“En esta casa somos orgullosamente afrodescendientes”

La opinión de…..

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ALBERTO BARROW N.

En el país no existen datos estadísticos que den cuentas de la exclusión y pobreza que afecta, en su especificidad, a la población afropanameña. Hoy, con el XI Censo de Población, Panamá dará un paso muy trascendente en dirección a subsanar ese vacío acerca de este grupo poblacional, que a simple vista, constituye un componente numéricamente relevante en el Istmo.

La visibilidad estadística, como estrategia para el diseño de políticas públicas para el desarrollo, es una reivindicación ciudadana de los afrodescendientes en Panamá. Este Censo, además de contar a la población, contribuirá a fortalecer la identidad de muchos hombres, mujeres, niños y niñas, cuando éstos respondan “ Orgullosamente afrodescendientes ” a la pregunta: “ ¿Alguna persona de este hogar se considera negro(a) o afrodescendiente? ”.

La falta de indicadores sociales que describan con certeza la realidad económica, política y social de los negros panameños hace rato que se ha convertido en uno de los obstáculos para el acceso a oportunidades que garanticen sus derechos ciudadanos. Aun cuando se sabe, de manera empírica, que no todas las personas en Panamá gozan de las mismas posibilidades de satisfacer sus necesidades existenciales en tanto seres humanos, los indicadores resultan indispensables para focalizar los planes y programas que han de mejorar las condiciones de vida de los marginados y excluidos, atendiendo sus necesidades específicas.

Durante estos tres últimos meses, en el curso de la campaña de sensibilización “ Orgullosamente afrodescendientes ”, hubo voces que expresaron dudas, cuando no rechazo, sobre y ante el hecho de que la condición étnica en nuestro país es un factor que conlleva un tratamiento diferenciado, en múltiples esferas de la vida nacional. El debate sobre la exclusión social por etnia y raza ha sido sumamente interesante. Los aprendizajes lo han sido mucho más.

Hoy, ha llegado la hora en que el Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría, luego de 70 años en que se dejó de contar a la población afrodescendiente como tal, retome una exploración vital para este grupo humano. Ciertamente, este ejercicio no estará exento de dificultades y riesgos, pues las históricas construcciones sociales, esencialmente negativas, en torno a la negritud en Panamá, no harán nada fácil el autorreconocimiento de los encuestados.

Para cuando cierre la jornada de hoy, cualesquiera hayan sido las respuestas que la población le dispensó a ese interrogante que indaga acerca de nuestras raíces negras, Panamá habrá dado un paso más en ese largo camino por conocerse un poco mejor y, sobre todo, el Estado tendrá elementos para construir políticas públicas que hagan de esta sociedad una más inclusiva para con los afrodescendientes panameños.

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Este artículo se publicó el 16 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Transmitiendo nuestro legado

La opinión de la Doctora…..

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Celia Moreno de Serrano

Es importante hacer consciencia que “nosotros somos el cambio que queremos ver en el mundo”, como decía Gandhi.  Nuestro deber como personas conscientes de su legado, de su herencia, y del impacto que esta tiene en la construcción de la autoestima de nuestros hijos e hijas, y de las generaciones futuras, hace que nos volvamos permanentemente vigilantes, para así transmitir creencias y conceptos positivos a esa personita que depende de mí.

En el caso de los afrodescendientes, es vital que le transmitamos a la nueva generación lo positivo de ser “negro”, ya que esta representación mental es fundamental para la formación del concepto positivo y sano de su identidad, de su “Yo”.

Para esto debemos conocer nuestra historia, nuestro legado, darle su debida relevancia y darlo a conocer por los demás. En nuestro legado cultural panameños tenemos mucho de que enorgullecernos: los cuentos orales del tío conejo, del tío tigre, que transmiten una sabiduría popular, la historia de los congos, el folclore del candomblé y de los diablitos, el delicioso sabor de nuestras comidas bocatoreñas y colonenses, para nombrar los más conocidos. Y por fin, todo el aporte social, histórico y cultural, que han representado las migraciones de negros antillanos y negros coloniales, a nuestro istmo.

¿Como lograrlo? Ahora que se va a dar el Censo, el 16 de mayo, en nuestro país y que vamos a contestar a la pregunta “¿Alguna persona de este hogar se considera negro (a) o afrodescendiente?”, tenemos que contestar orgullosamente “sí”.

Por primera vez en mucho tiempo, tendremos conocimiento de cuántos somos, lo que permitirá una mayor visibilización de la comunidad negra, el establecimiento de políticas públicas que coadyuven al desarrollo de poblaciones marginales y por fin, el reforzamiento de nuestra identidad.

