El desconocido patriota y la Mona Characa

La opinión del Artista Veraguense …

ARISTIDES UREÑA RAMOS
aristides_urena@hotmail.com

Retornando de la victoriosa batalla del Sitio de Aguadulce, el joven cadete cumplía una misión bajo las órdenes del general Benjamín Herrera, llegando muy entrada la noche, casi de madrugada, a Santiago, rumbo a la finca ‘los naranjales’, situada en Canto del Llano, donde se decía estaban reunidos algunos patriotas. El joven parecía muy fatigado, fue por eso que le aconsejaron que reposase y continuara el viaje al día siguiente, debido a que no era prudente atravesar los llanos de noche.

Pero el joven cadete se preocupa por seguir su misión, que era clandestina, debido a que la consigna que se le había encomendado, era de vital importancia y tenía que cumplirla lo más rápido posible.

Para ese entonces, de extremo a extremo del llano, se encontraban tres posadas, una en Santiago, que hacía de solar, y otra al borde de Canto del Llano y en el centro una posada que llamaban Alto Alfaro, debido a que cada una de esas posadas tenía un faro que iluminaba y que servía de reparo a los andantes nocturnos.

En realidad no eran verdaderamente faros, se trataba de linternas de petróleo muy en uso para ese entonces… uno todavía puede ver —bueno, lo que queda de ellas— que estuvieron colocadas hasta fines del año 1800, en un solar al lado del actual mercado de Santiago, dicha reliquia se encuentran en el parque Central e inclusive hay quienes sostienen que fue allí donde encadenaron al indio Urracá.

Viendo que el joven militar insistía en continuar su misión, le cambiaron el caballo y lo mandaron en compañía de un peón con la recomendación de llegar a Alto Alfaro y que allí esperara la primeras luces del día para continuar.

El testarudo joven no estaba convencido y eso lo notaron los presentes y fue allí que lo intimidaron diciéndole, que de noche y en la madrugada, en los llanos, estaban sucediendo cosas extrañas y que había una bestia, que llamaban La Mona Characa, que agredía a los pasantes y no se salvaba nadie de su agresión… el joven militar se alzó de hombros desenvainó su sable y, traqueando sus botas contra el suelo, al estilo militar dijo:

¡Déjense de supersticiones señores!; mi misión es de Patria o Muerte!.. ¡Y no contempla algún retraso, muchas gracias por todo vuestro apoyo!.. y salió de Santiago por los lados del oscuro solar irradiado por los faros.

El cadete a caballo, acompañado del peón, llegó a Alto Alfaro, que era a mitad del camino… el peón, viendo que ya era de madrugada, le pide al militar poder reposar allí, porque tenía miedo, el militar se acerca al peón y aceptó su pedido… se cubrió con su manto, volteó el caballo hacia el llano y se perdió en la oscuridad, puntando con su caballo hacia el faro de Canto del Llano.

La madrugada era oscura y silenciosa, pero se lograba distinguir bien las cosas cercanas, como también el camino… no había pasado mucho tiempo cuando de repente el caballo se puso agitado y no quiso proseguir, el joven militar saca el sable al aire y trata de calmar al caballo, pero, desde la oscuridad, ve con mucha claridad que frente a él hay algo… y era una enorme figura, que estaba en medio del camino… da duros golpes de espuelas al caballo y, con el sable al ataque, arremete contra la bestia, tratando de superarla de un golpe. Lo que acababa de ver era una bestia en forma casi humana, —parecida a una mujer— tenía largos cabellos crespos, todo el cuerpo cubierto de pelos, con brazos largos, las manos peludas con grandes uñas… y los ojos rojos como un tizón encendido, era la Mona Characa.

Al superar a la bestia, ésta, de improviso, esquiva el golpe y subió de un brinco detrás del joven, sobre el caballo galopante… Y al sentir el contacto del cuerpo peludo, el joven cadete tira con los codos y con el sable da violentos golpes, tratando de tumbar a la bestia, que gruñía y bramaba, arañando por la espalda e hiriéndolo con las afiladas uñas, mordiéndolo afanosamente por todas partes del cuerpo… de repente con una fuerza inhumana el joven logra tumbar a la bestia, pero logra aferrarse de la cola del caballo, jinete y caballo continuaban la salvaje lucha, el caballo que pateaba del susto y el herido joven que trata de quedar libre y allí no se sabe cómo el caballo se para y se alza en sus dos patas, una y otra, y otra vez más… hasta soltarse de la presa mortal y también de su jinete… fue tan violenta la caída, que la bestia cayó sobre el cuerpo del joven cadete, que, al verse encima a la Mona Characa, inicia una agresiva lucha contra la muerte… el chillido endemoniado de la bestia aumentaba la ruda agresión… cuando el joven cadete sintió que le había llegado la hora final, sintiendo la muerte en persona, perdiendo todas sus fuerzas… desde la lejanía se oye el cantar de un gallo y el deslumbrar de la vespertina mañanita…

La bestia, como hipnotizada, en un silencio lúgubre, mira al horizonte, allá en la lejanía, quién sabe qué cosa o respuesta buscaba… y desde lejos se comenzó a escuchar una jauría de perros y los gritos de llamados.

La Mona Characa, con los ojos ensangrentados, se trepa sobre el inerte cuerpo ensangrentado y chilla un salvaje grito de victoria… con un impetuoso y rudo salto… brinca y brinca desapareciendo entre los matorrales.

El grupo de clandestinos patriotas separatistas, muy de mañanita, habían venido a toparse a mitad de camino —interrogados con la llegada del espantado caballo— encontrando al cadete herido de muerte en el suelo… y fue así que en los brazos de un patriota, el desconocido mensajero, antes de perecer, cumpliendo con su misión, con voz de hilo logra decirle: –‘Dice el general que hay que prepararse a luchar, que no dejemos de soñar y que no debemos temer a los momentos oscuros… porque la nueva Patria, Panamá, no tendrán jamás nuevos tiranos’. —1983.

<>Este artículo se publicó el 5 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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