Yo estoy aquí hoy como un panameño agradecido

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La opinión del Jurista…..
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ALBERTO S. BARROW N.

Panamá es impensable sin la existencia de la ruta interoceánica.

Desde el primer colonialismo hasta hoy, el territorio fue estratégico por ser la cintura terrestre más angosta de América.

Más de cinco siglos han marcado el destino del istmo, como paso y ruta entre los mares.

En las alturas de las montañas del Darién panameño se divisó el Mar del Sur y se cambio el tamaño del mundo. Y se supo que eran mares separados y la ruta exigía abrir un estrecho, un camino para unirlos.

Unir las aguas en Panamá es un hecho único en la historia humana. Todo lo que somos tiene que ver con esta particular circunstancia, es parte de la genética conque fuimos formados.

Los panameños debemos adquirir plena conciencia de este hecho singular de haber construido nuestra nación bajo ese determinismo geográfico.

Y el paso entre los mares implica movilidad de gente de todas partes del planeta. Y la gente se junta, tiene hijos y se mezcla. Esos que pasaron y se quedaron son los padres de nuestros abuelos porque ha pasado más de un siglo de esta historia de unir los océanos

Por tanto, el ser panameño está inyectado de la sangre plural.
Una nación que es encuentro complejo de muchas naciones que por aquí pasaron. Migraciones que dejaron aquí su semilla y son parte indisoluble de la nación pluricultural y multiétnica.

La idea de hacer el Canal y abrir la zanja canalera es la geografía activa en nuestro suelo y que influyó en la forma particular de ser nación de los panameños.

Por todo ello, nosotros somos los habitantes identificados con una “panameñeidad”, pero repito, hecha de la diversidad y la pluralidad.

Vivimos aquí en el delgado istmo, somos multicolores, blancos, negros, chocolates, zambos, mulatos, cuarterones, y esto ocurrió en este istmo donde está enclavado el Canal de Panamá. Como injustos amos y esclavos, como colonizadores españoles primero y gringos después, y fuimos colonizados directos, físicamente segregados con todo lo injusto y deformante que esto implica. Es un caso histórico único en América Latina.

Me refiero a todo esto, para poder expresar que nada comenzó ahora, comenzó hace quinientos años y eso se debe respetar. La historia se tiene que respetar.

La epopeya, la odisea de abrir la tierra y conectar las aguas, es obra de los hombres y fue una empresa de fabulosas magnitudes, que debemos valorar en todas sus dimensiones y entender en sus contradicciones también. Por eso vinieron del Caribe y otras naciones a trabajar en este foso infernal al construirse el Canal.

El Canal que costó demasiadas vidas; costo miles en los derrumbes, por causa de la fiebre amarilla y la malaria, en la primera excavación. Después fue la discriminación, mártires y sangre a lo largo de un siglo XX, el territorio partido en dos, violentada la soberanía. Un país dentro de otro.

Un siglo de luchas populares por reivindicar esa zona excluyente. Las negociaciones en su etapa final que lideró Torrijos e interpretó el sentimiento de todos los panameños por su bandera y su tierra.

Se logró y ya no está en manos extranjeras sino que es nuestro. El peligro está en que no podemos “cambiar amo blanco extranjero por amos de igual mentalidad colonial”. “Amo blanco por amo chocolate”, es decir una burla de la historia. Cambiar “los rubios del Norte por los de acá”.

Repito: En la zanja está el sudor y el sacrificio de los trabajadores que lo hicieron y allí murieron. En los cementerios están esos héroes que hicieron una obra monumental. A todos ellos hay que rendirle honor y agradecer su ofrenda por la patria.

En estas aguas que están aquí está escrita esta historia con sangre indeleble.

La ampliación en el siglo XXI es una obra necesaria, ser competitivos y evitar que la ruina de la ruta arruine a Panamá.

Pero debe quedar claro que, por esa historia y esa formación particular de la nación y el alto costo que ha pagado Panamá y su gente, el Canal es de todos, a todos nos pertenece, de todos deben ser los beneficios que se deriven de las ganancias por su uso comercial, marítimo y de comunicación.

Hay por años acuñada la frase “Pro Mundi Beneficio”. El “Pro Beneficio para todo Panamá” es ahora el tema y el asunto que se debe concretar. Y todos significa “todos” los panameños no unos cuantos.

Yo estoy aquí como un panameño agradecido por todos los que hicieron posible hacer el Canal y también porque el pueblo de Panamá tomó la decisión histórica de ampliarlo. Autoexcluirse de algo que a todos nos pertenece no es una posición correcta y nada construye en la conciencia nacional. He venido a honrar a mis compatriotas y con humildad agradecerles que exista una luz hacia el futuro de un Panamá justo y próspero. Esa prosperidad no caerá del cielo, tenemos que luchar para que eso sea así.

Yo vengo a este acto histórico con mi orgullo de panameño a reiterar que si bien el Canal es para el tránsito pacífico de las naves del mundo, ahora con mayor vigor y capacidad tecnológica y dimensiones lo tiene que ser para los casi cuatro millones de panameños logremos el desarrollo con equidad.

Esto es, vencer la pobreza y la falta de oportunidades; incluir a todos, no tener prácticas discriminatorias contra ningún grupo humano, es educación, salud, infraestructuras nacionales, inversiones públicas, para todos.

Es un deber del Estado hacerlo sin regatear nada a ningún panameño.

Los beneficios del Canal no deben ser para otro fin que el bienestar directo de toda los habitantes. Hay que romper aún cercas mentales, hay aún el riesgo vivo de que se reedite una forma colonial en lo que es el neocolonialismo. Esa sangre derramada no fue para burlarse de una historia muy profunda y ejemplar.

Nadie puede abrogarse el derecho de decidir por sí solo el destino de los beneficios que ese Canal genera y generará.

Todos debemos ser parte de las decisiones porque es propiedad de todos y es herencia para nuestros hijos.

Yo creo que en nombre de todos esos años de dolor, colonia, lutos y tristezas, debemos construir una sociedad alegre, justa y compartida.

Es un día histórico, porque si lo administramos con juicio y con responsabilidad, cumplirá este Canal la función de ser el motor de desarrollo de Panamá.

Si hay un lema nacional ese tiene que ser: el Canal es de todos y para beneficio de todos.

*En las riberas del Canal de Panamá, domingo 26 de junio de 2016.

Enlace corto a este artículo:    wp.me/pwrGP-biO

 

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¿Solamente somos 9.2 % los afro?

La opinión de…

Alexander A. Alleyne Botacio

Los resultados del censo respecto a la población afro en Panamá no sorprenden. La inclusión de las interrogantes en el Censo de 2010 sobre este tema, como es conocido, generó estrés institucional, y ni pensar en su aplicabilidad práctica; tal vez fue la prueba de que nuestra institucionalidad social y estadística no ha avanzado lo suficiente para adentrarnos en temas explicativos que merecen mayor profundidad y el divorcio de aquellos estigmas sociales.

Por lo accidentado del tema y la histórica negación de la presencia afro en el istmo, por parte de algunos sectores, era de esperarse que los resultados indicaran una cifra inferior a las poblaciones indígenas. “Las cifras censales arrojaron 313 mil 289 afrodescendientes y 417 mil 559 indígenas, de los 3 millones 405 mil 813 habitantes” (La Prensa 30/12/2010). “Es decir que el 9.2% de la población censada el pasado 16 de mayo se consideró negra o afrodescendiente, y el 12.3% dijo pertenecer a alguna etnia indígena. El Censo Nacional 2010 muestra que hay 142 mil 3 afropanameños, 77 mil 908 afrocoloniales, 65 mil 113 afroantillanos, 15 mil 527 otros y 12 mil 738 no declarados”.

Las instrucciones institucionales fueron “claras” y los resultados irreversibles; más pudo el estigma que arrastra el considerarse negro en nuestro país que los esfuerzos realizados por algunos miembros de la comunidad afro organizada. Sin lugar a dudas, hablar de poblaciones afro en esta coyuntura social puede resultar para algunos tomadores de decisiones una complejidad adicional; siempre y cuando lo social se fundamente en un accionar serio y con conocimiento causal. Lo demás, es mera filantropía social.

El 9.2% de resultado censal con respecto a las poblaciones afro, lejos de reflejar una realidad respecto al conteo poblacional, apunta a la emergencia de un problema subyacente en la construcción de una identidad nacional, además de la prevalencia de la herencia esclava, traducida en la estigmatización común: lo negro como negativo.

