Juegos y negritud, presentes

La opinión de…..

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JORGE LUIS MACÍAS FONSECA

Sin posiciones excluyentes y menos discriminatorias, el negro panameño ha hecho acto de presencia en los IX Juegos Centroamericanos de forma excepcional, aportando con sus energías y sus talentos al deporte nacional. No cabe duda que teniendo presente sus responsabilidades patriotas han estado cumpliendo a cabalidad.

Y eso debe llenar de orgullo a la nación entera y de manera particular al negro panameño, que a lo largo de la historia nacional se ha esforzado por coadyuvar en la estructuración del ser panameño. No hay forma alguna de regatearle sus méritos. De lo que se trataría entonces es de inventariar sus grandes aportaciones, para ponderarlas en su justa dimensión.

Es allí, en donde las políticas públicas deben dirigir sus acciones, para fortalecer a los sectores de población que solidifican cada vez más la entraña nacional. El deporte es parte importante de la cultura. Y sin el menosprecio a ningún sector, ha sido el negro panameño el que mayor tributo ha hecho a esta actividad, por lo que no queda ninguna incertidumbre respecto de su papel en esta dirección. Y hacer cultura es también hacer patria. De allí la necesidad de la visión favorable que debe tenerse a favor del sector negro, y no las posiciones peyorativas, que con constancia se asumen para desmovilizarlo y consecuencialmente obnubilarlo.

Y, como tan panameño como el que más —como he venido reiterando— ha dicho siempre presente en la hora de dura prueba, jamás la ha fallado a la República y con gallardía y sin reclamaciones a cambio de canonjías ha apostado al país. Los esfuerzos y los resultados han sido notoriamente visibles. De la misma manera, en todas las áreas del conocimiento y de cualquiera actividad humana, en Panamá la presencia del negro panameño ha sido permanente.

La reciente presentación del boxeador colonense, negro raigal, Celestino Caballero, hoy el más antiguo de los campeones mundiales panameños, es una muestra de esas aportaciones. Teniendo siempre presente el nombre del país, expuso con pundonor, y llenó de gloria a nivel internacional, una vez más a Panamá.

Interesante —por demás— en estos Juegos Centroamericanos, las actuaciones de los colonenses, igualmente negros, Irving Saladino y Jamal Bowen. Con decoro actuaron y vencieron. Y de la misma manera, con excelente presentación, los hermanos, Alonso Edward y Mateo Edward pusieron de relieve los atributos que caracterizan a la población negra cuyas fuerzas físicas y de espíritu siempre la han signado.

Tal y como dijese el autor Amiel, en los términos que había que actuar siempre, como si la patria fuese justa y los hombres agradecidos, los negros panameños, han tenido presente la justeza de la patria para que al final, todos reconozcamos lo que han hecho y están haciendo por el país


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Este artículo se publicó el 27 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Negro Déjate Contar

La opinión del Docente Universitario…..

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JORGE LUIS MACÍAS FONSECA

El 16 de mayo de 2010, se celebrará el XI Censo de Población y el VII de Vivienda. En esta actividad pública se incluirán preguntas dirigidas a la identificación de la población negra panameña. En un documento del Consejo de la Etnia Negra , se informa que en el Censo de 1940 se censó en atención al grupo racial en donde los resultados arrojaron, que de 622, 576 panameños, 68,897 eran blancos ; 82,871 eran negro; 406,814 eran mestizos, 55,987 eran indígenas, y otros (8,007). Desconocemos los instrumentos utilizados para esa medición. Y seguidamente se afirma-en el documento en mención- que durante 70 años los negros fueron invisibilizados, y se pregunta: ¿cuántos seremos ahora?

En un trabajo, titulado: La Población Panameña, José Reyes Alveo maneja los siguientes porcentajes de representatividad de los grupos humanos en Panamá: el 60% de la población panameña es mestiza, 17% es blanca, 14% mulatos, 6.0% indígena, 4% asiático, 3.0 indus, 2.% semitas, árabes y judíos.

Luego de un balance de reconocimiento de la composición población del país, sostiene que. “Con casi tres millones de habitantes, la población panameña está compuesta en un 67% mestizos, 14% negros, un 6% de amerindios (indígenas) y un 3% de personas de origen étnico variados”. Y en el trabajo comentado, ubica las áreas geográficas de ocupación del negro de Panamá.

Es evidente que el negro panameño tiene un peso importante en el conjunto de la población nacional.

Y es claro que, independientemente, que las mediciones de los grupos raciales, no se hayan hecho con la cientificidad debida, pues no queda claro, cómo se arriba a esas conclusiones, no puede desconocerse la presencia del negro panameño.

No hemos estado invisibles. De lo que se trataría es de sistematizar su presencia, pues de acuerdo al censo de 2000, se empadronó la población indígena, y aparentemente a ningún otro grupo racial en especial.

En el documento del Consejo Nacional de la Etnia Negra, se plantea que: “Éramos mayoría absoluta (1940), entonces porqué será que dejaron de contarnos”. La respuesta es obvia. Los acondicionamientos mentales y las posiciones prejuzgadas tienen un extraordinario peso en las valoraciones que se hacen de los grupos humanos, principalmente el referido al negro. Las tesis de la inclusión, operan en un discurso enmarañador y enmascarador, y las de la exclusión actúan con energía para desconocer su presencia.

