Un nuevo Bunau-Varilla

 

La opinión de…

 

Anel González

El tema de la explotación de las riquezas del subsuelo en todos los países nunca se decide en el país que se verá afectado. Digo afectado, porque los pírricos beneficios que se reciben a cambio no validan los costos en enfermedades y en daños al ambiente.   El Eximbank de Corea del Sur financiará la explotación de las minas de cobre de Panamá.

Los españoles de la conquistan no le pidieron permiso a nadie para explotar el oro y la plata de Veraguas, Parita, Las Minas y de Coclé. Fue un acto de brutal saqueo. Cientos de esclavos traídos de África dejaron su vida y sus almas en dichos sitios.

Una vulgaridad abierta e, igualmente, brutal es la que se quiere hacer ahora.   Qué importa la tecnología avanzada. Un bledo de importancia. El sulfuro, el cromo, el plomo, el molibdeno y el cianuro son residuos o metales pesados altamente letales para aguas, flora y fauna a largo plazo.

La publicación de prensa.com del 21 de mayo de 2010 mostró declaraciones del presidente Martinelli, en relación con el interés del Gobierno de Corea del Sur de proveer el financiamiento en conjunto con Inmet Corporation de Canadá, para la explotación de las vetas de cobre de cerro Colorado y Petaquilla.

¿Cuál es el quid del negocio? En los tratados Bunau-Varilla ningún panameño estuvo en la negociación. En los acuerdos con Lee Muyng Bak, presidente del país asiático, ningún ngäbe buglé estuvo presente.    Maquiavelo, en su libro El Príncipe, deja muy claro que cuando un gobernante quiere asegurar sus negocios debe a toda costa ocultar al pueblo en qué se beneficia. Al pueblo no le compete tener semejante conocimiento.

En el acuerdo, el Banco de Exportación e Importación de Corea (Eximbank) brindará apoyo financiero al proyecto en el que participan la minera canadiense Inmet y el consorcio de Corea del Sur formado por las empresas Korea Resources y LS-Nikko Copper y Korea Export Insurance (KEIC), prensa.com del 30 de junio de 2010.

En esta misma publicación, se plantea que la meta anual de producción sería de 51 toneladas de cobre al año durante 30 años. Markwire Inc., del 16 de marzo de 2010, publicó escuetamente que la empresa coreana LS-Nikko ejecutó una acción de compra para adquirir el 20% del proyecto de Minería de Cobre Panamá. La pregunta es: ¿a quién le compró? ¿A Inmet Corporation o al gobierno del Presidente de Panamá?

Si fue a Inmet, empresa multinacional que en su momento también compró a Minera Panamá, en el negocio no participó ningún panameño o al menos no sabemos quién negoció lo que no era suyo. Y si fue el gobierno del presidente Martinelli, tampoco supimos los términos del varillazo, en un asunto que es de tanta implicación económica y social para todo el pueblo panameño.

Para que tengamos una idea aproximada sobre los números del negocio, todo parece indicar que el precio del cobre, en las bolsas de metales, en vez de bajar seguirá mostrando una tendencia al alza en el año 14 y subsiguientes, manteniendo un promedio por tonelada métrica de 9 mil 316 dólares. Una simple operación matemática nos saca el sueño.

Si los cálculos del trust Inmet-Eximbank son correctos, el ingreso bruto, en 30 años de concesión, sería un aproximado de 14 mil 253 millones de dólares, con una inversión inicial de 3 mil 600 millones. Agreguemos una estimación de costos de mantenimiento, salarios, seguros y demás prestaciones, por cerca de mil 500 millones de dólares, lo que evidencia una diferencia muy a favor del consorcio.   ¿Es este un mal negocio para Inmet y el Eximbank?   ¿Será un buen negocio para nosotros?    Si algún amable lector tiene la cifra que recibirá Panamá, le agradezco me la envíe.

¿Tiene el ministro de Comercio el cálculo de las miles hectáreas de suelos contaminados y su impacto en la flora y fauna del país?   Para las corporaciones coreanas y canadienses, un excelente negocio, pero para nosotros un verdadero varillazo.

