Efecto del estatismo económico

La opinión de…..

Francisco Ibero

Dedico este artículo a quienes me dicen que las ideas liberales son anticuadas porque nacieron en el siglo XIX. Yo pienso que las ideas deben evaluarse en sí mismas, independientemente de cuándo nacieron, o quién las formuló, o quiénes las defienden en cada momento.

En los primeros tiempos, la sociedad romana se basaba en la agricultura, con pequeños agricultores y ganaderos. Hacia el siglo II a.C. se produjo un proceso de urbanización y aparecieron grandes negocios. La inmigración aumentó por las grandes oportunidades que ofrecía la economía. Existía libertad de empresa, libre comercio, gobierno limitado y bajos impuestos.

En esa época, cada romano se consideraba responsable de obtener su propio ingreso. Posteriormente, muchos ciudadanos fueron cambiando sus ideas sobre la responsabilidad personal y pensaron que podían vivir del Estado. Uno de los primeros hitos del proceso se dio cuando Claudio concurrió a las elecciones para tribuno con la promesa de “trigo gratis para las masas” y ganó.

Cuando Julio César llegó al poder en el año 48 a.C., encontró que había 320 mil personas en el programa gubernamental de trigo gratuito. Ordenó que los beneficiarios se redujeran a 200 mil. Pero unos 50 años después, la cifra volvió a los 320 mil.

Un acontecimiento clave se dio en el año 274 d.C., cuando el emperador Aureliano convirtió el derecho a la ayuda en hereditario. Además, comenzó a distribuir pan en vez de trigo, y añadió sal, carne de cerdo y aceite de oliva.

El Gobierno se responsabilizó también por ofrecer entretenimiento a la gente. Para ello se diseñaron circos muy elaborados y duelos de gladiadores. Se estima que el gasto era de unos 100 millones de dólares anuales sólo en la ciudad de Roma.

Ya para el siglo II d.C., muchas ciudades estaban endeudadas hasta el cuello. Comenzando con el emperador Adriano, las ciudades que tenían serias dificultades financieras perdieron su autonomía y el Gobierno central las sometió al control de delegados imperiales. La autoridad local fue reemplazada progresivamente por el Gobierno central.

Estallaron guerras civiles y conflictos de todo tipo en la medida en que cada facción quería controlar el enorme aparato del Gobierno para obtener beneficios. De los 27 emperadores que hubo entre los años 180 y 285 d.C., 25 fueron asesinados.

Los altos impuestos y las regulaciones más minuciosas fueron elementos dominantes en esa época. Los negocios tenían que mantener un creciente cuerpo de parásitos públicos. Y se perdió el respeto por la propiedad privada.

Para la época del emperador Antonino Pío, entre 138 y 161 d.C., la burocracia estatal ya resultaba asfixiante. Según el historiador Trever, los agentes imperiales de impuestos aparecían por todos los rincones para espiar el mínimo intento de evasión. Y Hardy dice que el costo del ejército, la burocracia y los programas públicos exigían tal nivel de impuestos que la otrora floreciente clase media prácticamente desapareció.

El Estado se convirtió en la principal fuente de ingresos para más y más romanos. Los impuestos hicieron quebrar a muchos negocios, que fueron nacionalizados. Sectores enteros pasaron a manos del Estado. El primero fue el del transporte, sobre todo el de barcos. Por otro lado, el Gobierno intervino de lleno en la agricultura. Por ejemplo, el emperador Domiciano, para reducir la producción y aumentar el precio del vino, ordenó destruir la mitad de los viñedos.

A medida que el Gobierno se convirtió en el proveedor universal, se desarrolló el culto a los emperadores. Por ejemplo, nadie podía acercarse a Diocleciano sin arrodillarse. Los libres y orgullosos ciudadanos de los primeros tiempos jamás hubieran aceptado ese servilismo ante sus gobernantes.

Roma sufrió también a causa de la inflación. El denario, que originalmente era casi totalmente plata, fue envilecido por los sucesivos emperadores hasta que en el año 268 d.C. sólo contenía 0.02% de plata. La política de envilecimiento produjo crisis periódicas. Los precios se disparaban y los gobernantes culpaban a los comerciantes. La gente comenzó a utilizar el oro, pero el Gobierno lo prohibió bajopenas severas.