Por ello, planteo con mucha sinceridad que la actividad censal debe ser explicada, pues la identificación del negro panameño en cantidad y situación geográfica es interesante, y en eso tenemos conciencia. Pero de ninguna manera pueden los resultados censales convertirse en un instrumento de uso de los sectores de poder para estrechar nuestras posibilidades de desarrollo, pues habría que indagar si la filiación del indígena en espacios geográficos y en número le ha sido en verdad de beneficio.

Al final de todas mis preocupaciones, alguien me dijo, no importa, después veremos: Negro: déjate contar.

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Este artículo se publicó el 25   de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Juegos y negritud presente

La opinión de…..

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Jorge Luis Macías Fonseca

Sin posiciones excluyentes y menos discriminatorias, el negro panameño hizo acto de presencia en los IX Juegos Centroamericanos de forma excepcional, aportando con sus energías y sus talentos al deporte nacional. No cabe duda que teniendo presente sus responsabilidades patriotas han estado cumpliendo a cabalidad. Y eso debe llenar de orgullo a la nación entera y de manera particular al negro panameño, que a lo largo de la historia nacional se ha esforzado por coadyuvar en la estructuración del ser panameño. No hay forma alguna de regatearle sus méritos. De lo que se trataría entonces es de inventariar sus grandes aportaciones, para ponderarlas en su justa dimensión.

Es allí, en donde las políticas públicas deben dirigir sus acciones, para fortalecer a los sectores de población que solidifican cada vez más la entraña nacional. El deporte es parte importante de la cultura. Y sin el menosprecio a ningún sector, ha sido el negro panameño el que mayor tributo ha hecho a esta actividad, por lo que no queda ninguna incertidumbre respecto de su papel en esta dirección.  Y hacer cultura es también hacer patria. De allí la necesidad de la visión favorable que debe tenerse a favor del sector negro, y no las posiciones peyorativas, que con constancia se asumen para desmovilizarlo y consecuencialmente obnubilarlo.

Y, como tan panameño como el que más-como he venido reiterando-ha dicho siempre presente en la hora de dura prueba, jamás la ha fallado a la república y con gallardía y sin reclamaciones a cambio de canonjías ha apostado al país.   Los esfuerzos y los resultados han sido notoriamente visibles.   De la misma manera, en todas las áreas del conocimiento y de cualquiera actividad humana, en Panamá la presencia del negro panameño ha sido permanente.

La reciente presentación del boxeador colonense, negro raigal, Celestino Caballero, hoy el más antiguo de los campeones mundiales panameños, es una muestra de esas aportaciones. Teniendo siempre presente el nombre del país, expuso con pundonor, y llenó de gloria a nivel internacional, una vez más a Panamá.

Interesante-por demás-en estos juegos centroamericanos, las actuaciones de los colonenses, igualmente negros, Irving Saladino y Jamal Bowen. Con decoro actuaron y vencieron. Y de la misma manera, con excelente presentación, los hermanos, Alonso Edward y Mateo Edward pusieron de relieve los atributos que caracterizan a la población negra cuyas fuerzas físicas y de espíritu siempre la han signado.

Tal y como dijese el autor Amiel, en los términos que había que actuar siempre, como si la patria fuese justa y los hombres agradecidos, los negros panameños, han tenido presente la justeza de la patria para que al final, todos reconozcamos lo que han hecho y están haciendo por el país.

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Este artículo se publicó el  21  de abril de 2010 en el diario  El Panamá América,   a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Autoidentificarse o autonegarse?

La opinión de…..

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Alexander A. Alleyne Botacio

Faltando menos de un mes para el mayor ejercicio estadístico de un país (en este caso el XI Censo de Población y VII de Vivienda), es impostergable recalcar la importancia de la reinclusión de la población negra en el conteo poblacional, con la finalidad de expresar una lectura objetiva de los aspectos de demográficos, sociales, económicos y las condiciones de las viviendas de este grupo poblacional.

Posterior a un proceso de consulta, las complejidades inherentes al tema del mestizaje fueron sustento para descartar la identificación a través de los rasgos fenotípicos (incluyen rasgos tanto físicos como conductuales) no era viable, ya que apuntaba a elementos de tipo subjetivos, con el riesgo de ser viciado el proceso con elementos de cortes discriminatorios.

Por consiguiente, la propuesta tiene como elemento fundamental el aspecto de autoidentificación, en esta estriba el nudo crítico. Además, nos vinculamos a las dos vertientes históricas la población afro o negra en Panamá; en particular el período colonial y la construcción del ferrocarril transístmico y el Canal de Panamá.

Sin duda, es un desafío dirigido a romper la herencia esclava de racismo. Por ello, autoidentificarse o autonegarse es un reto para la población panameña, como paso inicial en el proceso de consolidación de una identidad nacional. Además, es la oportunidad para reducir el “limbo étnico” existente en algunos segmentos del conglomerado poblacional hacia la demanda colectiva de algunos derechos.

Con respecto a la mecánica para el ejercicio efectivo de respuesta a las preguntas contenidas en el formulario censal, esta tiene como principio fundamental la autoidentificación.

Un aspecto de suma importancia es la pregunta de entrada dirigida a los jefes o jefas de hogares: ¿Alguna persona de este hogar se considera negro (a) o afrodescendiente? Sí o no.

Posteriormente, si se contesta afirmativamente, entonces esta da paso a otra interrogante específica: ¿Se considera usted… negro (a) colonial; negro (a) antillano (a); negro (a); otro o ninguna.