Nada compensa el daño ambiental y humano. Al término de los 30 años, se marcharán, dejando tras de sí, hospitales y centros de salud, paradójicamente construidos por ellos mismos, atestados de enfermos y lisiados.   Ese es el futuro que le espera a las poblaciones circundantes a las explotaciones mineras; en todos los lugares del planeta donde opera este tipo de industria de cielo abierto, el drama humano está pletórico de dolor y de muerte.

<>
Este artículo se publicó el 28  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

De Vancouver y Chile a Bocas

La opinión de…

Franklin Nelson Arias Real 

He tenido la dicha de visitar Vancouver, Canadá, tres veces. Lo primero que impresiona es el aeropuerto internacional; a los visitantes se les recibe con todo tipo de anuncios proclamando, y promoviendo, la rica herencia de la población indígena de esa provincia.

Es una bellísima ciudad, de historia maderera y pesquera, que tiene serios problemas de uso de drogas (marihuana y anfetaminas, según The Economist de mayo 31 de 2009). Es recipiente de una enorme colonia china, pujante y empresarial como la que tenemos en Panamá.   Quienes vieron por televisión las ceremonias de apertura y cierre de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2010, pudieron percatarse de cómo se vendió al mundo lo que ofrecen los aborígenes de la Columbia Británica.

En Chile, en septiembre de 2006, junto con mi esposa, visité un colegio privado en Valparaíso a donde pensamos que nuestros hijos estudiarían (no sucedió por asuntos laborales). Sin embargo, llegamos a tener una grata reunión con el director de el colegio, quien nos explicó los esfuerzos que se tendrían que hacer para borrar en la mente de los indígenas mapuches el trato brutal, colonizador, explotador y denigrante de que fueron objeto por parte de inmigrantes europeos en épocas tan recientes como 1960.

El alto educador nos comentó cómo, bajo su dirección, se hacían esfuerzos para realizar labores de “actualización social e histórica” de forma que los estudiantes de ese plantel crecieran con el juicio de opinión correcto, y no negaran lo hecho por muchos de sus ancestros. Ese era uno de sus puntos positivos hacia nosotros, como potenciales acudientes de futuros alumnos.

Vancouver y Chile, los cito para llegar al Bocas del Toro de hace unos días. ¿Por qué no podemos celebrar, en Tocumen, la riqueza indígena de nuestro Panamá, a lo Vancouver? ¿Por qué se dan en este 2010 situaciones de represión que ya no deberían suceder más?  ¿Por qué no llegar al nivel de autocrítica que mostró aquel director de un plantel privado en Valparaíso en cuanto al trato recibido por muchos indígenas de América?

En Estados Unidos vivo a cinco kilómetros (10 minutos en auto) de una reserva indígena. He disfrutado de sus tradiciones cada 4 de julio, día en que el Tío Sam celebra su cumpleaños, pero también día en que muchos pueblos indígenas norteamericanos celebran sus festivales como forma de reafirmar su identidad dentro de este coloso del capitalismo mundial (hoy con fiebre e indigestión financiera, pero ese tema es para otro escrito).

La saña con la que muchos europeos arremetieron contra la población nativa de América, por más de 400 años, es algo que debería únicamente leerse en los libros de historia, no en los diarios de un Panamá en 2010. Sr. Presidente, lo que sucedió en Bocas Del Toro, sean las víctimas mestizos, cholos, mulatos, negros, ngäbe buglés o caucásicos, fue como ordenar nuevamente el fusilamiento de otro Victoriano Lorenzo.  ¡Recapacite!

<>

Este artículo se publicó el 25 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Quo vadis, Panamá? La lección ambiental del golfo de México

La opinión de….

Howard V. Walker

La fuga de petróleo en el golfo de México debe alzar la bandera roja para todos los panameños. No porque se taladre en busca de petróleo en las costas locales del Pacífico y el Caribe, sino porque este país es amenazado gravemente por desastres ambientales, más cerca de nuestra casa, principalmente en las tierras verdes del interior y en sus ríos.

