Radiografía del Estado Empresarial

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La opinión de…


Juan Carlos Ansin

Los empresarios astutos, así como los políticos hábiles, sacan provecho de las crisis. El presidente Eisenhower, recién terminada la Segunda Guerra Mundial, advirtió el gran peligro que se avecinaba si los Estados Unidos caían en manos de la industria bélica, transfiriendo su poder político disuasivo al poder económico de los fabricantes de armas. Los hechos de la actualidad no hacen más que confirmar la vigencia de la industria de la guerra. En estas corruptas guerras industriales modernas, un ejército privado paralelo, nutrido de veteranos mercenarios, combate junto a los soldados del ejército convencional. Muchos son “hispanos” que pagan con su vida la prometida tarjeta verde. La mayoría son empleados de empresas subsidiarias del Pentágono, corporaciones de seguridad privada y extranjeros contratados para “interrogar” prisioneros.

Si esto sucede en instituciones como las Fuerzas Armadas estadounidenses, ¿qué no puede suceder en las corporaciones e instituciones financieras? El ejemplo más extremo es el de los Estados Fallidos dominados por la delincuencia, los bancos lavadores de dinero sucio y el fraude económico.    No es muy distinto que un país caiga en manos de carteles narcotraficantes que hacerlo bajo carteles de empresarios delincuentes camuflados.   Unos se aprovechan de la debilidad humana, los otros: coimeando a políticos, periodistas y funcionarios públicos dispuestos a vender leyes por votos, publicar propaganda engañosa o endeudar al país vendiendo bonos según el mercado de la rapiña especuladora de holgazanes sin industria.

Cuando esto sucede, el Estado Empresarial, en vías de fallido, alcanza un período intermedio de falso bienestar, en que el auge financiero, el dinero fácil, los monopolios camuflados y el “progreso” material adormecen la conciencia ciudadana.    Poco a poco va dejando de ser un país para convertirse en un lugar para hacer negocios.   Hay en nuestra región un puñado de estos lugares cuya política está regida por los manuales de administración de empresas y de amanuenses que confunden libertad con libertinaje.    A estos Estados Empresariales, los de la economía de la satisfacción, se los reconoce porque son como “tropilla de un solo pelo”.    Sus gobernantes actúan bajo la superficie, se reúnen en la sombra e invocan a Mercurio, hablan la misma jeringonza, dan conferencias ante concurrencias selectas de su misma tropilla y, en última instancia, se amparan bajo el mismo autoritarismo que juran combatir.

Dicen ser democráticos, pero la democracia les incomoda sobremanera y medran alrededor de cenáculos golpistas. Violan leyes, espían hasta a su propia sombra y se toman instituciones por asalto.   Quieren meter miedo, pero dan pena y causan daño.   Son sociedades con una educación elitista, apátrida y utilitaria.

Obsesionados por la competencia exterminadora, su bandera es la de remate, su cultura es la de vivir en guetos estancos, su idioma: una lengua extraña preñada de cifras y citas del Reader’s Digest. Sus ciudadanos, son los de un país desconocido, sin historia y sin honor.

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<>Artículo publicado el  23  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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