Un país sin responsables

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO A. ROGNONI
marognoni@cwpanama.net

De todas las características de nuestro país la más curiosa es la falta de responsables en casos de reclamos. Gracias a un ágil periodismo investigativo, gracias a las denuncias encubiertas de quienes son mudos testigos de irregularidades, gracias a las luchas internas y envidias naturales de nuestra sociedad, las irregularidades salen a la luz pública.   Esa parte es lo positivo, lamentablemente lo negativo es que no importa el nivel de divulgación, no hay responsables al final.   Es por eso que nadie cuestiona que todo, al final, quede a medias.

Si separamos del cargo a la procuradora general de la Nación por pinchazos telefónicos, no hicimos nada en el caso similar detectado y comprobado al procurador de la Administración.   Si capturamos toneladas de drogas en nuestras costas y ciudades, curiosamente no hay ningún detenido en las incautaciones, nadie responsable del narcotráfico. Si se captura local e internacionalmente a lavadores de dinero, nunca aparecen los bancos involucrados ni las empresas que se prestan para el lavado.   No hay duda de que nuestro país es un paraíso, no fiscal, sino penal.   La impunidad que antes criticábamos a diputados y magistrados, ahora es extensiva a cualquier ciudadano, siempre que tenga el dinero suficiente para hacer valer su inmunidad.

La irresponsabilidad pasa inclusive a lo ridículo. Sobreseen a David Murcia Guzmán, culpable en Colombia y USA, pero no le devuelven sus bienes. Y, para colmos, tomamos uno de sus autos finos y lo pintamos de autopatrulla ‘para que los jóvenes vean que el crimen no paga’.   El mensaje, tras gastar decenas de miles de dólares en pintar y asegurarlo, es lo contrario.   Los jóvenes ven lo que el dinero del delito puede comprar.   Pero, ¿alguien es responsable de tamaña decisión? Por supuesto que no, las cosas simplemente pasan.

Curiosamente, los medios insisten en su afán investigativo de ubicar responsabilidades. Las denuncias de compras directas, compras amañadas, favoritismos en compras inclusive denuncias de ilícitos como liberación de detenidos se estrellan al final con la consabida promesa que ‘se llegara hasta las últimas consecuencias’, solo que las últimas consecuencias en Panamá son el olvido o relegarlas a tema pasado. Hoy todavía se sigue el caso de los liberados por la recién nombrada fiscal de Los Santos, pero pocos creen que la verdad prevalecerá. Como en todos los casos, los verdaderos responsables saldrán ilesos, mientras en el mejor de los casos algún chivo expiatorio pagará las consecuencias y en el peor de los casos nadie quedará al final afectado. Esa es la regla de un país sin responsables.

La creación en su momento de la Dirección de Responsabilidad Patrimonial dio la esperanza que finalmente encontraríamos responsables en casos de daños patrimoniales al Estado. No para sorpresa de nadie se convirtió en un instrumento de persecución política en democracia y transformada luego a un inoperante Tribunal de Cuentas. Hoy, la incapacidad de funcionarios cuesta millones al Estado en indemnizaciones y pagos de salarios caídos, sin que a ninguno le hagamos responsable de sus errores. Pocos países mantienen tal estado de impunidad como el nuestro a la incapacidad pública.

Hoy, se viven momentos difíciles de circulación de y hacia el interior por una carretera de acceso al puente Centenario, que ha dado problemas desde su inauguración. En reiteradas ocasiones hemos visto tramos cerrados por desplomes de la loza de rodaje y finalmente un tramo considerable se afectó con las últimas lluvias. Pero, ¿hay responsables? Más nos preocupa el lograr repararla que encontrar culpables y, como siempre, será el Estado quien se hará cargo de los millones que por causa de ineficiencias habrá que pagar.

Somos únicos en nuestra irresponsabilidad. Se compran camiones recolectores de basura y pocos años después solo quedan 13 funcionando, sin responsables.   Construimos hospitales y no tienen equipos para funcionar, sin responsables. Compramos una flota nueva de buses y al llegar los primeros la apariencia ciertamente no parece de nuevos.   Si, como algunos creen, no son los indicados para nuestras calles, ¿habrá alguien responsable? Lo dudo, si ya esa experiencia la vivimos cuando se trajeron los famosos Pegaso españoles y rápidamente los descartamos por inoperantes.

El gobierno del cambio prometió, entre muchas cosas, que habría responsables. Hasta ahora, no hemos visto ese cambio. Como no vimos cambios en viajes presidenciales, compras directas, costo de vida, violencia y tantas otras promesas. Lo único es que, en eso, sí hay siempre un responsable: es lo único donde el pueblo responsabiliza al presidente.

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<> Este artículo se publicó el 28  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Leyendas electorales

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

 

MARIO A. ROGNONI
marognoni@cwpanama.net

 

La elección presidencial de mayo del 2009 dejó en el ambiente varias leyendas electorales que lamentablemente podrían afectar las elecciones futuras.  De todas esas, la más repetida es que el actual presidente ‘compró la Presidencia’. Repitiendo esto con la convicción que muchos le han dado ha creado una especie de noción que para ser presidente del país se requiere de un caudal económico disponible para la campaña, surgiendo igualmente una pléyade de aspirantes que su único mérito es tener mucho dinero disponible para la elección.

En primer lugar, quiero dejar claramente sentado que Ricardo Martinelli no compró la Presidencia, se la ganó con una campaña científicamente elaborada y cuidadosamente desarrollada, donde logra quitarle al propio PRD su base principal en las capas marginadas y usando el propio discurso del PRD de antaño le gana en su terreno.

Cierto que la campaña de Martinelli tuvo un costo elevado y muy superior al que estábamos acostumbrados a ver, pero su uso mediático, su cuidadosa selección de eslóganes y la repetición de elementos que vulneraban la fortaleza PRD lo llevó a una sorprendente victoria sobre los partidos tradicionales.

No importa lo que un candidato se gaste, si su mensaje no le llega al sentimiento del electorado, si su proyecto no es compartido por los electores, botará su dinero como tantos han hecho en el pasado. No es un problema de dinero y finanzas, es un problema de mensaje y credibilidad. De allí que por eso el PRD ahora se debate entre 14 aspirantes a la candidatura presidencial, donde ninguno aun ha producido el discurso que haga click a los miembros del partido, que siguen esperando ese mensaje de triunfo, esperanza y creíble que los lleve a seguirlo.

Luego está la leyenda electoral de la alternabilidad del poder. Muchos tienden a creer que los partidos en gobierno no pueden mantener el poder finalizando su periodo. La historia muestra que desde la invasión al país no se ha dado un triunfo del partido gobernante. Lo cierto es que si analizamos las razones han sido todas por errores y egoísmos de los aliados. A la salida de Endara si el Molirena hubiese ido con los panameñistas, Mireya Moscoso ganaba en el 99, mientras que en el 99 si Pérez Balladares no hubiese intentando su reelección y apoyaba a un sucesor ganaba el PRD. En el propio 2004 si Mireya Moscoso hubiese apoyado a Endara y no ir con otro candidato, Endara los hubiese mantenido en el poder, como también podemos especular que hubiese sido de Balbina sin las peleas con Navarro.

Mi punto es que es posible mantener el poder, con la estrategia adecuada. Por su parte, los opositores tienen que tener claro cuál debe ser su prioridad frente a la opción de una nueva contienda: si se perdió la anterior por la unión de las fuerzas adversas, la prioridad tiene que ser el dividir a esa fuerza, o en su defecto, trabajar para poder derrotarla, aun unida.

