La corriente Panameñista

La opinión del Abogado…

Arnulfo Arias 

Mucho se habla y mucho se dice en el juego político hacia el poder. A unos se les critica, si son afortunados, a otros se les ignora, si representan una amenaza. La política despertará siempre las más hondas pasiones en el hombre y también las más altas y abnegadas aspiraciones de servir. La carga de emociones cobra vida y los propios hermanos de una misma fe ideológica, gestados en una sola matriz política, si se quiere, comienzan a odiarse acérrimamente. Y en esa vorágine de deseos sin freno, consumidos muchos por el latigazo de la envidia y la intriga, dejan de un lado su verdadera vocación, si alguna vez la tuvieron. Servir, servir y servir. No debería haber otra cualidad en quienes aspiran a la política. Eso sí, servir solamente a quienes los eligen, a quienes lo escogen y al pueblo a quien se deben. Llegado el momento en que sus propias conciencias de dicten lo contrario, deben renunciar en la forma más honorable.

Servir cuando se es llamado y no cuando uno lo quiere, es verdaderamente lo que se espera y lo que la deteriorada imagen del político moderno necesita para renovarse. El ansia desmedida por alcanzar el poder, encumbra a personas que no llevan en su conciencia la voluntad de sacrificar su tiempo para hacer los aportes necesarios que los pueblos necesitan.

Veo con buenos ojos la militancia activa de nuevas figuras en el Partido Panameñista. La política no es una carrera, sino un ministerio; no es una ambición, sino más bien un llamado. Todo aquel que quiera servir al pueblo a través de una activa militancia en un partido político, está sirviendo ese cometido, si lo hace en forma sincera, con total desprendimiento y como una vocación genuina.

El Partido Panameñista necesita impulsar la actividad de su membresía, debatir abiertamente sobre temas de interés nacional, servir de voz a todos aquellos que no puedan hacerse oir, atender los reclamos de la población más necesitada, sin dejar a un lado a las masas empobrecidas que también componen gran parte de su membresía.

Muchos copartidarios me han manifestado que en la actualidad la membresía de nuestro partido reclama simplemente la atención de sus necesidades básicas, y que no entienden ni les importa nutrirse de las ideologías y doctrinas de nuestro partido. A ellos les digo, la ideología, las gestas históricas, las luchas del pasado, las glorias y los fracasos, son precisamente las bases sobre las cuales se sostiene nuestro partido. Más allá de ser un simple copartidario, el panameñista se ha caracterizado siempre por ser un correligionario, dispuesto, inclusive, a jugarse la vida para defender sus más íntimos ideales y su conciencia política. Eso no se aprende, sino que se vive, se siente y se respira. Como panameñista me siento orgulloso de aquellas corrientes que se han percatado de que, como partido, si no sabemos de donde venimos, no sabremos hacia donde vamos. Con ellos estará hoy y siempre todo mi apoyo.

<>Artículo publicado el  2 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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