Más allá de la vida ¿qué hay?

La opinión del Periodista y Docente Universitario…

MODESTO A. TUÑÓN F.
modestun@yahoo.es

Conocer qué ocurre después de la muerte ha sido motivo de interés y fuente de inspiración para todo tipo de manifestaciones artísticas, filosóficas, religiosas y culturales. Cuando Hamlet toma un cráneo, lo acaricia y dice ‘Algo está podrido en Dinamarca’, el punto de partida de su proverbial frase es motivada por una angustia existencial.   En la mitología clásica, se habla del viaje que hacían las almas de los difuntos en el río Estigia, que separaba el mundo humano del hades o infierno.   Se creía que los fallecidos cruzaban este líquido camino en una barca guiada a veces por Caronte y allí hacían un ajuste,  de acuerdo a cómo se hubieran desempeñado en vida.

Clint Eastwood, el prolífico realizador norteamericano ha querido dedicar su último trabajo –Más allá de la vida– (Hereafter) a ese tema, pero en la perspectiva temporal del siglo XXI, un referente que no había tratado de manera central en ninguna de las cintas de sus treinta años como director cinematográfico. Esta película despierta en el espectador un deseo de conocer que hay más allá de la partida definitiva.

La idea central de la historia presenta a tres personas diferentes ligadas por su relación con ese espacio que continúa al final del camino vital. George Lonegan (Matt Damon) es un solitario hombre que tiene el don de mirar o contactárse con el más allá.   La periodista Marie Lelai (Cecile De France), vivió una experiencia trágica en Tailandia con el tsunami y el niño Marcus (Frankie McLaren) no puede confrontar la muerte de su hermano gemelo, y se ve desorientado.

Los respectivos casos de estos personajes son el argumento de Eastwood, cuyo entramado de textos dan sentido a este relato de ciencia ficción, que nos pone en la perspectiva de imaginar o cuestionar cómo el realizador va a fusionar estos cuentos y las circunstancias en que están inmersos el vidente, la periodista y el estudiante para culminar su propuesta.

A través del guión se expone la especial circunstancia de cada uno; Lonegal no alcanza a saber cuál es el poder que tiene entre manos.   Un hermano trata de aprovecharse de estas cualidades y él busca respuestas por sí mismo, huye a otro estado y se refugia en unas clases de cocina.

La periodista, luego de tener las experiencias que cambian su vida en el fenómeno marino, vuelve a Francia y no puede integrarse a sus tareas cotidianas. Trata afanosamente de escribir un libro sobre sus nuevas sensaciones y temores, que no despierta mucho interés en el mundo editorial.

El niño luego del accidente trágico de su hermano que lo sostiene emocionalmente, deambula en la búsqueda de alguien que le ‘conecte’ con él, quien quizás desde el ‘más allá’ también lo protege. A través de esta trenza cinematográfica, el guión de Peter Morgan, analiza puntos específicos en la trama; la soledad de los personajes, la charlatanería de las ofertas de comunicación con fallecidos, la instantaneidad de la fama en la farándula; hay un acercamiento a asuntos secundarios que interesan a Eastwood, pero donde no se detiene, como la alusión a un pasado incestuoso de la joven que conoce Lonegan en las clases de cocina. El filme tiene una excelente fotografía de Tom Stern que evoca un sentido nostálgico a través de los colores, algo que el realizador logra con mucho acierto en sus últimas obras y una partitura musical; ahora con guitarra y piano, casi tan perfecto como el minimalismo musical de ‘El Sustituto’ (con Angelina Jolie), donde él compuso una banda solo con la interpretación en diferentes cadencias de piano.

La cinta pierde fuerzas en el centro y parte del final. El director en los últimos minutos une las tres historias, pero deja de lado, aspectos que pudieran darle a la película el sello inconfundible de los grandes dramas que le han caracterizado. Sin embargo, esto no es motivo para opinar que el resultado carezca de los atributos que Eastwood da a sus trabajos, al menos en la forma.   Más allá de la vida no inserta en su menú visual esas fuertes escenas típicas de este tipo de relatos sobre ciencia ficción con aparecidos y seres que deambulan en un limbo visual, sonoro y de fuerte impacto emotivo; sin embargo, hay un texto muy sugestivo que con los enfoques, el tratamiento, ritmo y gusto de la senectud creativa de Eastwood, satisface al espectador e inserta este nuevo ámbito en el conjunto de su obra cinematográfica.

Este artículo se publicó el 2 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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