Esta última pregunta apunta a la especificidad de los aspectos históricos y de otro tipo que profundicen en la caracterización de la población afro. Con respecto al elemento ninguno, es importante aclarar que este se relaciona “cuando la persona declaró en la lista de ocupantes del hogar que no se considera negro o afrodescendiente”.

La inclusión viene a romper con el proceso histórico de invisibilización y marca el camino hacia un proceso legítimo de reinvindicaciones de tipo social, económico y ambiental, a través de la construcción de cimientos basados en evidencias estadísticas destinadas al esclarecimiento de las condiciones reales de este grupo poblacional a nivel nacional.

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Este artículo se publicó el  21  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El Conteo de los Negros

La opinión del Docente Universitario…..

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JORGE LUIS MACÍAS

Interesante resulta la inclusión del sector negro poblacional en el conteo censal que se realizará en el país, el 16 de mayo de 2010. Dice Alberto Barrow que con esto “se rompe el proceso histórico de invisibilización que ha padecido este sector de la población panameña”.

Así, de acuerdo con lo señalado, es el cálculo respecto de la cantidad de negros panameños lo que hará notoria, es decir visible su presencia en el país. Conceptúamos que ningún conteo rompe con la invisibilización del negro panameño. Son otros elementos, desde lo conceptual, acondicionamiento mental, actitudes culturales, comportamientos discriminatorios y hasta de ubicación social, los que en verdad han sido causas eficientes de ese ocultamiento, y no la razón del desconocimiento de su cantidad.

De manera que el cerco ideológico-cultural y hasta económico, al que ha sido sometido no ha permitido una valoración objetiva de sus aportaciones y de su importancia en la estructuración de la panameñidad. No hace falta un censo para conocer en qué condiciones vive el negro, y menos para saber sobre su ubicación geográfica, como tampoco para fortalecer su identidad.

Aquellas aseveraciones planteadas en el sentido que con el conteo del negro en el próximo censo: “se abre la posibilidad de alcanzar un conjunto de reivindicaciones de carácter económicos, políticos, sociales y culturales largamente anhelados”, y además que: “permite hacer visible a este grupo humano, se contribuye al fortalecimiento de la identidad de los negros y de las negras…las condiciones en que vive la población negra o afrodescendiente…que permitan establecer políticas públicas dirigidas a este segmento de la sociedad, que por razones históricas…siempre ha mostrado desventajas con respecto al resto de la población panameña”, no son en puridad razones de peso para el conteo. Desde hace tiempo, el negro panameño ha desarrollado toda una actitud de reivindicación, y paulatinamente con firmeza ha ido incursionando en el ser nacional, ganando un espacio, aunque todavía quede un trecho largo por recorrer.

Las políticas públicas deben ser dirigidas a la población en su conjunto, sin pretender asumir que debe de manera especial al negro, que es parte incluyente de esa totalidad poblacional. El tratamiento debe ser paritario, toda vez que el negro es tan panameño como el que más.

El recuento-en verdad-debe ser dirigido al establecimiento del inventario de realizaciones que ha hecho al país.

Un detalle importante a considerar es el espíritu del conteo, que puede ser interpretado como una acción excluyente, y una forma de ubicarlo, para peyorativamente calificarlo. Porque-por ejemplo- en el caso de Colón no han faltado los enjuiciamientos y las valoraciones como “negro de Colón” o “provincia de negros”.

Entonces, pudiera ser se afinquen más las actitudes discriminadoras en las áreas identificadas, más que conocer la cantidad de negros en Panamá, como se propone entre otras cosas, el censo de población de 2010.

No es fácil para quién pregunta, como para el que es indagado sobre su condición étnica, sobre todo si la intención no es del todo clara.

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Este artículo se publicó el 5 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, y el 3 de abril de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Eres Negro o Afro-descendiente? El Gran Reto de los Censos 2010

La opinión del afrodescenciente panameño y miembro del CONEN…..

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Juan Gualberto Fagette DeVille

Esta pregunta se hará a todos los panameños residentes y extranjeros, el día domingo 16 de mayo de este 2010, cuando los funcionarios y empadronadores del Instituto de Estadística y Censo (INEC) visiten a todas las casas y residencias para realizar el “conteo” de todos dentro de la República de Panamá, bajo su lema “el Canal ampliamos y en el 2010 todos contamos”.

Esta pregunta es específica y de suma importancia para los miembros de la comunidad afro-panameña porque será la primera vez, desde el Censo de 1940, que se indicará, para así visibilizar, mediante la auto-identificación, la cantidad que realmente somos.

Es el momento para Restituir nuestro Derecho a la Identidad y la Cultura, un derecho inalienable de toda persona; y, de esta manera hacemos Justicia a nuestros ancestros.

La respuesta es de vital importancia a los tomadores de decisiones políticas y económicas (Gobierno Nacional e instituciones de Cooperación Internacional) sobre la importancia de reconocer las contribuciones de las personas mujeres y hombres Afrodescendientes en la construcción de la identidad nacional; como también la formulación de la inversión técnica, económica y política para corregir las instancias de inequidades y la exclusión.

La historia panameña registra la llegada de este grupo humano en dos oportunidades, para conformar la comunidad afro-panameña, sus descendientes.

