Paternalismo o justicia social

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La opinión del Doctor…

César Quintero Sánchez

Dentro de poco se conmemorará el natalicio del General Torrijos. Quiero aprovechar esta ocasión para recordar un incidente acaecido hace 30 años cuando caminábamos junto al recordado “Titi” Alvarado,   las montañas de la serranía chiricana y veragüense, encargados de la parte sanitaria del Proyecto Soloy, donde tuvimos el privilegio de asistir a una reunión entre el General Omar Torrijos y los líderes de aquellos grupos de indígenas.
El General les enumeró a todos los presentes, las decenas de proyectos y actividades que él planeaba realizar como propuestas de su proceso revolucionario, y cuando terminó de expresar lo que realmente sentía, la mano sudorosa de un cacique guaymie le solicitó la oportunidad de hablar.
Este autóctono dirigente, perteneciente a uno de los sub grupos nacionales en donde la desnutrición, la diarrea, la bronconeumonía, la pobreza y el analfabetismo no son estadísticas, si no personas de carne y hueso, agradeció las promesas de Omar, expresándole que él no dudaba que todo esto se concretaría en el futuro mediato.

Pero este cacique también nos regaló una frase al final de su intervención, que jamás he podido olvidar y fue la siguiente, “pero General, nuestro pueblo tiene hambre, y hambre quiere hoy, hambre no quiere mañana”.

No cabe duda que la educación y la formación técnica y profesional son las lámparas de Aladino modernas, que pueden transformar a un paria en una persona que llene el sentido de su vida plenamente, pero mientras se prepara para alcanzar esa potencialidad, el Estado debe protegerlo y atender de manera que satisfaga todas sus necesidades vitales.   No puede ser justo que mientras unos pocos se están enfermando de congestión en este país, muchos de los que constituyen el 40% de nuestra población se sigan muriendo por desnutrición, diarreas por falta de agua potable y bronconeumonías por déficit en la atención médica.

Toda la clase media y baja de nuestro pueblo está a la espera de que las riquezas del tan notorio desarrollo turístico, bancario, inmobiliario y de infraestructuras públicas (canal, autopistas, cinta costera, hidroeléctricas, etc. ) que se ha vivido en el pasado decenio les alcance finalmente, para poder aspirar a llenar el sentido pleno de sus vidas.    No la de los que nacen sabiendo que serán, (Costa del Este, Punta Paitilla, Barco y Mala ) si no de los que aún siguen naciendo, creciendo, reproduciéndose y muriendo sin saber qué han sido (20% en miseria y 40% en pobreza de nuestros barrios marginales y las diferentes comarcas).

Por eso cada vez que se implementan planes (becas, bonos, auxilios, agua, electricidad y ahora gas) para redistribuir la inmensa riqueza que se genera en el país entre los menos privilegiados, recuerdo las palabras profundas del cacique guaymie.

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<>Artículo publicado el 22  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.  El resaltado es del editor.
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