Pongámonos de acuerdo

La opinión del periodista….


Euclides M. Corro R.

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Pongámonos de acuerdo

Cualquier decisión que se tome al respecto estoy seguro generará diversas opiniones y es que además del simbolismo que su estructura representa, igual existen acontecimientos nacionalistas que de alguna forma nos recuerdan marchas de protestas e incluso, actos violentos. Me refiero al antiguo edificio donde funcionó la embajada de los Estados Unidos en nuestro país.

El presidente Martinelli tiene entre sus planes derribar este edificio para construir allí varias torres que sirvan de sede a las entidades financieras del gobierno. Salomón Shamah, administrador de la Autoridad de Turismo de Panamá, ya dijo que se tiene contemplado construir una torre para el Banco Nacional de Panamá, que sería como un “ícono de la ciudad”.

La idea no es mala. Concentrar en un solo sitio al ministerio de Economía y Finanzas, el BNP, el Banco Hipotecario, y otras entidades más, pudiera ser beneficioso para sus clientes y usuarios. Estaríamos hablando de varias torres con muchos pisos que tendrían el beneficio de estar ubicados en uno de los sitios más hermosos de la ciudad, como lo es la bahía y la recién inaugurada Cinta Costera.

Pero como decía, hay otras opiniones. Ernesto De León, presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos ya anunció que han escogido tres propuestas entre las doce que se presentaron por parte de expertos en el tema, para darle un mejor uso a este edificio ubicado entre las calles 37 y 38.

Es importante señalar que este edificio fue parte de un litigio diplomático cuando el gobierno norteamericano quiso, e incluso publicó anuncios al respecto, vender esta propiedad, mientras que el gobierno de Martín Torrijos (2004-2009) interpuso las demandas del caso para evitar esta acción.

Recordemos que la sede diplomática norteamericana se trasladó a inicios del 2007 hacia un amplio globo de terreno en Clayton. El edificio que desde 1938 ocupaban en la Avenida Balboa tiene una superficie de 4,851 metros cuadrados.

Ignoro cuáles son las propuestas de las que nos habla la Sociedad de Ingenieros y Arquitectos, pero estoy seguro que la idea central sería la de preservar la estructura y complementarla con las torres, lo que sería igual que matar dos pájaros de un solo tiro.

Si bien es cierto esta estructura no forma parte del patrimonio histórico del país, es innegable que su pasado está ligado a muchas de las querellas nacionalistas realizadas por varias generaciones. Este es un punto que no puede ser ignorado y mucho menos despreciado.

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Publicado el 22de septiembre de 2009 en el diario El Panamá América a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Un viejo problema

Un viejo problema

La opinión del periodista….

Euclides M. Corro R.

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Hace más de 30 años obtuve un premio de prensa nacional con un reportaje publicado en El Matutino cuyo tema giraba alrededor de los problemas en el transporte colectivo. Lo digo como referencia para que tomemos conciencia de que lo que hoy estamos viviendo es un viejo problema. Recuerdo cuando el transporte estaba a cargo de la empresa privada, como los Barletta por ejemplo; y tengo la impresión que funcionaba con mayor eficiencia y decencia.

Cierto es que la ciudad capital no tenía ni la extensión ni la cantidad de habitantes de hoy. Sin embargo, existe una sola realidad que demuestra el descrédito de un sistema corrupto y abusivo que tiene que ser corregido por el bien de los usuarios.

Sostengo que en algún momento se comenzaron a dar abusos que tergiversaron la intención que tuvo Omar Torrijos al entregar la responsabilidad a un grupo que reclamaba justicia social, dándose una transformación que estaba reflejada en las pronunciadas por el Jefe de Gobierno de aquel entonces, Omar Torrijos, cuando dijo la famosa frase de “machete para el que lo trabaja”.

No tengo la menor duda cuando responsabilizo al esquema del “juega vivo” que siempre ha causado tanto daño a los panameños, del deterioro de lo que en principio fue una excelente idea de gran contenido social. Sin embargo, como suele ocurrir, a la par se fue desarrollando una dirigencia irresponsable y con una gula incontrolable. Es tal el abuso del sistema y sus dirigentes, que han llegado a creerse que sus amenazas de un paro del transporte cada vez que piensan que sus mal llamados intereses corren peligro, pueden colocar en una situación difícil a los gobiernos que se enfrentan a sus inaceptables demandas.

Esto quizás ha servido como una intimidación a los que de pronto piensan en los efectos que esta acción tendría para la economía nacional, no solo a nivel de los colaboradores del Estado, sino de manera especial en la empresa privada y el comercio en particular.

Pienso que todo tiene un límite y los abusos se convierten en la gota de agua que hace derramar el vaso, por lo que es hora que se les haga entender que el “cupo vehicular” no es una patente de corzo y que este beneficio que se les otorga involucra derechos y deberes.

Por ello, reitero lo que ya he expresa en muchas otras ocasiones. Este relajo se tiene que acabar y que todo aquel que tenga más de un bus debe funcionar como una empresa a la que se le deben aplicar no solo la carga impositiva, sino también las obligaciones laborales con sus respectivas “palancas”.

