Barú, repunte de un área conflictiva

La opinión del Periodista….

FEDERICO J. GUILLERMO
fjosetejada@hotmail.com

Barú, tierra de hombres y mujeres laboriosos, luchadores, en donde se cultivaba el mejor banano del mundo, hoy, en medio del caos económico, unos nueve millones de dólares se pagarán a los empleados de Coosemupar antes de fin de año.

La Ley 29 de 8 de junio de 2010 crea el régimen legal, fiscal, laboral, migratorio y de negocios especial para el establecimiento y operación denominada Área Económica Especial de Barú, en Chiriquí.

Con ello se propicia el flujo y movimiento libre de bienes, servicios y capitales, para atraer y promover las inversiones y la generación de empleos decentes, hacer a la región más competitiva con énfasis en la actividad agroindustrial de cultivos diversificados. Ya varias empresas internacionales han manifestado su interés de tener presencia en el área.

Administraciones pasadas ensayaron diversos paliativos que, en resumen, podría decirse que creó un gran problema, pues los baruenses, lejos de buscar otras alternativas a su situación, esperaban pacientemente cada quincena para que el Gobierno les pagara.

Se les ‘daba el pescado en vez de enseñarlos a pescar’, lo que motivó una gran confusión entre lo que era administrar una cooperativa como lo era Coosemupar y el sindicato, dado que esta última no tenía razón de existir, luego de que la empresa Chiquita Brand abandonó el negocio del banano en esta región.

Era una pujante actividad de la que, según los mismos trabajadores, obtenían grandes beneficios para ellos y sus familias, pero se dejó caer por la mala dirección de los dirigentes y de sus seguidores, que no previeron la situación que se les venía encima.

Vienen buenos tiempos para esta región. Los trabajadores podrán tener sus recursos antes de diciembre, inyectando recursos a una región tan necesitada de esto y más, según dicen autoridades gubernamentales, y para el próximo año otra cara será la que veremos en esta población tan necesitada de apoyo estatal, porque se ensayan otras alternativas económicas más viables, siendo así el repunte de un área muy productiva como Barú.

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<> Este artículo se publicó el 21 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Las bananeras y Coosemupar

La opinión de…

Rodrigo Marciacq

El 14 de junio de 2009, el entonces ministro designado del Mida, Víctor M. Pérez B., me nombró asesor (ad honorem) y representante personal ante Coosemupar (Cooperativa de Servicios Múltiples de Puerto Armuelles, R.L.), luego de una fructífera y reveladora reunión con trabajadores, sindicalistas, y el diputado Osman Gómez en Barú. Después de cinco días dedicados a recorrer las plantaciones y recabar información de toda índole, presentamos el 30 de junio de 2009 un informe en video sobre nuestro análisis y perspectivas de solución.

La historia. El 24 de abril de 2003, la compañía bananera Chiriquí Land Co. (Chiquita), se retiró del país como productora de banano, y en una negociación tripartita entre el Gobierno nacional, la empresa y los trabajadores, se acordó lo siguiente: Chiquita se retiró y obtuvo un contrato para comercializar la fruta en forma exclusiva por 10 años, bajo sus términos y condiciones; los trabajadores obtuvieron en propiedad las tierras, instalaciones y plantaciones dejadas por Chiquita, y se constituye Coosemupar para legalizar y administrar el negocio bananero, y el Sindicato de Trabajadores de Chiriquí Land Co. (Sitrachilco) representó y sigue representando a los trabajadores, quienes en su mayoría pertenecen a ambas organizaciones.

En marzo de 2004, 10 meses después de firmado el acuerdo tripartito, Coosemupar fue intervenida por el Gobierno a través de Ipacoop, intervención que perdura hasta hoy.   Se ha acusado constantemente a Coosemupar de incompetencia empresarial, de malos manejos y, en consecuencia, de haber causado la caída y destrucción de las bananeras. En nuestra opinión, el Gobierno, a través de Ipacoop, administró y vendió la producción, manejó el dinero, no pagó por varios años el Seguro Social de los trabajadores, permitió venta de bienes de Coosemupar y creó una gran piñata para beneficiar a compradores de banano nacionales e internacionales, funcionarios, amistades y políticos, y propició una de las mayores estafas y desgreño administrativo que el país ha sufrido, pero que aún se desconoce públicamente.

La parte técnica: A partir de las protestas obreras de mayo de 2009 se firmó un acuerdo con el Gobierno, el día 8, mediante el cual se nombró como gerente a José Manuel Morales, de amplia experiencia y capacidad en el tema bananero. Como buen administrador, Morales organizó los planes de acción con los trabajadores y emprendió un sistema de agricultura alternativa y amigable al ambiente. Este tipo de agricultura, que pretende no depender de insumos y recursos externos, era y es la más indicada para la zona pues se obtienen excelentes resultados en forma más eficiente y con costos inferiores, y va al encuentro de la demanda mundial en materia de preferencias de consumidores y comercializadores.

Esta estrategia de producción y de manejo, la cual compartimos plenamente, fue avalada por Fermín Romero, entonces director del departamento de agricultura orgánica del Mida, mediante nota al ministro fechada el 22 de julio de 2009, y por las recomendaciones de IDIAP de octubre de 2008 después de un análisis de suelo de 6 de las 12 fincas bananeras.

Morales fue destituido en octubre de 2009 por la entidad interventora y las plantaciones fueran abandonadas a su suerte al igual que los trabajadores.

Conclusión: Las bananeras o lo que eran representan una superficie de cerca de 6 mil hectáreas de las mejores tierras del mundo, la mitad cultivadas con banano, y el resto semi incultas. En un país cuya producción decae año tras año, que depende cada vez más de importaciones, en el que sigue aumentando la canasta básica, esto es una desgracia rayando en categoría de crimen. Hay soluciones prácticas, suficientes profesionales idóneos y personas de gran experiencia en el país, existen los recursos financieros y materiales necesarios, pero no la voluntad política de solucionar el problema.

Para colmo, se ha formado una trama de acusaciones y demandas por parte del Gobierno, buscando chivos expiatorios y cometiendo ilegalidades e inmoralidades. Han demostrado gran miopía, ignorancia e ineptitud en el manejo del tema bananero, sin que exista voluntad para enfrentar las grandísimas oportunidades que el área ofrece, y para tratar de subsanar en parte el gran daño que se le ha hecho a la población baruense y la economía de la región y el país.

<> Artículo publicado el 14 de septiembre de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Tropas de choque?

La opinión del Abogado y miembro del Partido Molirena….

Guillermo Ríos Valdés

Bocas del Toro en noviembre de 1960 y Puerto Armuelles en 1962 y 1964, fueron escenarios de jornadas protestatarias de los trabajadores bananeros durante la Administración del Presidente Roberto Francisco Chiari; eran también los tiempos de la Patria boba y pecadora, sin embargo, el mandatario, rodeado de un gabinete político experimentado en las lides de la lucha social, supo conjurar con buen manejo los conflictos que grupos trabajadores, estudiantiles e indígenas de la época, abanderaban como propósitos legítimos de su naturaleza y accionar diario.
Todos los brotes de violencia social y política que vulneraron no solo derechos, sino también vidas humanas, merecieron la más enérgica censura de las sociedades panameñas de la época.
Los escarnios públicos que a sus adversarios políticos, propinaban los “Pie de Guerra” liberales, “Los Leones del Sótano” de los remonistas y demás grupos seudos y paramilitares de los años 50 y 60, reflejaban la brutal intolerancia e impunidad que caracterizaba, sobre todo en períodos electorales, a estos grupos reclutados dentro del elemento lumpen y al servicio del pandillerismo político.
El período que se inaugura con el golpe militar de 1968, hizo revivir, con el “GRAPO” que ataca las instalaciones del diario La Prensa, el F-8, vinculado al secuestro del Dr. Mauro Zuñiga y secuestro y asesinato del Dr. Hugo Spadafora; a los Codepadi y Batallones de la Dignidad de la narcodictadura militar y en los estertores de tan indigna página de la historia panameña, a los mismos soldados y policías de las extintas FFDD, utilizados para el atropello colectivo de vidas, honra y bienes de la población en general; desmanes que liquidaron la frágil democracia republicana del siglo pasado y el lamentable ciclo militar, cancelado con la invasión norteamericana.

¿Qué propósitos se albergan tras los lamentables incidentes ocurridos el pasado jueves 19 de agosto en las inmediaciones de la Defensoría del Pueblo?

¿Quién dentro del Gobierno del Cambio, incitó a utilizar a humildes panameños a hacer el triste papel de “Tropas de Choque” en una redición burda del pandillerismo político que hemos censurado?