Por consiguiente, se cierne sobre el Consejo Nacional de la Etnia Negra y las organizaciones afro, a partir de la cifra revelada, la responsabilidad de ahondar en las condiciones de la población afropanameña; trascender las cifras hacia el reflejo de la realidad, que tenga como norte la denuncia y posterior demanda de derechos negados, que mejoren las condiciones sociales, económicas, ambientales y de otro tipo para avanzar hacia una sociedad más equitativa y solidaria.

Y es que para mejorar las condiciones de la población afropanameña, se debe partir por conocer su realidad… “A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga. No hay que estar al remedio de un instante, que pasa con él, y deja viva y más sedienta la enfermedad. O se mete la mano en lo verdadero, y se le quema al hueso el mal, o es la cura impotente, que apenas remienda el dolor de un día, y luego deja suelta la desesperación” (Martí, 1893). Solo conociendo, solucionamos.

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Este artículo se publicó el 5  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mayo: Celebración de la negritud panameña

La opinión de…..

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JORGE L. MACÍAS F.

Las celebraciones de las efemérides desde remotos tiempos constituyeron referentes importantes de las sociedades. De allí que las colectividades han arbitrado como uno de los mecanismos para su memoria, las distinciones, actos recordatorios y espacios especiales de valoración para la permanencia en el tiempo del compuesto social. Sin la retentiva social, se corre el riesgo de perder parte trascendente de la mismidad y con ello significativamente el conocimiento del quehacer humano, por esencia cultural.

Unos de esos actos nacionales, que se dirige a la mantención en el tiempo de las realizaciones de la negritud panameña, es la Ley 19 de 30 de mayo de 2009, que dedica un día de manera especial a la celebración de la etnia negra. Desde luego, esa fecha, anualmente se constituye en un momento de profunda reflexión en relación a las aportaciones de la negritud panameña a la historia nacional y de igual manera sobre los esfuerzos hechos en la estructuración de la patria.

Su presencia es histórica y presente a lo largo de todo el trayecto del país, desde los tiempos de la presencia hispánica, pasando por la fase anexionista a Colombia hasta todo el periodo de la República.   Pero ha sido una presencia dinámica y comprometida con la nación.

Empero, no se trata de supervalorizar a la etnia —sino de objetivamente hacer los señalamientos correctos, sin que se pretenda depreciar por ello a otros conjuntos sociales. Justamente en el reconocimiento de las aportaciones de todos los sectores poblacionales que integran al país, es que se está en el camino de la comprensión cabal de lo que Isaías García Aponte denominó: ‘Naturaleza y Forma de lo panameño’.

Por ello, tampoco se trata solo del vistoso despliegue de toda una actitud en ese preciso día, sino —también— de abrir los espacios de análisis y de debate sobre la realidad negra panameña. Precisamente eso buscaba el pasado censo de población, pues sin la exclusión, a las que algunos han aludido, era el conocimiento de ese importante elemento de población panameña, lo que pretendía, para precisarlo en cantidad y geográficamente y fortalecer, con ello, su coincidencia étnica — cultural, y la conciencia de su existencia como una realidad inocultable.

Vale destacar, igualmente, que, transcurridos cinco años de la promulgación de la Ley 19, se dio mediante Decreto Ejecutivo No. 124 de 27 de mayo de 2005, el establecimiento de una: ‘Comisión Especial para la elaboración de un plan de acción que garantice la inclusión plena de la etnia negra en la sociedad panameña’. Y, el 29 de mayo de 2007, se crea el ‘Consejo Nacional de la Etnia Negra’. De manera que el mes de mayo en Panamá es el de la negritud panameña.

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Este artículo se publicó el 31 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Arte: Rostros, figura y piel

La opinión de…..

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ERNESTO A. HOLDER

Después del conteo del pasado domingo 16 de mayo se ha producido un sinnúmero de acontecimientos —poco favorables— que ponen en duda los resultados de ese ejercicio.   Diez años es lo que probablemente tengamos que esperar nuevamente para confiar en los resultados de un nuevo censo. En otras palabras, tener indicadores sociales y económicos confiables: cuántos somos, cuántos extranjeros conviven con nosotros, cuántos de nosotros estamos empleados o desempleados, cuántos indocumentados, cuántos profesionales, obreros, amas de casa, cuántos negros, orgullosamente afrodescendientes, coloniales u otros.

Se han desaprovechado B/.16 millones, la posibilidad de entender, no solo el crecimiento poblacional, sino también el movimiento migratorio que experimentamos en los últimos 5 a 7 años y ha quedado una duda profunda y una discusión inconclusa sobre el autoreconocimiento y la constitución étnica de nuestro país, primordialmente negro. Científicamente esto ya se ha establecido.

Independientemente de todo lo anterior, este mes se reconoce oficialmente como el mes de la etnia negra. Se ha efectuado una serie de actividades conmemorativas que han pasado un tanto inadvertidas. Entre ellas, la “ Exposición Colectiva de Pintores y Temas Afropanameños ”, inaugurada el pasado 13 de mayo en Mi Pueblito Afroantillano. La mencionada exposición fue convocada por el Centro de Estudios Afropanameños, la Asociación de Artistas Plásticos de Panamá bajo el auspicio de la Universidad Ganexa, Mi Pueblito Afroantillano y el Consejo Nacional de la Etnia Negra.

“ La exposición, además de rendirle un tributo a los grandes pintores afropanameños, abre a consideración del público panameño una muestra de manera que el talento, creatividad y muestra de los afropanameños está presente con todo orgullo en el sitio importante que ocupa el arte panameño en el mundo ”. Se han desplegado obras de cerca de 30 artistas de la plástica nacional entre ellos: Luis Olaciregui, Rubén Contreras, Vielka Murillo, Nilsa Justavino, Peggy Arcia y Jorge Dunn, entre otros.

El profesor Gerardo Maloney, curador de la exposición, señaló que “ esta muestra unifica los trabajos.. Es la fuerza de los colores que es consecuente con la fuerza de las emociones de los afrodescendientes.. No importa que las emociones expresen alegrías, ritos o creencias, tristeza o esperanzas.. Es siempre con ritmo, con intensidad.. El color es equivalente al ritmo de los tambores.. Así comemos, nos vestimos, adornamos nuestras casas, los buses, llegando al momento sublime de color y ritmo que son los carnavales.. Esa es la relación que para mí guardan las pinturas entre sí.. ”.

Visité la exposición dos veces durante la semana pasada y me cautivó. Además del ambiente escogido, la intensidad y el brillo de los colores tocan una parte especial del alma y los sentidos; la majestuosidad con que cada uno de estos artistas logró plasmar la variedad de escenas y esencias de la presencia africana en nuestra cultura y en nuestro medio. Los rostros (“ Niño de la calle ” de Nilsa Justavino); los cuerpos y las figuras (“ Desnudo ” de Juan B. Janine); la danza y la piel (“ Diablitos ” de Nathaniel González) y las figuras (“ Tinajas ” de Jorge Dunn o “ Mangos ” de Vielka Murillo) exponen una intensidad de condiciones y provoca una mansedumbre profunda de sentimientos de pertenencia, que van más allá de las dudas y las vacilaciones de si pertenecemos o no pertenecemos; de si somos o no somos.

¿Se constituye esto en una marca distintiva en relación a la plástica panameña? Maloney responde: “ creo que no.. porque la inspiración creadora y al margen de la temática no es privativa de ningún tipo de panameño, étnicamente hablando. Por eso la muestra tiene pintores afropanameños y pintores que no lo son, pero que fueron movidos por las emociones afropanameñas. Al igual que en otras actividades del país, los pinceles de afropanameños y las representaciones de los temas afropanameños han sido realizadas con gran maestría, lo que, sin duda alguna, ha hecho de la plástica panameña una expresión de indudable valor y jerarquía estética ”.

Esta exposición estará abierta al público por unos días más. En un tiempo en que la negritud y la etnia están sobre el tapete, cuando la aceptación o la negación están en la conciencia de muchos, cuando la validez del autoreconocimiento es cuestionada y cuando hay profundas dudas sobre las intenciones y los resultados del pasado censo, una exposición como esa no hace más que reafirmar de una manera tan emotiva y bella, quiénes somos.


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Este artículo se publicó el 24 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Identidad y números

La opinión de…..

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Daniel V. Velarde Garrido

La identidad del hombre contemporáneo es extremadamente compleja, incluso polimorfa, siempre asolada por los vientos de la historia y la globalización. Sin embargo, el concepto es preciso: es una conciencia, una afirmación del ser. En un grupo no es más que la organización espontánea que produce la interacción de individuos actuando según sus identidades particulares.

Como mestizo, desciendo de incontables laberintos genéticos y culturales que me llevan hasta el África ancestral, sin erosionar mi identidad monolítica. No necesito la confirmación del número. El aferrarse a la patética excusa del derecho a la identidad y cultura para justificar la inclusión de una pregunta sobre “raza” en el Censo Nacional de este año me parece indignante, más en Panamá, nuestro crisol de razas.

Un crisol no es una flor con pétalos de tonalidades independientes, un crisol es el recipiente de una fundición, donde una mezcla precisa de elementos se convierten en aleación. Y así como el bronce es mucho más noble que el cobre y el estaño separados, mucho más noble hace a Panamá nuestra tácita abolición del concepto de raza, nuestra rarísima capacidad de enriquecer esta aleación.

Este es el país en donde el indígena es panameño, el afrodescendiente es panameño y el asiático es panameño, también; viendo cada uno en el otro a un compatriota.

Pero cometimos un error al gastar millones y, aún peor, energía de nuestra sociedad en “contar” a un grupo específico de panameños, no por su identidad, no por su etnia, ni su cultura, sino por su “color y textura de cabello”, como se ha dicho y repetido en algunos medios.

¡Hemos decidido que esa proporción, que no representa a nadie realmente, es requisito para el desarrollo de la identidad y la cultura nacional! Buscar dicho “desarrollo” obligaría al ridículo de repetirlo para una infinidad de apariencias irrastreables en el poligenismo de nuestro panorama. Ningún desarrollo se obtendrá. El conocer la composición exacta de la población de un país no ha librado a ninguno de los serios problemas de racismo, al contrario, fortalece la cultura de prejuicio cromático, quizás no radical, pero sí del tipo pasivo–agresivo.

Mezclar el nocivo concepto de raza con estadísticas y aspiraciones frustradas (culturales o individuales) sólo lleva a la imposición de la cultura mayoritaria a fuerza de números. Ese es el precio de la democracia, la complacencia de los políticos a los caprichos de la mayoría, siempre que distraigan la atención sobre las cosas importantes.

La corriente cultural dominante del país debe surgir como fenómeno emergente; no ser el artefacto de un gobierno intervencionista, lo último es propaganda, no cultura. Pero esa pregunta no trata sobre identidad. Tampoco es un problema de salud, porque las enfermedades comunes entre los afrodescendientes son las mismas que dirigen las políticas de salud de Panamá: obesidad, hipertensión, etcétera.

Tampoco afectará su participación política. Una medida de discriminación positiva en los partidos políticos sería tan inefectiva como la existente para las mujeres.

¿Para qué, entonces? Para beneficio de los proponentes.   Ganan visibilidad y probablemente una plataforma política para sí mismos, quizás con una organización no gubernamental o una secretaría. No me contradigo en este punto. No son los afrodescendientes quienes ganan participación política, son los afro–activistas quienes obtienen influencia.

Ese, al menos, sería el propósito más digno. Existe otro, uno tan triste que no me atreví a considerarlo hasta ahora. Temo que estos activistas estén buscando refugio en los números. Temo que esperen que el “ser mayoría” los libre de complejos anacrónicos, construyendo todo un castillo de humo en sus mentes para justificar esta empresa; y que todos hayamos pagado por ello.

Concluye el censo, suficiente daño se ha hecho ya por las ambiciones y complejos de unos pocos. No desgarremos más el tejido de la identidad panameña por contar las hebras de cada color.

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Este artículo se publicó el 22   de mayo de 2010 en el diario La Prensa, La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Te sientes negro?

La opinión de…..

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RAFAEL MONTES GÓMEZ

Entrevistadora: “¿te sientes negro?”. Respuesta: “Sí, me siento negro, pero no soy de color negro, tengo antepasados negros”. Entrevistadora: “¿.. afroantillano, colonial…?”. No entiendo el interés de la dirigencia afroantillana por sostener el racismo entre los afrodescendientes al dividir a los negros.

Ya he dicho que mi interés por el estudio de la etnia negra, su influencia, religiones, tradiciones y costumbres surge hace años en Michigan. Tuve la fortuna de conocer a una profesional panameña afrodescendiente, quien me reveló algo de su trabajo académico sobre el origen del negro americano, que devoré a placer.

Empezando con Nueva Orleans, siguiendo por las costas del Caribe hasta El Callao en Perú, encontrarás regiones enteras que son fieles retratos de esa afrodescendencia. Ni qué decir de todas las islas de las Antillas. América entera es un reflejo de África. Toda esta historia, empezando con el robo de negros en Dahomey, África Ecuatorial, para ser vendidos como esclavos en Cuba; además de la formidable historia de cómo la mezcla de negros e indios dio origen a la poderosa raza guerrera de los miskitos y todo el reino de la Mosquitia en Nicaragua, causó una revolución en mi interior.

Por ello, espero que no sea por perpetuar el liderazgo de los afroantillanos en el tema de la negritud en el país. No es estupidez, es intencional, al final del censo, los números darán mayoría de negros afroantillanos, porque ni los mismos negros saben a ciencia cierta de dónde proceden, pero afroantillano es el término de uso común en Panamá para referirse a la ascendencia negra. Bajo este mismo prisma se oponían a que DJ Black fuese secretario de la Etnia Negra, imagínense ahora un blanquito, un “ whitty ” como yo, según esa medida, no puedo ni opinar sobre negros.

El término “ afrodescendiente ” debió ser el usado, incluye a todos, sin crear categorías de negros ni darle importancia a unos negros sobre otros. Solo afrodescendiente, porque afroantillanos, timbos, bozales, ladinos, zambos, cimarrones, mandingos, carabalíes; toda aquella forma de mestizaje o wathever , tiene como origen África.


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Este artículo se publicó el 20   de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Afro-descendientes ante la historia

La opinión de….

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FRANCISCO DONADÍO M.


El marco jurídico y político que generó la Constitución de 1941, entró en el torrente social panameño, como una afrenta histórica hacia los valores más dignos del humanismo contemporáneo, el contexto histórico de este hecho fue un mundo en convulsión, una democracia débil hacia fuera, pero autoritaria hacia dentro, tutelada por bases militares y oportunista hacia un mercado de consumo que representaban los soldados.

La discusión histórica sobre el problema migratorio se mezclaba con la estructura mental de una casta política oligárquica, semifeudal, agraria, y comerciante; con un alto grado de dependencia de los sofismas ideológicos conservadores del norte, y la pertinaz migración europea.

No se trataba de cuánto habían aportado los inmigrantes al país, qué derechos tenían, sus valores, sus esperanzas, su espiritualidad, sus sacrificios en la construcción de la nación; el asunto se reducía a ¿de dónde vienen?, ¿si hablan castellano?, ¿si son negros, hindúes o amarillos, si pertenecían a las llamadas “razas prohibidas”, o si podrán mejorar la “raza”, o la “demografía”?

La estrechez intelectual, los clichés raciales, y la escasa fluidez del pensamiento social contemporáneo de la época, matizaron una conciencia de élite oligárquica discriminatoria, cuyo resultado histórico, fue la internacionalización de prejuicios y estigmas sociales, políticos y económicos que nos acompañaron durante todo el resto de nuestra vida republicana.

Nuestra población afrodescendiente se origina en una mezcla geográfica y tribal de raíces africanas, somos el resultado de más de quinientos años de esa presencia en Panamá, fotografiada a través de la conquista española, de la vida en los palenques, de la hazaña del ferrocarril y del Canal, y de las emociones, alegrías y llantos de la gente que amamos.

Con casi 3 millones de habitantes y un 40% de pobreza, no es de extrañar la importancia que genera para los organismos demográficos y decisorios de políticas públicas, el visibilizar la población negra panameña.

Desafíos como la promoción del desarrollo y la reducción de la pobreza, el acceso a la tierra, y al empleo, la participación en la vida pública, la educación de calidad, la vivienda digna, la identidad cultural y religiosa; aparecen empujados como resortes de una agenda desesperada.

El 16 de mayo, durante el Censo de Población, mi abuela, mi madre y yo, tendremos la oportunidad de contestar a la pregunta: ¿alguna persona en este hogar se considera negro(a) o afrodescendiente?, estaremos ante el nuevo modelo de conciencia social panameña, ante el hidalgo espíritu del orgullo étnico, que acabó con imperios y desafió la historia, solo resta esperar, que aquel enjambre de juristas y políticos del 41, no resuciten.

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Artículo publicado el  16  de mayo de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.