No puede ser que una persona que tiene un kiosco para vender fritanga y que apenas obtenga lo necesario para sobrevivir, cumpla con sus deberes comerciales y en cambio, un gamonal con dos, tres y hasta veinte buses que le proporcionan cada uno un mínimo de 120 balboas por día, pretenda colgarse del cuello una etiqueta de “humilde trabajador”.

Este es un negocio que tiene todas las características de una empresa privada y como tal tiene que ser tratado. Ha llegado el momento de poner orden en este desorden y que a los panameños se les brinde un servicio de transporte respetuoso y de excelente calidad, sin los abusos y ofensas que el actual régimen representa.

El presidente Ricardo Martinelli tiene en sus manos una oportunidad de oro para atender lo que ha sido una vieja demanda de miles de panameños, no solo de la capital sino a nivel nacional, adecentando un sistema que tiene todas las trazas de un negocio lucrativo y que en forma alguna satisface los requerimientos de una sociedad moderna.

La idea de un metro es buena, pero constituye una respuesta a más largo alcance, por lo que mientras ello ocurra, debemos proporcionarle a la comunidad panameña un transporte liberado de toda una secuela de abusos que implica también, una altísima cuota de sangre.

Es una lástima que en su oportunidad, cuando ocurrió el incendio del bus que ocasionó la muerte de 18 panameños y panameñas, el ex presidente Torrijos no aprovechara la coyuntura para liberarnos de un sistema carcomido por el cáncer, y con la ventaja que le daba el apoyo de cientos de miles de panameños dispuestos incluso al sacrificio de caminar todos los días con tal que se resolviera esta vieja molestia.

Sin embargo, no es el momento de cargarle la culpa a ningún gobierno porque todos, por omisión o comisión, tienen su cuota de responsabilidad. Ahora lo que todos queremos es que se les de lección a un sector que ya ha llegado a los límites de cualquier abuso tolerable.

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Publicado el 2 de septiembre de 2009 en el diario Panama América Digital, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

El reto de una mejor educación

El reto de una mejor educación
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Euclides M. Corro R.
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No le resto capacidad a la colega Lucy Molinar para enfrentar y resolver los problemas de la educación nacional. Tendrá ante sí una tarea por demás difícil, un escenario complicado y toda una gama de antecedentes que requieren de carácter, enjundia y fortaleza.

La pésima educación nacional que hoy tenemos no es más que el resultado de la suma de situaciones que vienen desde hace muchos años, quizás demasiados, y que por tanto, no son fáciles de resolver. La nueva ministra tendrá que revestirse incluso de mucho coraje y no perder la paciencia ante las provocaciones de los componentes del sector.

Ella mejor que nadie los conoce. En su función de periodista tuvo muchas veces enfrente a los actores de este complejo escenario y sabe que tanto docentes como educandos mantienen una lucha permanente por ser los protagonistas principales de un drama cuyo resultado es una educación de muy baja calidad.

Para nadie es un secreto que la enseñanza que se imparte en los planteles públicos, en la mayoría por no decir en todos, constituye una vergüenza nacional que incluso, ha salido muy mal parado en análisis que sobre el mismo han realizado organismos internacionales.

Es lógico suponer que entre las prioridades de este gobierno en materia educativa, debe estar elevar el nivel de la calidad de la enseñanza y para ello, deberá implementar medidas que garanticen que tendremos a docentes y educandos dispuestos a colaborar precisamente en ese mejoramiento integral de la educación.

El presidente de la República, Ricardo Martinelli, aceptó el compromiso de resolver los problemas en este sector y para ello ha confiado en la periodista Molinar. Estoy seguro que existe la mejor voluntad, un buen criterio y la decisión de sacar el tema educativo del sitio en que se encuentra y encaminarlo hacia senderos que a todos nos llene de orgullo.

Sin embargo, para ello se requerirá no solo de un gobierno empeñado en mejorar el sistema. Es importante que los padres de familia nos comprometamos también aportar nuestra parte; y de manera especial, es hora que la dirigencia de los docentes entiendan de una vez por todas que ya hemos llegado a extremos insostenibles y que ya está bueno de tanta intransigencia.

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Publicado el 7 de agosto de 2009 en el diario El Panamá America, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Una cuestión de imagen

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Una cuestión de imagen

Euclides M. Corro R.
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Tengo que admitir que se están dando cambios en el país. A unos les gustan, otros lo celebran y no dudo que también hay los que toman distancia para analizar con frialdad cada acontecimiento. Cualquiera que sea la actitud, hay indicios que en diferentes sectores se están generando expectativas basadas en hechos reales que lógicamente nos llenan de mucha esperanza.

Quiero tomar como ejemplo lo que está sucediendo por los predios de la Asamblea Nacional. Su nuevo presidente, el panameñista José Luis Varela, se ha comprometido, y en eso está dando muestras de buena intención, a cambiarle el rostro a un organismo que por mucho tiempo ha llevado una tremenda carga de desprestigio.