¿Quién le pretende hacer creer al país y al Presidente que utilizando al humilde ciudadano Valentín Palacio se van a borrar las tristes escenas de muertos, heridos y detenidos ocurridos en Bocas?

¿Cómo es posible que nadie dentro de los Partidos Políticos de la Alianza por el Cambio advierta al Presidente y al Ejecutivo que lo realizado peca en todo el sentido de la palabra de torpeza política?

Ya el Presidente Martinelli asumió la responsabilidad y pidió perdón al país por los luctuosos acontecimientos ocurridos en Bocas del Toro en el mes de julio pasado.

Es lamentable que se de semejante traspié luego de lo mal parado que salió el gobierno con el pésimo manejo que se le dio a lo sucedido en Bocas del Toro. Urge rectificar los pasos dados en esta dirección, el país tiene suficientes ejemplos de matonería política en el pasado y precisamente por no haber incurrido en esos errores que tanto detestamos, la sociedad panameña confío en la alianza política que hoy es Gobierno para dirigir los destinos de la República.

Precisamente el pasado mes de agosto felicitábamos a los hombres y mujeres del MOLIRENA al recordar 28 años de existencia labrados en una acendrada conducta democrática y respetuosa de las libertades ciudadanas, esa conducta rectilínea debe seguir siendo la guía de todas nuestras actuaciones dentro y fuera de la gestión gubernamental, solo así se hace y se construye democracia. Urge que los Órganos de Consulta y Decisión del Partido reunidos por derecho propio, hagan las evaluaciones correspondientes a falta de una Presidencia ahogada en su propia insignificancia y solo dispuesta a canjear la primogenitura del Partido por un plato de lentejas.

Tanto el Partido MOLIRENA, como el resto de los Partidos que integran la Alianza de Gobierno no pueden bajo ningún concepto permitirse cometer los errores que tanto criticamos al Partido PRD en su reciente pasado.   Solo las armas de la civilidad nos hacen fuertes.

MOLIRENAS………jugando a tropa de choque? Ese no puede ser nuestro destino.

mitto16@hotmail.com

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Artículo publicado el 2  de septiembre de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor,   todo el crédito  que les corresponde.

Bananeras –Año 1960- “Déjà vu”

La opinión del Ingeniero…

Eudoro Jaén Esquivel

“Se extiende la huelga en Bocas del Toro”, “Cinco mil guaimíes y kunas empiezan la huelga; reportaba el 8 de noviembre de 1960 el periódico El Día el inicio de un conflicto laboral que más tarde se extenderá hasta Puerto Armuelles.   El conflicto generó grandes disturbios en Puerto Armuelles, quizás peores que los actuales, como veremos, pero solo un muerto por disparo de bala, muy contrario a lo acaecido esta vez en Bocas.

Existe mucha similitud en las actitudes, causas y efectos de los disturbios del año 1960 en las bananeras, tanto que dan fe al adagio que reza: “los pueblos que ignoran su historia, están llamados a repetirla”.

Puedo hablar en propiedad de los sucesos del año 1960 pues aun residía en David antes de iniciar mi carrera bancaria internacional.   Además tenía interés personal en estar atento de los acontecimientos por tener fuerte relaciones amistosas y familiares con ejecutivos de la bananera, Chiriqui Land Company.

Según los diarios del tiempo, los disturbios comienzan en Bocas al inicio del mes de noviembre de 1960. Los obreros bananeros en su inmensa mayoría de las etnias indias declaran una huelga para exigir cumplimiento de ciertas aspiraciones laborales: mejores sueldos, estructura de puestos, rebajas en la canasta familiar, mejor trato, mejores viviendas (¿suena familiar?).

De acuerdo a la prensa de la época, la reacción oficial inicial no fue conciliatoria.   El periódico El Día registra las declaraciones de la Inspectora de Trabajo (antecesor del Ministerio de Trabajo), Dra. Oller de Sarasqueta indicando que “ella no negocia con insubordinados”.   La huelga continúa y se extiende a Puerto Armuelles.

El 16 de noviembre, el Presidente Chiari viaja a Bocas.  En una plaza pública, se presenta ante una manifestación de centenares de huelguistas.   Hay una foto muy elocuente del Presidente Chiari en una tarima improvisada, dirigiéndose a centenares de huelguistas, solo con la presencia a su espalda del Edecán Presidencial, Federico Boyd .

