rica, estos gobiernos están llevando maquinarias al país centroamericano y al parecer ya han iniciado los trabajos de dragado en el río San Juan, limítrofe con Costa Rica. Este canal podría tener el objetivo de facilitar el paso de sustancias prohibidas o materiales radiactivos para evitar los controles en el Canal de Panamá.

No es la primera vez que personajes importantes del mundo financiero y países como los Estados Unidos han tratado de construir un canal por Nicaragua, utilizando el río San Juan y el Lago Nicaragua… y han fracasado porque no despertaron la confianza de los inversionistas que consideraron el riesgo de construir esta vía en un suelo que ha sido afectado por los movimientos sísmicos y debido a los altos costos de la obra.

Las diferencias entre Costa Rica y Nicaragua vienen de años atrás, porque Costa Rica reclamaba derechos sobre una parte del río San Juan. Estas diferencias terminaron con la firma del tratado Cañas-Jerez en 1858, en el que se establecía el completo dominio de Nicaragua sobre el mencionado río y se le concedía a Costa Rica derechos perpetuos sobre la vía fluvial hasta un lugar llamado Castillo Viejo, comprometiéndose Nicaragua a no firmar ningún contrato relacionado con la construcción de un canal, sin consultar a Costa Rica. La conclusión que sacamos de todo esto es que si este pacto está vigente, Nicaragua no podrá construir un canal utilizando el río San Juan, a menos que Costa Rica se lo autorice.

Muchos piensan que todo esto no es más que show de Hugo Chávez, siempre propenso a las ‘parrampanadas’ y a culpar a otros de sus fracasos, ya que la construcción de un canal en estos momentos resultaría sumamente costoso y arriesgado, y solo un loco se atrevería a invertir tanto dinero en una obra de esta naturaleza. Ya en 1972, Managua fue destruida por una serie de terremotos con un saldo de 10 mil muertos y 15 mil heridos.

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<> Artículo publicado el 20  de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/moreno-gil/

La cuenca 126

La opinión de…

Iván E. Espino G.

La cuenca 126, entre los ríos La Villa y Tonosí, codificada así por el Estado para su mejor manejo, es una de las principales cuencas de Los Santos. Con un poco más de 2 mil 100 km2 de superficie cuenta con estaciones de medición hidrológica en diversos puntos de la misma.

Según un documento desarrollado por el Banco Interamericano de Desarrollo en esta zona llueve un poco más de mil 600 milímetros (mm) al año, llegando a máximos de 2 mil 500 mm en lugares montañosos.   La división política de la cuenca No. 126 abarca gran parte de la provincia santeña en donde está más marcada la deforestación por uso de tierras para los sectores de la agricultura y ganadería, que son pujantes en nuestra región.

El estudio mencionado demuestra que hay una posibilidad de diseñar y construir una estructura hidráulica de canales para llevar el preciado líquido a zonas que lo necesiten para uso agropecuario.   El sistema consiste en una presa o dique de donde parten los canales principales de distribución hasta llegar a drenajes rudimentarios que sirven al cliente final: nuestros productores.   Claro está, toda esta inversión no se puede quedar en el limbo una vez terminado este proyecto.

A los productores hay que instruirlos no solo en el uso adecuado del recurso hídrico sino también en el manejo gerencial y las estrategias económicas a seguir. Mientras hay países vecinos que tienen instituciones dedicadas especialmente al riego, Panamá reparte esta actividad entre diversas entidades. La trazabilidad, conceptos de finanzas básicos y saber seguir las normativas son consejos que deben inculcarse a cada persona que se involucre en esa actividad. Ya en nuestro país tenemos experiencia previa en este tipo de sistemas de riego, y en nuestra región se han realizado infructuosos intentos para concretar un proyecto de esta naturaleza.

Para dar una idea del problema, en el rubro del arroz se habla de que para el año 2015 se debe aumentar la producción en un 50%. El actual gobierno anunció que invertirá en este tipo de proyectos.   Creemos que dentro del mismo aparato gubernamental pueden encontrarse soluciones. Tenemos estudios realizados por antiguas administraciones gubernamentales que arrojan valores interesantes. Por ejemplo, para Las Tablas se consideró un embalse con fuente en el río Perales (conocido por los cuentos del Salto del Pilón) que podría aportar agua suficiente para regar una superficie de 3 mil 300 hectáreas en tierras azotadas por las sequías y dejadas en el olvido, año tras año, por pensar que no hay solución.

Con esta estructura se pueden regar áreas muy productivas de la provincia, teniendo la certeza de que podría aportarse en generación hidroeléctrica. ¿El costo?   Creo que es incalculable, ya que no sólo en el tan famoso río Perales se puede hacer algo. Ésta también comprendería al río La Villa y los caudalosos ríos del valle de Tonosí.    Por otro lado, un plan de manejo ambiental cuidadoso de los recursos forestales que queda, desarrollando una reforestación masiva, acompañada de una buena divulgación a las que podríamos añadir incentivos (deducibles de impuestos), son acciones imperativas que no pueden postergarse.

El uso racional del agua que conduciría esta estructura de canales es imperante, también. La tecnología juega un papel importantísimo en este sentido. La reutilización del agua en fincas ganaderas de producción lechera es un ejemplo. Utilizando el agua que se descarta en el ordeño se pueden regar los pastos en época seca. Alternativas hay y muchas. La realidad está en comprender que, tanto usted como yo, somos los que al final disfrutamos el nuevo camino que nos trazamos para vivir. Nuestros hijos nos agradecerán por haber tomado decisiones acertadas o quizás nos culpen por haber escogido las menos eficientes.

<>Artículo publicado el 4 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.