Lo que no olvidaremos de los “Diablos Rojos”

La opinión del Comunidador Social…

Edwin Rodríguez 

Con poco más de 800,000 habitantes, la Ciudad de Panamá, dispone de un servicio de transporte público, desde mediados de la década de los setenta.    Estos suelen ser autobuses de transporte escolar norteamericanos que han cumplido con creces su periodo de uso, transportando colegiales y que han visto su segunda y última vida en Panamá.

Se les conoce como los “diablos rojos”, pues desde tiempos inmemoriales, se les pinta de este llamativo color sobre el que se dibujaban personajes de la farándula, políticos y actores de cine.

Que unidos a las luces que se encendían por la noche y la conducción agresiva, le daban ese toque diabólico.

Entre los nombres y las frases con doble sentido, las calcomanías obscenas, satánicas o que hagan alusión a la muerte, que se podían observar a bordo de los “diablos rojos” en su decoración estaban, por ejemplo:   “Si es hijo del conductor no paga”; “que viva mi suegra… ¡pero lejos!”; “pídele el cielo a Dios, ¡por que el infierno ya lo viviste aquí!”,  entre otros grafitis.

Los usuarios recordarán como pesadilla cuando soportaban las velocidades de sobresalto, la música ensordecedora de bachata, haitiana y “reggae” Que sonaban generadas por potentes equipos de sonidos que le rompían los tímpanos y terminaban mareados con las luces intermitentes multicolores que giraban sobre el techo interior, cual discoteca ambulante, mezclándose con el ruido de las máquinas, y sus troneras, que le iban subiendo la adrenalina al pasajero con las regatas que terminaban por lo general en el portal de una casa, parada o peor aún, por el desprendimiento del tren trasero.   También, no se puede olvidar el incesante pregonar porfiado de los “pavos”, que se confunden con los vendedores ambulantes que suben a ofrecer mercaderías y golosinas abordo.

No hay que soslayar las riñas entre pasajeros o con el pavo y el chofer, que no dudaba en sacar debajo de su asiento un bate o un oxidado machete.

Tampoco olvidaremos, en las paradas estratégicas los chequeadores con los datos para el chofer, de los buses que le adelantaban o cuando lo esperaba una concubina acompañada de un policía para exigir su pensión.

Definitivamente, quienes diseñaron estos autobuses jamás pensaron que en Panamá, estos se convertirían probablemente, en el mayor invento de este siglo. Pues los buseros y sus creativos no escatimaron esfuerzos ni dinero, para mejorar y adaptar, su sistema de apiñamiento comprimido, exclusivo de nuestro país.

Estamos seguros que las autoridades, contemplarán a corto plazo, la apertura de nuevas empresas de transporte público, de tal manera que los usuarios gocen de economía, calidad, más opciones y que estos beneficios, redunden a su favor.

Finalmente, hay quienes dicen que la muerte viajaba en los “Diablos Rojos”, pues la estela de muertos y lesionados que dejaban a su paso era de terror. También, hay quienes aseguran, que los “Diablos Rojos” solo se van de vacaciones y que en un futuro no muy lejano retornarán.

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<>Artículo publicado el 18  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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