¡Hasta cuándo!

INDIGNACIÓN  –  La opinión del cardiólogo panameño…

Daniel R. Pichel

La indignación está de moda. El libro-folleto ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, se ha convertido en un best-seller en casi todos los países donde puede conseguirse. Hessel es un hombre de más de 90 años, que tiene el mérito de ser el último superviviente de los redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.  Este ensayo de apenas 60 páginas, bien pudiera convertirse en un “manual del ciudadano decente” y producir profundos cambios sociales.

En la calle se percibe un grado de incomodidad que en cualquier momento puede hacer explosión. Y no es solo en Panamá. Parece ser igual en todos lados. Tal vez debamos considerar un “movimiento nacional de indignación”. No sería ni un partido político, ni una organización de la sociedad civil ni un think tank. Sería únicamente un grupo de personas que comparten la frustración que produce todo lo malo que nos rodea y que hace obligatorio no quedarse con los brazos cruzados viendo como todo sigue igual. Los interesados: enviar un mensaje a indignados.panama@gmail.com. Haríamos un censo para ver qué tantos indignados somos. Mientras, hagamos un inventario de razones de indignación.

Hasta cuándo… tendremos que seguir leyendo en los periódicos que cada licitación o contratación va metida en medio de un chanchullo. Me parece increíble que casi ninguna gestión gubernamental, se dé dentro de un marco de transparencia que no genere suspicacias de algún tipo.

Hasta cuándo… soportaremos una vergonzosa Asamblea Nacional, llena de tránsfugas que lo único que les interesa es estar cerca del poder para mantener esa cuota de clientelismo a la cual están acostumbrados y que les permite seguir cobrando salarios que no merecen.

Hasta cuándo… las autoridades de salud estarán más preocupados por construir hospitales (de lego o de verdad) o por pagar tratamientos de brujería a los envenenados por dietilene glycol, en lugar de desarrollar verdaderos programas de prevención de enfermedades.

Hasta cuándo… la educación será el patito feo de las administraciones públicas, permitiendo que la formación integral de los panameños esté secuestrada por una banda de “dirigentes” que en lo único que piensan es en su interés personal y se niegan a ser evaluados de acuerdo a los resultados académicos de sus alumnos.

Hasta cuándo… veremos que se gasta dinero en obras suntuosas mientras se escatima en la investigación científica y tecnológica.

Hasta cuándo… la Universidad de Panamá seguirá bajando sus requisitos de admisión para conseguir los fondos necesarios para pagar una abultadísima planilla que permite reelegir a un rector crónicamente.

Hasta cuándo… tendremos que escuchar, cómo “expertos en democracia”, a quienes se pasaron una buena parte de su vida lamiendo botas militares sin importarles un bledo los panameños ni sus derechos humanos.

Hasta cuándo… seguiremos creyéndonos el cuento de que la corrupción es un mal del Gobierno, cuando esos actos son patrocinados por ciudadanos y empresas privadas que solo buscan enriquecerse.

Hasta cuándo… el maleante que tenga dinero para pagar un abogado suficientemente hábil, seguirá impune, disfrutando de medidas cautelares cosméticas, mientras que a cualquier “ladrón de abarrotería” lo encierran en La Joya o La Joyita.

Hasta cuándo… al mencionar los embarazos en adolescentes y las enfermedades de transmisión sexual, las autoridades se limitarán a persignarse evitando tomar medidas reales confrontando a un puñado de fanáticos que viven en la Edad Media.

Hasta cuándo… “prestigiosos” bufetes de abogados, se prestarán para defender corruptos usando todo tipo de triquiñuelas y tecnicismos procesales para retrasar las audiencias y fallos que pudieran afectarlos.

Hasta cuándo… preferiremos ver una asquerosa crónica roja en lugar de un programa cultural o un documental educativo.

Hasta cuándo… seguiremos emparchando una Constitución que nació torcida y donde solamente se busca acomodar los intereses de alguien sin pensar lo que el país necesita.

Hasta cuándo… veremos que quien roba millones al Estado o paga coimas para obtener concesiones y contratos, es tratado por la sociedad como un distinguido empresario.

Hasta cuándo… toleraremos que se use el anonimato para dañar la imagen de quienescuestionan el estatus quo.

Hasta cuándo… tendremos un Órgano Judicial y un Órgano Legislativo protegiéndose entre ellos para que nunca sean investigadas las irregularidades y actos de corrupción en que son señalados.

Hasta cuándo… será necesario esperar para que se investiguen correctamente los escándalos del Fondo de Inversión Social y que duermen en un cajón para proteger a los involucrados.

Hasta cuándo… la justicia estará supeditada al “juega vivo” de un sistema donde se da más valor al tecnicismo que a los actos cometidos.

Hasta cuándo… seguiremos viviendo en el engaño de que nuestra economía crece casi 10% anualmente, si ese crecimiento no llega a quienes lo necesitan.

Hasta cuándo… vamos a permitir que los mismos cuatro pseudodirigentes de siempre se llenen la boca presumiendo de ser los representantes del “pueblo panameño” cuando lo único que buscan es obtener beneficios para ellos y sus secuaces.

Hasta cuándo… tendremos que elegir cada cinco años a los menos malos entre los malos.

Hasta cuándo… seguiremos siendo indiferentes.

Estos, son solo algunas razones para, tarde o temprano, formar un movimiento cuyo eslogan sería: “Los indignados somos más”.

<> Artículo de opinión publicado el 8 de mayo de 2011 en el diario La Prensa de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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