Mi amigo el Presidente

La opinión de…

 

Aquilino Ortega Luna 

 

Con frecuencia escucho de boca de políticos, magistrados, diputados, ministros de estado, representantes de corregimientos e incluso de periodistas, la mágica frase que abre todas las puertas, “mi amigo el Presidente”.

Desde las elecciones de mayo de 2009, el número de amigos del presidente Martinelli se ha multiplicado con mayor velocidad que los intereses bancarios que genera una cuenta superior a los 100 millones de dólares.

Incluso los recalcitrantes panameñistas que previo al matrimonio político con el CD, calificaban al hombre de las “converse” de “desajustado y loco” hoy se profesan ser sus amigos incondicionales al punto de gritar en la plazas, “los locos somos más”.

Hoy, la expresión sin parangón “mi amigo el Presidente”, consigue trabajos bien remunerados, becas, descuentos en supermercados, aumentos salariales, nombramientos en el servicio exterior, viajes, participación en seminarios y eventos internacionales entre otros beneficios.

Empero, la amistad implica compromiso, integridad y sacrificio. Muchos de los que se confiesan amigos del presidente Martinelli, no son otra cosa que simples oportunistas, amigos del puesto y del poder.

Al principio de su gestión los ex presidentes, Guillermo Endara, Ernesto Pérez Balladares, Mireya Moscoso y Martín Torrijos, tenían más amigos que la cantidad de arena que hay en el mar.

Hoy todos aquellos que se autodenominaban amigos de estos ex mandatarios son recordados como una manada de oportunistas y mercenarios políticos bien matizados que gozaron de un cargo importante dentro del gobierno, disfrutaron de un bueno salario y de los autos de lujo, entre otras prerrogativas, pero que desconocen el verdadero significativo de la amistad y la lealtad.

Tenga cuidado presidente Martinelli con los amigos grises, mediocres, tibios e indecisos. Con aquellos en los que nunca se pueda conocer con certeza de que lado están y que lo olvidarán cuando se diluya su cuota de poder.

Más que de supuestos amigos el jefe del Ejecutivo necesita de políticos valientes y honestos con trayectoria, con experiencia y con el coraje de poner en riesgo su patrimonio, su paz, su familia y su prestigio a cambio de salvaguardar los intereses de los que menos tienen.

El presidente necesita de estrategas y amantes del debate civilizado que permita la gobernabilidad, más que de amigos. Necesita de personas inquebrantables e incorruptibles que lo ayuden a luchar contra la corrupción, la politiquería, el narcotráfico y que garanticen el respeto a los derechos humanos.

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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