Mala práctica de los policías de tránsito

La opinión de…

Carlos A. Carrasquilla Zamora

Resulta increíble la facilidad con la que los servidores públicos abusan de sus cargos y de la ignorancia de los ciudadanos respecto al contenido de las leyes que regulan el ejercicio de éstos.   Un caso que lo hace palmario, por la frecuencia con que se presenta en estos días, tiene que ver con los policías de tránsito, y es que estos funcionarios, haciendo uso extensivo (eufemismo) de su condición de autoridad, retienen la licencia para conducir de los conductores, luego de que la verificación efectuada en el pele police arroja que adeudan dinero a la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) en concepto de infracciones al Reglamento de Tránsito, ley esta que en ninguno de sus artículos les concede esa atribución de manera autónoma.

Explico: El Art. 133 del Reglamento de Tránsito establece sobre la retención de la licencia de conducir, que la misma puede ser ejecutada por el policía de tránsito, obrando en función de autoridad competente (ver el glosario de términos en el Art. 3), como consecuencia de la violación del inciso “c” del artículo 132, es decir, portar licencia de conducir vencida, suspendida o cancelada. Nada dice sobre adeudar algo a la ATTT.

Ahora bien, si consultamos el inciso “h” del Art. 120 del Reglamento de Tránsito, notaremos que “el no cumplir la sanción impuesta por una falta cometida en un período de 30 días” es una causal de suspensión de la licencia, pero esta orden-sanción, solamente puede ser emitida por el director de la ATTT o un juez de tránsito que lo represente, tal como lo dice el artículo 119.

Lo que encontramos a diario en las calles es que en retenes o como consecuencia de un accidente de tránsito, los policías, obrando en función de inspectores de tránsito, verifican la base de datos (pele police), confirman que hay boletas sin pagar, usurpan la función del director de la ATTT o sus jueces de tránsito y sin dejar constancia documental de ello, suspenden la licencia, ejecutan la sanción reteniendo la misma y dan inicio a un calvario que puede durar una, dos y hasta tres semanas: recuperar la licencia ante un juez ejecutor que a su turno, también tiene su propio procedimiento inventado.

Si nos atenemos al artículo 133, lo único que le es dable al policía de Tránsito que advierte que el conductor está en mora con la ATTT, es requerirle que no conduzca más el vehículo, que llame a una persona que esté legalmente habilitada para hacerlo y si nadie se presenta, proveer al retiro con grúa.

¿Cuánto le cuesta a una persona un día sin carro (sin licencia, no se maneja)?

Ojalá pudiera cobrarle al sargento que me retuvo ilegalmente la licencia por una infracción de B/.10.00, las dos semanas de taxi, el paz y salvo, el historial de conductor y sobre todo, las dos semanas de incomodidad que padecí por no poder manejar.

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<> Este artículo se publicó el 13  de diciembre  de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Desidia en la administración del tránsito

La opinión del Ingeniero y Ex Ministro de Obras Públicas…

José Antonio Domínguez A.

En un artículo anterior dije que escribiría sobre los futuros grandes problemas que enfrentará el país con el ya anhelado –sobre todo por los que no entienden de transporte– Metro. Pero no puedo dejar de expresar la profunda frustración al ver que nuestro país cada día retrocede más en cuanto a la administración del transporte, y quienes están llamados a realizarlo solo dan excusas, presentan futuros planes y hablan y hablan y hablan, pero no resuelven nada.

Jamás había visto tanto desorden en el tránsito como el que vemos hoy. No es únicamente culpa de este gobierno, porque esto viene de atrás. Pero en este gobierno no han hecho nada, tampoco para mejorarlo. Recuerdo que durante la gestión del entonces teniente coronel Manuel José Araúz, las cosas eran muy diferentes, se ponían multas y se controlaba mucho mejor el flujo vehicular. No se permitía manejar por los hombros, muy pocos eran los osados que se robaban la luz roja, en fin, había mucho más autoridad, lo que a su vez infundía más respeto. Pero todo eso se ha perdido y hoy predomina el juega vivo ¡aún dentro de la misma autoridad!

No veo una próxima disminución de los accidentes de tránsito, menos cuando cada vez más se pierde el respeto en el manejo porque no existe autoridad alguna que le ponga el cascabel al gato. Vi en la prensa una foto de una violación enorme de tránsito, con la pregunta ¿Y el tránsito donde está? Bueno, con la intención de tratar de contestar esta pregunta, una respuesta acertada sería la siguiente: “Los mismos miembros del Tránsito se lo están preguntando todavía”. ¿Y nosotros qué estamos haciendo? ¡Nada!

Es más, una buena cantidad de los accidentes tiene un factor de negligencia por parte del Estado; un análisis serio de cada caso podría arrojar resultados muy preocupantes. En países como Estados Unidos casos similares son llevados a la Corte y el Estado es obligado a pagar indemnizaciones por su negligencia. Ojalá aquí llegue a pasar lo mismo, eso haría que el Estado se preocupara por hacer mejor su trabajo. Como experto en el campo, me gustaría ver que la Corte penalizara al Estado cuando éste haya sido negligente y, cuando eso pase, quisiera ver cuál será la acción de nuestros gobernantes en relación a los funcionarios responsables de la negligencia.

Si tuviéramos suficientes fotógrafos para documentar lo que sucede en esta materia en diferentes partes de la ciudad, puedo decir, sin miedo a equivocarme (pero me puedo quedar corto en mi estimación), que en la ciudad capital se dan entre 25 mil y 40 mil violaciones al Reglamento de Tránsito por día, de ellas el 99% no es penalizada. Entonces, ¿Cómo pretenden que se mejore la condición del flujo vehicular en el país?

Para demostrarles qué tan cierto es esto, hagamos una simple operación matemática: Un semáforo debe tener su ciclo cada dos minutos y podemos notar que en promedio tres vehículos se pasan la luz roja por cada ciclo. En un día en un semáforo, en 13 horas que son las de más flujo (de 6:00 a.m. a 7:00 p.m.) tenemos 390 ciclos y tres infracciones por cada uno de ellos nos da un total de mil 170 infracciones. Entiendo que hay 180 semáforos en la ciudad capital, así que debemos tener un estimado de 210 mil 600 violaciones y si a eso le aplicamos un factor corrector de 75% (de las que no se dan), nuestro estimado bastante preciso sería de unas 30 mil violaciones solo por el robo de luz roja.   A esto hay que añadir los giros prohibidos que se hacen todos los días en lugares muy específicos; los únicos que no saben dónde están estos sitios son los miembros del Tránsito, quienes jamás aparecen por ahí.

También hay que incluir el manejo por los hombros, lo que está prohibido y se debe sancionar con multa de 80 dólares; el bloquear una intersección, también, es una infracción. Y así podría mencionar un sinnúmero de violaciones que se dan todos los días.

¿Cuál es el mensaje que se le está dando al conductor en general? La respuesta es muy clara y entendida así por la mayoría: “Tú dale, que la probabilidad de que te multen es nula”, “no te compliques y haz lo que sea más conveniente a ti”.

Una vez más, invito al agente mejor preparado de la Policía de Tránsito y al funcionario mejor preparado de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre a un debate para dialogar sobre este gran problema.

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<> Este artículo se publicó el 20  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/dominguez-a-jose-a/

Mismo auto por la misma vía

La opinión del Empresario….


JOHN A. BENNETT N.
jbennett@cwpanama.net

La falta de autoridad de la ATTT en las vías es patente, y no hace falta sino remitirnos a lo que vivimos todos los días en las calles, en donde el juegavivo es la norma y no la excepción.   En días pasados las filas de los dos paños viales en el Corredor Norte estaban estancadas, menos la del hombro por donde circulaban a gran velocidad autos y diablos rojos. Pero a esa hora los agentes de tránsito están escondidos o parados como estatuas en algún sitio que todos conocen.

La etimología de término ‘autoridad’ viene de autor y se refiere a quien tiene el poder o autoridad moral de mandar o actuar, ordenar o hacer cumplir, no necesariamente en virtud de un poder políticamente otorgado, sino en virtud del respeto, opinión, estima y entereza de carácter; que son las cosas que deben caracterizar una verdadera autoridad y no un título que a la luz de la realidad no se sostiene.

¿Qué clase de autoridad es aquella que mantiene límites de velocidad que convierten al 100% de quienes transitan en infractores y fuerzan a los conductores a desobedecerlos, porque de lo contrario pondrían sus vidas en peligro?   Ejemplos sobran, pero algunos son más chocantes que otros, tal como el límite de 25 kph en pleno Corredor Norte.   Esto se repite por casi todas las vías del país, en mayor o menor grado.   Tal parece que el propósito no es el de ordenar el tránsito, sino de servir como ardid para las coimas, pues, es mucho más fácil sentarse frente a las trampas de velocidad que corretear a los verdaderos y peligrosos infractores.

Lo sensato es encuestar la velocidad a la cual conduce el 80% de los vehículos que transitan por una vía, incluyendo los de la propia y supuesta ‘autoridad’, para escoger ese límite; de manera que en adelante el 80% de quienes transitan por allí dejarían de ser infractores.   Ahora sí que los agentes pueden enfocarse en ese 20% de quienes van por encima de un límite razonable.   Lo que señalo tiene un alcance mucho mayor, y es que con esos límites absurdos lo que hacemos es inculcar el irrespeto a las normas.

En síntesis, podría escribir un libro entero de ejemplos de mala administración vial. Nuestra realidad es que tenemos una inmensa deficiencia institucional, que incluye el conflicto entre la ATTT y el DOT de la Policía. Se requiere rediseñar por completo el tema de la administración vial. El metro, semáforos, sobrepasos y tal, son todos buenos, pero serán menos útiles en la medida en que los cimientos sean endebles.

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<> Este artículo se publicó el 14 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las infracciones de tránsito. Cómo lograr disminuirlas

La opinión del Economista…

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Francisco Bustamante

He oído en los programas matutinos, que no sé si son de noticias, comentarios o un híbrido indigerible que se han inventado, que la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, ATTT, está muy preocupada por las violaciones al reglamento de tránsito.   Lo cual me parece muy bien.  Y han propuesto varias medidas.  Lo cual también me parece muy loable.

Entre las medidas propuestas, se propone un incremento sustancial de las multas por las distintas violaciones.   Por hablar por teléfono conduciendo, chatear, circular por los hombros, pasarse luces de alto, manejar  a velocidad inadecuada en los carriles de la derecha, manejar en estado etílico de alto octanaje, etcétera.

Pero como siempre, y te juro por tu madre que con la mejor de las intenciones,  me atrevo a expresarte algunas sugerencias.   Pero, ojo, no me han dicho que había como 28 millones de dólares o algo así, de mora por concepto de distintas infracciones cometidas por los conductores?   No escuché o leí que a un fulano le eliminaron por arte de magia sus violaciones? No me dijeron que SERTRACEN iba a perder la concesión por su ineficiencia? O en un accidente trágico, no se hicieron las pruebas de alcoholemia  en tiempo?    Yo mismo cometí  una infracción en Los Ruices viniendo de Chiriquí en abril del 2009 y en noviembre del mismo año, todavía no aparecía registrada la infracción.

Sin ser perito en temas de transporte, creo que mientras el Estado no sea eficiente en los temas arriba indicados, las infracciones, amén de la falta de cultura ciudadana, van a continuar a pesar de las elevadas multas propuestas.    Es muy simple.   Si una multa me cuesta 100 dólares, no crees que es un incentivo a que le ofrezca 20 dólares al policía de tránsito?  Me evito el tener que ir a pagar la multa, y además, el monto  de la misma.   Es así de fácil.   Es un incentivo a que los policías privaticen la gestión de la multa, facilitándole al conductor capturado infraganti, una salida barata burlando la norma.  Te pregunto: Qué se pretende con el aumento de multas?   Reducir las infracciones o aumentar los ingresos de la ATTT?.   Se ha verificado en cuanto aumentan las infracciones reportadas con los aumentos de tarifas? Y los montos recaudados vis a vis la situación antes de la imposición de la nueva tabla de precios?

Te sugiero: (a) Pon multas bajas. Y por cada mes de atraso en el pago de la misma, se duplican hasta llegar a digamos, 500 dólares o más. (b) Cuando llegas a esa suma, se emite una orden de conducción y se lleva al delincuente a pagar, y a un seminario de cómo manejar responsablemente.   Si no asiste, pena de cárcel. ( si hay espacio en las cárceles.    Si se penaliza cerrar las calles,por qué no penalizar las transgresiones de tránsito?).    Ahí verás como bajan las infracciones de tránsito. Pero antes, tienes que garantizar sistemas seguros, eficientes y confiables que registren las infracciones adecuadamente. Ah, y también poner incentivos a los policías que ponen multas merecidas, no inventadas para cobrar mordidas.   O poder pagar las multas con tarjeta de crédito, o en los supermercados o bancos.   Ah, también habilitar cajas para pagar a aquellos que se atrasen.   Verás cómo aumenta la recaudación, baja la mora, pero sobre todo, te aseguro, bajan las infracciones. Asumiendo que esto es lo que buscan las nuevas normativas.

<>  Artículo enviado en un correo electrónico el 31 de agosto de 2010 por el autor  a quien damos todo el crédito,  el mérito y la responsabilidad que le corresponde.

Represión ¡No!: Prevención

La opinión del Político y Director Nacional PRD…

Rafael Pitti

Cada vez que ocurre una tragedia en materia de accidentes de tránsito, de manera recurrente las autoridades de turno adoptan la “salomónica” idea de aumentar el monto de las sanciones por infracciones al reglamento de circulación vial. Esta costumbre no es privativa en este asunto,  se maneja también en el Órgano Judicial con el aumento de penas a menores infractores o involucrados en crímenes y las penas en diferentes actividades delincuenciales.
No censuramos las actualizaciones o cambios que se realicen para ajustar a contener la grave situación que vive el país; sin embargo, las estadísticas en cifras demuestran que la medicina no es suficiente para extraer el mal, o provocar que la enfermedad tenga un nivel aceptable que el cuerpo pueda tolerar y con el cual pueda convivir sin alteraciones.

En tal sentido tengo que ser lacónico al señalar que existe una carencia y deficiencia en el tema de supervisión y fiscalización diurna y nocturna en las vías. Esto es irrefutable ya que cuando ocurre una colisión o accidente, son de 3 a 4 horas para la presencia de un inspector. El SIA que es el Sistema de Información de Accidentes, ubica los lugares propensos y concurrentes en la captación, pero inexplicablemente adolece de su atención. Se conjugan dos elementos adicionales como son la iluminación y señalización, que insisto debe recurrirse a la adquisición de material de tecnología de punta que aunque costoso, a largo plazo resulta menos oneroso. Una sencilla pero prolija investigación en campo, ratifica y sustenta el planteamiento.

Aunado a esto, escucho y veo con asombro, que en la A.T.T.T. hay una nueva oficina o departamento, Centro de Capacitación Vial, que no cuestiono s u objetivo, lo que censuro es que el mismo no existe en la estructura orgánica de la institución.   Contrario a ello, el CONTSEVI, Consejo Nacional de Tránsito y Seguridad Vial, es un organismo creado por Ley, mediante Decreto Ejecutivo 640 de 27 de diciembre 2006, que tiene pendiente la aprobación del Reglamento Interno por Junta Directiva y que el mismo sea incorporado oficialmente, de tal forma que como unidad ejecutora, goce de partida presupuestaria para desempeño y labor.

Es necesaria una agresiva dinámica en escuelas, empresas, instituciones del estado y las comunidades organizadas, de manera que los programas de educación y adiestramiento a la población, conductores y peatones sean aplicados con la intensidad y sostenimiento debido, que generen la preocupación y conciencia ciudadana.   No tengo la menor duda que medios de comunicación y sociedad en su conjunto se integrarán en la tarea. De lo contrario, estos aumentos en las sanciones solo servirán para que las negativas unidades en la institución, conviertan la medida en una jugosa y fructífera actividad, especialmente abusando de los presuntos conductores en estado etílico. Aquí se requiere fortalecer e innovar la idea del Conductor Designado.

<> Este artículo se publicó el 18  de septiembre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que le corresponde.

Ponga orden Ricky Fábrega

La opinión del Administrador de Empresas …

AVELINO BULTRÓN ACEVEDO

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de conversar con amistades y conocidos sobre los vejámenes que se pasan en la Terminal de Transporte de Albrook al abordar los colectivos para llegar a las residencias, luego de una jornada laboral; al parecer el tiempo, las leyes y otros elementos no han aportado positivamente para que se acabe el abuso de transportistas inescrupulosos, que a todas luces, bajo la inoperancia o falta de inspectores disciplinados y con carácter, hacen del usuario lo que les da la gana.

Me refiero específicamente a las alzas ilegales e indiscriminadas de tarifas de transporte de buses del interior a los habitantes del área Oeste, entiéndase de Arraiján, Capira y La Chorrera; donde las tarifas son distintas, pero, aprovechándose de la necesidad del usuario de llegar a su casa, le cobran de 50% al 100% más de lo permitido por la Ley. Es decir, que a un residente de Capira, cuyo pasaje legalmente es de B/.1.00, los transportistas de las rutas de Chame, San Carlos, Aguadulce, Antón y Penonomé, le dicen: ‘Espera para ver, si no me lleno te llevo a B/ 1.50, si quieres!’.  O sea, ¿quienes están por encima de las leyes son los chiveros?, a veces se ponen exquisitos y les cobran hasta B/.2.00.

Señor director de la ATTT, hace dos años compré mi auto, por ahora no paso esos vejámenes, pero no es menos cierto que la ley y el cumplimiento de normas establecidas y aprobadas deben respetarse, y velar por su firme cumplimiento; dificulto que algún diputado, ministro o personas de abolengo tengan que usar el transporte para llegar a sus hogares, tomando en cuenta que las alzas tributarias y otros elementos inflacionarios golpean a la clase trabajadora, que es la que utiliza el transporte día a día; estos transportistas juegan con el desbalance del presupuesto del trabajador, afectando la familia.

Créame señor Director de la ATTT, que es frustrante para muchas personas pedir a cualquier persona en pleno terminal cincuenta o veinticinco centavos para completar las ocurrencias tarifarias de estos transportistas;   ahora bien, no es criticar por amor al arte, le sugiero que ponga inspectores encubiertos que impongan sanciones ‘express’; si son reincidentes, suspenda los certificados de operación, pero hay que poner orden, ser enérgico.

Y le digo esto, porque se han dado casos de violencia en pleno terminal, debido a estas situaciones, donde el insulto y golpes son la tónica para saldar la frustración de gente que viene cansada de trabajar, para entonces aguantar y amilanarse ante las arbitrariedades de estos mal llamados profesionales del transporte.

Si desea hacer el ejercicio, le invito señor Ricky Fábrega, a que a las nueve o diez de la noche de cualquier día de la semana se acerque a una ventanilla, y diga:  ‘Me lleva a Capira, Arraiján o La Chorrera’, para que luego de expresiones faciales que denotan desprecio y síntomas de superioridad, adicionando gesticulaciones groseras, le diga: ‘Si quieres, te llevo por B/.2.00’.

La gente, señor director, lo paga por necesidad, pero no por ser legal; si se decide a hacer el ejercicio, ya sabe qué inspectores le sirven y cuáles no.

<>  Este artículo se publicó el 18  de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Por un sistema de educación vial

La opinión de…

Rolando Caballero Navarrete 

Aplaudo la iniciativa de la Autoridad de Tránsito de subir las multas y de crear nuevas sanciones para quienes obstruyan las calles, pero creo que tanto el Ministerio de Obras Públicas (MOP) como los municipios deberían establecer en ese mismo sentido planes para agilizar el tránsito por las ciudades del país y no solo en la ciudad capital.

Se necesita una acción combinada de las autoridades en cuanto a la educación vial, tanto de conductores como de peatones; aunque es legal, no es justo que sancionen a un conductor por hacer alto sobre una línea de seguridad, cuando la misma se encuentra exactamente en el sitio en que el auto debe parar para hacer el alto respectivo y poder observar, correctamente, antes de cruzar la vía. ¿No creen que deberían colocar las líneas de seguridad unos cuantos metros atrás de las esquinas, para que así los vehículos no se vean en la obligación de pararse encima? Así, la autoridad podría exigir al peatón que las use para cruzar.

Es cierto que necesitamos educación vial, no solo porque el panameño cruza las vías por donde le da la gana, sino porque los conductores no tienen el menor respeto por quienes, como yo, procuramos usar la “línea de inseguridad” al cruzar una avenida. No voy a hablar del país del norte, pero en gran parte del continente, cuando una persona pone un pie en la línea de seguridad los autos automáticamente tienen la obligación de detenerse y darle paso; aquí en Panamá pasan rozando al lado del peatón, sin importar que pudiesen golpearlo y causar una tragedia.

Hagamos una campaña a conciencia sobre el tema, una campaña de educación con los recursos que sean necesarios para que tanto el MOP como las alcaldías del país desalojen las aceras. Así los peatones no tendrían que caminar por las calles (como pasa en la ciudad de Colón); también para que los vehículos se puedan estacionar en los lugares adecuados, lo que no pueden hacer, porque esos lugares están obstruidos por una caseta de buhonería o por mercancía de los almacenes, cuyos dueños se apropian de los estacionamientos, sin pagar por ese derecho a los municipios respectivos.

Debemos implementar la construcción de paradas de buses decentes, no como las de la ciudad de David en donde los buses paran en la mitad de la calle; de esta forma los vehículos, pasajeros y peatones podríamos circular de mejor modo en las vías nacionales, sin necesidad de andar “chifeando” el tráfico. Lo que propongo forma parte de un plan estructurado interinstitucional que no surtirá efecto si mezclamos la política y si dejamos que las ganas desmedidas de hacer dinero se mezclen en el mismo.

Espero que los involucrados tomen esto como un consejo, no como una crítica, y empecemos a trabajar por mejorar la vialidad en nuestras ciudades.

<> Este artículo se publicó el 17 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa,  a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.