Las propuestas alarmantes de minas y represas hidroeléctricas han causado muchas críticas de parte de nuestra ciudadanía. Entre ellos, grupos diversos como el de los científicos, ambientalistas y los indígenas, estos últimos en cuyos territorios se llevan a cabo la mayoría de esta explotación de recursos.

Panamá es un pequeño país. Se puede decir que se escucha caer cada árbol que se tala.

Claro, es imposible limitar o aislar los impactos del número de mega intervenciones, como las represas y sitios mineros que ya se aprobaron y se empiezan a desarrollar.

El Colorado no se ubica en una remota montaña andina, típica de los sitios chilenos de minería. Mientras, el trabajo sigue adelante con camiones y equipo pesado de tallas enormes que compiten en las carreteras con el bus popular, el automóvil económico y los turistas extranjeros.

Estos proyectos de interés multinacional nos arrancan la calidad de vida. Los proyectos se aprueban con caminos nuevos, a través de reservas naturales, y con comunidades rurales exigiendo un precio ambiental. Se contamina el suelo, el agua y se desampara a miles de campesinos.

Los partidarios ingenuamente reclaman que hay controles incluidos. Quizás sea necesario reflexionar sobre las recientes experiencias que se han registrado a falta de aplicar la ley en Panamá (también BP y el golfo de México). En este punto, a los residentes canadienses, como este servidor, nos preocupa la manera arrogante en que las compañías mineras canadienses se empeñan en la explotación destructiva del paisaje virgen en Panamá.

Hasta en Canadá se reclama en voz alta. Al comienzo de año, un diputado canadiense (John McKay) presentó la Propuesta C–300, que requería a las compañías mineras observar y respetar los estándares y normas que se exigen en Canadá en sus actividades en otros países.

¿Por qué sus anfitriones panameños, en la mayoría indígena, no se merecen el mismo respeto y trato con el que se labora en Canadá? Desgraciadamente, no es ninguna sorpresa que la propuesta encuentre oposición en reuniones de accionistas y en otra parte.

Es obvio que no se puede depender solamente de la conciencia cívica/social de los que explotan los recursos naturales en Panamá.  Esto es un asunto que sólo puede ser dirigido por regulación del Gobierno.

Diariamente se incrementa la lista de países que desean la cornucopia de las ricas reservas minerales y fuentes de energía que Panamá posee. El interés y el sentido común, sin duda alguna, dictan que las frágiles y valiosas herencias naturales y culturales de Panamá reciban la protección requerida. Una vez que el daño está hecho, la ganancia a corto plazo de unos cede a cicatrices ambientales y cívicas de manera permanente.

Panamá ha sido bendecida con una belleza natural única, un puente ístmico extraordinario entre dos continentes, y es el hábitat de una flora y fauna de esplendor incomparable y enriquecedor del alma.

La fama de nuestros atractivos naturales atrae y crece con los miles de turistas y nuevos residentes que han venido a disfrutarlos. Sus ciudadanos ingeniosos han triunfado sobre la conquista colonial y la mucha adversidad política y, ahora, se paran en el umbral de un futuro próspero.

Es inimaginable que sus patrimonios nacionales se vendan ahora para quedarse solo con el mal sabor y mal olor de los desechos. Panamá ha cultivado la imagen, a través de los años, de ser un país con tesoros y riquezas naturales. Urge mucha cautela y medidas responsables para mantenerlo así.

Como reza un dicho: en las decisiones del día de hoy están las consecuencias de mañana.

<>

Este artículo se publico el 23 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La espiral de la historia y otras minas

La opinión de…

.

Pedro Luis Prados S.

Un desaparecido político nuestro dijo en una ocasión: “la historia se repite en espiral”, no sé si previendo un tercer golpe de Estado o porque leyó algún texto de Nietzsche, anunciando el eterno retorno.

Aunque no soy de los que creen en la repetición de los ciclos históricos, por lo atroz que sería revivir algunos de ellos, no deja de asombrarme la similitud de hechos, personajes y consecuencias de algunos eventos que reiteran ominosas experiencias pasadas.

El pasado 14 de mayo se firmó, en la ciudad de Ottawa, el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Panamá y Canadá, que se venía fraguando con el gobierno anterior desde octubre de 2008 y suspendido por las vicisitudes electorales, pero que fue retomado de inmediato por el nuevo gobierno que cerró negociaciones durante la visita de Stephen Harper, primer ministro canadiense, el pasado 11 de mayo.   Finalmente, el tratado fue suscrito por los ministros de Comercio de ambos países.

Una de las cosas más inquietantes en la firma de la negociación son las declaraciones del ministro de Comercio canadiense Peter Van Loan, quien señaló: “Algunos de los elementos de protección de las inversiones extranjeras [en el tratado] ayudarán a proyectos mineros”.   El ministro canadiense explicó que esos proyectos podrían generar pedidos de equipos mineros y que el TLC permitirá a las empresas canadienses competir con Estados Unidos en un mercado que ha sido tradicionalmente suyo.

Por su parte, su homólogo panameño Roberto Henríquez dijo que la llegada “de inversión canadiense a Panamá con seguridad va a crecer de manera explosiva”, principalmente ahora que el país “ha decidido desarrollar una política seria en el sector de la minería, ya que Canadá es el minero del mundo”.

Reitero lo de inquietante, porque no está clara la naturaleza ni la ubicación de esas concesiones mineras, las áreas de afectación, la tecnología a utilizar ni el impacto en el precario ecosistema de un país tan pequeño y limitados recursos como el nuestro.

Sabemos, no por información gubernamental, sino por un programa del Grupo Albatros, entidad con respaldo internacional y muy seria en sus investigaciones, que en Panamá hay por el momento 109 solicitudes de explotación minera que alterarían 2 millones 400 mil hectáreas; que se han aprobado hasta el momento nueve de ellas con una afectación de 154 mil hectáreas y que las mismas abarcan el Corredor Biológico Mesoamericano, zona de frágil equilibrio ecológico, al igual que zonas importantes de la región montañosa del Darién, de igual riqueza ambiental.

El rechazo a la minería en otros países del continente debe mantenernos muy alertas sobre su instalación en el país. La experiencia de La Alumbrera, en Argentina, puso a las comunidades en contra de las concesiones a las canadienses Meridian Co. y Río Tinto, S.A.; en Arequipa, Perú; Baja California, México, Esmeralda, Ecuador y, más recientemente, en Santa Cruz Quiché en Guatemala, las comunidades han rechazado con movimientos y consultas populares las minas en sus territorios.

Empresas mineras y petroleras han sido demandadas en los tribunales de Estados Unidos y otros países por la violación a los derechos humanos. Tal es el caso de Chevron en Ecuador, Nigeria y Burma; Río Tinto en Papúa Nueva Guinea; Shell en Nigeria; Freeport McMoran en Indonesia; Drummond Coal en Colombia y Exxon Mobil en Indonesia.

Las empresas extractivas contribuyen directa o indirectamente a la violación de los derechos humanos, cuando no generan, conjuntamente con los gobiernos, procesos de consultas adecuados en las comunidades, las desalojan de las tierras reclamadas por las empresas y contaminan los recursos de las comunidades, como son el agua y la tierra, de los que dependen para su vida.

Ahora que el señor Ricardo Martinelli ha sometido a debate un proyecto de ley que garantiza la consulta popular en las decisiones importantes del Gobierno, sería oportuno que encabece su agenda con una consulta a las comunidades en peligro de afectación, para determinar si estas quieren o no los proyectos.   De lo contrario, ese tratado sería una imposición que pasaría de forma expedita en una Asamblea Nacional que, sabemos, toma decisiones unánimes, como otro que ya solo la perversión de la memoria se empeña en recordar en un cíclico retorno y que padecimos casi un siglo.

La espiral de la historia me trae a la memoria una anécdota de triste recordación para el pueblo boliviano sobre el dictador Mariano Melgarejo (1864-1871), según la cual él, deslumbrado por un magnífico caballo blanco obsequiado por el emperador Pedro I del Brasil, tomó una pata del equino, la colocó sobre un mapa de Bolivia y regaló en reciprocidad el área marcada por el casco del animal y, con ello, la región de Acre, de 150 mil km2, un rico yacimiento de gas y carbón mineral, parte de la Amazonia brasileña.