La primera, aquella que desciende de los primeros grandes partícipes de la conquista y colonización del Istmo de Panamá, conocidos como africanos conquistadores, africanos colonizadores, africanos “esclavizados”, africanos rebeldes o “cimarrones”, africanos mulatos comerciantes, etc., que se establecieron, principalmente, en Nombre de Dios, a lo largo del Camino Real, en Portobelo, Chagres, a lo largo del Camino de Cruces, el de Palenque, en Santa María La Antigua del Darién, en el Archipiélago de Las Perlas.

Y, la segunda, aquella que desciende de los que llegaron de las Antillas, los segundos grandes partícipes de la economía colombina y republicana en la construcción del Ferrocarril de Panamá, las plantaciones bananeras de Bocas del Toro, la construcción del Canal de Panamá, la conformación de la República de los años 1910 al 1930, las víctimas de las leyes que terminaron en la Constitución de 1940,

Los resultados de los Censos de 1940 indicaron que somos el mayor grupo racial:

Total de Población 622,576. Total por grupo racial: Blanca = 68,897 (12%); Negra = 82,871 (15%); Mestiza = 406,814 (72%); Indígena = 55,987 (9%); y, otros = 8,007 (1%). Por tanto, podemos concluir que este país nuestra gente es mayormente negra y mestiza.

Sin embargo, esta pregunta racial fue eliminada de los Censos subsiguientes, haciéndonos invisibles por 60 (sesenta) años. ¿Por qué será?

Los Censos de los Estados Unidos de América mantienen la identidad racial.

El trabajo que nos toca es modificar las políticas públicas para la inclusión, la participación ciudadana y la eliminación de la discriminación.

Debemos mostrar el país con las facciones de nuestra diversidad étnica, a través de las cuñas publicitarias.

Afro-Descendientes, Digamos Sí, Censo 2010! Viva Panamá!

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Este artículo se publicó  el  26 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les correspond

¿Afroantillanos, afrocoloniales, afrodescendientes?

La opinión de la Doctora en Antropología y Docente Universitaria….

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ANA ELENA PORRAS

Gracias a los estudios antropológicos y a las estadísticas económicas y sociales de nuestro país, podemos entender mejor la complejidad de Panamá, una sociedad pequeña abigarrada, debido a su intensa diversidad cultural y racial, como también por su desigualdad respecto al género y las clases sociales.

¿Dónde se encuentra la población negra panameña con respecto a nuestro entramado económico y social? Esta será una de las interrogantes que intentarán despejar los Censos de mayo del 2010 al incorporar la variable étnica, pues en un arco iris racial como el de Panamá todos los colores cuentan.

En el contexto de esta nueva pregunta en el próximo censo, resulta pertinente definir conceptos tales como raza y etnia , en términos generales y, de manera particular, el de la etnia negra o afrodescendiente. De esta manera la coyuntura censal se convierte en una oportunidad didáctica y de reflexión sobre los temas de nuestra identidad nacional y de la ética de nuestras políticas públicas.

El concepto de raza , por su parte, tiene dos dimensiones. Una biológica, según la cual, las razas son variaciones de frecuencia genética debidas a mutaciones y adaptaciones al medioambiente, por parte del Homo Sapiens itinerante, quien migró desde el continente africano a poblar el resto del planeta. La segunda dimensión del concepto de raza es la cultural, la cual señala que la raza es un constructo, es decir, una elaboración sociocultural, del imaginario colectivo. Con base al color de la piel, la clase social y la cultura, se construyen (que equivale a decir se imaginan ) valores, jerarquías, atributos e identidades respecto de cada grupo humano, con intención de interactuar, negociar o imponer relaciones de poder y estructuras económicas. La esclavitud impuesta a los indígenas de América y a los africanos vendidos en el Nuevo Mundo, así como los contratos laborales de largo plazo y baja paga a los chinos durante la construcción del ferrocarril interoceánico y del Canal de Panamá, son casos históricos de esta dinámica. Y las ideologías sobre superioridad—inferioridad y pureza de las razas hacen parte consustancial de este escenario y dan sustento filosófico a la sociedad de clases sociales del Estado moderno desigual y racista. Panamá no ha escapado a esta realidad.

Del concepto de raza social, como construcción sociocultural, surge la etnicidad.  Ésta se puede definir entonces como una estrategia grupal, que opta por la diferenciación frente a la opción de la asimilación cultural. En consecuencia, una etnia se puede definir como un grupo humano con sentido de pertenencia, el cual se construye con base a una identidad cultural compartida, historia común, con prácticas endogámicas. Un grupo étnico es también, por otra parte, subalterno o subordinado a un Estado nacional y su cultura dominante. Puede o no tener un territorio común y un idioma diferenciados de otros grupos. Tiene funciones de estrategia política con base en la diferenciación social y cultural que, al mismo tiempo, se integra como una parte diferenciada y subordinada al Estado—nacional. La categoría étnica es, en consecuencia, una elaboración o reinvención de la identidad. Puede surgir como iniciativa colonizadora de grupos sociales y culturales dominantes (como fue el caso del sistema de castas colonial hispánico en las colonias de América o de la India tradicional) o, como iniciativa de los grupos minoritarios, en un intento por fortalecer su capacidad de negociación política con el Estado moderno por una cuota de poder y su movilidad social ascendente.

