La crueldad

La opinión del Abogado y Profesor Universitario en la materia…

CARLOS AUGUSTO HERRERA
cherrera255@hotmail.com

Para que un sujeto se deshumanice debe evolucionar desde su estado de conciencia primario hacia la madurez, en un largo trecho que se consolida con los años, y como dicen los poetas, explicar este fenómeno que se llega hasta los confines del espíritu, lugar en donde anidan los sentimientos del alma.   Todos somos sutilmente diferentes.   Eso se marca en las tendencias del comportamiento desde niños hasta la pubertad avanzada. Amar y odiar son los extremos conceptuales por donde procede el ser; es el resultado de las aptitudes cotidianas, que se sopesan al medir los valores ante las conductas. ¿Por qué alguien es malo? Esta respuesta tiene un mundo de variables.

Dicen que todos nacemos buenos, pero nos dañan las malas experiencias adquiridas en la vida. Puede ser que el resentimiento provoque un acto de venganza, que no es otra cosa que la satisfacción que se alcanza cuando se infiere un daño o agravio para devolver una agresión.

Dentro de la organización social tenemos que alcanzar una convivencia y en la relación, la colocación social entre los pocos que mandan y aquella mayoría que obedece. LEWIS Y TOWERS nos apoyan con pensamientos como que la ‘psicología moderna ha tenido un éxito extraordinario al descubrir las situaciones concretas de frustración, o de inferioridad, o de temor que originan la agresividad por una parte y los síntomas de retraimiento por la otra’. Se plantea de manera científica, lo que ahora hemos dicho con nuestras palabras, aunque tenemos que avanzar con el concepto sobre la crueldad. Se habla del perverso y sobre el deprimido. En Wikipedia, se define al perverso como una forma de personalidad anormal, en la que se destaca una continua y progresiva agresividad y destructividad que puede ser en su perjuicio o lo que tiene alrededor, porque el paciente libera sus tendencias o instintos.

Un maligno puede tener en cambio, un comportamiento anormal de una forma transitoria o permanente; puede ser congénito, cuyo elemento esencial es la conducta histérica; o simplemente esa actitud es adquirida por el resentimiento, odio, fracaso, económico o profesional.   El histérico es aquel que se sofoca y pierde el control y en lo grave produce convulsiones, además de definirlo como una enfermedad y es propio de los fanáticos en especial, los religiosos.   Un recordado pastor me explicó hace años en Windsor, Canadá, que todos tenemos en el pecho un péndulo que nos indica si lo que hacemos es bueno o malo, pero eso es para los que gozan de la capacidad de discernir, porque los enfermos mentales graves no saben lo que hacen.   Los fanáticos son aquellos que no razonan.

Visto de una manera u otra lo anotado anteriormente, tenemos que pareciera que estas actitudes rencorosas se pueden heredar también. Así llegamos a la tortura, y como aparece en Wikipedia, define esta perversión como la de provocar una daño físico o material al golpear, rotura de huesos, desgarros musculares, castración, aplastamiento, cortes, descargas eléctricas, desfiguración, quemaduras, aplicación de temperaturas extremas, ingestión de productos químicos o elementos cortantes, baños con substancias químicas cáusticas, ahogamiento, violación, privación del sueño o posturas corporales incómodas.

Podemos agregar la envidia, que es una modalidad perversa, pero sin los evidentes daños materiales, sin el menoscabo del efecto que puede producir. Encontramos distintos enfoque sobre la perversidad ahora congénita, como aquellas sonadas películas como ‘Semilla de maldad’.

Otra definición coloca al perverso en niveles mentales, sea alto, mediano o nulo. Dicen que el inteligente esconde en su personalidad su verdadero comportamiento. Otras variables señalan la cobardía o la insatisfacción sexual cegada por esa creencia de inferioridad.

Afortunadamente tenemos mecanismos científicos para detectar estos males del comportamiento y también están muy bien definido los controles de selección, para aquellos casos en donde existe la pasibilidad de control de personal. Por ello se han reglado laboralmente y hasta los niveles penales, aquello del acoso sexual. Los depredadores de niños están en el lugar que se concentran los párvulos, por ello son imprescindibles las reglas de comportamiento de los mayores y en especial esa selección de subalternos.

Otro asunto muy importante son los cuerpos de policía, ejército y fines. Aquí hay un estadio de control por la cadena de rangos, pero lo más sintomático es la concentración de poder en una persona, que le permita llamar la atención, obligar, someter agredir, que si el uniformado es cruel, sin dudas se va a satisfacer.   El contrapeso es una debida supervisión y dentro de ellos cumplir estrictamente con los procedimientos. El uso de la fuerza empieza por persuasión hasta el uso de instrumentos letales.

Todo esto tiene un mecanismo, claro que existe la discreción, porque todos los casos no son iguales y hay que recordar que en estos enfrenamientos está la propia seguridad del agente.

Este artículo se publicó el  6  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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