Atención, ministra Méndez

La opinión de…

Jorge Gamboa Arosemena

Los acontecimientos que padece nuestra sociedad degeneran en absurdos abominables como los de la quema de seres humanos, en el llamado Centro de Cumplimiento de Menores. Entiendo que la ministra Roxana Méndez ha dedicado, gran parte de su vida, al asistencialismo social, lo que denota una vocación especial.

Hoy día, la ministra Méndez está en un cargo político de mando y jurisdicción del Estado panameño, cargo que puede ser tumba o pedestal en ese ingrato escenario que es la política.

Toda la barbarie de las escenas fílmicas de la quema de estos menores infractores estoy seguro de que, aunque en el ejercicio de cargos como el de la ministra Méndez hay múltiples elementos de distracción del eje de los acontecimientos, por ese humanismo por ella externado, esa barbarie la tiene que tener indignada, por decir lo menos.

Debe tenerla en un conflicto de conciencia con actitudes de varios de sus compañeros de gobierno, como las del otrora civilista Mulino, que en lugar de acongojarse por exabruptos criminales como la represión de Changuinola y ahora la quema de menores, con saldo de muertos en ambos acontecimientos, espeta comentarios producto de la desorientación que causa el embriagarse de poder, atacando al viceministro Hincapié.

La ministra Méndez tiene el deber de ser el motor que, si a este gobierno le queda algo de buena voluntad, rehaga sus pasos mal andados y comience a rectificar. Este gobierno se salva de una repulsa popular porque la crisis es tan profunda que un pueblo con poca cultura política en todos los estamentos sociales -los de arriba, los de abajo y los del medio- no es capaz de discernir lo correcto.   Además, un pueblo con un espíritu subalterno logrado al haberse desvirtuado la participación democrática en política con el clientelismo apuntalado en la compra de conciencias y con una ilegal e inmoral propaganda demagógica abrumadora que tiene como fin ganar la aceptación del amo por el esclavo.

Tal vez la ministra Méndez pueda encontrar apoyo en esa tarea de revertir las abominaciones de este gobierno, en la sensibilidad que debiera tener otra dama del Gabinete, la ministra Molinar, porque ella debe conocer de cerca esta sociedad injusta que discrimina a etnias, a mujeres y a cuanto no cumple un anacrónico estereotipo del poderoso y porque además –entiendo- es laica comprometida.   La tarea que le solicito a la ministra Méndez es grande pero no imposible.

Si la intenta puede obtener solo dos resultados: que sus compañeros de gobierno enmienden y podamos dirigirnos hacia mejores días, sin autoritarismo, con respeto democrático al pueblo, o que la rechacen, con lo cual tendría que renunciar, denunciar y activarse en lo que estamos varios ciudadanos, denunciando y proponiendo un Panamá mejor donde los puestos sean dados por méritos y no por vínculos políticos, familiares o amicales, donde el erario se preserve con manejo a través de licitaciones y no de contrataciones directas, donde se priorice obras encaminadas a atender, realmente y no demagógicamente la pobreza de la mayoría y no la opulencia de la minoría.

Hay dos ejes que deben impulsarse: el eje de rescate a la familia que formaría buenos ciudadanos que no delincan desde la vida comunitaria ni delincan desde los cargos públicos;  sin una institución familia, que sea la forjadora de buenos ciudadanos, no podremos ordenar nuestra sociedad.

El otro eje, una reforma política donde los líderes sean servidores y no pelechadores, no se logrará mientras no tengamos mejores ciudadanos, pero mientras eso ocurre, como medida de contención al desgreño actual, se pueden establecer medidas para que contrarresten el clientelismo y la baja cultura política, como topes austeros para las campañas, que la propaganda en medios masivos sea racionada, que se elimine la reelección para todo cargo hasta que hayamos avanzado hacia una sociedad madura políticamente, que solo los puestos de los despachos superiores de las diferentes entidades sean de libre nombramiento y remoción y que todas las otras direcciones o jefaturas sean por concurso y sin filiación política desde un tiempo prudencial anterior al concurso. La ministra Méndez puede ser la última oportunidad de un gobierno antidemocrático, antinacional, antipopular, de tráfico de influencias, de improvisaciones, un gobierno que de cambio no tiene nada.

Que la abominación de las imágenes y voces de los menores quemándose nos muevan a todos y tengamos una aliada en la ministra Méndez. ¡Basta ya!

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Este artículo se publicó el 22  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Una respuesta

  1. […] para hacer diésel sintético La realidad de los impuestos Un consejo para el Presidente Atención, ministra Méndez Sobre la actividad minera y otras desgracias Autoridad muda ante la escasez de agua Nuestra […]

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