Si yo fuera diputado

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La opinión del Periodista…

Aquilino Ortega Luna

Si yo fuera diputado sería menos espectacular, más productivo y menos mediático. Sería más leal a mi país que a cualquier partido político sin conciencia, de izquierda o derecha.

 

Los “padres de la patria” olvidaron que deben ser un ejemplo para el pueblo y sus hijos, que fueron elegidos para servir y no para ser servidos. Pero como evitarlo, si en la Asamblea Nacional como en las mejores familias, también hay malos padres.

Malos padres que, disfrutan de las mieles del poder, que no asisten al pleno, que no presentan iniciativas parlamentarias, que defienden leyes inconsistentes y politiqueras aun a costa de herir de muerte la Constitución Nacional.

Diputados desconocidos, aún en la bodega más concurrida de su circuito, sin liderazgo, sin escrúpulos, que coquetean con la corrupción y la ilegalidad a los que no se les conoce la voz, que no defienden los derechos humanos, que debaten con insultos y no con ideas, que viajan en primera clase sin misericordia a congresos y seminarios improductivos.

Diputados sin criterio, auténticos campeones de la ineptitud y la indolencia que sobrevuelan la administración pública, que se pavonean por circuitos tristes de calles oscuras y llena de huecos en autos de lujo, que prometieron el cielo a sus votantes y hoy le regalan leyes infernales.

Diputados oscuros, que mienten y que defienden más los intereses políticos, que la propia bandera panameña, parvada de politiqueros mercenarios y charlatanes de café que no saben de política y que olvidaron lo que es patriotismo y responsabilidad.

Se necesitan diputados sin mancha en su ropaje político que eleven los principios éticos y morales por encima de sus intereses personales, que se profesen devotos del castigo ejemplar para los pillos de la política.

Diputados sin apetencias politiqueras y espejismos, sin hipocresías, que no le vendan al pueblo ilusiones para luego defenestrarlo con leyes de desengaños. Diputados con un discurso admirable, pero con una realidad preñada de hechos.

Diputados con luz propia, que no bajen la cabeza ante la mirada suspicaz de los vecinos, la desconfianza absoluta de los medios y el odio intestinal de sus adversarios políticos.

Se necesita un país verdaderamente democrático, con leyes, fiscales, magistrados, jueces y diputados sin rabo de paja que ejerzan su función con patriotismo, honestidad e independencia.

Si yo fuera diputado intentaría ser de los buenos, de los que solo hay un puñado en la Cámara.

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<>Artículo publicado el 29  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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