Para el PRD la victoria en el 2014 dependerá de varios factores claves. Primero, el candidato, figura que deberá ser capaz de unir a todos los PRD tras él y a la vez la mayor cantidad de independientes posibles. En segundo lugar estará el discurso y mensaje que transmita ese candidato, que debe responder a las necesidades y esperanzas del mayor número de panameños. Finalmente, la suerte. No la buena suerte del candidato o partido, pero la suerte que corra el gobierno frente a macroproyectos y programas que podrían mantenerle el respaldo popular.

Si se inaugura un metro eficiente, si el sistema de metrobús funciona, si hay trabajo y disminuye la delincuencia, el gobierno si mantiene su alianza y siguen el proyecto actual, si disminuye la corrupción, podría hacerse más difícil el camino del triunfo a la oposición.

La ventaja aparente, sin embargo, es que cualquiera puede predecir que ocurrirá todo lo contrario: la corrupción continuará, la delincuencia ídem, la construcción del metro y los pasos elevados solo incomodará al capitalino por años, y los grandes buses no parecen ser los adecuados para nuestras calles. Y, para colmos, las luchas internas en la alianza se acentuarán con el tiempo, al despertar la ambiciones personales de todos sus integrantes.

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<> Este artículo se publicó el 21 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Íbamos bien

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO A. ROGNONI
marognoni@cwpanama.net

‘ Y vamos bien’ no es lo mismo que ‘íbamos bien’. Porque íbamos bien hasta que, lamentablemente, la naturaleza nos jugó una mala jugada y aprovechando el cambio climático nos desató una precipitación de agua que nos deja con la pérdida de casi 500 viviendas, cerca de 4,500 damnificados y pérdidas millonarias en infraestructura. Hasta estos momentos, sí podíamos decir ‘y vamos bien’. Con el desempleo bajo, crecimiento económico real, estabilidad política y social y interés por parte de inversionistas locales y extranjeros, Panamá se situaba como uno de los puntos principales de inversión en el continente.

Hoy, todavía buscamos reponernos del costo de la mayor catástrofe natural que haya afectado simultáneamente a tres provincias, Panamá, Colón y Darién. El Gobierno Nacional tiene forzosamente que replantear prioridades en su plan de inversiones para el 2011, porque tendrá que asignar fuertes sumas de dinero para reparar vías, construir casas, encausar ríos, arreglar pistas de aeropuertos y devolver calidad de vida a miles.

Nuevamente veremos la necesidad de considerar suprimir o, al menos, dilatar algunos proyectos, como la torre financiera, proyectos que no son de necesidad inmediata y cuyos costos podrían utilizarse por ahora en las reparaciones. De igual manera, es necesario replantearse el tema de las reconstrucciones. La vía, por ejemplo, al puente Centenario ha sido desde su inauguración reparada constantemente por caída de tramos, quizás ahora que hay que rehacerla debemos considerar si no sería mejor descartar la actual y partir de cero en una nueva vía con mejores fundaciones.

De igual manera, debemos considerar el tema de la pista de la terminal de carga del aeropuerto internacional de Tocumen, acaso no sería mejor trasladar la misma al aeropuerto de Howard y darle a esa zona industrial también facilidades de manejo de carga aérea. O bien, estudiar la posibilidad de mejorar las condiciones del aeropuerto de Albrook y añadir servicios al mismo. El actual gobierno se encuentra frente a serias necesidades del área de Chepo, Bayano y, por supuesto, de las Costas Arriba y Abajo de Colón. Para un gobierno que ha destinado millones en subsidios y apoyo a las clases populares (100 a los 70, subsidio universal escolar, computadoras, útiles escolares, compra de corredores) los costos de las reparaciones por la catástrofe afectan la velocidad e intensidad de sus apoyos.

A lo anterior, tenemos por fuerza que sumar los efectos de confrontaciones con periodistas y medios, afectando la imagen del gobierno, aumento en las denuncias de corrupción y prebendas que rodean a funcionarios designados y electos y, encima, lo débil del sistema judicial.    Lo bien que se iba empieza a dudarse y lo que se espera, como históricamente se ha hecho, es al menos un ajuste en el equipo de gobierno para refrescar la imagen del actual.

Mientras tanto, como siempre pasa, un grupo de aduladores continúan exaltando ‘lo bien que vamos’ y hasta se atreven de proponer la reelección presidencial. La propuesta, lejos de reforzar el ‘vamos bien’, hizo ver a los panameñistas y a Juan Carlos Varela, en especial, que ‘íbamos bien’, cuando hasta ese momento seguía siendo el ungido para reemplazar al actual en el 2014.

Como país de sorpresas, hoy pocos creen que la alianza durará los 5 años de gobierno y muchos menos que al final el Cambio Democrático respaldará un candidato que no sea de su partido, que en ese momento podría hasta doblar la inscripción del panameñismo.

Mientras tanto, el país se divide entre los que ven el ‘vamos bien’ y los que ven el ‘íbamos bien’.  Lo único cierto es que el tiempo sigue pasando y pronto llegaremos a los 18 meses de gobierno, restando solo 42 de mandato y 30 efectivos, si vemos los últimos 12 como periodo electoral.

Los macroproyectos a realizarse ya deberían estar en ejecución este verano o no terminarán a tiempo, mientras miles aun esperan el nombramiento que el cambio parecía garantizarles, pero que a estas alturas saben no ocurrirá.

Con suerte, no tendremos más catástrofes naturales y la atención volverá a la ejecutoria del gobierno. Renovando sus cuadros, el gobierno puede tomar un segundo impulso que le permita recobrar la fe y confianza con la que comenzó. Si no, simplemente todos nos convenceremos de que ‘íbamos bien’.

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<> Este artículo se publicó 14  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El manual del funcionario


La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO  A. ROGNONI
marognoni@gmail.com

La mayor crisis del actual gobierno, similar a algunos gobiernos anteriores, nace de la falta de conocimiento por parte de los altos personeros del manual del funcionario público. De un tiempo atrás, ya el Doctor Arnulfo Arias Madrid en su conocimiento político les había cambiado el título de funcionario a servidor público.   Lo inteligente del cambio radica en lo que implica. El servidor público debe entender primeramente que es un servidor pagado por el Estado para colaborar con los ciudadanos en su mejoramiento y calidad de vida. Eso implica que debe atender al ciudadano en sus funciones.

La característica de la mayor cantidad de oficinas públicas, sin embargo, es el pésimo trato que reciben los ciudadanos que acuden a ellas.    Ministros, viceministros y directores de entidades, por regla general no devuelven ni atienden llamadas telefónicas. Secretarias evitan dar citas con sus jefes y cubren, como parte de su eficiencia, las deficiencias del superior.    Los empleados en general adoptan la actitud de que están haciéndole un favor al ciudadano al atenderlo y, en más de una ocasión, la forma de garantizarse atención esmerada es a base del pago de una coima, lo que se ha generalizado a los más bajos niveles del escalafón.

Mientras en la empresa privada ‘el cliente siempre tiene la razón’, en el gobierno el ciudadano es el menos importante de la situación. Con la llegada de un empresario exitoso a la Presidencia pensé que la actitud del funcionariado cambiaría, impulsada por la fama del presidente del manejo de sus complicadas empresas, donde el trato al cliente es básico para mantenerse al frente del sector.   Pero, curiosamente, la situación ha empeorado, ahora agravada por la noción del supuesto servidor público, convertido hoy en empleado estatal simplemente, que debe atender solo a copartidarios del presidente y en segundo lugar a ciudadanos miembros de los partidos de su alianza, relegando cualquier intención de atender a miembros de los partidos opositores a la más lenta velocidad posible.

El problema de la eficiencia de gobierno cae presa de estos servidores públicos, que no comprenden su rol y la necesaria imparcialidad política en su manejo cotidiano.   Pero tampoco podemos culparlos cuando ellos se sienten presionados por las direcciones de los partidos gobernantes, que los podrían afectar cuando miembros de los mismos los denuncien por maltrato o lentitud en sus trámites. Por supuesto, en nuestra sociedad política, una denuncia de un opositor no pesa, como sí lo hace la denuncia por un aliado.   Si a todo lo anterior agregamos que no existe una ley de sueldos ni tampoco se respeta una carrera administrativa, no hay justificación para exigir mejores rendimientos. El servidor público de hoy sabe que le debe su puesto a un dirigente que lo recomendó, su permanencia la garantiza su padrino y su partido, sus aumentos dependen de su fuerza política o relación con el superior. No hay una escala de salarios ni pruebas de evaluación, hay influencias.

Al final del día, difícilmente puede el jefe de un departamento aspirar a un nivel de eficiencia como vemos en la empresa privada. Si sumamos a esto que no hay por qué evitar costos innecesarios, porque la utilidad no está en juego, el derroche por exceso de nombramientos es bien visto, porque en fin de cuentas produce más inscritos en el partido o más seguidores electoralmente. Para un político con aspiraciones, el éxito lo refleja el número de adherentes que logra a través de su cargo, al margen de la incapacidad e ineficiencia del funcionariado. Pero, admito, hay un momento en el que la ineficiencia se paga con despido: al darse un cambio de gobierno y entrar un nuevo partido a dirigir la institución, entonces la razón de los despidos es justificada porque los servidores que no son aliados son identificados rápidamente como ineficientes y se dan las grandes barrerías de cada cinco años.

Ricardo Martinelli dijo en campaña que ‘gobernaría con los mejores, no importaba afiliación política’ y creó una gran esperanza de que quizás veríamos finalmente un gobierno para todos.   Sin embargo, los dirigentes de los partidos de su alianza han girado instrucciones directas contrarias a la intención del presidente y la carrera por sumar adherentes y destituir opositores no termina, a casi 18 meses de iniciado el gobierno. Habrá que esperar otro gobierno para ver si finalmente adoptamos un manual justo, aprobando además una carrera administrativa y una ley de sueldos moderna.

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<> Este artículo se publicó el 7 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Peligros en nuestra democracia

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO  A.  ROGNONI
marognoni@cwpanama.net
Cuando se pierde la democracia y se cae en un rompimiento del orden constitucional democrático es cuando más los ciudadanos son conscientes del valor de la democracia. El respeto al orden constitucional, la separación de los poderes del Estado, las libertades individuales, son todos elementos que hacen de la democracia el mejor de los sistemas. Todo lo anterior nos da la suma de factores que favorecen el fortalecimiento democrático. Una nación donde se pierden las libertades ciudadanas, o bien donde no exista separación de poderes o simplemente no se respete el orden constitucional, es el caldo de cultivo más propicio para los movimientos populares de reivindicación.

Los gobiernos que cojean en alguna de estas áreas históricamente se tornan populistas, al buscar que las capas populares sientan beneficios directos al margen de las persecuciones, arbitrariedades y desmanes que se den. Eso explica cómo dictaduras militares en nuestros países pasan a la historia dejando grandes obras y leyes sociales, mientras se registran desapariciones, asesinatos y todo tipo de ilegalidades. Pan y circo, decían los romanos. Pan y circo aun en nuestro mundo moderno parece funcionar. Hasta cuando un pueblo algo más educado, algo más preparado, empieza a ver más allá del circo la verdad de lo que acontece.

Panamá no escapa a esta realidad política. Solo que somos una democracia joven, en esta etapa, con solo veinte años de experiencia en la nueva República. Yo recuerdo días después de la invasión norteamericana, tuve un encuentro con el coronel Hassan, quien salía de una reunión con el general Cisneros. Me preguntó si pensaba seguir mi programa de radio, ahora en oposición. Le dije que lo estábamos pensando y me pidió que no lo parara, para los norteamericanos, me dijo, lo más importante era la libertad de prensa, una prensa responsable que sirviera de peso y contrapeso a las gestiones de gobierno, señalando y denunciando irregularidades si se daban.

Los gobernantes panameños, sin embargo, han tenido en estos veinte años serios encontrones con los medios de comunicación, tratando muchas veces de silenciar la critica o cerrarles las opciones de continuar. Un verdadero problema para una democracia es el perder la libertad de prensa, especialmente de una prensa objetiva e imparcial, investigativa y analítica. Los problemas diarios del pueblo, del electorado, sin embargo, no son los problemas de la democracia. El pueblo se preocupa hoy por el costo de vida, la falta de seguridad, la corrupción. Pero la democracia peligra por la falta de una real libertad de prensa, la concentración de los poderes del Estado y la corrupción en los órganos del Estado. Una corrupción que hoy afecta mayormente al Órgano Judicial, creando una serie de problemas colaterales a la democracia y el desarrollo.

Hoy, el panameño no cree en la justicia oficial. Hoy, la credibilidad en la Corte Suprema, Tribunales Superiores, jueces y fiscales esta en entredicho. La seguridad jurídica ansiada por inversionistas peligra y el propio ciudadano común constantemente se enfrenta a situaciones con corregidores, policías, autoridades civiles sintiendo que no hay un verdadero sentido de justicia en el país. Mientras las cárceles continúan con detenidos que no han sido procesados, otros detenidos por situaciones que no ameritan su arresto, pero simplemente como parte del uso de la fuerza que la autoridad detenta. La misma sacada de la procuradora general afectó la imagen del Órgano Judicial y de paso tocó igual al Ejecutivo.

Hoy muchos dudan de la independencia del Órgano Judicial, al margen de la imagen que proyecta.

Panamá tiene que hacer un alto y evaluar nuestro desempeño. Hay que corregir aquellas cosas que permiten las actuales distorsiones. Garantizar una verdadera separación de poderes, garantizar una verdadera libertad de prensa, asegurar con medidas imparciales las designaciones de los más capacitados en los cargos claves de contralor general, procurador general y magistrados de la Corte Suprema, quienes a su vez deben garantizar los nombramientos adecuados de jueces y fiscales. Una legislación adecuada de contrataciones públicas y una verdadera política de transparencia garantizarían al país el camino adecuado al desarrollo integral. Los peligros hoy a la democracia deben ponernos a todos, independiente del partido político en que militemos, a unirnos en el diseño de la nueva república. Con el compromiso formal de la clase política y la sociedad civil de aportar lo que sería mejor al país y no lo que favorece mis ambiciones personales o partidistas.

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<> Este artículo se publicó el 30 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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‘Quítate tú pa’ ponerme yo’

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO   A.   ROGNONI
marognoni@cwpanama.net
Las constantes declaraciones de miembros del partido PRD en contra de su Comité Ejecutivo Nacional me llevan a profundas reflexiones.    Que yo recuerde, nunca he visto movimientos en la SPIA, CAPAC, APEDE, clubes cívicos ni agrupaciones sociales buscando la salida de sus dirigentes. Este curioso fenómeno solo se da en partidos políticos, lo que me lleva a concluir que en esas agrupaciones, donde el trabajo es desinteresado y voluntario, donde no hay otra remuneración que la satisfacción del deber cumplido, sus miembros apoyan y trabajan con la dirigencia que se elige.

Pero, en los partidos políticos, no. Allí la dirigencia no es vista como los encargados de dirigir y liderar al partido, sino como los artífices de la maquinaria electoral. Esa visión es la que hace que hoy aspirantes a puestos de elección se dividan entre los que sienten que la actual dirigencia los apoyaría y los que piensan que la actual dirigencia los afectaría negativamente. Entonces, los que tienen la misión de dirigir al partido, si no proyectan imparcialidad, son víctimas de constantes ataques e intrigas para lograr su cambio.

Hasta hoy, no ha surgido un candidato a la Presidencia que no fuese presidente de su partido, como de hecho lo fueron Pérez Balladares, Mireya Moscoso, Martín Torrijos y Ricardo Martinelli, o bien Juan Carlos Varela y Balbina Herrera. El mismo Milton Henríquez, interesado en correr, buscó primero la presidencia del Partido Popular. Eso me muestra lo lógico del interés de los aspirantes, unos buscando la presidencia del partido y otros buscando un copartidario incondicional para que lo sea. Lo menos que requieren en sus aspiraciones es lograr al menos un espacio en el ‘nuevo’ CEN.

Entonces, tenemos que colegir que nuevamente hemos caído en el PRD en el viejo ‘quítate tu, pa’ ponerme yo’. Si lamentablemente no logra el partido entrar en el carril de la cultura política adecuada, donde los miembros del CEN no aspiren a posiciones electorales y se dediquen únicamente a fortalecer, organizar y dirigir al partido, seguiremos cayendo en las luchas internas que debilitan y perjudican todo tipo de opción. Solo si los aspirantes de hoy y precandidatos de mañana comprenden que su trabajo no depende del CEN, que los CDN y direcciones de áreas son apoyo y no obstáculo, al tiempo que estos también comprendan su rol, el partido será fuerte e imbatible.

Hay, lamentablemente, un defecto genético en la dirección del partido. Los estatutos no contemplan los controles y reglas que obligarían a los directivos a mantenerse al margen electoral. Si no se establece eso como norma, seguirán las luchas por obtener el control de la dirección del partido, como pasó imprescindible para lograr una postulación. Cierto que el PRD en su reestructuración cometió un grave error, al solo gestar la renuncia y cambio del CEN anterior, pero dejando intactas directivas de áreas que compartían la culpa del fracaso electoral. Lo correcto hubiese sido haber renunciado en ese momento todos los CDN e igual suerte a las directivas de área, algunas de los cuales no dudo se podrían reelegir mientras otras simplemente se retiraban.

Lo que se vive hoy en el partido es paradójico. El tiempo juega un papel importante en las opciones, porque se sabe que no podemos caer en una elección de directivos, primarias y elecciones generales en un periodo de 18 a 24 meses por el costo y desgaste. Habría que espaciar los eventos. Eso te lleva a tener como límite de cambio del CEN y estructuras el verano de 2012, para quedar solo con primarias en el 2013 y estar listo para las elecciones de mayo del 2014. De otra forma, cae el partido en el error del 2008-9 y las heridas incurables que quedaron abiertas antes de las elecciones generales.

Y eso nos lleva a la pregunta. ¿Están los miembros del CEN hoy haciendo el trabajo que se espera? En mi opinión difícilmente otros lo podrían hacer mejor. El discurso de Doens y Sánchez Cárdenas es el adecuado, el partido está siendo reorganizado, los frentes convocando a sus convenciones, los estatutos en revisión. El partido está dinámico, en movimiento, atacado por un gobierno fuerte y decidido a reducir la fuerza torrijista. Si algún miembro quiere una oposición más agresiva, es libre de iniciar su vocería.   Si no, cerremos filas y trabajemos juntos en la unidad y fortalecimiento del partido, ninguno de los cuales se logra con los constantes ataques por ambiciones personales.

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<> Este artículo se publicó el 23 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Se busca un líder

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

 

MARIO  A.  ROGNONI *
marognoni@cwpanama.net

Históricamente nuestro país siempre ha mantenido un claro concepto de quiénes son sus líderes.   Liderazgo incuestionable en mi recuerdo un general Remón, un Nino Chiari, un David Samudio, o bien el doctor Arnulfo Arias Madrid, un Omar Torrijos. En la nueva era democrática vimos liderazgos incuestionables de un Pérez Balladares, una Mireya Moscoso, un Martín Torrijos. Hoy, sin embargo, el país sufre de falta de líder.   Partidos de gobierno y partidos en oposición buscan afanosamente un líder, ese capaz de unir a sus fuerzas y proyectarse enmarcado en su capacidad, honestidad y liderazgo.

Nuestros nuevos políticos pretenden lograr el liderazgo en función de inversión publicitaria y recursos económicos, no tener seguidores por su ‘proyecto—país’, sino vilmente comprar conciencias. El nuevo método parece cómodo a aspirantes a diputados, alcaldes y presidente, quedando los representantes de corregimiento como el único bastión para un líder natural, recogiendo todavía el poder popular. Lo grave del cambio ocurrido es que el desarrollo natural de nuevos líderes se ha visto afectado. Hoy no basta tener un buen discurso y ser buen orador, ahora necesitas un manejo de imagen, presencia en medios, contratar un equipo profesional que complete tu esfuerzo.

Todo eso, evidentemente, enmarcado en gastos e inversión de fuerte sumas de dinero. Pero lo peor de lo que nos está ocurriendo es que el sistema, basado en leyes acomodadas siempre por los partidos gobernantes, está diseñado para reducir las posibilidades de una verdadera democracia. Hoy no elegimos los mejores, elegimos los más ricos. Peor aun, no corren los mejores, corren los más ricos.

Desde un sistema de primarias, donde priva la publicidad, compra de votos y subsidios a electores; hasta una elección de diputados en circuitos plurinominales, donde salen, gracias a la popularidad de unos, otros que jamás serían electos individualmente. Si realmente quisieran nuestros políticos propiciar liderazgo real, primero hay que cambiar las reglas de juego de las primarias. Yo personalmente, creo en una primaria donde los aspirantes no puedan hacer publicidad ni en televisión, radio ni prensa, de forma que los miembros del partido elijan al candidato que ellos conocen, no el que le vendan. Si en los 60 días de la primaria los aspirantes tienen que visitar a pedir el voto sin apoyo mediático, solo lograrían ser candidatos los verdaderos militantes de los partidos, reconocidos y con trayectoria conocida a los miembros. Por otro lado, los diputados deben salir de un sistema electoral que dé un voto por persona. Es decir, aun en los plurinominales, se votaría por un solo aspirante, los más votados serían los electos. Las minorías tendrían mejor representación en la Asamblea y los diputados tendrían una verdadera representación de su electorado.

Quizás la tragedia de la falta de líderes tenga otras raíces, como, por ejemplo, el haber perdido el país una causa que nos una o que proyecte la necesidad. Causas como el nacionalismo, la lucha por la soberanía, la presencia militar extranjera en nuestro suelo, quedaron atrás y resueltas. Hoy haría falta unirnos contra la pobreza, unirnos contra la corrupción, luchar por la mejor distribución de la riqueza, pero son causas que solo con un verdadero líder se pueden proyectar. La nuevas generaciones se desgastan en ambiciones materiales y un desenfreno sexual explotado por medios y comerciantes.

Hoy lo importante no es cuánto sabes, sino cuánto tienes. No cuenta la inteligencia, la habilidad o capacidad, cuenta la riqueza. Y mientras alimentamos las ambiciones de los jóvenes en el consumismo y la tenencia material, lo bombardeamos en televisión, radio y prensa escrita con anuncios sexuales, novelas con antivalores y malos ejemplos de triunfo y éxito.

Liderar una campaña de adecentamiento no es fácil, nuestros aspirantes a líderes prefieren concentrar su esfuerzo denigrando y atacando a sus adversarios y exponiendo su conocimiento de la actualidad nacional. Pero, ¿qué proyecto país tienen? ¿Qué causa pretenden impulsar? Hoy por hoy, el electorado pareciera reducido a escoger o bien el que más conoce o al que crea con más capacidad para gobernar, pero salvo una posible candidatura de los obreros, los demás, gobierno y oposición, parecen promover al candidato y no un programa o proyecto. Quizás, en los próximos años, surja otro gran líder, pero por ahora, seguiremos viviendo con el recuerdo de los últimos que el país conoció.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 16 de noviembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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