¿Qué es la etnia negra o afropanameña ? La antropología panameña del siglo XX siempre distinguió dos grupos afropanameños, histórica y culturalmente diferentes entre sí. El grupo afrocolonial tiene origen africano, traído a Panamá desde el siglo XVI, durante la colonia hispánica, habla español y es católico. El grupo afroantillano tiene igualmente origen africano, pero su jornada histórica hasta Panamá está mediatizada por el colonialismo británico en las Antillas, de manera que llega a Panamá durante la construcción del Canal a principios del siglo XX, habla inglés y es protestante.

Con la nacionalización del Canal de Panamá y la desaparición de la Zona del Canal, a finales del siglo XX, se comienzan a observar iniciativas como la Panameñísima Reina Negra, Congresos del Negro Panameño, debates, publicaciones y noticias en los medios sobre “ la etnia negra de Panamá ” o “ la etnia afropanameña ”. Esta iniciativa proviene de líderes e intelectuales afroantillanos y afrocoloniales quienes, conjuntamente, intentan reposicionarse en el escenario panameño actual, soberano, sin norteamericanos y con una visión de un Estado moderno y desarrollado. ¿Es esto válido? Perfectamente, tanto desde el punto de vista de la teoría antropológica de las identidades como de las prácticas sociales y, además, es inteligente. Su éxito dependerá de su capacidad de concientizar a los individuos mayormente asimilados y mestizos respecto a la cultura hispanopanameña de las clases dominantes.

Sin duda, la fusión de grupos étnicos de origen africano en Panamá (etnia afrocolonial +etnia afroantillana), como propuesta innovadora, afropanameña, enfrentará desafíos importantes como la reformulación y creación de una identidad afropanameña nueva, especialmente atractiva para generaciones de jóvenes panameños de ascendencia negra, que revalorice su origen y raza africana, su experiencia colonial (anglosajona o hispánica) y la discriminación racial en la Zona del Canal y República de Panamá. Deberá plantear su proyecto de fusión étnica como una estrategia de empoderamiento para panameños afrodescendientes, a través de la perspectiva sociocultural, competitiva, y con ventajas comparativas frente a la opción de asimilación con desigualdad, por parte de la cultura dominante de la sociedad panameña actual.

Por todo lo anterior, pienso que para la sociedad panameña, como un todo, apoyar el ejercicio estadístico que representan los censos que se desarrollarán el próximo domingo 16 de mayo de 2010, aparte de constituir un imperativo ético de solidaridad, permitirá conocernos mejor y adoptar políticas más equitativas que permitirán la integración más justa y feliz de todos los panameños, pertenecientes a los distintos grupos étnicos, clases sociales y género. Solo así podremos hablar de unidad en Panamá, en la diversidad, y avanzar hacia la modernización y desarrollo humano de nuestro Estado—nación. En los censos, todos contamos.

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Publicado el  14  de enero de 2010   en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Raza, etnicidad y clase social

La opinión de la Antropóloga y Docente Universitaria…..
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ANA ELENA PORRAS
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Raza, etnicidad y clase social

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He leído recientemente, en los diarios locales, la interesante noticia de que un grupo de ciudadanos afropanameños promueve la campaña de incluir la pregunta racial sobre ancestros de raza negra en los Censos Nacionales de 2010, con la intención de visibilizar la presencia afrodescendiente en la sociedad panameña.

Hasta el momento, desde 1970, nuestros Censos Nacionales solo incluyen la pregunta étnico-racial cuando se aplica a los indígenas de Panamá con la intención de medir su población, evaluar sus características vitales, socioeconómicas y sus migraciones.

Las conclusiones que sugiere esta información estadística son brutales:

(1) que los focos de pobreza extrema están localizados en las comarcas indígenas,

(2) que el Estado y la Nación de Panamá sostienen prácticas sistemáticas de exclusión y discriminación de sus poblaciones indígenas y

(3) que las poblaciones indígenas, por su parte, necesitan plantear proyectos de desarrollo económico para sus comarcas.

Si bien estas experiencias censales servirán de referencia para la nueva propuesta de inclusión de la pregunta sobre ascendencia africana, ésta será inédita en el Panamá republicano y mucho más difícil, por cuanto no existen territorios comarcales para los grupos afrodescendientes ni idioma diferenciado de la cultura dominante (ante la pérdida creciente del inglés entre los afroantillanos), sumado con una sociedad racista que presiona culturalmente al afrodescendiente, a través de prácticas laborales, matrimoniales, sistemas de prestigio y exclusión económica, a despreciar y negar sus raíces africanas.

De aquí que, para obtener unos resultados razonablemente veraces, se necesitará de una campaña didáctica que explique los objetivos y beneficios de este Censo, tanto para propios como para ajenos. Habrá también que afinar la metodología de la clasificación por filiación, en casos de mestizaje y tomar decisiones respecto a seguir o no el modelo norteamericano de hipofiliación, donde solo uno de los ancestros, perteneciente a una minoría, en este caso de origen negro, definirá la clasificación de la persona censada.

En mi opinión, el Censo Nacional 2010, con pregunta racial, brindará a todos los panameños una oportunidad valiosa para reflexionar sobre la presencia y contribución socioeconómica de los grupos humanos afrodescendientes del Panamá del presente, así como contribuirá también a que todos los panameños recapacitemos sobre cómo somos y cómo anhelamos ser, como nación, en el siglo XXI.

