La cuenca del Chagres, una muerte anunciada

La opinión de…

Eduardo A. Esquivel R.

Decía hace poco el director del Idaan, el ingeniero González Ruiz en un programa de televisión, que nadie había previsto los niveles tan altos de turbiedad del lago Alajuela, y que esta se debía exclusivamente a las fuertes lluvias caídas a principios de diciembre, y no a la deforestación de la cuenca del Chagres. La falta de repuestos básicos como los dosificadores también se debe a la “turbiedad” administrativa de los responsables.

Realmente esto no es cierto, respecto a las lluvias; numerosos artículos nacionales e internacionales advertían de las lluvias excepcionales que caerían en Panamá y otros países producto del cambio climático. Además, la situación crítica de contaminación/erosión del lago Alajuela, fuente de agua de la potabilizadora de Chilibre, se conoce desde hace décadas. Recuerdo que cuando los norteamericanos todavía administraban el Canal, estos advirtieron que los niveles de bacterias fecales (coliformes) del lago Alajuela estaban casi 100 veces sobre lo normal, debido a la intensa colonización y actividades agropecuarias en la cuenca del Chagres.

El lago Gatún se encuentra en una situación similar, aunque menos notable debido a su extensión y volumen. Hay que recordar que el río Chagres nutre tanto al lago Alajuela como al lago Gatún, o sea que el agua contaminada es la misma. Es evidente que la enorme erosión de la cuenca del lago Alajuela se debe a la deforestacion sin control, a la colonización y actividades agrícolas en toda la ribera del lago, inclusive a la reforestación con especies exóticas como la teca, que favorecen la erosión superficial de los suelos.

Pronto no será necesaria una “lluvia como no se vio en 200 años” para elevar la turbiedad del agua del lago a límites catastróficos para la potabilizadora, sino una lluvia normal tendrá el mismo efecto, debido a la ausencia de capa vegetal protectora.

Hace ocho años publiqué en este diario un artículo titulado La cuenca del Chagres, crónica de una muerte anunciada (28/3/2003), que cito textualmente, pues la situación sigue igual o peor: “Que se está dejando que nuestras fuentes naturales de agua potable se deterioren para beneficiar el pingüe negocio de las embotelladoras de agua y las plantas potabilizadoras privadas que están en proyecto. Y que se zancadillea todos los proyectos del Idaan por la misma causa. Esto sería, más que un “juega vivo”, un hecho criminal.   Y es vergonzoso que haya supuestos científicos panameños respaldando, por comisión u omisión, estas sinvergüenzuras”.

Para terminar, basta con citar textualmente el acertado editorial de La Prensa del 2 de marzo pasado: “Es evidente que la aplicación de todos los planes preparados para evitar el deterioro y revertir los daños causados a la cuenca no están produciendo los resultados técnicos enunciados.   Son meras palabras que se lleva el viento y chorros de fondos públicos que se derrochan para sostener una burocracia gubernamental ineficiente… Más claro no canta un gallo”.

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Este artículo se publicó el 24  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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