Tenemos la oportunidad de poner en marcha un “movimiento de la negritud”, para que la población negra recupere su orgullo, su confianza, y su identidad, que las nuevas generaciones crezcan orgullosas de ser quiénes son.

¿Qué podemos hacer? Podemos crear consciencia de nuestra identidad, construir y reforzar una imagen positiva de lo que es ser “negro o negra”, cada uno en su realidad. Recopilando nuestras historias orales, transmitiéndolas, escribiendo artículos, organizando capacitaciones para dar a conocer nuestra historia, la historia de la negritud, la historia africana.

Podemos redescubrir autores como el haitiano René Depestre y su Buenos Días y Adiós a la Negritud; como George Reid y su Afro-Latinoamérica; Alberto Barrows y su Piel Oscura Panamá; George Priestley y su Etnia, Clase y Cuestión Nacional en Panamá; Melva Lowe de Goodin, De Barbados a Panamá; Maloney Francis, Los afro-panameños y la Etno Educación, etc.

Es nuestra responsabilidad de ser conscientes de nuestro legado y de transmitirlo a las generaciones futuras. Es parte de lo que es construir la nacionalidad, y más específicamente la identidad nacional, para empoderarnos y empoderar al hombre y mujer del mañana.

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Este artículo se publicó el  14  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Negro: déjate contar

La opinión del Docente Universitario…..

Jorge Luis Macías Fonseca

El 16 de mayo de 2010, se celebrará el XI Censo de Población y el VII de Vivienda. En esta actividad pública se incluirán preguntas dirigidas a la identificación de la población negra panameña. En un documento del Consejo de la Etnia Negra se informa que en el Censo de 1940 se censó en atención al grupo racial en donde los resultados arrojaron, que de 622,576 panameños, 68,897 eran blancos, 82,871 eran negros, 406,814 eran mestizos, 55,987 eran indígenas, y otros (8,007). Desconocemos los instrumentos utilizados para esa medición. Y seguidamente se afirma -en el documento en mención- que durante 70 años los negros fueron invisibilizados, y se pregunta: ¿cuántos seremos ahora?

En un trabajo, titulado: La Población Panameña, José Reyes Alveo maneja los siguientes porcentajes de representatividad de los grupos humanos en Panamá: el 60% de la población panameña es mestiza, 17% es blanca, 14% mulatos, 6.0% indígena, 4% asiático, 3.0 indus, 2% semitas, árabes y judíos. Luego de un balance de reconocimiento de la composición población del país, sostiene que: “Con casi tres millones de habitantes, la población panameña está compuesta en un 67% mestizos, 14% negros, un 6% de amerindios (indígenas) y un 3% de personas de origen étnico variados”. Y en el trabajo comentado, ubica las áreas geográficas de ocupación del negro de Panamá.

Es evidente que el negro panameño tiene un peso importante en el conjunto de la población nacional. Y es claro que, independientemente, que las mediciones de los grupos raciales, no se hayan hecho con la cientificidad debida, pues no queda claro, cómo se arriba a esas conclusiones, no puede desconocerse la presencia del negro panameño. No hemos estado invisibles. De lo que se trataría es de sistematizar su presencia, pues de acuerdo al censo de 2000, se empadronó la población indígena, y aparentemente a ningún otro grupo racial en especial.

En el documento del Consejo Nacional de la Etnia Negra, se plantea que: “Éramos mayoría absoluta (1940), entonces porqué será que dejaron de contarnos”. La respuesta es obvia. Los acondicionamientos mentales y las posiciones prejuzgadas tienen un extraordinario peso en las valoraciones que se hacen de los grupos humanos, principalmente el referido al negro. Las tesis de la inclusión, operan en un discurso enmarañador y enmascarador, y las de la exclusión actúan con energía para desconocer su presencia. Por ello, planteo con mucha sinceridad que la actividad censal debe ser explicada, pues la identificación del negro panameño en cantidad y situación geográfica es interesante, y en eso tenemos conciencia. Pero de ninguna manera pueden los resultados censales convertirse en un instrumento de uso de los sectores de poder para estrechar nuestras posibilidades de desarrollo, pues habría que indagar si la filiación del indígena en espacios geográficos y en número le ha sido en verdad de beneficio. Al final de todas mis preocupaciones, alguien me dijo, no importa, después veremos: Negro: déjate contar.

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Este artículo se publicó el  8  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Identidad negra

La opinión de la Doctora…..

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Celia Moreno de Serrano

El Martiniqués, Aimé Césaire, hombre político y poeta que nos dice: “La Negritud resulta de una actitud activa y combativa del espíritu”; “Ella es sobresalto, un sobresalto de dignidad”; “Ella es rechazo, quiero decir un rechazo a la opresión”; “Ella es combate, es decir combate contra la desigualdad y la inequidad”.

¿Qué es la identidad? La identidad define el conjunto de elementos que nos caracteriza como personas primero, y como comunidad, después.

¿Cómo se construye la identidad? A través de la mirada del otro. Primero de nuestros padres, de los compañeros de escuela, de colegio, y luego de la comunidad. Y por fin, se construye gracias a la consciencia de mi propio ser, y de la voluntad de construirme a mi mismo, y no dejar que otro defina lo que soy. La formación de la identidad es interactiva y continua, o sea, que evoluciona en permanencia.

Ahora bien, dos siglos de esclavitud, de colonización y de marginación, dejaron una huella profunda en la psiquis colectiva.

No olvidemos que en la esclavitud, el negro era considerado como un animal de carga, y fue cosificado, humillado, oprimido y violentado.

En la colonia, pasó a ser ciudadano de segunda categoría, marginado socialmente y excluido de la educación. Debido a todas estas circunstancias históricas, se fue formando una representación mental en el inconsciente colectivo, constituido de estereotipos negativos de lo que es el ser negro: agresivo o violento, porque se revela contra la opresión; tonto, porque es excluido de todo tipo de educación, etc. Todo esto va creando imágenes y creencias negativas, que son internalizadas a su vez por esos mismos que son discriminados.

El concepto de lo que es bello, también hace parte de estas creencias colectivas, o idiosincrasias y prejuicios sociales. Por mucho tiempo, se consideró que los estándares de la belleza eran los de la raza caucásica, lo que excluía evidentemente los rasgos negroides. Se consideraba feo: el pelo cuscús o rizado, tener labios gruesos, tener la nariz chata, etc.

Infelizmente, muchas personas afrodescendientes internalizan estos prejuicios y creencias limitantes, lo que los “aliena”, o hace que vivan en disociación, afectando profundamente de manera negativa su autoestima y seguridad en el mundo. La alienación o disociación hace referencia a la idea de sentir como algo ajeno y hostil lo que es propio. Es el resultado de la integración o asimilación de la exclusión por parte del excluido. Así, vemos como un afrodescendiente discute con otro quién es más “negro”, o le prohíbe a sus hijos e hijas de relacionarse con esos “negros”, refiriéndose a los “negros”, como …. los otros, esos allá. El resultado de esto es que algunos no acepten sus rasgos negroides y tratan por todos los medios de separarse o alejarse de su herencia negra y evidentemente, terminan por no aceptarse ellos mismos.

Para construir un “Yo” sano y equilibrado, es indispensable aceptar su identidad, ya que esto le permitirá tener una buena autoestima y seguridad personal, lo que le permite al ser humano desarrollar a plenitud su potencial, por eso en el Censo digamos “orgullosamente afrodescendiente”.

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Este artículo se publicó el  7  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Después del conteo

La opinión de…..

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ERNESTO A. HOLDER

He resistido —conscientemente— tratar este tema por razones muy, muy personales.   En los últimos dos meses varios amigos me han insistido en que formule una opinión al respecto.   El tema me irrita y siento rabia en algunas ocasiones. Tengo sentimientos encontrados, aprensiones, interrogantes mentales; algo de dudas con respecto a la finalidad del conteo de los negros y afrodescendientes que se realizará el próximo 16 de mayo. Lo de la rabia es de reírse.

En mis cincuenta años he tenido que soportar la ridícula bobada de personas —algunas muy allegadas— que han evitado a toda costa ser catalogados como negros o afrodescendientes.   “¿Negro yo?   ¡Dios me libre!   Mi familia es morena…”, aclaran con una seriedad tan determinante y definitiva, como la de un médico a la hora de decirle a una mujer que está embarazada. Con esas cosas simplemente no se juega.

Para ellos es de suma importancia una clasificación supuestamente superior en la escala étnico-cultural panameña.   Otros, con el afán de distanciamiento racial y cultural, han trabajado arduamente por ocultar todo indicativo ancestral: se convencieron de que el pasado no existió y que su historia genética les permite acomodar a su antojo la realidad: “¡Negro no! ¡Chombo blanco!”.

Rabia, porque la oportunidad del autoreconocimiento lo que hará es validar en la mente de estos tránsfugas étnicos su triste condición de renegados y acomplejados sociales.   Estarán contentos finalmente con haber respondido que “ no ” y convencidos de que, en definitiva, su descendencia étnico-racial ha sido resuelta para siempre y validada oficialmente con estos censos, independientemente de la ciencia, los genes y de la abuela.

Pero ya desde un punto de vista más serio, creo que el ejercicio es válido y necesario para tener una visión estadística y objetiva de la realidad de las comunidades negras y afrodescendientes en Panamá, a pesar de los que aprovecharán para restarse.   Mis dudas y aprensiones tienen que ver más con las esperanzas que se puedan generar con base a lo publicitado en el sentido de que: “ Con la inclusión de la etnia negra en los Censos Nacionales se rompe con el proceso histórico de invisibilización que ha padecido este sector de la población panameña y se abre la posibilidad de alcanzar un conjunto de reivindicaciones de carácter económicos, políticos, sociales y culturales largamente anhelados ”.   Esa esperanza puede ser lacerada en medio de este ejercicio de buena fe.

Este trabajo es valioso e importante ahora, y esperamos que se cumplan los objetivos trazados desde la Conferencia Mundial Contra el Racismo realizada en Durban, Sudáfrica en el 2001. Yo creo que los resultados serán concretos, pero para como se dan las cosas en nuestro país, sé que mucho tiempo habrá de pasar antes de que podamos ver en ejecución los programas de inclusión que se prometen; el firme apoyo de los organismos gubernamentales para crear, financiar y apoyar sistemáticamente las mismas y en consecuencia, celebrar los resultados correctivos.

Pero no perdamos de vista que la Humanidad experimenta una mezcolanza que es más evidente en nuestro propio Panamá.   Mi más profundo sentido de solidaridad no me permite dejar a un lado la incómoda verdad de reconocer que las mismas limitaciones y problemas sociales que hoy, e históricamente hemos enfrentado los negros y los afrodescendientes, igualmente han sufrido otros grupos minoritarios de nuestro país.

Los otros rostros que están a muy tempranas horas de la madrugada en las paradas de autobuses, comparten con los negros y afrodescendientes los mismos sufrimientos y penurias de un sistema de transporte colapsado. Los niños y jóvenes a acuden a los colegios públicos para ser atendidos por un sistema educativo arcaico y que no les ofrece serias posibilidades de crecimiento personal, transitan el mismo camino de incertidumbre que los nuestros.

Creo que el fin que se persigue debe ser solidario e inclusivo con las otras etnias que han sufrido y se han visto igualmente limitadas, marginadas, discriminadas y explotadas. Solo así podremos constituirnos en un conglomerado humano que camina con el objetivo compartido de crear una mejor sociedad; una sociedad con individuos que trasciendan las barreras y limitaciones actuales, para que en el futuro nuestros hijos comprendan claramente que, a pesar de nuestras diferencias culturales y de nuestra etnia, en esta tierra y en este país fuimos capaces de extender la mano para ayudarnos los unos a los otros.

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Este artículo se publicó el 3 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Juegos y negritud, presentes

La opinión de…..

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JORGE LUIS MACÍAS FONSECA

Sin posiciones excluyentes y menos discriminatorias, el negro panameño ha hecho acto de presencia en los IX Juegos Centroamericanos de forma excepcional, aportando con sus energías y sus talentos al deporte nacional. No cabe duda que teniendo presente sus responsabilidades patriotas han estado cumpliendo a cabalidad.

Y eso debe llenar de orgullo a la nación entera y de manera particular al negro panameño, que a lo largo de la historia nacional se ha esforzado por coadyuvar en la estructuración del ser panameño. No hay forma alguna de regatearle sus méritos. De lo que se trataría entonces es de inventariar sus grandes aportaciones, para ponderarlas en su justa dimensión.

Es allí, en donde las políticas públicas deben dirigir sus acciones, para fortalecer a los sectores de población que solidifican cada vez más la entraña nacional. El deporte es parte importante de la cultura. Y sin el menosprecio a ningún sector, ha sido el negro panameño el que mayor tributo ha hecho a esta actividad, por lo que no queda ninguna incertidumbre respecto de su papel en esta dirección. Y hacer cultura es también hacer patria. De allí la necesidad de la visión favorable que debe tenerse a favor del sector negro, y no las posiciones peyorativas, que con constancia se asumen para desmovilizarlo y consecuencialmente obnubilarlo.

Y, como tan panameño como el que más —como he venido reiterando— ha dicho siempre presente en la hora de dura prueba, jamás la ha fallado a la República y con gallardía y sin reclamaciones a cambio de canonjías ha apostado al país. Los esfuerzos y los resultados han sido notoriamente visibles. De la misma manera, en todas las áreas del conocimiento y de cualquiera actividad humana, en Panamá la presencia del negro panameño ha sido permanente.

La reciente presentación del boxeador colonense, negro raigal, Celestino Caballero, hoy el más antiguo de los campeones mundiales panameños, es una muestra de esas aportaciones. Teniendo siempre presente el nombre del país, expuso con pundonor, y llenó de gloria a nivel internacional, una vez más a Panamá.

Interesante —por demás— en estos Juegos Centroamericanos, las actuaciones de los colonenses, igualmente negros, Irving Saladino y Jamal Bowen. Con decoro actuaron y vencieron. Y de la misma manera, con excelente presentación, los hermanos, Alonso Edward y Mateo Edward pusieron de relieve los atributos que caracterizan a la población negra cuyas fuerzas físicas y de espíritu siempre la han signado.

Tal y como dijese el autor Amiel, en los términos que había que actuar siempre, como si la patria fuese justa y los hombres agradecidos, los negros panameños, han tenido presente la justeza de la patria para que al final, todos reconozcamos lo que han hecho y están haciendo por el país


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Este artículo se publicó el 27 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Negro Déjate Contar

La opinión del Docente Universitario…..

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JORGE LUIS MACÍAS FONSECA

El 16 de mayo de 2010, se celebrará el XI Censo de Población y el VII de Vivienda. En esta actividad pública se incluirán preguntas dirigidas a la identificación de la población negra panameña. En un documento del Consejo de la Etnia Negra , se informa que en el Censo de 1940 se censó en atención al grupo racial en donde los resultados arrojaron, que de 622, 576 panameños, 68,897 eran blancos ; 82,871 eran negro; 406,814 eran mestizos, 55,987 eran indígenas, y otros (8,007). Desconocemos los instrumentos utilizados para esa medición. Y seguidamente se afirma-en el documento en mención- que durante 70 años los negros fueron invisibilizados, y se pregunta: ¿cuántos seremos ahora?

En un trabajo, titulado: La Población Panameña, José Reyes Alveo maneja los siguientes porcentajes de representatividad de los grupos humanos en Panamá: el 60% de la población panameña es mestiza, 17% es blanca, 14% mulatos, 6.0% indígena, 4% asiático, 3.0 indus, 2.% semitas, árabes y judíos.

Luego de un balance de reconocimiento de la composición población del país, sostiene que. “Con casi tres millones de habitantes, la población panameña está compuesta en un 67% mestizos, 14% negros, un 6% de amerindios (indígenas) y un 3% de personas de origen étnico variados”. Y en el trabajo comentado, ubica las áreas geográficas de ocupación del negro de Panamá.

Es evidente que el negro panameño tiene un peso importante en el conjunto de la población nacional.

Y es claro que, independientemente, que las mediciones de los grupos raciales, no se hayan hecho con la cientificidad debida, pues no queda claro, cómo se arriba a esas conclusiones, no puede desconocerse la presencia del negro panameño.

No hemos estado invisibles. De lo que se trataría es de sistematizar su presencia, pues de acuerdo al censo de 2000, se empadronó la población indígena, y aparentemente a ningún otro grupo racial en especial.

En el documento del Consejo Nacional de la Etnia Negra, se plantea que: “Éramos mayoría absoluta (1940), entonces porqué será que dejaron de contarnos”. La respuesta es obvia. Los acondicionamientos mentales y las posiciones prejuzgadas tienen un extraordinario peso en las valoraciones que se hacen de los grupos humanos, principalmente el referido al negro. Las tesis de la inclusión, operan en un discurso enmarañador y enmascarador, y las de la exclusión actúan con energía para desconocer su presencia.

Por ello, planteo con mucha sinceridad que la actividad censal debe ser explicada, pues la identificación del negro panameño en cantidad y situación geográfica es interesante, y en eso tenemos conciencia. Pero de ninguna manera pueden los resultados censales convertirse en un instrumento de uso de los sectores de poder para estrechar nuestras posibilidades de desarrollo, pues habría que indagar si la filiación del indígena en espacios geográficos y en número le ha sido en verdad de beneficio.

Al final de todas mis preocupaciones, alguien me dijo, no importa, después veremos: Negro: déjate contar.

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Este artículo se publicó el 25   de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.