Este ejercicio nos brindará la oportunidad de encarar la contradicción abismal que hemos creado entre la utopía de un Panamá diverso y pluralista, y el país más desigual del mundo (después de Brasil) en las prácticas de distribución de la riqueza. Cifras recientes y confiables (2008) fijaron la pobreza en Panamá en 32.7%. Creo que es absolutamente legítimo y pertinente indagar entre otras cosas ¿Dónde se sitúa la población afropanameña con respecto a esas cifras? ¿Existen relaciones socioculturales entre raza, etnia y pobreza en Panamá?

En el camino hacia los Censos de mayo de 2010, intentaré aportar a la campaña que busca visibilizar la presencia de la población afrodescendiente en Panamá, a través del examen de algunos conceptos en torno a los términos “Raza”, “Etnicidad” y “ Clase social ”, según los paradigmas vigentes de la antropología cultural y física, así como sus interrelaciones en las prácticas culturales de la sociedad panameña. Invito a la lectura de sucesivos artículos en los cuales iré abordando estos temas que, infortunadamente, en nuestro medio, aun reciben el trato que se le dispensa a los tabúes:  El silencio.

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Publicado el 16 de noviembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.


Buscando a la abuela.. la negra (II)

La opinión del abogado…..
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ALBERTO S. BARROW N.
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Buscando a la abuela.. la negra (II)

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Sin asomo de duda, la población afropanameña existe, pero, a la vez, es invisible en el país. En el barrio alguien diría ¿Cómo así?

La falta de visibilidad estadística de los afropanameños hace imposible una aproximación sociodemográfica precisa a este grupo poblacional. Y, aun cuando sé que hay quienes le restan méritos a los argumentos que favorecen la visión de que en los Censos todos contamos, y esto ya fue explicado en un artículo anterior, ese hacer cuentas de los negros en Panamá, más allá de nuestras particulares querencias, tiene importancia.

Para el año 2000, fecha en que se desarrolló el último Censo de Población, los panameños y panameñas nos contabilizábamos en 2.839.177. Desde luego que esa realidad numérica ha cambiado a esta fecha. Por otro lado, estimaciones de varios estudios precisan que los afrodescendientes en el país alcanzan entre el 14% y el 30%. Estas poblaciones se concentran especialmente en las provincias de Panamá, Colón, Bocas del Toro y Darién.

Una de las características de los afropanameños, en términos generales, es su anclaje urbano. Se estima que tanto el distrito como la ciudad de Panamá es donde está asentada, en su mayor parte, la población afrodescendiente del país. Pero en términos de representatividad, Colon sería la ciudad que exhibe más africanidad en todo el Istmo. Otros lugares importantes son Portobelo y Nombre de Dios, en la costa de Colón, La Palma , en la fronteriza Darién, colindante con el Chocó Colombiano, Bocas del Toro, en el extremo occidental de nuestra geografía, destacándose aquí Almirante.

Por otro lado están las provincias centrales (Coclé, Herrera, Los Santos), todas habitadas, en distintas proporciones, por gente de piel oscura, en sus diversas “ degradaciones ”. Justamente, en esos parajes nacieron y vivieron muchas de las abuelas? las negras cuyas descendencias, hoy portadoras de mucha menos melanina, no dejan de ser sus nietos, bisnietos y tataranietos, en fin, afrodescendientes.

¿Negros? hay en todo el país. Parte del problema de la no inclusión de los afropanameños en los instrumentos estadísticos, en especial en las Encuestas de Hogares y en los Censos, tal como ya ocurre en otros países de la Región, ha estado en la falta de un soporte técnico y metodológico que oriente a las autoridades correspondientes en la aplicación efectiva de una variable de auto-identificación afrodescendiente, en las boletas de captura de información estadística. Como señalé en un artículo anterior, llegó la hora en que el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo de la Contraloría General de la República incluirá la variable de auto identificación étnica afropanameña en el próximo censo del 2010. Y para que nadie crea que este ejercicio será una panacea, quiero contarme entre los primeros en señalar, públicamente, que el proceso no estará exento de dificultades y riesgos en tanto que, aún cuando empíricamente sabemos que después de Brasil, Panamá está entre los países que cuentan con una elevada población afrodescendiente en América Latina, las históricas construcciones sociales en torno a la negritud harán muy difícil el autoreconocimiento de los encuestados.

Siendo ese el mayor reto a encarar, hará mucha falta que las mismas comunidades afropanameñas sean conscientes de lo estratégico que es identificarse con el proceso censal venidero. De allí que las organizaciones negras panameñas, en su más variada gama, tendrán el gran desafío, y consiguiente responsabilidad, de emprender procesos pedagógicos y de sensibilización, a través de campañas masivas, para superar las incertidumbres semánticas respecto a las variables estadísticas que auto-identificarán a los afropanameños. ¿Seremos capaces de hacerlo? ¿Estaremos a la altura de las exigencias de esta coyuntura?

Pienso que todo eso está por verse en los meses por venir. Pero de lo que no me cabe duda alguna es de que el domingo 16 de mayo del 2010 un encuestador (a) tocará a la puerta de cada familia panameña. Y entre las varias preguntas que hará está la que sigue: “ ¿Alguna persona de este hogar se considera negro(a) o afrodescendiente? ”.

Para cuando cierre la jornada de ese día domingo, cualesquiera hayan sido las respuestas que la población le dispensó a ese interrogante, Panamá habrá dado un paso más en ese largo camino por conocerse un poco mejor y, sobre todo, el Estado tendrá elementos para construir políticas públicas que hagan de esta sociedad una más inclusiva para con los afrodescendientes panameños.

