¡La mentira no compensa!

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La opinión de…

Paulino Romero C

En realidad, no son pocos los individuos y las colectividades que aún creen en la utilidad de las mentiras. Así como existe una antigua máxima que afirma: “Divide y vencerás”, muchos aceptan esta otra: “Miente y triunfarás”. Sin embargo, nosotros intentamos demostrar en este artículo que esa creencia es equivocada, puesto que, del mismo modo que el crimen, la mentira no compensa.

En cierto modo, no hay en el mundo quien no haya mentido alguna vez, pero eso no significa que la mentira es “un mal necesario”, llegando a justificarla cuando se trata de evitar peores efectos de la verdad. Sabemos que el ser humano no es perfecto, y que está en su propia naturaleza acudir al engaño siempre que no consigue triunfar con la sinceridad y no encuentra otro recurso para calmar su impulso de lograr un determinado e imperioso objetivo. Pero la obra de la educación, tanto familiar como escolar o social, laica como religiosa, se realiza para extirpar, o por lo menos controlar, las tendencias instintivas que espontáneamente nos llevaría al defecto, al pecado y al delito simultáneamente, si no fuesen frenadas respectivamente por la moral, la religión y el Código Penal.

Por extraño que parezca, si los llamados “falsos testimonios” a veces son sancionados oficialmente, existen infinitos embustes que no solamente son tolerados por la ley sino que, inclusive, son usados por los altos dirigentes de cada país, considerando que se hallan en juego los “Sagrados intereses de la Nación” y por esto se encuentran justificados todos los medios para defenderlos. Así, cada gobierno dispone de una Oficina Central de Información (casi siempre controlada por la propia Presidencia o por un Ministerio), encargada de divulgar los textos que convienen al programa de acción política de ese gobierno.

Precisamente por este mal ejemplo que dan al público quienes más deberían servirle de modelo se comprende que crezcan y medren entre él, a diario, nuevos mentirosos y que fracasen estrepitosamente los llamados de los educadores, padres y moralistas de todas las categorías en el sentido de cultivar la sinceridad y la honestidad como primordiales virtudes ciudadanas. Cualquiera que sea la mentira proferida y quien la oye o lee, solamente caben tres posibilidades: o no es creída, o es aceptada bajo sospecha y a reserva de ulterior comprobación, o es íntegramente tomada por verdad.

También existen casos de mentirosos que jamás fueron descubiertos, o que fueron descubiertos después de muchos años de haberse aprovechado de sus mentiras. Pero en contraposición a esas excepciones, ¡cuántos más numerosos son los casos en los que el mentiroso (sea un individuo, un grupo, una empresa, un partido o un gobierno), será o habrá sido expuesto al desprecio y a la vindicta de su pueblo y de su historia!

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<>Artículo publicado el  31  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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