El Presidente Chiari negocia un acuerdo con el líder de los huelguistas, Virgilio Scherwer, sellándolo con una gran abrazo caballeroso.   Sin embargo, la situación en Puerto Armuelles se torna crítica.   Exigen el mismo acuerdo que los de Bocas. Ocupan Puerto Armuelles y las fincas bananeras. Sitian a los mandadores y ejecutivos de la frutera, inclusive su Gerente General, Andy Holcombe. Toman atribuciones de justicia y policía, forzando la intervención de la Guardia Nacional. Ocurre la única muerte del conflicto siendo el causante, según el Gobierno, el mandador de la Finca Teca.

Reflejando la situación, el 19 de noviembre, el periódico El País a grandes titulares publica: Bautismo de Sangre, Estado de Sitio en Puerto Armuelles, Marcos Robles culpable: Protestan estudiantes, obreros y periodistas. Marcos Robles que luego fue Presidente de la República y pasó a la historia como “Marco Rifle”, era en la ocasión Ministro de Gobierno y Justicia Esta situación en Puerto surge luego que la Guardia Nacional reprime una manifestación obrera en Puerto Armuelles. Su Comandante, Bolívar Vallarino, declara seguir órdenes superiores y que la Guardia respondió ‘porque los primeros disparos salieron de los manifestantes’.

El Obispo Clavel de Chiriquí (q.e.pd.) acude a Puerto donde pide calma.   Es recibido por centenares de obreros con crepones luctuosos en señal de duelo por la muerte del obrero, Dionisio Arrocha.   Contrario a la actitud del Obispo, el Ministro Robles, mantiene una actitud beligerante advirtiéndoles que desistan de sus manifestaciones si no será necesario ordenar que los “desalojen a tiro limpio”.

Finalmente el Presidente Chiari viaja a Puerto Armuelles y eventualmente se logra un acuerdo, pero que no durara mucho.   Los conflictos bananeros volvieron a repetirse a mediados de la década de los 60 y luego a la de los 80. Para esas épocas no estaba en el país, creo mejor que las relate alguien con más propiedad.

Como vemos existe paralelismo en el desenvolvimiento de la crisis bananera actual y las anteriores.   Hay elementos comunes.   En ambas situaciones los obreros se sentían que se habían violado sus derechos y que el Gobierno de turno hacia caso omiso a sus derechos y aspiraciones.   No hubo intento de diálogo.    El Gobierno subestimó el poder de convocatoria de los obreros.

Me pareció interesante contribuir con este relato histórico de una crisis que viví muy cerca. Estas y las que siguieron, debieron servirnos de lección y aprender lo que se hizo mal y como evitar cometer los mismos errores en el futuro; pero, no lo hicimos, obreros y gobierno, se les olvidó la lección inexorable de la Historia y nos obligaron a revivirla.   Esperemos esta vez aprender la lección. Si no lo hacemos, las próximas crisis laborales serán peores.

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Este artículo se publicó el  16  de agosto de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cuando el banano se pudre

La opinión de…

Alfredo Henríquez 


Vivimos en un país en el que históricamente la devaluación monetaria ha sido negada permanentemente por el gobierno. Las conquistas salariales y de entorno laboral no son aumentos reales sino burdos alcances para emparejar la inflación y el avance de la tecnología. Para conseguirlo, los empleados públicos solo han tenido un camino: huelga con negociación. Los acuerdos más inteligentes han previsto aumentos y mejoras escalonados para evitar la repetición de los hechos.

Tuve la grata experiencia de vivir un año de internado médico en Puerto Armuelles, donde conocí a fondo lo que puede ser el paraíso o el infierno verde, dependiendo de las circunstancias.

Los sindicatos bananeros siempre estuvieron al día en conseguir el más mínimo detalle para compensar las asperezas del trabajo: el acecho de las culebras, la dermatitis por chinche, la intoxicación con “Mocap”, el lipoma dorsal de los conchadores, el calor infernal y el entorno infinito invariable de “verde con verde alrededor de verde” que puede hacer perder la razón al que no esté acostumbrado. La empresa, por otro lado, se encargaba hasta de cambiar los focos quemados de las casas que proveía; dejaba cargas enteras de banano a merced del público si los barcos no llegaban a buscarlas puntualmente; los servicios médicos eran universales y de primera calidad.