Lógico es que a muchos nos asalten dudas hasta donde el resto de sus colegas están dispuestos a ceder, aunque algunos nos están dando sorpresas interesantes. Por ejemplo, quien tenía el record de mayor inasistencia, Cheyo Gálvez, tiene una semana de no faltar a las sesiones del pleno e incluso, está participando en las discusiones.

Es fácil observar que otros diputados no han puesto la mejor cara y están expresando su disconformidad por las medidas que se están anunciando. Es entendible que es difícil aceptar que privilegios que han existido desde siempre se estén perdiendo, aunque no es un secreto que todo esto estaba siendo largamente esperado por el pueblo panameño.

Popi Varela está predicando con el ejemplo. Lo primero que hizo fue descontarse los excedentes salariales que ponían al presidente del parlamento a ganar más que el propio presidente de la República. Igual hizo con los otros miembros de la directiva.

La tarea no es fácil. Muchos se fajan en una candidatura para llegar a la Asamblea Nacional para lograr estos beneficios. Entonces, les parecerá injusto que ahora precisamente se pierdan lo que pudiera ser mal interpretado como “un derecho adquirido”.

Hay que darle tiempo al tiempo. Solo así nos daremos cuenta si de verdad los diputados están dispuestos a darnos una sorpresa y mejor aún, encaminados a recuperar un prestigio que hace mucho se perdió. Y no se trata únicamente de privilegios económicos, también está el tema de la asistencia.

En este aspecto, no se debe deducir los días no trabajados a los que faltaron a la Asamblea y que por su culpa no hubo el quórum reglamentario. La medida debe ser aún más enérgica. Debe aplicarse a los que no asistieron y punto.

Reitero que existe expectativa. Los ciudadanos estamos observando si esto es en serio y si lo dicho y prometido por el señor José Luis Varela podrá convertirse en una realidad. Dependerá no solo de sus buenas intenciones, sino de lo que determine la mayoría de sus colegas.

Al resto de los panameños, los que siempre hemos lamentado que este organismo no esté integrado por ciudadanos comprometidos con el verdadero papel que les corresponde, que no es otro que aportar su cuota de integridad e inteligencia, solo nos queda mantener la esperanza. Ojalá que no nos estén tomando el tiempo una vez más.

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Publicado el 1 de agosto de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.

La virtud de una efectiva transición

La virtud de una efectiva transición

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EUCLIDES M. CORRO R. – Periodista

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Los panameños nos hemos acostumbrado, por lo menos hasta el año 2004, a ser testigos de transiciones en donde abundan las críticas de uno y otro lado, y donde más bien pareciera que en vez de entregar el poder, lo que se produce es una batalla donde el gobierno saliente rinde armas ante el entrante.Pienso que esto era una demostración de inmadurez política, porque cuando los pueblos escogen a su futuro dignatario lo que debe existir es una honesta disposición a entregar la administración del gobierno en buena forma, sin traumas y como consecuencia de la voluntad del pueblo.Lo anterior propiciaría que la continuidad de las tareas públicas se produzca en el marco de una democracia adulta en la que queda entendido que más allá de la transferencia político partidista, exista un concepto de trabajar en beneficio del conglomerado nacional.

Por supuesto que los gobiernos son producto del resultado de una contienda electoral, pero al final de la misma los triunfadores deben empinarse sobre las diferencias partidistas y dar paso a la sensatez y al sentido común.Afortunadamente esto es lo que pareciera está ocurriendo en Panamá cuando el mandatario saliente y el entrante colocan los intereses de la patria por encima de cualquiera diferencia política, lo cual aporta tranquilidad a todos los sectores que precisamente buscan que el país se comprometa con el desarrollo nacional.

Debemos sentirnos orgullosos de que esto esté ocurriendo así. Observo en cada intervención del presidente electo, Ricardo Martinelli, una efectiva vocación de que el proceso de transición se realice en forma armónica, sin que ello signifique que no haya capacidad para reclamar o exigir explicaciones.De eso se trata precisamente. El tiempo de “los locos somos más” ha dado paso a la presencia de un estadista dispuesto a conseguir que Panamá siga creciendo.

Esa es la clase de estadista que la mayoría del pueblo confía tendremos a partir del 1 de julio, reconociendo que el presidente actual igual está realizando la parte que le toca.De igual forma, todos entendemos que el nuevo gobierno debe tener la visión que le permita darse cuenta de que independientemente de lo bueno o lo malo del actual gobierno, lo importante es darle continuidad a los programas sociales, para que los más necesitados no sufran el trauma de quedar sin la respuesta que se le venía dando.

Esa fue la impresión que me quedó cuando en un acto reciente, tanto Torrijos como Martinelli coincidieron en la necesidad de que el país, con la ayuda del gobierno, el de hoy y el de mañana, esté en capacidad de enfrentar los efectos de la crisis financiera internacional, la que ha sido comparada a una tormenta de la cual podemos salir fortalecidos, siempre y cuando tengamos templanza e ingenio para contrarrestarla.-

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Publicado el 9 de junio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá