Preguntas para probar probabilidades plausibles

La opinión del Médico…

Juan Carlos Ansin

Mis nietas mellizas son tan distintas entre sí como las dos caras de Jano.   Suelen ametrallarme con preguntas de toda índole. Las que más me perturban son las que se refieren a cosas tan sencillas que, por obvias, uno no se las ha vuelto a plantear desde que dejó la edad que ellas tienen ahora.    El abuelo, mientras tanto, vive atosigado de preguntas que tal vez ellas sólo puedan responder cuando él se haya transformado en una flor, un árbol o en un bichito raro que pulule bajo el macano que ha escogido para que el ciclo de la naturaleza siga su curso, antes que los fermiones de su materia másica se transformen en energía oscura. 

Cuando me preguntan por qué los pájaros vuelan, suelo responderles de modo que les incite a hacer otra pregunta. Por ejemplo, les digo que vuelan por la misma razón que todo dios tiene una religión.   Como es obvio la pregunta que espero es:  ¿qué es Dios abuelito?   Mi respuesta sería algo parecido a:   Dios puede ser de todo, menos abuelo. Pero me quedaría otra duda y es la de saber si es posible que exista una religión que no tenga un dios.

No considero al budismo como una religión, creo que es una filosofía de vida de raigambre psicológica como pudo serlo la secta pitagórica. El cientificismo tampoco es una religión, aunque la ciencia y la ficción sea lo que los une (religare). La esencia de lo religioso está inextricablemente unida al concepto de lo sagrado. Hubert afirma que en efecto, la religión es la administración de lo sagrado.   Entonces regresa a mi mollera una voz inquisidora que pregunta en qué consiste lo sagrado.    Caillois y Eliade dicen que es lo opuesto de lo profano. Pero esto no aclara nada. Éste último acuñó el término hierofanía: manifestación de lo sagrado.    Yo lo interpreto burdamente, como una manifestación de energía mística, dentro de la realidad espiritual que confiere a la esencia de cualquier cosa, un poder sobrenatural basado en una experiencia religiosa, la misma que permite a una piedra o a un hombre acceder al dominio de lo divino.

Por lo tanto no creo posible que exista una religión atea. Sí creo que existe una religión agnóstica en potencia, en tanto y en cuanto el agnóstico escéptico o el nihilista admitan la probabilidad –cuando en ilo tempore lo prueben evidencias inconcusas- de la posible existencia de Dios.   Aunque agnósticos apáticos encuentren irrelevante la existencia o no de algo sobrenatural.     Otras preguntas que atormentan al abuelo de las mellizas son las siguientes: ¿Es posible un orden mundial, es decir, una globalización que sea verdaderamente democrática?    Y si esto fuera plausible:   ¿El poder económico podría hacer lo que quiere o sólo podría eliminar al que quiere?

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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