Sobre el XI Censo Nacional de Población y el VII de Vivienda todavía tengo mucho que decir. Continuaré compartiendo mis reflexiones acerca del tema, con la absoluta certeza de que en Panamá aquel que no tiene de Tinga tiene de Mandinga.

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Publicado el 29 de octubre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Buscando a la abuela? la negra (I)

La opinión de…..
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ALBERTO S. BARROW N.
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Buscando a la abuela? la negra (I)

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El título de este artículo, el primero de una serie que publicaré sobre el tema de los Censos del 2010, viene a cuento por aquello de que en Panamá el que no tiene de Tinga tiene de Mandinga. Comienzo por preguntar ¿cuántos negros y negras componen la población panameña? ¿Acaso importa?

Más allá de las “ naturales ” aprensiones que pudiera generar la pregunta, existe un hecho irrefutable:   No hay país que pueda acometer con seriedad políticas públicas para el desarrollo, si no cuenta con indicadores sociales que den cuenta de la realidad económica, política y social de la población.   Y esa posibilidad la brinda el Censo como instrumento de medición.   Y en los Censos todos contamos.

El 16 de mayo del 2010 Panamá desarrollará su XI Censo Nacional de Población y el VII de Vivienda, un ejercicio relevante al cual el país se ve abocado cada diez años. En esta oportunidad, se incorporará la variable étnica. Para ello, se formulará una pregunta de apertura sobre los ocupantes de la casa: “ ¿Alguna persona de este hogar se considera negro(a) o afro-descendiente? ”. De contestarse afirmativamente, se dará paso a otra interrogante específica: “ ¿Se considera usted? negro(a) colonial, negro(a) antillano(a) o simplemente negro(a)? “. También se podrá responder “ otro ” o “ ninguno ”.

Y ahora resulta que hay que contar a los negros en Panamá.   Así es y ello obedece a varias razones.

La visibilidad estadística como estrategia para el diseño de políticas públicas para el desarrollo se ha convertido en una reivindicación ciudadana de los afrodescendientes en América Latina, y, afortunadamente, los Estados han ido entendiendo, no sin ciertas resistencias, que no se pueden construir democracias con exclusiones.

Hasta finales del siglo XX, los datos demográficos y socioeconómicos sobre las poblaciones afrodescendientes prácticamente eran desconocidos. La falta de indicadores sociales que describieran con certeza su realidad económica, política y social se había convertido en un obstáculo para el acceso a oportunidades que garantizaran sus derechos ciudadanos, pues se sabe a estas alturas que no todas las personas en nuestras sociedades gozan de las mismas posibilidades de satisfacer todas sus necesidades existenciales. La igualdad, dadas las estructuras socioeconómicas existentes en la mayor parte de América Latina, no pasa de ser una aspiración. De allí que la sociedad civil afrodescendiente organizada haya venido presionando a la sociedad política y sus gobiernos por la inclusión y el reconocimiento de la referencia étnica en los instrumentos censales. Ciertamente, el debate sobre la exclusión social por etnia y raza todavía tiene un largo camino por recorrer en nuestro medio. Pero en esa andadura, se van dando hechos que apuntan hacia la maduración del tema, y a encontrar “ salidas ” constructivas hacia la edificación de una sociedad más y mejor integrada.

En esa dirección, el año 2001 marcó un punto de inflexión. La reivindicación de incorporar en los censos el tema de la Etnia Negra se convirtió en un mandato a los Estados participantes en la III Cumbre Mundial Contra el Racismo, celebrada por Naciones Unidas en Durban (Sudáfrica). Allí se pidió a los gobiernos que realicen investigaciones exhaustivas acerca del comportamiento de las manifestaciones del racismo, las cuales deben ser los soportes empíricos para la aplicación posterior de políticas de combate y erradicación del fenómeno.

Panamá se apresta a generar, desde los censos, prácticas de identificación étnica, con el fin de lograr mediciones estadísticas que permitan diagnosticar la situación de educación, salud, empleo, vivienda y pobreza de los afrodescendientes respecto a otros grupos sociales.

Al Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC) de la Contraloría General de la República incluir una pregunta de auto-identificación étnica afropanameña ¿hallaremos las abuelas negras que tenemos buena parte de los panameños?
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Publicado el 22 de octubre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Alonsos y Saladinos : seguro tenemos en Panamá más oro escondido

Alonsos y Saladinos : seguro tenemos en Panamá más oro escondido

La opinión de la Doctora en Medicina Familiar y Corredora de Maratones…

Enitza George

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La reciente experiencia del extraordinario joven atleta Alonso Edwards deja en evidencia que hay muy buen material genético en Panamá que simplemente se está echando a perder.

Hace poco ofrecí una entrevista a una importante revista local que indagaba acerca del tema mujer y atletismo en Panamá. Comentaba, entonces, y me interrogaba yo a la vez ¿cómo es posible que en un país con tanta genética jamaiquina no hayamos tenido mujeres campeonas de velocidad?  Decía en aquella ocasión:  Solo hay que mirar a las chicas de Río Abajo y verles las piernas y hombros para saber que allí hay “Oro” escondido.  Dedicarse a ellas (y a ellos), en el ámbito del deporte, es tarea ineludible del Estado; es una forma de evitar embarazos y de combatir las drogas y la violencia, entre otras. Pero, sencillamente, no hay visión de Estado. Y si el problema es grande para los muchachos negros, hay que ver el lío que tenemos las mujeres afro-panameñas. Hablo por experiencia propia.