La población exigió una solución para los problemas económicos y el emperador Diocleciano respondió con su famoso edicto del año 301 d.C. El mismo estableció un detallado sistema de control de precios y salarios, impuestos bajo la pena de muerte. A pesar de que corrió mucha sangre, el edicto fracasó. Los productores no estaban dispuestos a ofrecer productos por los que no podían obtener un precio razonable.

Diocleciano ordenó también que los oficios y profesiones fueran hereditarios. Durante su mandato, el 50% de los hombres del imperio estaba en la planilla del Gobierno.

En el año 476 d.C., el bárbaro Odoacro depuso al último emperador, Rómulo Augústulo. Así terminó el imperio, que ya estaba carcomido por dentro. Los antiguos decían que la historia es maestra de la vida. La cuestión es si los alumnos somos buenos o malos.

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Publicado  el   25  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Apuntes sobre Cuba con Panamá al fondo

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La opinión de …..

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Francisco J. Ibero

En este artículo pretendo tocar algunos temas económicos de Cuba y establecer algunos paralelismos y contrastes con la situación en Panamá.

Comienzo con la producción agrícola.  Según el economista cubano Oscar Espinosa Chepe, la agricultura cubana es un desastre. Las entidades estatales solo han producido pérdidas, en el marco de falsas cooperativas en las que las opiniones de los trabajadores nunca han contado nada.

El mal manejo de las tierras y el riego inadecuado han ocasionado que millones de hectáreas hayan sido seriamente dañadas por salinidad, compactación, falta de drenaje, erosión y otros males. Otro asunto importante es la masiva deserción de especialistas agrícolas que buscan mejores ingresos en otras actividades.

Entre 1998 y 2007 el área cultivada se redujo nada menos que en un 33%. La consecuencia de todo lo anterior es que Cuba importa el 60% de los alimentos que consume, una parte importante desde Estados Unidos (EU). Por ejemplo, en 2005 compró en EU 2 millones de toneladas de maíz, 1.7 millón de trigo, 656 mil de arroz, 600 mil de harina de soya, 434 mil de frijol de soya y 372 mil de pollo, todo pagado por adelantado en efectivo.

Puede que a nosotros la situación del agro cubano nos parezca perfectamente predecible. Sin embargo, un economista como Paul Baran, en la década de 1970, describió a Cuba como un jardín paradisíaco donde los problemas agrícolas se esfumarían con un excedente económico gigantesco.

Recientemente, el Gobierno cubano entregó tierras ociosas en usufructo a quienes quisieran hacerlas producir inmediatamente, fuesen empresas, cooperativas o individuos. En total se entregaron unas 700 mil hectáreas a 82 mil productores. Los resultados están por verse, ya que los productores no tienen crédito, semillas, fertilizantes, combustible o pesticidas. Pero de alguna manera se las arreglarán para producir y lograr beneficios.

Veamos ahora el tema de las jubilaciones, donde se van a cambiar, si no se han cambiado ya, las edades de jubilación y el mínimo de cotizaciones. Las edades aumentan de 55 a 60 años para las mujeres, y de 60 a 65 para los hombres. El mínimo de cotizaciones pasa de 25 a 30 años.

Esto me lleva a las reformas del gobierno pasado y a la mesa del diálogo sobre el tema. Pese a que quedó en el ambiente la idea de que el principal programa de jubilaciones se había arreglado para unos treinta o cuarenta años, la verdad es que esto no sucedió.

La sostenibilidad financiera de las jubilaciones solo se mejoró marginalmente, como me confirmó uno de los actuarios más destacados que trabajó en la mesa. Dentro de pocos años habrá que volver a discutir el tema y tomar decisiones difíciles: aumentar edades, aumentar el porcentaje de contribución, disminuir beneficios, o una mezcla de varios de los elementos anteriores. Pienso que las edades actuales no se van a poder mantener por mucho tiempo y que un eventual aumento pudiera combinarse con jubilaciones anticipadas con los factores de descuento correctos.

