Más atención al arbolado urbano

La opinión de….

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Dairo Antonio Herrera Cortina

¡Alerta… ! Los transeúntes de la ciudad capital asumen cotidianamente un alto riesgo cuando circulan por el Parque Porras, el Urracá, las calles arboladas de Bellavista y muchos otros sectores de la urbe. Una de las razones del riesgo es el envejecimiento natural de los árboles centenarios y las palmeras, que sumado al “desmoche” histórico, método no viable en la reducción de la altura, ocasionó árboles estresados, decaídos y riesgosos, convirtiéndolos en peligrosos.

Un árbol estresado y decaído es más vulnerable a infestaciones por insectos, no puede fabricar alimentos suficientes para su supervivencia, no puede defenderse químicamente de las heridas y atrae insectos con señales especificas que llevan al deterioro de sus raíces haciéndolo más débiles para sostenerse en pie y firme.

Es importante llamar la atención a los expertos de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) y de la Alcaldía capitalina para que se den una vuelta por las zonas mencionadas y podrán notar árboles del Parque Porras sostenidos débilmente por los muros de concreto, con raíces envejecidas y rodeados de personas que ignoran el peligro; si caminamos por las calles de Bellavista entenderemos la necesidad de dar solución al riesgo de las palmeras envejecidas.

Es importante aprender a valorar a nuestros conciudadanos, es significativo revisar los archivos de las autoridades responsables del tema; causa miedo abrir los expedientes, pero es necesario, nos llevaremos sorpresas por la cantidad de denuncias y solicitudes de ciudadanos, que, previendo accidentes, visitaron las oficinas ubicadas en la Avenida Balboa en otras épocas, y muchos funcionarios no prestaron atención.

Seguramente encontraremos que en anteriores administraciones se dictaron resoluciones para talar muchos de estos árboles y palmeras; pienso que el primer paso en este momento es un simple acto de revisar los acuerdos de 2001 y las resoluciones de la época.

Por todo lo anterior, hacer el ejercicio nos produce una gran reflexión y nos aporta enseñanza con saldos positivos, una reingeniería en nuestra responsabilidad como funcionario público y evitaría desgastarnos en el futuro buscando culpables, después de los lamentables sucesos que han enlutado y seguirán enlutando familias en nuestra nación, si no aprendemos a prevenir.

Toca actuar con más vivacidad, lo que está en juego es la vida de muchos conciudadanos que salen a las calles de nuestra capital, todos los días, llenos de esperanza, de sueños, de solidaridad, pero desgraciadamente algunos no regresan por trágicos accidentes que se pudieron evitar.

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Publicado el 29 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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La importancia de donar sangre

La opinión de…..

Dairo Herrera Cortina

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La importancia de donar sangre

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Donar sangre es un imperativo de la sociedad panameña.   La sangre no se puede fabricar, por esta razón la decisión de donar sangre puede salvar una vida, o incluso varias, si la sangre se separa por componentes –glóbulos rojos, plaquetas y plasma–, que pueden ser utilizados individualmente para pacientes con enfermedades específicas.

Los donantes deben ser personas entre 18 y 65 años de edad, que pesen más de 50 kilogramos, que no estén afectados por alguna virosis (gripe, alergias), que no guarden ayuno de más de cuatro horas, que no padezcan diabetes o hayan sufrido de hepatitis después de los 12 años, y que mantengan un comportamiento sexual responsable. Se puede donar sangre por lo menos tres veces al año.

Uno de los requisitos clave del suministro de sangre segura es que las donaciones sean voluntarias en lugar de depender de donantes remunerados. Es importante destacar los esfuerzos realizados, año tras año, para motivar e incrementar las donaciones en nuestro país, desde la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá, los hospitales Santo Tomás y del Niño, entre otros, y el Ministerio de Salud (Minsa), pero aun así continuamos deficitarios porque no existe una cultura ciudadana que contribuya a que nuestros bancos de sangre logren garantizar el abastecimiento nacional.

Es importante enviar un mensaje de alerta a las nuevas autoridades, especialmente al Minsa y al Ministerio de Educación, en el sentido de observar con más atención esta debilidad dentro de nuestro sistema de salud y emprender campañas de educación y motivación permanente para que desde temprana edad sembremos en la mente de nuestros niños la importancia de este tipo de donación.

Esta iniciativa debe incluirse en lo que se denomina una política del Estado.  Entre las preguntas frecuentes en torno al tema está: ¿Por qué es saludable donar sangre? Ello mejora la oxigenación de los tejidos, renueva las células sanguíneas, en los donantes regulares (tres o cuatro veces al año), y disminuye el riesgo de sufrir infarto agudo del corazón.

¿Qué cantidad de sangre se extrae? El volumen es de 450 ml, es decir, menos de un 10% del volumen sanguíneo total del donante (el adulto promedio tiene 4.5 a 5 litros de sangre).  Su organismo reemplazará el líquido en las siguientes 36 horas.

¿Qué personas precisan transfusiones?  Las mujeres con complicaciones obstétricas (embarazos ectópicos, hemorragias antes, durante o después del parto, etc.); los niños con anemia grave, a menudo causada por el paludismo o la malnutrición; las personas con traumatismos graves provocados por accidentes; y muchos pacientes que se someten a cirugías, y enfermos de cáncer.

Donar sangre es sencillo. El banco de sangre vigilará que la donación no le ocasione ningún daño y se cerciorará de que su sangre sea segura para quien la vaya a recibir, por ello, le pedirá información personal que será tratada de manera confidencial. Por lo anterior, debemos actuar como multiplicadores y difusores de la importancia de donar sangre.

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Publicado el 30 de octubre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Un espacio para fomentar la cultura

Un espacio para fomentar la cultura

La opinión de…

Dairo Herrera Cortina

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El 28 de junio del año 2009, a las 7:00 a.m., una caminata presidida por el ex presidente Martín Torrijos anunciaba la inauguración de la cinta costera. La promesa de un nuevo espacio público para respirar y la mejoría del tránsito vehicular en el centro, de la ciudad capital se convirtió en una realidad desde aquel momento. Una hora después, un nutrido grupo de familias, de diferentes nacionalidades, religiones, razas, muy emocionadas se apresuraron a recorrer, paso a paso, el megaproyecto que le había costado al Estado 189 millones dólares.

Todos fuimos los observadores más esmerados aquella mañana, entendimos, comentamos, e interpretamos los avisos y señales empotradas en las áreas verdes, en los baños, en las canecas, en las nubes y en el mar. A las 4:00 p.m. para complacer a los más pequeños de la casa, muchos encendimos nuestros automóviles, y con pancartas infantiles compartimos con los primeros vehículos la emoción de desplazarnos por la gran Avenida Balboa, cruzamos sus viaductos en ambas direcciones, acatamos la velocidad indicada, leímos cuidadosamente los avisos de retorno y cedimos el paso en los entrecruces.

Desde entonces, y con el pasar inadvertido del tiempo, muchos ciudadanos empiezan a ver con preocupación el creciente deterioro del objetivo social de su construcción y otros presagian que las improvisaciones que la gestaron terminarán convirtiéndola en el menor de los problemas de las administración pública, razón simple para poner paliativos a los problemas heredados y a los potenciales que se avecinan.

Desde su inauguración hasta la fecha, frecuento con regularidad matutina este bello lugar anclado en el corazón de la bahía de Panamá. Recorrerla a tempranas horas de la mañana, sigue siendo emocionante como aquel primer momento de su estreno, y les aseguro que renueva las energías para enfrentar un día que está próximo a engullirnos en lujosas oficinas saturadas de frías atmósferas artificiales.

Me ha llamado la atención los tres últimos lunes de agosto y he quedado perplejo ante la realidad que se revela agónica a los primeros rayos del sol y me pregunto, ante la mirada indiferente de todos los que habitualmente recorremos la transitada ruta de peatones, ¿qué nos pasa? ¿Qué podemos hacer entre todos para defender el espacio público? ¿En qué podemos estar de acuerdo para proteger la cinta costera? Y la pregunta del millón ¿Dónde quedaron las emociones y lecturas familiares e individuales de aquel primer día de la inauguración?

Estas preguntas solo tienen respuestas en nuestro interior. No podemos esperar que el Estado lo aporte todo. Invitémonos fraternalmente, para aproximarnos como ciudadanos y ciudadanas, a ese mundo urbano, para develar nuestra realidad, interpretarla, entenderla y responsabilizarnos por los elementos de cambio que vislumbremos para la construcción de un mejor tejido social.

Extiendo una invitación respetuosa a la re-educación, de manera individual y colectiva, hagamos reingeniería a los afectos, la tolerancia y procuremos el reencuentro con la esencia de lo que está en la médula del tejido social y que nos convierte en buenos ciudadanos.

Es hora de redescubrirnos, en la solidaridad y sensibilizarnos por lo que “esta mal”; pero que se ha hecho normal en nuestra convivencia, porque sucede todos los días y nos ha producido cierta anestesia a la percepción y reflexión sobre la realidad urbana. Es posible que tengamos que decirles a nuestras nuevas autoridades que estamos interesados en ayudarles a construir un cambio desde la re-educación de los adultos.

En nosotros, como ciudadanos y ciudadanas está la responsabilidad primaria de hacer de dicho espacio público, un lugar para el disfrute de todos los panameños.

Inicia aquí una historia interesante, cuyos protagonistas somos todos los ciudadanos de esta joven república latinoamericana, con énfasis especial en los que habitamos la capital.

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Publicado el 22 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde