Turismo religioso, una forma para educar

La opinión de…

Javier A. Arias Real

El pasado fin de semana me fui con mi familia a casa de unos amigos en Taboga, la famosa Isla de las Flores, llena de singular belleza, paradisíacos paisajes, cautivadoras veredas y una majestuosa vista hacia la entrada del Canal, donde no se ven los problemas de falta de agua y recolección de basura que afectan a la capital, y hogar del famoso escritor Bernardo Domínguez Alba, mejor conocido como Rogelio Sinán.  Debe ser por estas y muchas otras razones que la pequeña isla, a solo una hora de la capital, ha inspirado a tantos, como al artista Ricardo Fábrega, autor de la canción Taboga a escribir bellos poemas y melodías.

Pero, como dice el dicho, “no todo lo que brilla es oro”.   Nuestra primera sorpresa al llegar a casa fue notar que nos habían visitado los vecinos de lo ajeno, robándose el tanque de gas y otras cosas de la cocina. ¿Por qué haría una persona esto? Tal vez por hambre, dinero, drogadicción o travesuras juveniles.    Cualquiera que sea la razón, indica el nivel de deterioro de nuestra sociedad.

Cuando salimos a caminar por el pueblo para comprar un nuevo tanque de gas, los pobladores nos comentaban que ya se estaban dando muchos robos en la isla.   Lo preocupante de esto es que la inseguridad ya no es solo cosa de la capital y que los ladrones no tienen idea del daño que le hacen a la economía nacional, pues si alejan a los turistas, alejan también una fuente de ingresos para su comunidad.

Otra forma de robo, institucionalizado, es que los precios en la isla están por los cielos. Imagínense que el tanque de gas de 25 libras nos costó $50.00 y la bolsa de 8 panes de hamburguesa nos costó $4.00. Según los comerciantes locales, esto se debe a que el Gobierno les cerró el muelle fiscal, de donde sale toda la carga para las islas del archipiélago, y ahora les cuesta mucho más llevar mercancía a la isla.

En los tres días que estuvimos en la isla vi llegar muchos turistas a recorrer la isla, degustar platos caribeños y a observar aves. Estas atracciones generan empleo para los pequeños hostales, restaurantes y vendedores ambulantes. Pero sin duda alguna, una de las principales y más antiguas atracciones de Taboga es la iglesia de San Pedro, en honor a la Virgen del Carmen, Virgen de los pescadores. En esta acogedora iglesia me tocó recibir la bendición de esta semana y como Panamá es tan pequeña, sentado a nuestro lado en la misa del sábado estaba don Pedro Meilán, director de Acodeco, así que confío en que la entidad a su cargo pueda verificar los precios en la isla para comprobar si se está perjudicando a los comerciantes o si sencillamente éstos están abusando de los turistas.

Para los creyentes es sorprendente ver cómo la palabra de Dios se aplica a nuestra realidad. En la homilía, el diácono nos hablaba de cómo en esta semana celebrábamos el día de la Epifanía o manifestación de Jesús a todas las personas y el día del bautismo o iniciación del caminar hacia Dios, en donde nos ungen con el óleo de los catecúmenos (óleo del camino).

Así como el bautismo debe marcar en nosotros el inicio de nuestro caminar hacia Dios (aunque en el caso de los católicos, somos tan pequeños que recae en nuestros padres y padrinos la misión de guiarnos por el camino de Dios), así mismo el incidente del 9 de enero, que recordamos esta semana, sirvió de inicio para nuestro caminar hacia la soberanía, y provocó en los panameños una manifestación de fervor patriótico.

Por ende, todos debemos hacer un alto y pensar qué estamos haciendo con Panamá y si el sacrificio de nuestros 21 mártires y más de 500 heridos valió la pena. ¿Es el Panamá de hoy el que queremos para nuestros hijos? Estamos permitiendo que el cáncer de la inseguridad y el alto costo de la vida destruyan poblados tan bellos como Taboga.

Al finalizar la homilía, el diácono anunció que se está consiguiendo el apoyo de la pastoral de turismo para remozar la iglesia y que esta pueda ser utilizada para promover el turismo religioso en Taboga, que consiste en informarse y explicar a los turistas toda la riqueza cultural de la historia que encierra esta bella iglesia y el poblado que creció alrededor de ella. Vale la pena que el Gobierno dé seguimiento a esta nueva forma de inversión, que además de ayudar al desarrollo de nuestra cultura, ayuda a que los fieles conozcamos más los orígenes de nuestra iglesia, seamos mejores cristianos y, por ende, mejores ciudadanos panameños. Haciendo iglesia también hacemos patria.

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Este artículo se publicó el 21  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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