¡Se murió de repente!

La opinión del Delegado y Director Nacional PRD…

RAFAEL PITTI  
rafaelpitti@gmail.com

Conversando con amigos, entre ellos Lucho Abrego (81 años), en la cafetería del supermercado monárquico de La Chorrera, se habló de la carencia de atención médica hace más de 60 años. Cuando una persona moría de tuberculosis, una enfermedad asesina en la época, muchas personas cuyos familiares habían fallecido víctimas de la misma, lo ocultaban debido a que eran aislados por sus congéneres. Tal era la alarma y temor a contagiarse de ese flagelo, que cuando eran abordados para saber de qué había fallecido el pariente, con pasmosa y sencilla tranquilidad respondían, ‘no sabemos’, ‘se murió de repente’.

En el coloquio le dije a Lucho que yo recordaba la frase durante mi niñez y adolescencia, al escucharla en los escasos centros de salud denominados ‘Unidad Sanitaria’.   Que la utilizaría anecdóticamente en lo que sería mi último escrito (presumiblemente) referente a la situación del único Partido en el que durante mi vida he participado activamente como político, el P.R.D.

No claudicaré en mi lucha por lograr la aspiración de toda una membresía y gran parte de la sociedad, que ve en el P.R.D. una luz al final del túnel, siempre y cuando se innove y transforme. Por eso digo presumiblemente, producto de la desesperanza y melancolía que siento al ver y escuchar argumentos inconsecuentes y faltos de veracidad para sustentar y sostener el status quo con una dirigencia y estructura política, que muy bien podría definirse patológicamente como un paciente tuerto y manco. Por la falta de visión y manco en ambas extremidades, pies y manos entendiéndose de manera metafórica, a quien se le puede ocurrir que en tales condiciones puedes participar enfrentando con el mismo cuerpo a un enemigo fuerte y poderoso como el del torneo electoral en 2014. ¿Una organización que solo tuvo la capacidad de convocar a nivel nacional el 45% de representación en las mesas de votación? Garrafal fallo en esta sensitiva responsabilidad, sin mencionar otras debilidades que de una u otra forma contribuyeron con la aplastante derrota.

No hay que ser un experto en la temática para saber que un colectivo con más de 120,000 renuncias en sus afiliados —principalmente su estructura orgánica, directores nacionales, Consejo Directivo Nacional —CDN—, delegados, directivos de corregimiento, autoridades electas como diputados, alcaldes y representantes—, requiere de una urgente atención, que simple y llanamente redunda en llamar un nuevo Congreso Ordinario que supla todos los cargos acéfalos.

Esta inmejorable medida, de manera inmediata, dinamizará y revitalizará la fuerza política y electoral que constituye la maquinaria humana del P.R.D. Aquí no caben subterfugios de que, ante esta alternativa, Ricardo Martinelli se puede tomar el Partido invirtiendo en nóminas para comprar delegados. No se qué clase de pusilánime razonamiento es este, cuando diariamente y de diferentes formas el presidente de Cambio Democrático penetra la conciencia y voluntad de copartidarios, convenciéndolos a desertar y engrosar las filas del partido gobernante. La pregunta que deberíamos hacer es ¿por qué esta sistemática estampida y a quiénes cabría el vínculo de verdadera responsabilidad?

Como no ando con pelos en la lengua por el mal entendido dicho de lavar trapos sucios en casa; creo que aparte de lo arriba expuesto, tiene que ver también la falta de liderazgo y el inmoral planteamiento que esgrime falacias y mitos fantasmagóricos para extender el periodo que vence en 2013 más allá del 2014. Ante tal panorama con la honestidad que me caracteriza, de mantenerse las actuales circunstancias, he decidido poner fecha fatal (13 de febrero) a mi permanencia en el Partido, porque no quiero participar en una lucha infructuosa y estéril como la pasada de la cual era evidente su desenlace. Aunado a ello, evitar ser cómplice por acción u omisión de otra derrota electoral al Partido de Omar. Me niego a tener la posición de aquellos que en sentido figurado al preguntarles qué es del P.R.D., tenga que contestar, ‘no sé, se murió de repente’.

 

Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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