Una vez más por mi heróica Villa de Los Santos

La opinión del periodista…
RAÚL EDUARDO  CEDEÑO
erece42@hotmail.com

Hoy quiero insistir otra vez en el estado raquítico y de olvido en que se encuentra mi Heroica Villa de Los Santos, apartada de y por la civilización, aunque en esta oportunidad mis pensamientos no sean más que los sentimientos de quien reclama con honor y razón, descubriendo esas últimas horas de vida en que la voz del alma toma más melancolía y por ello más solemnidad.  ¡Qué orgullo ser de la Villa de Los Santos!

Fue allí el lugar en donde por primera vez en nuestra historia ístmica se logra el triunfo sobre la barbarie que se practicaba para con nuestros pueblos campesinos, encontrando sus héroes la hora de la suprema abnegación, aunque para ello tuvieran que renunciar al reposo y al hogar, sufriendo la persecución y el martirio para conservar en los altares de la libertad el fuego sagrado, única luz que brillaba en la tiniebla de aquellos días.   Pocos hombres en nuestra tierra habían conseguido encarnar los sentimientos de esperanzas y los sacrificios de muchas generaciones como lo hizo Don Segundo de Villarreal, los Vásquez, Garrrido y Mendieta, cercanos seguidores. Él fue la bandera, el brazo y el corazón de esa inmortal cruzada. Antes del 10 de noviembre de 1821, su nombre era un rayo de esperanza ante la mirada abatida de los oprimidos, estremeciendo el odio y temor de los bárbaros militares que anunciaban los desastres de los buenos. Sí, para el pueblo enlutado era un resto de esperanza al sentir que había quien luchaba y estaba dispuesto a morir por su libertad.

Pero en la extensión de nuestra patria de hoy no se recuerda su nombre con profundo sentimiento. Ni siquiera viven hoy aquellos ancianos que, doblegados por los años, reunían a sus nietos y les hacían sentir el entusiasmo de ese día lejano al contarles los dolores que sufrieron para hacernos libres. Pasaron esos tiempos, y a las generaciones más felices de hoy no se les enseña siquiera a recoger con amor las cosechas que con durísima labor sembraron aquellos santeños del 10 de noviembre de 1821 en aquel desierto ingrato, convertido hoy en risueña campiña. La Villa de Los Santos sigue siendo el brazo enano de un gigante, Panamá, cuando debiera ser la pieza gigante de un coloso como lo puede llegar a ser nuestro país. Señores gobernantes: démosle gratitud al pueblo que nos dio libertad.

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<> Artículo publicado el 7  de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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¡Qué vivan los reporteros!

La opinión del Periodista…

RAÚL EDUARDO CEDEÑO
erece42@hotmail.com

Yo fui reportero durante muchos años, quizás, demasiados. Por ello hablo con autoridad sobre el papel que desempeñan los reporteros dentro del engranaje informativo de su medio y también del país.

Yo conozco todos los dolores, las angustias y malestares que se sienten a diario cuando uno es reportero; conozco de las presiones que se nos aplican cuando alguien quiere lograr algo a través nuestro y de las ofensas que recibimos por oficiales del gobierno o empresa privada.

Sé de la inmensa tentación que nos inunda el alma cuando nos ofrecen ‘cosas’ a cambio de una información que no nos consta o por una campaña disimulada en contra de alguien. Doy gracias a Nuestro Señor Jesucristo de que jamás caí ante esas tentaciones, y de ello no me arrepentí ni me arrepiento hoy día.

Y esa es la realidad que todavía azota a nuestros jóvenes estudiantes, quienes al salir de la Facultad de Comunicación Social, chocan brutalmente con la realidad de una vida que habían imaginado de formas muy diferentes, muy distintas.

Esos jóvenes reporteros son los que piden paso profesional, honesto y correcto dentro de una sociedad que se niega a dárselo, quizás porque nuestro egoísmo social está creciendo o simplemente está encerrada en sí misma e inmersa en una desgastante guerra fratricida, que todavía no supera en su totalidad y que siempre deja una secuela de odios y empobrecimientos que impulsan a todos a defender, con uñas y dientes, las parcelas de sus intereses y creencias irremediablemente frágiles.

Durante nuestro tiempo activo como reportero tuvimos que defender una gran cantidad de principios pensando siempre en que ejercíamos la profesión más hermosa del mundo. Hoy tenemos que hacer un reconocimiento a aquéllos que inician con, esta pasión honesta, su vida profesional en el periodismo; profesión de grandes cosas inéditas y la más cercana a la vida, a todas las grandezas y miserias de los hombres.

Y, aunque a muchos no les cuadre, es tanto lo que guardan para sí los reporteros de cualquier medio, que considero que sería fantástico imprimir un gran periódico con las historias de periodistas narradas en tertulias de café. Eso sí sería interesante para la sociedad toda.

Eso sería difícil, tanto como mostrar los trucos de los ilusionistas y los fondos teatrales, porque entonces se perdería la magia, el engaño, y eso no puede ni debe ser. Adelante jóvenes reporteros.

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<> Este artículo se reprodujo de la publicación del 31 de octubre de 2010 en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.
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Mendicidad y delito infantil

La opinión del Periodista….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO

La vagancia y la mendicidad de los menores constituyen la antesala de la delincuencia infantil.   Quizás por la influencia del medio al que están llamados a actuar, la mendicidad directa o encubierta del menor en compañía de hombres y mujeres que la usan de incentivo para despertar los sentimientos de caridad, constituyen una verdadera lacra social.   A la mendicidad va anexa la degradante costumbre de implorar la caridad pública y rogar por el auxilio ajeno. Ello es una práctica malsana que en los niños da resultados gravísimos porque engendra hábitos contrarios a las elementales normas de honestidad, hombría de bien y moralidad.   Con la generosa idiosincrasia de nuestro pueblo se despertaría en los menores mendigos el acicate de la codicia exagerada y sus consecuencias de violencia y crimen.

En Panamá se prohíbe la mendicidad infantil, aunque esté disfrazada de ‘venta’ de artículos y nuestro Código de la Familia trata de incorporarse a la lucha de prevención del abandono y delito de los niños para combatir esos dañinos factores que, en su gran mayoría, conducen inevitablemente al sacrificio permanente de nuestra infancia.   Tenemos que seguir protegiendo cada vez más a nuestra niñez, a aquellas criaturas que son arrojadas de sus hogares, que deambulan por las calles en procura de mendrugos, mientras la gran mayoría de sus progenitores llevan una vida de licencia y de inmoralidad.

 

Todos corren el riesgo de que jovenzuelas sean llevadas por el camino de la prostitución ante la indiferencia mayoritaria; de jóvenes, quienes afanosamente gritan y vocean sus miserias por las calles, luchando contra las solicitudes de un entorno que pronto les conducirá a las puertas de la cárcel; de niñas que nunca han conocido normas de moral en sus primeros años por la acción desmoralizadora del mal hogar, de malos centros de diversión, de películas inconvenientes o de espectáculos públicos a donde son llevadas por negligencia o incultura de sus padres y aceptadas ante la indiferencia colectiva.

La renovación del sentir moral frente al niño se producirá bajo el imperio de una buena legislación y su enérgica aplicación, la cual dejará de ser individual para convertirse en función de la comunidad. Y, por su acción, sobre el crepúsculo del desamparo y dolor de nuestros niños, aparecerán los destellos de un nuevo amanecer que afirmará los derechos de los pequeños a vivir en una sociedad justa y humana.

<> Este artículo se reprodujo de la publicación del 17 de octubre de 2010 en el diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.
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Conversemos sobre la libertad de expresión

La opinión del periodista…
 

RAÚL EDUARDO CEDEÑO

Cuando el Presidente Franklin D. Roosevelt proclamó las cuatro libertades: ‘la primera, la libertad de expresión en todo el mundo’, dijo que había llegado un dramático momento de crisis para la humanidad. La libertad de pensamiento resistía el ataque más fiero que había sufrido desde que obtuviera el reconocimiento de la mayoría de las sociedades, como principio básico y fundamental. En la década que siguió a la muerte de Roosevelt, los enemigos jurados de esa idea, los comunistas y nazis que actuaban en nombre de una religión política, extendieron su influencia para hacerla desaparecer.

Durante su época, hubo cambios revolucionarios en la mecánica de la educación y las comunicaciones que ocasionaron la ampliación del significado de esta primera libertad. Lastimosamente, también se redoblaron las controversias en torno a ella. A pesar de todo, la humanidad ha desarrollado en los últimos cien años y de forma superlativa, la ciencia de la comunicación. Antes, el predicador, el folletista, el orador y el maestro ejercían gran influencia, pero en nuestros días, la página impresa del periódico, la palabra hablada del comentarista de radio o televisión y la misma televisión, han llegado a ser instrumentos de poder casi aterrador, para muchos. No es difícil comprender la tentación que representa para los gobiernos o los grupos dentro de los Estados, someter o explotar esos instrumentos para sus fines especiales.

Tengo que señalar que en la historia de la humanidad, la libertad de expresión e información ha sido el tema de las más grandes pugnas. Y a pesar de que la libertad para comunicar nunca ha sido total, básicamente, cierto es que tanto el progreso humano como el justo trato, tienden a ser invalidados en las sociedades en donde es reprimida la libertad de expresión, o cuando se interfiere seriamente con ella. En muchos campos de las ideas, el progreso ha nacido de la lucha solitaria de un hombre o una mujer inconforme; son mentalidades que ponen en duda las creencias aceptadas y desafían la palabra autoridad, revolucionando el pensamiento social y hasta la perspectiva mental de la humanidad. Cuando se niega de plano la libre expresión de los individuos inconformes pero inspirados, las grandes ideas y las enormes y necesarias correcciones se pueden perder para siempre. No es justo ni correcto que hoy se pierda una vez más la libertad de expresión que tanto nos costó.

<>Artículo publicado el 10 de octubre de 2010  en el diario El Siglo, a quien damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Hambre y miseria para más trabajo infantil

La opinión del periodista…

RAÚL EDUARDO CEDEÑO 

Hace poco tuve la oportunidad de apoyar a mi esposa con el sondeo para un trabajo de su universidad sobre el trabajo infantil en Panamá. Resultados que ya esperábamos salieron a flote, pero esta vez ellos nos gaznatearon el rostro: dolor, angustia y hambre permeaban de los jefes de familia entrevistados, no solamente por la angustia económica que están viviendo sus familias, sino por la angustia de tener un hijo menor de edad trabajando en la calle, ausentes de todo plantel educativo y sometidos a la infame enseñanza de otros que de seguro nada bueno les darán.

En materia legal, Panamá tiene asegurada la tutela jurídica de la infancia y poco a poco se está notando que más organizaciones se suman a esta gestión para reducir el trabajo infantil. A pesar de ello, considero que no somos conscientes que el problema de la vida laboral de los menores no requiere solamente ser enfocado bajo los aspectos jurídicos, sino también desde el punto de vista económico familiar, porque es de allí donde brota la necesidad de que esos niños y jóvenes consigan una fuente de ingreso para apoyar económicamente a sus padres en la alimentación diaria, en el pago de la vivienda, la luz, el agua y también los gastos escolares de hermanos menores.

 

Estos serios problemas de la infancia nacen de la precariedad económica que hoy aumenta por el alto costo de la vida, y a ella le debemos poner el mismo o mayor cuidado que a la salud de los menores, su abandono, la delincuencia precoz, la iniquidad social, la desorganización familiar, la educación y la protección moral del menor y el adolescente, entre otros.

Tenemos que fortalecer la consideración pública de que son acreedores los niños y la juventud; formemos una conciencia social profunda y sólida sobre la importancia que ello reviste pero destacando aquellos factores de orden económico, más nunca prestigiemos el indiferentismo frente al sacrificio permanente de una gran masa de niños que constituyen la juventud panameña. ¿Hay que castigar severamente a aquellos padres que malbaratan sus salarios como un zoquete en placeres innecesarios y hasta inmorales? ¡Hagámoslo, y bien duro! Así destruiríamos la inercia que puedan haber ganado los corazones y el sentimiento de los panameños frente al niño desamparado moral y materialmente, despertando a la realidad social que vive nuestra niñez en todo el país.

 

<>  Artículo publicado el 3 de octubre de 2010  en el Diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Hablemos de justicia


La opinión de….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO

La justicia es algo fundamental, básico, para el buen desenvolvimiento de una sociedad que se precia de ser democrática y humana. Cuando Jesús de Nazareth fue conducido ante Pilatos y reconoció que era rey, dijo: “Nací para dar testimonio de la Verdad y para ello vine al mundo”. Parecía sencilla la respuesta. Entonces Pilatos preguntó: “¿Y qué es la Verdad?”. El procurador romano esperaba la respuesta a esta pregunta y Jesús no se la dio,  ya que dar testimonio de la Verdad no era la esencia de su misión divina como rey mesiánico.

Jesús había venido a este mundo para dar testimonio de justicia, la justicia del reino de Dios, y por esta justicia murió en la cruz.

Ante la pregunta de Pilatos, se plantea, quizás por la sangre derramada por Nuestro Señor Jesucristo, otra importantísima pregunta que se ha convertido en el calvario de las sociedades modernas: “¿Qué es la justicia?”, la cual emana, casi de seguro, a raíz de esa sangre derramada por Él.

Quizás ninguna otra cuestión ha hecho vaciar tanta sangre y lágrimas en toda la historia, así como el objeto de mucha reflexión para pensadores muy ilustres, desde Platón a Kant. S in embargo, la pregunta sigue sin una respuesta clara y contundente, porque parece que ésta ha sido una de esas cuestiones que la sabiduría de generaciones se ha resignado a no poder contestar de manera definitiva.

Para una inmensa cantidad de seres, la Justicia es en primer lugar una cualidad posible del orden social que regula las buenas relaciones mutuas entre los hombres. De igual forma, ella es una virtud humana, ya que un hombre es justo si su conducta se adecúa a las normas de un orden social supuestamente justo. Esto significa que el orden social regula la conducta de los hombres de un modo satisfactorio para todos y los hombres encontramos en él la felicidad, su búsqueda y su aplicación.

Tenemos que buscar siempre la Justicia, porque ella es la felicidad social y, consecuentemente, la paz, tranquilidad y el sosiego de toda la sociedad, aunque muchas veces su aplicación honesta no dará felicidad a todas las partes. Y en política, como arte de gobernar bien, la Justicia está siempre en función de la conciencia y la voluntad de quienes la aplican. La justicia depende del conocimiento y tiene por objetivo explicar, no gobernar porque sí.

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Artículo publicado el  15 de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Cuando comenzamos a degenerarnos

La opinión de….

RAÚL EDUARDO CEDEÑO  

Cuando una sociedad comienza a degenerarse toda, la preocupación general debe estar a sus máximos niveles. ¿Por qué?  Quizás porque la degeneración no es, de manera alguna y por más que el término se haya mostrado cambiante muchas veces, indeciso y de creciente amplitud, un algo virtual, una circunstancia más o menos vaga, indeterminada y mucho menos vanal. La degeneración es una desviación del tipo normal humano, un acto de decadencia y no un simple descenso de su condición o de medios de existencia dentro del ambiente habitual del sujeto que la pone en práctica.

Digo todo lo anterior por las situaciones que se han dado últimamente en donde las autoridades pertinentes han hecho incursiones sorpresas a mucho locales comerciales de medicinas, farmacias, y en ella han encontrado toda una variedad de delitos que atentan contra la salud y la vida misma de quienes conformamos la sociedad en general. Igual lo han hecho con otros comercios de producción alimentaria y allí también han encontrado un cúmulo de estados anormales que representan un atentado contra la salud y la vida de los nacionales y extranjeros que conformamos esta nación. La degeneración, en medicina, por lo menos, es un estado mórbido real, manifiesto, siempre grave y en gran parte irreparable.

Después de lo acontecido con el envenenamiento general que hubo por la distribución de medicamentos con el dietilenglycol, nos encontramos que frente a nosotros aparece un nuevo atentado social con medicinas, cuyas consecuencias por el consumo de las que se hayan estado vendiendo vencidas o sin registro médico oficial, todavía desconocemos. Imposible, en lo precario de este espacio, bosquejar siquiera una sintomatología general de estos estados.

Tendríamos para un tratado entero; un tratado que a decir verdad, no ha sido escrito todavía, no obstante los graves acontecimientos vividos que están relacionados a ellos. Ignorantes todavía del número de factores que han entrado aquí en juego, quién sabe desde cuánto tiempo atrás nos revolvemos en la impotencia que no nos permite llevar a juicio a aquellos que degeneradamente imponen el aumento de sus riquezas por encima del dolor de las enfermedades y de la muerte misma. Y eso que ya abusan del precio de las medicinas en Panamá.

Hay muchos hechos o manifestaciones que en mayor o menor grado abrazan todas las formas de degeneración social, sin excepción alguna. Y esta es una de ellas.

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Artículo publicado el  1 de agosto de 2010 en el Diario El Siglo, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.