El último punto que quiero tratar es el de ciertos principios o políticas que Raúl Castro ha formulado en algunos discursos durante el presente año. Por ejemplo, que los cubanos deben esperar un comunismo realista que sea económicamente sostenible. Que los planes económicos deben ajustarse estrictamente a los ingresos disponibles. Que la situación económica no permite un pronto aumento de los salarios. Que el socialismo significa igualdad de derechos y oportunidades, pero no de ingresos. La igualdad no es igualitarismo. Más aún, este último es una forma de explotación, la del buen trabajador por el que no lo es. Finalmente, que los salarios se asociarán con la productividad individual por primera vez en el gobierno socialista.

Pienso que este último concepto es perfectamente aplicable al sector público en Panamá. Necesitamos una valuación de puestos, unas escalas salariales apropiadas y una política de aumentos salariales basados en el rendimiento. La tarea sería compleja, pero posible. Claro que no me hago ilusiones al respecto.

En el sector privado, creo firmemente en los incentivos relacionados con los resultados de la empresa, sea en la forma de reparto de utilidades o bonos relacionados con resultados que influyen en las utilidades. Además de reconocer la contribución de los trabajadores, ayudan a que todo el mundo dirija sus esfuerzos al logro de los objetivos del negocio. ¿Estoy soñando? Puede ser.

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Publicado el  21  de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Más del diccionario personal

La opinión de…..

FRANCISCO IBERO

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Más del diccionario personal

Hace tres años se publicó en este espacio un breve diccionario personal, definiciones alternativas de palabras o expresiones que escucho o leo en los medios de comunicación. No pretendo que sean definiciones completas. Simplemente, trato de cubrir ángulos diferentes a los habituales. Allí van las ampliaciones al breve diccionario.

Liberal: Persona reaccionaria y atrasadísima, que defiende ideas y políticas del siglo XIX.

Intervencionista: Persona adelantadísima, que apoya ideas y políticas que ya existían y se practicaban en la antigua Roma.

Altruista: Individuo dispuesto a trabajar incansablemente para repartir el dinero ajeno, cobrando un jugoso salario por su agotadora tarea.

Regular una actividad: En Panamá consiste en crear por ley un nicho de mercado o de actividad profesional para los productos o servicios del grupo que promueve la regulación.

Neocomunismo: Lo que queda después de eliminar la parafernalia de las teorías “científicas” de Marx: afán de poder, envidia y resentimiento.

Nueva inquisición: Conjunto de individuos e instituciones cuya tarea es, por ahora, silenciar a quienes se oponen a los dogmas establecidos por la corrección política. Por ejemplo, se expulsa de la universidad a un científico porque discrepa de las proyecciones del IPCC. O se multa a un escritor con 10 mil dólares por islamofobia. O se prohíbe a un clérigo escribir en un periódico que, según la Biblia, la actividad homosexual es pecado. Afortunadamente, vivimos en un país “atrasado”, así que podemos decir lo que se nos ponga en las narices. Por ahora.

Comentarista: El comentarista es exactamente lo contrario del especialista según Ortega y Gasset. Ortega definía al especialista como alguien que sabía casi todo sobre casi nada. El comentarista sabe casi nada sobre casi todo.

Olla arrocera: Contra lo que pueda parecer, no es solo un humilde instrumento de cocina, sino un arma política. Por ejemplo, la “involución cubana” se llevó a cabo para que cada hogar cubano, excepto los de los miserables contrarrevolucionarios vendidos al imperialismo, tuviera 50 años después una olla arrocera.

Servidores públicos: Curiosos personajes que hacen asambleas, marchas, paros, huelgas, para que les aumenten el salario, o no despidan a ciertos funcionarios, o reintegren a otros, o no firmen un TPC con Estados Unidos. Sin embargo, no mueven un dedo para mejorar el servicio al público.

Asamblea de diputados: Organismo compuesto en un 25% por diputados y un 75% por representantes de corregimiento glorificados.   Acepto que los porcentajes pueden ser diferentes según la benevolencia de nuestro juicio, pero en ningún caso los verdaderos diputados llegan al 50%.

Nepotismo: Cuando alguien, que no es familiar mío, nombra a sus familiares en puestos públicos. Cuando me nombran a mí no es nepotismo sino legítima preocupación por el bienestar de la familia. Y ya sabemos que la familia, sobre todo la mía, es la base de la sociedad.

Ecorojistas: Socialistas que, después de la debacle de 1989, ingresaron en gran número a las organizaciones ecologistas. A los ecorojistas la ecología les importa un rábano. Lo que quieren es utilizarla para crear problemas a las  empresas y al odiado capitalismo en general.

Multiculturalismo: Doctrina que defiende que todas las culturas tienen el mismo valor, excepto la occidental, que es obviamente inferior.

Diario: Publicación que nos informa de una gran cantidad de asuntos, la mayoría intranscendentes, que sucedieron el día anterior. Yo prefiero menos noticias, mejor investigadas, porque siempre termino con más preguntas que respuestas.

Democracia: Sistema que nos asegura el reinado generalizado del Principio de Peter. En efecto, la mayoría de ciudadanos alcanzamos nuestro nivel de incompetencia como electores. Y los políticos como diputados o presidentes.

Derechos humanos: Una contradicción en los términos. Todo el mundo sabe que los derechos no son humanos y que los humanos son izquierdos por definición.

Brechología: Es la disciplina que estudia las brechas. Lamentablemente, durante muchos años, sus cultivadores han mostrado muy poca ambición, y se han limitado a la brecha en riqueza e ingreso, y a dos grupos, ricos y pobres. Yo propongo ampliar tanto los tipos de brechas como los grupos de estudio en las brechas de riqueza e ingreso. En estas los grupos irían desde los miserables hasta Bill Gates. Y debemos agregar otros tipos de brechas, como las relativas a inteligencia, salud, belleza y muchas otras.

Caja de Seguro Social: La caja, más bien escasa. Lo seguro es el mal servicio. Y es muy social para quienes viven a costa de los cotizantes.

Cambiar la sociedad: Dice un político que quiere llegar al poder para cambiar la sociedad. ¿No sería mejor que se cambiase a sí mismo y quizás los demás le imitaríamos?

Bien común: Bien particular de quienes utilizan el concepto, o tal vez la idea que alguien tiene sobre un etéreo bien colectivo. Los problemas comienzan cuando entramos en detalles. Una pequeña observación: ¿Es casualidad que los tiranos hablen tanto sobre el tema?

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Publicado el 2 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Predecir la crisis

La opinión de….

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Francisco J. Ibero

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Predecir la crisis
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Durante los tres últimos años se ha repetido con cierta frecuencia, y no poco regodeo, que los economistas no fueron capaces de anticipar la catástrofe que se avecinaba.   Esto es cierto en términos generales.   Pero hay excepciones.   A mi parecer, la más notable es la de una buena cantidad de economistas adscritos a la llamada Escuela Austríaca.

Esta es una corriente relativamente minoritaria, pero importante por la calidad de sus representantes.   Los cinco grandes, en orden cronológico, son Menger, Bohm-Bawerk, Mises, Hayek y Rothbard.   Actualmente, el centro más importante de economía austríaca es el Mises Institute (mises.org) en cuya web se pueden encontrar cientos de libros y miles de artículos, audios y videos que pueden descargarse gratuitamente.

Una de las contribuciones de la Escuela Austríaca se refiere al ciclo económico. Las tasas de interés pueden bajar porque la gente ahorra más o porque el banco central las fuerza artificialmente.

Los empresarios responden iniciando nuevos proyectos en las áreas más sensitivas a la tasa de interés, como materias primas, construcción, equipo de capital y similares. Si los ahorros han aumentado, todo va bien. Si las tasas han bajado artificialmente, los nuevos proyectos no podrán ser completados porque los recursos no existen realmente.

Imaginemos un constructor de una casa que cree tener 30% más bloques que los que tiene. Las dimensiones y quizás el estilo de la casa serán diferentes de lo que hubieran sido. Cuanto más tarde descubra su error, peor le irá.

La economía se parece al constructor. Una parte de las nuevas inversiones estarán equivocadas (malinvestments). Cuanto antes cese la manipulación monetaria, antes pueden pararse las inversiones equivocadas y dirigirse los recursos a los sectores sostenibles. En caso contrario, mayor será la duración de la crisis.

Esta teoría, que presento en forma muy simplificada, fue desarrollada por Mises y Hayek durante la segunda y tercera décadas del siglo pasado. Ambos tuvieron ocasión de ponerla a prueba para predecir la Gran Depresión de 1929. Mises advirtió durante varios años que la política monetaria expansiva del Fed sólo podría desembocar en una depresión. Por su parte Hayek, en un artículo escrito en febrero de 1929 para el Instituto Austríaco de Investigación Económica, advirtió que el boom de Estados Unidos se derrumbaría en pocos meses. Keynes, por el contrario, afirmaba pocos meses antes del crac que el auge económico de los años 20 se mantendría indefinidamente. Félix Somary, banquero suizo, cuenta que tuvo una conversación con Keynes hacia 1925. Somary defendía que la burbuja tenía que explotar algún día. Keynes replicó: “No veremos más crisis en nuestras vidas”.

Presento ahora algunos de los austríacos que anticiparon la crisis actual. Por ejemplo, Ron Paul dijo en 2003 en la Cámara de Representantes de Estados Unidos: “Como todas las burbujas creadas artificialmente, el boom en los precios de las viviendas no puede durar eternamente. Cuando caigan los precios, los dueños tendrán problemas porque su capital se evaporará. Los dueños de las hipotecas también tendrán pérdidas. Estas serán mayores de lo que hubieran sido si el Gobierno no hubiera incentivado la sobreinversión en viviendas. Los privilegios especiales concedidos a Fannie Mae y Fredie Mac distorsionan el mercado de viviendas y ponen en peligro a los contribuyentes. El Congreso debe eliminarles el apoyo antes de que explote la burbuja y los contribuyentes tengan que salvar a los inversionistas que se equivocaron a causa de la interferencia del gobierno en los mercados”.

Peter Schiff, en un debate en mayo del 2006 en Fox News, afirmó que el mercado de viviendas de Estados Unidos era una burbuja a punto de explotar. En una entrevista de CNBC, realizada en agosto de 2006, sostuvo que “la economía de Estados Unidos es como el Titanic. Veo muy cercana una crisis financiera”. Lo más curioso es que, en su intervención en Fox News, los otros contertulios se reían abiertamente de él. Si tienen tiempo y curiosidad, todavía pueden ver el video en YouTube. Es realmente impresionante.

Mark Thornton, del Mises Institute, escribió en un artículo del 2004: “La construcción de viviendas crece rápidamente. Los altos precios y las bajas tasas permiten a muchos dueños extraer capital para aumentar sus gastos. Como me dijo un oficial de préstamos, es casi demasiado bueno para ser cierto. En realidad, es demasiado bueno. Las burbujas en bienes raíces terminan en crisis que incluyen remates de viviendas y quiebras de bancos. Los próximos aumentos en la tasa de interés perjudicarán a los propietarios de viviendas y probablemente a los contribuyentes, que serán obligados a rescatar bancos y compañías hipotecarias cuasi públicas que han tenido prácticas de crédito irresponsables”.

No creo necesarios más ejemplos. Lo realmente curioso es que quienes no vieron venir la crisis quieran convencernos de que saben cómo salir de ella.

Sociedad como chivo expiatorio

Sociedad como chivo expiatorio


Francisco J. Ibero

Carlos Rodríguez Braun, economista argentino residente en España, suele decir que, en Latinoamérica, el mejor amigo del hombre no es el perro sino el chivo expiatorio. Alude a un tipo de conducta que pudiéramos resumir así: sea lo que sea, y se trate de lo que se trate, la culpa la tiene otro. Y no es que esta forma de comportamiento no se dé en otras partes. Simplemente, que la negación o el desplazamiento de la propia responsabilidad se ha convertido en un arte por estas tierras.

En los últimos años se estila cada vez más en Panamá, sobre todo en los programas de televisión, achacar a la sociedad la responsabilidad por las malas acciones de los individuos. He observado este fenómeno sobre todo cuando se discute sobre la delincuencia, sobre algaradas de estudiantes, y sobre la llamada violencia doméstica.

Parece ser que la sociedad es culpable por no dar oportunidades, marginar, despreciar, reprimir, dar malos ejemplos y muchas cosas más. El clímax llega cuando alguien pronuncia la frase suprema: “Hemos fracasado como sociedad”, expresión rimbombante, pero perfectamente inútil para tomar cualquier acción.

Recientemente vi un programa que trataba sobre la delincuencia y la inseguridad en el país. Los invitados fueron presentando las diferentes razones que explicaban el fenómeno. Entonces uno de ellos argumentó que vivimos en una sociedad que mide el éxito personal por el dinero, independientemente de cómo se obtenga. En consecuencia, los delincuentes lo único que hacen es tratar de conseguir dinero rápidamente mediante sus actividades delictivas. Por cierto, ninguno de los otros panelistas se mostró en contra de esta tesis.

Si hubiera tenido la oportunidad, les hubiera preguntado a los cinco panelistas si ellos medían el éxito personal por el dinero. Estoy seguro de que me hubieran contestado negativamente. Y estoy seguro también de que la mayoría de la población me diría lo mismo. Y es que la sociedad es a la vez todos y ninguno.

Hace unos cuatro o cinco años tuve la oportunidad de ver un programa de una televisión española que trataba sobre la anorexia en las adolescentes, que entonces era un problema de cierta importancia en España. El dictamen unánime de los panelistas fue que la culpable era la sociedad porque imponía unos cánones de belleza imposibles de lograr. Lo curioso fue que ninguno de ellos admitió ninguna responsabilidad como parte de la sociedad. A efectos prácticos, todo indicaba que no formaban parte de ella.

La utilización de chivos expiatorios erosiona la responsabilidad individual, junto con la libertad, y promueve el victimismo. La responsabilidad y la libertad son como dos caras de la misma moneda. Si no soy responsable de mis actos, no soy libre. Si no soy libre, nadie me puede exigir responsabilidades. El victimismo consiste en que personas que no son víctimas se consideran a sí mismas como tales. El victimismo provee a la persona una serie de ventajas. No es responsable de lo que le sucede. Siempre tiene moralmente la razón. Nunca tiene que responder por nada. Siempre tiene derecho a la compasión ajena. Y siempre se justifica su indignación moral por cualquier cosa mala que le suceda.

Los grandes líderes siempre apelan a la responsabilidad individual, mientras que los demagogos de medio pelo se especializan en la utilización de chivos expiatorios. Comparen, por ejemplo, a Martin Luther King con Jesse Jackson o Al Sharpton y quedará clara la diferencia.

Hace más de 200 años Rousseau defendió la tesis de que el hombre nace bueno pero la sociedad lo corrompe. Si hubiera puesto algo de atención a sus propios hijos, en vez de mandarlos al orfanato, hubiera observado que los niños pequeños tienen, entre otras cosas, una gran capacidad de manipulación. Por otro lado, su tesis no puede dar respuesta a la objeción fundamental de cómo pudo malearse el primer humano que cayó en esta condición.

Las doctrinas de Rousseau motivaron una serie de viajes de los intelectuales de su tiempo para observar lejanas comunidades primitivas. Ellos vieron lo que querían ver, es decir, seres humanos no corrompidos por la sociedad moderna. Y así nació el mito del buen salvaje. Mucho tiempo después, la antropóloga Margareth Mead hizo algo similar en Samoa. Afortunadamente, otros antropólogos pusieron de manifiesto sus falsificaciones.

La sustitución de la responsabilidad individual por la de la sociedad crea problemas insolubles. Si yo no soy responsable de mi comportamiento, tampoco puedo cambiarlo, lo que me deja indefenso. Por otro lado, dado que la sociedad es un conjunto de individuos, cada uno de sus miembros sería a la vez culpable de los errores ajenos e inocente de los suyos propios.

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Publicado el  6 de julio de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos todo el crédito que le corresponde.