El Opus Dei y la política: Libertad y Responsabilidad

El Opus Dei y la política: Libertad y Responsabilidad

ENRIQUE DE OBARRIO


Con motivo de celebrarse hoy, 25 de junio, la solemnidad de San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, considero de provecho compartir parte de su pensamiento, particularmente lo concerniente a la participación política de los hombres y mujeres que conforman la sociedad.

Libertad y responsabilidad. Podría decir que estas dos palabras son las que resumen el pensamiento y reflexiones de San Josemaría Escrivá de Balaguer sobre la formación de la conciencia en materia social y política. Él tenía clara su misión y por ello en reiteradas ocasiones señalaba “yo no hablo nunca de política” , “mi misión como sacerdote es exclusivamente espiritual”.

Sin embargo, como sacerdote secular, fue consciente de la responsabilidad particular que recae sobre el cristiano común: Incidir positivamente en las estructuras temporales según los principios cristianos. Así, son estructuras temporales el trabajo, la cultura, la familia, la política, etc. en el ámbito de la vida cristiana. No solo en el templo, no solo en la participación de determinados actos de culto, sino en el gran entramado humano y profesional de los hombres y mujeres de este tiempo, incluida la política.

El Opus Dei no propone ni sugiere a sus miembros “ningún camino concreto, ni económico, ni político, ni cultural. Cada uno de sus miembros tiene plena libertad para pensar como le parezca mejor en esos terrenos [?]: caben en el Opus Dei personas de todas las tendencias políticas, culturales, sociales y económicas” , decía él en una de sus múltiples predicaciones. Es justamente esta característica la que pone de manifiesto la libertad de cada uno de sus miembros y de quienes frecuentan los medios de formación espiritual que allí se ofrecen.

Parte del pensamiento de la sociedad actual pretende arrinconar la vida espiritual de las personas —sin importar de qué religión se trate—, al ámbito privado. Para quienes hemos tenido la oportunidad de conocer un poco de la vida de este santo, es de gran alegría saber que tenemos el derecho y deber de formar parte activa de la sociedad civil, y saber que para ser cristiano no hay que dar la espalda al mundo, ser un derrotista o un acomplejado. No, al igual que todos los miembros de la sociedad, podemos y debemos dar nuestra opinión.

Se trata de actuar con conciencia, con responsabilidad personal, pero sobre todo respetando siempre la libertad de las personas y reconociendo que “en los asuntos humanos, también los otros pueden tener razón”. Así, la libertad personal es uno de los pilares en que se basan las enseñanzas de San Josemaría.

Según el profesor Ángel Rodríguez Luño, en los escritos de Escrivá la libertad aparece como un valor muy importante, indisolublemente unido al principio de responsabilidad, lo que conlleva a vivir también los principios de participación y solidaridad.

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Publicado el 25 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos todo el crédito que le corresponde

Cohesión social y sociedad inclusiva

Cohesión social y sociedad inclusiva

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Enrique A. de Obarrio – Empresario
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La cohesión social ha ganado relevancia en los últimos años en el ámbito mundial, pero es un concepto que viene de antes (la Asabiyah, de Ibn Khaldun, un pensador tunecino del siglo XIV), que tiene que ver con solidaridad, interdependencia y visión compartida, hacia un destino común.

Para lograr una sociedad inclusiva mediante la cohesión social es fundamental actuar dentro del marco democrático, entendiendo también que el diálogo es el mejor mecanismo que ofrece nuestra imperfecta democracia para enfrentar los principales apremios, entiéndase pobreza, marginación y desigualdad.

Los panameños hemos demostrado que podemos trabajar juntos y alcanzar acuerdos sobre temas puntuales de beneficio común. En época reciente, lo logramos bajo la administración Endara en 1993 con el primer Compromiso Ético Electoral, convocado por la Comisión de Justicia y Paz, marcando el inicio de cambios importantes de la cultura electoral; también en 1993 se dan los Bambitos I a III.

Bajo la administración Pérez–Balladares en 1996 siguieron los diálogos de Coronado I a IV, definiéndose la Ley del Canal y su Título Constitucional; el Plan General de Uso, Conservación y Desarrollo del Área del Canal y el Plan Regional para el Desarrollo de la Región Interoceánica. En 1998 se da la Visión Nacional 2020.

A partir de 2000 se dieron los diálogos bajo la administración Moscoso, sobre todo en materia de educación, y en 2005 bajo la administración Torrijos finalmente imperó la sensatez y se llamó a un diálogo para enfrentar los problemas de la Caja de Seguro Social.

En cuanto al afianzamiento de nuestra democracia, una vez recuperada en 1990, desde la sociedad civil y el sector productivo impulsamos importantes iniciativas, tales como: Ley de Transparencia en la Gestión Pública; Pacto Ético Empresarial; Código Uniforme de Ética para los Servidores Públicos; Pacto de Estado por la Justicia, aportando un mecanismo para hacer más transparente y con mayor escrutinio ciudadano el proceso de designación de magistrados a la Corte Suprema de Justicia, y el Centro Nacional de Competitividad, entre otras.

Pero sin duda, la iniciativa más importante de cohesión social promovida desde la sociedad civil ocurrió en 2006, la estrategia nacional de desarrollo a través de un proceso de concertación, para avanzar hacia el desarrollo humano y social. Diversos y encomiables esfuerzos se dieron en el pasado, pero en esta ocasión logramos dar en el clavo.

Identificados los principales actores que debían y querían participar en el proceso (sector privado, sociedad civil, trabajadores, grupos indígenas, universidades, juventud, iglesias, partidos políticos, mujeres, entre otros), logramos priorizar sobre los ejes temáticos más importantes (ética, justicia, institucionalidad, educación, bienestar social y equidad, salud, crecimiento económico y competitividad). Logramos, asimismo, diagnosticar la situación sobre cada uno de estos ejes, y arribamos a consensos sobre metas concretas a corto, mediano y largo plazo.

Para hacer realidad los compromisos y metas más allá de cualquier administración gubernamental, como resultado del consenso tenemos la ley que crea el Consejo de la Concertación Nacional para el Desarrollo, presidido por el Presidente de la República con una Unidad Técnico Administrativa y un Secretario Ejecutivo a su cargo, institucionalizando así un mecanismo para el diálogo social con miras a construir consensos sobre los temas más relevantes de la vida nacional; la ley de Responsabilidad Social Fiscal, que establece el fondo especial para el desarrollo y compromete más del 35% de los excedentes de la operación del Canal para la ejecución de las metas de desarrollo; el Consejo Nacional por la Cultura Ética, liderado por el Comité Ecuménico; la ley de Descentralización (en discusión), para asegurar mejor distribución de la riqueza, y la ley de Participación Ciudadana (en discusión).

La Concertación Nacional, por su naturaleza, participación, alcance y mecanismos de verificación y seguimiento, es el esfuerzo de cohesión social para el desarrollo incluyente más importante que se ha dado en nuestra historia republicana.

Existe la hoja de ruta, consensuada entre los sectores para superar todos los problemas. Existen también los recursos necesarios. Nuestro mayor deseo es concluir al final de cada quinquenio presidencial, que existió también el compromiso y liderazgo debidos por parte de los principales actores de la sociedad, de los distintos sectores pero en especial de quienes tienen el mandato y la responsabilidad de administrar la cosa pública, para dar continuidad y avanzar hacia la prosperidad colectiva y la paz social, desde el avance y cumplimiento de estos acuerdos.

Publicado el 6 de junio de 2009 en el diario La Prensa