Un consejo para el Presidente

La opinión de…

 

Rodrigo Tomás Sang De León

Dicen que nadie aprende por cabeza ajena, pero nosotros los panameños deberíamos fijarnos en el espejo de nuestros hermanos venezolanos, que hoy están viviendo bajo un gobierno electo democráticamente, pero que utiliza todas las artimañas posibles para silenciar a todos aquellos que de una manera u otra se atrevan a disentir o a cuestionar el estilo de gobernar.

En las críticas está la mejor oportunidad de mejorar nuestras acciones, y la ausencia de ellas solo logra alejarnos de la realidad. No tengo duda de que la democracia es sin lugar a dudas el mejor sistema de gobierno que existe, a pesar de sus imperfecciones.

Los panameños somos muy dados a hablar de democracia, pero pocos son los que entienden que este país es de todos y no de un partido político en particular. Es común escuchar a los políticos usar el término democracia, pero a juzgar por las actuaciones de muchos de ellos, no la entienden y no quieren practicarla, pues atenta contra sus intereses personales.

En una verdadera democracia, la opinión de todos, aun la de las minorías tienen importancia y deben ser respetadas; en una democracia los gobernantes deben entender que el pueblo soberano le ha otorgado el privilegio de dirigir los destinos del país, no de imponer su voluntad autoritaria a sangre y fuego, pues lo responsable y sensato es ser más amplios en las consultas aun cuando no siempre se pueda llegar a consensos.

Es sumamente peligroso cuando los ciudadanos pierden la fe en la palabra de sus gobernantes; cuando se sienten engañados y utilizados, ya que los intereses personales de unos pocos son puestos por encima de los del pueblo. Cuando los gobernantes son incapaces de poner un alto a la corrupción y la gente comienza a decir que todos los políticos son iguales, esa democracia que en la que todos supuestamente creemos y decimos defender, se enferma y se crea el terreno fértil para que extremistas y demagogos como Chávez surjan y acaben con el poco progreso económico que hemos alcanzado recientemente.

Nunca habrá un presidente perfecto, pero para mantener saludable nuestra democracia, estos deben evitar caer en sectarismos y luchas estériles que son las que nos impiden trabajar juntos en las cosas que realmente importan para el futuro de los panameños.   Quizás si en vez de gastar enormes sumas de dinero en aduladores (perdón asesores) practicaran una mayor comunicación con la gente común y corriente, lograrían encontrar con mayor facilidad ese sentido común que a veces pareciera ser el menos común de los sentidos en Panamá.

Señor Presidente: no todo el que le dice que usted se equivoca en algo es su adversario o enemigo,   ni todos los que le dicen que “vamos bien” le están diciendo la verdad.    Los panameños queríamos un cambio y en muchos aspectos seguimos soñando con el mismo;   vuelva a ponerse los zapatos de pueblo y entérese de lo que realmente piensa el pueblo y de seguro usted quedará en la historia como el presidente del verdadero cambio.

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Este artículo se publicó el 27  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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