Corría agosto de 1978 y los galenos estábamos envueltos en una huelga nacional reivindicando mejoras de todo tipo. Como el personal médico vivía en su mayoría en un pequeño barrio adjunto al hospital, nos reuníamos a diario para mantenernos al día de los acontecimientos. La atención clínica y quirúrgica de urgencias se mantenía las 24 horas con un servicio rotatorio de turnos. Sin embargo, la consulta externa y las incapacidades habían cesado.

Sin certificados de incapacidad no se podía dejar de trabajar en las fincas porque no se pagaba. Los tres días de incapacidad que el “miao de chinche” traía por decreto dejaron de expedirse. Esa dermatitis herpetiforme que dejaba el insecto al entrar en la bota, a veces era recibido con beneplácito e inclusive por invitación. El “Hermano Sindicato”, el “Compañero Sindicato”, el “Reivindicador Sindicato” comenzó a impacientarse. En lugar de darle apoyo a este grupo de trabajadores que luchaba por algo más que conquistas salariales ante una dictadura militar, recibió órdenes de presionar en contra.

Una noche recibimos la amenaza de que si no volvíamos al trabajo regular nos iban a incendiar las casas. Al día siguiente recibimos la visita urgente del director del sistema integrado de salud de Chiriquí, quien procedió a coordinar la evacuación de nuestras familias y de aquellos que no estuvieran prestando servicios en turnos. Varios y largos días se pasaron en David nuestros refugiados hasta que el fósforo sindicalista bananero se apagó con el final positivo de la huelga nacional.

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Este artículo se publicó el 8 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Reflexión y tolerancia ante la crisis

La opinión del Periodista….

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GARRITT  GENETEAU


Históricamente los gobiernos han afrontado serios problemas con las bananeras de Chiriquí y Bocas del Toro. No es la primera vez que ocurren derramamientos de sangre con motivo de las protestas de los obreros del banano. Las compañías norteamericanas que explotan ese recurso natural han llegado hasta el extremo de provocar guerras tanto en Panamá como en otros países centroamericanos.

Tenemos los ejemplos de la Guerra de Coto, conflictos civiles en Guatemala, Honduras y Nicaragua donde han derrocado presidentes para instaurar títeres con el apoyo de las bayonetas gringas. Sería largo enumerar los conflictos que los pueblos centroamericanos han tenido que lamentar a lo largo del siglo XX.

Los sucesos acaecidos recientemente pudieron evitarse si el gobierno de Ricardo Martinelli hubiera concertado la discusión de la Ley 30, que es muy lesiva para los intereses del sindicalismo nacional, y en particular para las dos regiones afectadas directamente. Al gobierno le faltó visión para prever los sangrientos enfrentamientos. Debió haber consultado con los sindicatos para llegar a un consenso.

Hay que recordar el sabio dicho que reza “es mejor un buen arreglo que un mal pleito”, como ocurrió en este caso. Olvidaron que el sindicato bananero ostenta una larga, combativa y honrosa lucha para el logro de mejores días para sus miembros. No se puede llevar a la industria del banano a la ruina, se requiere disponer intereses personales. Lo ocurrido en Puerto Armuelles fue un claro ejemplo de falta de diálogo.

El flamante defensor del Pueblo, Ricardo Vargas, mostró como siempre su desmaña y nulidad tras permitir el endurecimiento de la crisis cuando muy bien se pudo evitar la catástrofe en Bocas.

Hay que recordar que cuando el ex presidente Martín Torrijos quería imponer la Ley 17 para llevar a cabo reformas en el Seguro Social se dio cuenta de que la misma era impopular, pero el gobierno de entonces reflexionó y logró consensuar la Ley 5, que fue aceptada por los gremios.

De esta manera se evitó un derramamiento de sangre. ¿Por qué esperar a que la violencia se apodere de nuestras calles dejando ciegos y muertos, siempre los más humildes hijos del pueblo?

Llamamos la atención del presidente de la República, Ricardo Martinelli, para que sopese bien los pro y contra de sus decisiones y no actúe a la ligera, porque este apresuramiento no mediato puede traer consecuencias como las de Bocas del Toro, que todos estamos lamentando.

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Artículo publicado el  21 de julio de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La gran huelga o la gran flauta

La opinión de…

Guillermo Sánchez Borbón 

Después de que me alejé del conflicto bananero de Bocas del Toro, en 1960, se creó una situación sobremanera peligrosa: una gran masa de trabajadores al garete, sin dirección ni rumbo.   Afortunadamente, en ese preciso momento aparecieron tres personas que le imprimieron rumbo al movimiento: Serracín, Binns y Schuverer (no estoy muy seguro de la ortografía de los nombres. Hace tiempo doné mi biblioteca a una institución cultural, y ahora no tengo cómo verificar la ortografía correcta de las personas nombradas.

De antemano pido excusas a ellos y al lector por cualquier incorrección en que haya incurrido). Los tres jóvenes le imprimieron dirección y liderazgo al movimiento cuando más falta le hacía; pero ambos carecían de know how sindical cuando –sobre todo al principio– más falta hacía.   Luego cometieron un error imputable a la falta de experiencia, o a la ambición.   Se postularon como candidatos a diputados para las venideras elecciones.   Sacaron muchos votos, pero los tres personajes terminaron peleados a muerte entre sí y no volvieron a hablarse.   Ignoro por qué fue el pleito entre ellos, pero me lo imagino.

Hubo otras huelgas con el correr del tiempo, pero todas se resolvieron pacíficamente. Bastó que cada una de las partes cediera un poco. En ninguno de los conflictos se derramó ni una gota de sangre, porque no peleaban grandes principios sino intereses económicos, sobre los cuales resulta más fácil llegar a un acuerdo que cuando la lucha gira en torno de sonoras abstracciones. Es más fácil convencer a alguien de que pague tres centavos en vez de dos, que persuadirlo de que el cielo está –o no está– empedrado de buenas intenciones.   Hubo otros conflictos, algunos de ellos muy acalorados, pero en ninguno de ellos se derramó una sola gota de sangre.

Y ahora sí, vengamos al tema. Cuando leí la obra maestra del teólogo Martinelli, me llevé las manos a la cabeza. ¿A quién se le habrá ocurrido esta estupidez criminal?, me pregunté aterrado.   La respuesta es obvia: al mismo Martinelli o a cualquiera de sus acólitos o amanuenses (Gustavo Pérez, Mulino (no Mussolini), Alma (no caritativa) Cortés, siguiendo instrucciones de su jefe.

Avanti.   De La Prensa del 17 de julio copio: “el Gobierno asumió su culpa. Anoche el ministro de la Presidencia, Jimmy Papadimitriu, admitió que hubo fallas en el manejo de la crisis de Bocas del Toro que dejó dos víctimas fatales y más de 200 heridos la semana pasada”. Otra falla de la misma naturaleza y dejan a la provincia tan despoblada como la encontró Colón. “Lamentamos lo sucedido en la provincia de Bocas del Toro”.

¿Entonces por qué lo provocaron? ¿O es que se imaginan que alguien en su sano juicio va a tragarse el grosero cuento de que los policías, por su propia cuenta e iniciativa, se trasladaron a Bocas del Toro con el único fin de agredir a los obreros que por pura casualidad estaban en el lugar de los hechos?   La lógica indica que no estaban en el lugar de los hechos por pura casualidad, sino que fueron enviados por sus jefes expresamente para agredir a los trabajadores. ¿Es que nos creen tan idiotas como su jefe? Todos los panameños exigimos que se haga justicia, una justicia que castigue ejemplarmente a los únicos culpables: los que ordenaron este acto criminal y lo ejecutaron.

Pero la obra maestra de esta sucesión de imbecilidades es la siguiente: “el subcomisionado de la estación de Policía de Bocas del Toro, Didier de Gracia, aseguró que los disparos llegaron a los ojos de los manifestantes porque muchos se agachaban a recoger piedras o bombas, muchas de ellas lacrimógenas para apagarlas en un tanque con agua, o que se agachaban para cubrirse, lo que los ponía a nivel de los disparos de la Policía”. O sea, que los abaleados son los únicos culpables por desquitarse de las balas, en vez de correr hacia ellas como machos. Cada día aprende uno algo nuevo.

En la octava página del mismo diario tropiezo con este titular: “Crisis deja 52 heridos en los ojos”. ¿Cuántos de ellos quedarán ciegos de por vida? ¿Cómo harán para ganarse la vida de ahora en adelante? ¿O eso no es asunto que le quite el sueño al ilustrado gobierno que nos gastamos?  ¡El Señor nos coja a todos confesados!

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Este artículo se publicó el 22 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.