Canasta básica y control de precios

La opinión de la periodista…..

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ELKA RODRÍGUEZ

El aumento en el salario mínimo ha sido como un paliativo para poner más dinero en manos de la población económicamente activa.

Sin embargo, con las reacciones que esto ha provocado por parte de la empresa privada, todos sabemos que si no se establece el control para los precios de la canasta básica, se producirá un aumento en la misma, provocando un deterioro aún más del poder adquisitivo de todos los panameños, afectando sobre todo a los que no trabajan y a los que no les han aumentado. Los comerciantes justifican el aumento en los productos debido al incremento en el precio del combustible, la electricidad y del salario mínimo.

Hay que hacer algo para proteger al consumidor y lo mejor es que el Estado regule los precios de todos los productos de la canasta básica a través de la Oficina de Regulación de Precios.

Señor Presidente, en todos sus discursos políticos el tema de los precios bajos para la canasta básica fue pregonado a todo pulmón, pero ha sido lo contrario. Cada día aumentan más los principales productos de la mesa del pueblo. La mala alimentación del panameño resulta una cadena difícil de romper y tenga presente que los panameños mal alimentados son seres débiles e improductivos; que la mala alimentación del pueblo genera enfermedad, y ésta a la vez genera bajo rendimiento en el trabajo y en los estudios.

Esta rueda macabra, este círculo vicioso de hambre, sólo se puede romper con la reapertura inmediata de la Oficina de Regulación de Precios que fiscalice los precios y ponga en su lugar a todos los comerciantes inescrupulosos que viven de la miseria humana.

Señor Presidente, la mayor riqueza que puede tener una nación es un pueblo bien alimentado para que sea productivo y estudioso. Aproveche ese capital humano que creyó en usted y con quien se comprometió a mejorarle su calidad de vida.

Recuerde que cuando usted se calzaba los zapatos del pueblo pudo percatarse de que en nuestro país además de existir las zonas rojas, en las que resalta la delincuencia en todas sus facetas, también existen zonas de pobreza y pobreza extrema, cuyos habitantes están condenados por años al hambre.

En cualquier escenario planteado, podemos observar que la Oficina de Control de Precios juega un papel determinante para cambiar el panorama de precariedad alimenticia que está azotando al pueblo panameño. Se espera con ansiedad que la frase “ahora le toca al pueblo” se cumpla para bien, no para que sea el inicio de un océano de desdichas.

Todos juntos podemos transformar esta patria con trabajo y esfuerzo honrado.

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Publicado el 6 de marzo de 2010 en el Diario El Siglo a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde