Hacinamiento y ocio: violencia carcelaria

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La opinión del Abogado, Criminólogo, Odontólogo, Decano de la Facultad de Odontología de la Universidad de Panamá…

Omar O. López Sinisterrra

Las cárceles o recintos de internamiento para convictos en nuestra América Latina se caracterizan por problemas que se inician en ocasiones con la escogencia de un sitio que no guarda las especificaciones para constituirlo en un penal o recinto carcelario.

Estos sitios de internamiento llegan a ser utilizados ya con cierto grado de deterioro producto del tiempo que llevan en uso para esos y otros fines. Allí disponemos de ciertas áreas que se constituyen en espacios carcelarios que inicialmente alojaban a uno o dos convictos, pero con el aumento progresivo de la población, el desarrollo y las migraciones hacia los centros urbanos, se van masificando constituyendo lo que conocemos como el “Hacinamiento carcelario”.

El crecimiento de la población carcelaria irrumpe con el desarrollo de los programas de Resocialización que se pretendan porque el personal especializado llámese trabajadoras sociales, sociólogos, criminólogos, psicólogos, custodios, educadoras sociales y psiquiatras constituyen una cifra irrisoria para atender todas las necesidades de estos jóvenes y adultos inmersos en los centros carcelarios. A esto podemos adicionar los recursos humanos necesarios para administrar los centros, el personal de cocina, de lavandería, educadores, bibliotecarios, educadores y profesionales del deporte y de los diferentes programas vocacionales existentes en el centro.

Pero para poder cumplir con la devolución de este contingente humano a la sociedad ya resocializado, necesitamos de una férrea voluntad política que reconozca esta problemática y que desee solucionar la misma con carácter de urgencia en el país.

Esto significa la inyección de un presupuesto acorde con estas necesidades y con las pretensiones científicas que yacen en la Resocialización. Dejar de lado estas necesidades en momentos ordinarios y de suma urgencia es facilitar la Violencia Carcelaria, la cual puede ocurrir entre los convictos, con el personal custodio o con el personal técnico que allí labora. Como seres humanos y sobretodo en los Centros de Cumplimiento, hay que procurar a los jóvenes las necesidades mínimas de convivencia humana sin violentar los Derechos Humanos del Niño y del Adolescente.

El Hacinamiento y el Ocio son amigos de la violencia pues catalizan reacciones que generan la misma y que finalmente culminan en episodios tristes y lamentables para nuestra sociedad.

Recordemos que hay que voltear nuestras miradas hacia las zonas de riesgo y sobre aquellos hogares que necesitan ayuda urgente para salvar a nuestros jóvenes en peligro.

 

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<>Artículo publicado el  25  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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