Con la misma celeridad cedió regiones del altiplano a las mineras inglesas, desalojando a sangre y fuego a miles de comunidades indígenas.   Sin embargo, como ahora le toca al pueblo y esto no ocurrirá, puedo seguir leyendo mi periódico al revés, como lo hacía el sátrapa del altiplano –que no sabía leer– y responder a quien me haga ver el error como aquel inoportuno soldado del palacio:  ¡Carajo, el que sabe leer, lee!

<>

Artículo publicado el 2  de junio de 2010  en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Comercio, minería y ambiente

La opinión del Economista y Docente Universitario…..

.

Juan Jované

El recientemente acordado tratado de libre comercio entre Panamá y Canadá necesariamente trae a la mente una preocupación: la minería.   Es así que pese a que las autoridades locales hayan negado que este sea el motivo de dicho acuerdo, en realidad no han logrado demostrar que el sector minero está excluido del mismo.  Además, la evidencia de la importancia que adquieren los negocios relacionados con la explotación minera en su implementación se empieza a descubrir al tener en cuenta que el sector minero y energético ha sido considerado como uno de los pilares de la economía canadiense, al explicar cerca del 8.7% del PIB de ese país. Asimismo es conocido el hecho de que un importante número de transnacionales que operan en el sector minero tienen su origen y base en Canadá.

Tampoco ha resultado fácil para los altos personeros del gobierno que participaron en las negociaciones demostrar, tal como lo han intentado en sus intervenciones, que las empresas mineras con base en Canadá serían una especie de ejemplo del buen manejo del ambiente.   Si se toma como ejemplo la empresa canadiense Noranda Inc, controlada por la Brascan Corporation que aparece con el puesto 78 en la lista de las más grandes empresas canadienses, esta resulta ser, de acuerdo a un informe reciente de Greenpeace, la culpable en cerca de 87 eventos de violación de las normas de medio ambiente en Canadá.

En el plano de la región latinoamericana esta empresa transnacional es la promotora del conocido proyecto Alumysa en Chile, el que, también de acuerdo a Greenpeace, tiene la capacidad de generar 1.4 millones de toneladas de desechos gaseosos y sólidos anualmente, así como de generar la devastación de cerca de 10,200 hectáreas de bosques nativos y tierras de cultivo.   En la esfera económica, siguiendo la misma fuente, se puede destacar que se trata de un proyecto que pese a que tiene la capacidad de generar 290 millones de dólares anuales solo se espera que el 8% de los mismos se quede dentro de la economía chilena.

El significado de los acuerdos comerciales del gobierno, que reflejan la naturaleza de su modelo económico y social,  queda definido cuando tomamos en cuenta que el mismo está promoviendo la reforma de las leyes que regulan la minería, a fin de hacer más permisivas las condiciones en que opera esta actividad.

Si a esto le sumamos el contenido del proyecto de área económica especial que se pretende implantar en los distritos de Barú y Puerto Armuelles, que no es más que un nuevo instrumento del proceso destinado a reducir aún más la remuneración y los derechos del trabajador, queda claro que estamos frente a un proyecto de acumulación por desposesión.

El mismo se sostiene en la depredación de la fuerza de trabajo, así como en el saqueo del medio ambiente, por lo que resulta un modelo que agota las dos fuerzas vitales del verdadero desarrollo nacional.

<>

Este artículo se publicó el  1°  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Porqué un TLC con Canadá

La opinión del Embajador de Panamá en Canadá…..

.

Francisco Carlo Escobar Pedreschi

El inevitable movimiento y evolución de la economía internacional exige cada día más la búsqueda de nuevos mercados y nichos de intercambio comercial sobre todo entre economías estables y democracias sólidas.

Uno de los objetivos que me tracé desde mi designación como Embajador de Panamá en Canadá, fue el de procurar la culminación y lograr la ratificación del Acuerdo de Libre Comercio.

Desde mi llegada a este país, pude palpar la pujanza de una nación primermundista con una economía diversificada y sólida, y que podía servir de claro ejemplo para los productores e inversionistas de mi país.

El acceso a un mercado amplio y sobre todo con mucho poder adquisitivo se muestra favorable para nosotros, además de las ventajas que genera el intercambio, el cual nos dará más acceso a productos de calidad y con mejores precios.

Como valor agregado de esta ejecución tendremos todo el contacto y acercamiento tecnológico, además del conocimiento, el cual nos permitirá copiarlo para beneficios de nuestro productores en Panamá.

Canadá ha demostrado toda la madurez y profesionalismo en estas áreas de intercambio comercial, como por ejemplo entre sus socios más cercanos e importantes a través del NAFTA con los Estados Unidos y México, lo cual no da lugar a dudas de las ventajas que puede traer este Tratado de Libre Comercio con uno de los integrantes más importantes del G-8, y de gran influencia mundial.

A nuestros productores apelo, a su coraje me remito, la situación está próxima a darse, estamos llamados a asumir el reto de seguir demostrando que estamos dispuestos a continuar incursionando en nuevos mercados, con productos de toda índole, desde los tradicionales hasta los no tradicionales.

La aprobación de este Acuerdo nos dará la ventaja siendo uno de los primeros países del área en expandir nuestra producción a este gran mercado.

Solo nos resta no desmayar, y asumir el gran reto que los nuevos tiempos nos imponen, el mundo nos abre las puertas al mercado de libre oferta y demanda, solo de nuestra parte queda como salir airosos y conformes con este nuevo compromiso, entonces asumámoslo.

<>

Este artículo se publicó el  16  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Una respuesta política oportuna

La opinión del abogado….
.
SAÚL MALOUL ZEBEDE
.

Una respuesta política oportuna

.

Ciertamente, sin contar con criterios sociológicos profundos que los sustenten, se puede afirmar que desde el Norte de América hasta Centroamérica, incluida Panamá, las estructuras de poder tienden a ser más individualistas o a privilegiar más el acomodo de las distintas propuestas de derechas.   Obvia excepción que constituye un fenómeno en sí mismo, es la callada, bella y pacífica Canadá, que está mucho más a la izquierda que el resto de la Región.

También uno pudiera afirmar que tienen una actitud más colectivista o de grupo, los países de América del Sur, con las distintas matizaciones de ofertas que desde la izquierda se han producido en este Hemisferio.    La República de Panamá, pareciera seguir todavía la definición de política de Suramérica, aunque geográficamente esté en América Central, no obstante, que vivamos en una sociedad con caracteres bastante individualistas.

Observemos que la izquierda democrática en Suramérica vino en defensa de dos principios:

1. El de la validación y legitimidad de la democracia representativa.

2. El de la capacidad de articular una respuesta social demócrata, en el escenario de sociedades capitalistas, sin atentar contra la estructura económica de poder.

Y, en aquella inmensa mayoría de casos, en los que se constituyó en alternativa al poder, la respuesta fue contundentemente positiva y así lo demuestran: Argentina, Brasil, Uruguay, Perú, Chile, Costa Rica, Guatemala, El Salvador, y la República de Panamá, hasta el gobierno de Martín Torrijos Espino.

Allí, en donde la sociedad desconfió de la propuesta de la izquierda, o, lo que es decir lo mismo, la izquierda no estuvo a la altura de las expectativas, como en México, se produjo una crisis de gobernabilidad y de legitimidad iniciales, que pudiera terminar agotando un sistema que ni siquiera comenzaba por asentarse en el poder.

Es en este contexto, en el que debemos enmarcar la crisis del Partido Revolucionario Democrático panameño. El país y los panameños necesitamos una oposición social demócrata panameña, que esté a la altura de las inéditas circunstancias políticas que estamos viviendo, gracias a la impronta del gobierno del empresario Ricardo Martinelli.

Que el Partido Revolucionario Democrático no lo haya entendido así, y no solamente no haya encontrado el camino de su recomposición política, sino de la nueva oferta política que requiere el país, no solamente es negativo para el futuro de dicha organización política, sino que lo es para la falta de equilibrio político que produce la desarticulación inédita del que hasta ayer era la organización política más importante del país.

<>
Publicado el 19  de noviembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.