Me pregunto ¿cómo es posible que en una nación de tan alto componente humano negroide como la nuestra jamás hayamos tenido una mujer que corra los 42 kilómetros de maratón, por debajo de 3 horas? Nuestro récord nacional en maratón es de 3:04 (Gilda Méndez). La mayoría de las mujeres corredoras en nuestro país frisan entre las 4 y 5 horas en maratón. Eso es increíble, considerando la genética de la mujer panameña. Sencillamente, nadie ha cultivado a esas chicas de 20 a 29 años para el atletismo.

Pero bueno, la respuesta para mí está en todo ese enredo burocrático que hay en el deporte nacional.

Apenas hace escasas dos semanas, tuve la gran oportunidad de participar en una maratón en Europa. Mi participación en esa lid atlética fue patrocinada casi al 100% por renombradas empresas privadas, a sabiendas de que era muy probable que yo no rompería marca alguna ni alcanzaría una de las medallas. Simplemente, apostaron a ello para colocar sus respectivas marcas de comercio en ese escenario continental para luego reproducir ese hecho en Panamá, a través de una figura que por distintas razones y de alguna manera tiene sobre su persona el “ojo público”. Por mi parte, les quedo sumamente agradecida a cada una de esas empresas.

Pero, qué hay de esa atleta, ese atleta que no tiene una “imagen pública”, un “nombre”. ¡Se pierde! Y eso debe causar en cada panameño y panameña tristeza, pues es una gran pérdida para el conjunto de nuestra sociedad.

Bravo para Alonso, bravo Saladino, bravo Jhamal Bowen, y todas nuestras glorias nacionales pasadas. Nola Thorne (1938), te recordamos con amor y orgullo.

Ojalá abramos los ojos un día para descubrir que hay Alonsos Edwards e Irving Saladinos por montones, en nuestro patio. Yo no pierdo las esperanzas.

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Publicado el 26 de agosto de 2009 en el diario Panamá América Digital, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

De etnias… y otros demonios (II)

De etnias… y otros demonios (II)

La opinión del geógrafo, historiador y experto en población

Omar Jaén Suárez

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Los problemas sociales de Panamá son mucho más graves y complejos que los que se denuncia en nombre de un pretendido grupo étnico. Esos problemas son fundamentalmente los de importantes grupos de ciudadanos marginados, excluidos, explotados sin misericordia hasta por sus propios congéneres, sus dirigentes tradicionales, sus diputados, sus representantes y sus empleadores, a menudo en estado de extrema pobreza, residentes en el área rural, en las reservas indígenas y en algunos bolsones urbanos. Son los problemas de los que sufren de verdad, todos los días, en los sectores laboral, económico y social.

Solucionar esta escandalosa situación debe ser lo urgente y prioritario para los panameños y no abanicar el ego de algunos que desean figurar, instrumentalizando falsas cruzadas, en el ámbito nacional e internacional.

Las autoridades responsables deberían dedicar sus esfuerzos de inclusión a esos panameños que suman centenares de miles de personas de todos los orígenes raciales y culturales y no perderse en los deseos de unos grupitos de la élite nacional carentes de verdaderos problemas económicos y sociales, quienes han descubierto un nuevo medio de protagonismo o son víctimas, quizás sin saberlo, de una nueva forma de colonialismo, mental esta vez y nuevamente de origen anglosajón.

A los que se han entregado a esa aventura de buena fe los invito a trabajar por una sociedad sana, que una y mezcle y no por una sociedad que divida, conflictiva y más injusta.

Mi tesis de fondo es que no creo que exista en Panamá tal cosa como la “etnia negra” como sí existen etnias indígenas conformadas por los que viven en comunidades tribales con una referencia cultural e histórica común, una lengua y tradiciones compartidas.

Mientras que la presencia africana se fue introduciendo en toda la sociedad desde hace casi cinco siglos y ha permeado en el cuerpo y alma de todos los panameños y forma parte esencial de su personalidad colectiva. Que haya gente más oscura que otra no significa que constituyan una etnia porque, además, no podemos establecer una frontera clara y definida entre un grupo y el resto de la población.

Podemos apreciar visualmente los extremos del fenotipo, pero eso no coincide necesariamente con los extremos genéticos y sobre todo con los culturales que son lo más importante. Para la sociedad cultivar nuestro sentido de solidaridad colectiva es mucho más relevante que cultivar nuestras diferencias internas.

El autoracismo negro y su corolario de racismo hacia los diferentes sería una curiosidad folclórica sino terminara por convertirse en algo institucional y germen de división interna artificial o, en ciertos casos, fundamento de prebendas para algunos individuos con un costo para la sociedad.

El sentimiento de humillación y apocamiento, sentirse discriminado en Panamá por razón de la raza, el color de la piel, la creencia religiosa o filosófica, la orientación sexual, el aspecto físico, el origen geográfico y social, el nivel socio-económico, etc., es sin duda una realidad entre muchísima gente, pero ese sentimiento atañe a individuos de todos los colores y pelajes en diversas situaciones y no puede ser, en nuestra circunstancia, sujeto de reivindicación tal como lo plantean los líderes de la pretendida “etnia negra”.

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Publicado el 19 de agosto de 2009 en el diario El Panama América Digital, a quienes damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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